Foro El secreto de Puente Viejo
Una historia de dos: La GRAN INVESTIGACIÓN y una noche de amor
#0
27/11/2011 13:21
Artemisilla y yo, Verrego, hemos juntado nuestras fuerzas, nuestras mentes y el resultado es una FIC un tanto diferente. La historia es narrada desde el punto de vista de Tristán y de Pepa, ellos serán los narradores.
UNA HISTORIA DE DOS, comienza con un suceso que todas tenemos ganas ver y en medio se descubrirán secretos, engaños, familias enfrentadas y los sentimientos jugarán un papel importante en todo el desarrollo de la historia.
Tanto Artemisilla como yo esperamos que os guste y disfrutéis.
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#261
01/03/2012 18:56
Vero no comento pero llevo leyendote desde que empezaste a escribir
ya no escribes? por favor sigueee.....
ya no escribes? por favor sigueee.....
#262
02/03/2012 21:35
Llevo más de dos horas sentando en el escritorio intentando trabajar y no soy capaz. Incluso apenas he dormido. No había amanecido cuando salí de casa. Tengo muchos pensamientos en la cabeza y ninguno es con la conservera. Como al principio pensaba que se iba a convertir en mi tumba, el negocio con el ejército y el acuerdo con los Mesía para que me vendan, a un buen precio, sus frutas y hortalizas, todo ha ido a pedir de boca. No tengo que rendir cuentas a nadie solo a mi mismo, a no ser que sea algo que concierne a los Mesía entonces todo cambia. Pero aún así, las veces que he tratado ciertos asuntos con Olmo y con doña Águeda simepre se muestran dispuestos a escucharme, compartiendo mi ideas y mis cambios. En nada se asemejan a aquellas otras en las que siempre me encontraba el no de doña Francisca, con frenos y convencionalismos o haciendo una doble reunión, una con la doña y la otra con Tristán.
Pero la conservera no es lo que me preocupa ahora mismo. Es toda la historia en la que nos estamos sumergiendo. Una historia del pasado que vuelve, extrañamente de manos de una desconocida, como doña Águeda, que aunque lleva unos cuantos meses aquí, no es de Puente Viejo. Pero no es una historia cualquiera en la que nos estamos metiendo, es una historia de amor. Una historia de amor verdadero, es la historia del primer amor, ese amor que nunca olvidas por más que lo intentas, que siempre te acompaña allá donde vayas, que te duele hasta el final de tus días. Ese amor que te marca para siempre, acompañado de los primeros sentimientos, diferentes a todos los que has experimentado hasta ese momento, el primero beso, la primera caricia...un todo que te transporta hasta otra realidad junto con la persona a la que amas, con la que compartes todo lo que llevas dentro de tu ser, esa persona que cuando pierdes la fe y la esperanza ella te la devuelve, esa persona que ve más allá de tu ser y sabes que el único lugar en el que te sientes bien, a salvo de todos, ese lugar son sus brazos, el lugar al que deberías llamar “casa”. Esa persona que te comprende con solo mirarte. Es a la única que te lo hace todo real.
-”Quien lo volviera a sentir”.
¿Qué es lo que puede terminar con un amor tan puro y verdadero? Siempre la misma pregunta para llegar a la misma respuesta, silencio. ¿Qué pecado tan grande pueden cometer dos personas que se aman para terminar separadas y odiándose? Bueno lo que se dice odiándose, ahora creo que aparentan que se odian cuando en lo más hondo de sus personas se siguen amando con locura. Pero al pasar tanto tiempo el aparentar, el fingir se ha convertido en una costumbre, en un mero escenario de teatro donde los espectadores somos el resto, ese resto que no entendemos lo que pasa o lo que ha pasado, que no sabemos ver que detrás de esas palabras maledicientes se esconde, entre líneas, un: “¿no ves que te sigo amando?” O un amargo “te querré hasta mi último aliento”. Ese dolor, esos reproches escondidos en las palabras, ese odio mostrado ante todos se debe, sin lugar a dudas, al sufrimiento causado por la separación...
“Y otra vez la misma pregunta”...
CONTINUARÁ...
Pero la conservera no es lo que me preocupa ahora mismo. Es toda la historia en la que nos estamos sumergiendo. Una historia del pasado que vuelve, extrañamente de manos de una desconocida, como doña Águeda, que aunque lleva unos cuantos meses aquí, no es de Puente Viejo. Pero no es una historia cualquiera en la que nos estamos metiendo, es una historia de amor. Una historia de amor verdadero, es la historia del primer amor, ese amor que nunca olvidas por más que lo intentas, que siempre te acompaña allá donde vayas, que te duele hasta el final de tus días. Ese amor que te marca para siempre, acompañado de los primeros sentimientos, diferentes a todos los que has experimentado hasta ese momento, el primero beso, la primera caricia...un todo que te transporta hasta otra realidad junto con la persona a la que amas, con la que compartes todo lo que llevas dentro de tu ser, esa persona que cuando pierdes la fe y la esperanza ella te la devuelve, esa persona que ve más allá de tu ser y sabes que el único lugar en el que te sientes bien, a salvo de todos, ese lugar son sus brazos, el lugar al que deberías llamar “casa”. Esa persona que te comprende con solo mirarte. Es a la única que te lo hace todo real.
-”Quien lo volviera a sentir”.
¿Qué es lo que puede terminar con un amor tan puro y verdadero? Siempre la misma pregunta para llegar a la misma respuesta, silencio. ¿Qué pecado tan grande pueden cometer dos personas que se aman para terminar separadas y odiándose? Bueno lo que se dice odiándose, ahora creo que aparentan que se odian cuando en lo más hondo de sus personas se siguen amando con locura. Pero al pasar tanto tiempo el aparentar, el fingir se ha convertido en una costumbre, en un mero escenario de teatro donde los espectadores somos el resto, ese resto que no entendemos lo que pasa o lo que ha pasado, que no sabemos ver que detrás de esas palabras maledicientes se esconde, entre líneas, un: “¿no ves que te sigo amando?” O un amargo “te querré hasta mi último aliento”. Ese dolor, esos reproches escondidos en las palabras, ese odio mostrado ante todos se debe, sin lugar a dudas, al sufrimiento causado por la separación...
“Y otra vez la misma pregunta”...
CONTINUARÁ...
#263
03/03/2012 02:03
Vero fabuloso estaba deseando que continuases tu historia
#264
03/03/2012 12:35
Ya me he puesto al día. Sois dos cracks chicas 
Este Tristán también va a caer con Aurora jajaja, y luego me tengo que creer que en Cuba no cató? ya veréis el día que aparezca el mulatito
La pareja Olmo - Pepa me encanta, por qué no lo hicieron en la serie?
... Cuanto actor desaprovechado en ésta serie.
En fin, menos mal que tenemos historias como la vuestra para sacarnos la espinita

Este Tristán también va a caer con Aurora jajaja, y luego me tengo que creer que en Cuba no cató? ya veréis el día que aparezca el mulatito

La pareja Olmo - Pepa me encanta, por qué no lo hicieron en la serie?
... Cuanto actor desaprovechado en ésta serie.En fin, menos mal que tenemos historias como la vuestra para sacarnos la espinita
#265
03/03/2012 12:42
Me encanta ,que grandes escritotas!! :-P
#266
04/03/2012 12:53
Vero por favor no me hagas esto:( estoy arta de que en la serie tristan y pepa no esten juntos y ahore tu me pones a pepa con el olmo que no lo puedo ni ver emparentadosss
que pareja mas fea y ademas que son hermanastros...
POR FAVOR NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO...!!!!!!
que pareja mas fea y ademas que son hermanastros...
POR FAVOR NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO...!!!!!!
#267
04/03/2012 13:34
-Adelante. -Dije mirando para la puerta.
-Buenos días Sebastián.
-Soledad, ¿qué haces aquí tan de mañana? -Dije sorprendido ante su inesperada visita. -Disculpa mi falta de cortesía pero como habíamos quedado para hoy por la noche...
-Estás disculpado Sebastián. -Le dije. -Si he venido hasta aquí es por dos asuntos que me gustaría parlamentar contigo. -Le expliqué mientras él clavaba su mirada en mi.
-Si claro, como no. -Le dije esperando a que me contara.
-Sebastián verás, le he dado vueltas y creo que aquí, en la conservera, tiene que haber una puerta que lleve al pasadizo, a parte de la que hay en el suelo. -Le dije.
-Soledad si la hay no la vi. -Le contesté. -Es más. -Le dije mientras me levanto. -Mira éste es el diámetro que tiene el agujero por el cual tú subiste. -Le expliqué. -Si te fijas bien nadie sospecharía que hay una entrada a un pasadizo o al menos a simple vista no se distingue. -Le expliqué. -Y si observas bien tampoco ves ningún vestigio de que hubiera una argolla de la cual tirar para abrir esta puerta. -Le seguí explicando mientras ella observaba atentamente lo que le señalaba en el suelo. -Pero eso no significa que no la hubiera en el resto de la habitación, aunque lo dudo.
-¿Piensas que la única entrada es por la casona? -Le pregunto con cierta incertidumbre.
-Sí. -Le dije rotundamente. -Es más, diría que la única forma de dar con ese pasadizo es desde la casona. -Le dije.
-¿Entonces cómo explicas que uno de los caminos conduzca directamente aquí?
-Soledad esa explicación está en el pasado. -Le dije mientras me ponía encima de donde se suponía que estaba que estaba el agujero. -Es una historia a la que...
De repente el suelo va cediendo, me quito de donde estaba mientras veo como el suelo se abre.
-¿Cómo es posible? -Pregunto en voz alta.
-Sebastián. -Le digo Soledad con una sonrisa. -El peso de tu cuerpo fue lo que abrió el agujero así que ya sabemos que desde aquí podemos entrar al pasadizo. - Digo mirando para él. -Un día deberías entrar y ver lo que he visto...
-Sí. -Le digo de forma seca y tajante.
Esos caminos deben esconder muchas cosas.
-¿Cuándo te viene bien Soledad? -Le pregunto.
-Hoy a la tarde o mañana -Le comento. -Pero antes me gustaría hablar de todo con mi hermano.
-No tranquila, si quieres ya hablo yo con él de este asunto. -Le digo para que no vaya y se encuentre con Tristán enfermo, tan enfermo como está.
-Quiero parlamentar con Tristán en persona. -Le digo sin saber a que viene su inquietud.
-Está bien, pero ¿podría estar presente? -Le digo con doble intención: una para prevenir a mi amigo de la visita de su hermana, la otra porque sin quererlo estoy implicado en toda esta historia al igual que mi hermana.
-Claro que sí, por supuesto. -Le digo con cierta traquilidad. -Es más es que debes estar presente porque así le hablaremos de nuestro plan de entrar en el pasadizo. -Le informé. -Sebastián permiteme que me retire, ya te he robado demasiado tiempo. -Le dije mientras miraba para él con una sonrisa.
-Nunca molestas Soledad. -Le dije caballerosamente.
-Lo sé, pero tampoco quiero que mi madre sospeche nada de lo hago o en lo que estoy haciendo. -Le dije sabiendo que mi rostro se había nublado. -Pues nos vemos en la casa de comidas y allí hablaremos. -Le dije mientras me acercaba a la puerta.
-Así se hará. -Le dije mientras le abría la puerta.
Cuando Soledad se fue me centré en cerrar el agujero del suelo una vez cerrado me volví a centrar en los asuntos del trabajo haciendo tiempo hasta irme para la casa de comidas.
CONTINUARÁ...
-Buenos días Sebastián.
-Soledad, ¿qué haces aquí tan de mañana? -Dije sorprendido ante su inesperada visita. -Disculpa mi falta de cortesía pero como habíamos quedado para hoy por la noche...
-Estás disculpado Sebastián. -Le dije. -Si he venido hasta aquí es por dos asuntos que me gustaría parlamentar contigo. -Le expliqué mientras él clavaba su mirada en mi.
-Si claro, como no. -Le dije esperando a que me contara.
-Sebastián verás, le he dado vueltas y creo que aquí, en la conservera, tiene que haber una puerta que lleve al pasadizo, a parte de la que hay en el suelo. -Le dije.
-Soledad si la hay no la vi. -Le contesté. -Es más. -Le dije mientras me levanto. -Mira éste es el diámetro que tiene el agujero por el cual tú subiste. -Le expliqué. -Si te fijas bien nadie sospecharía que hay una entrada a un pasadizo o al menos a simple vista no se distingue. -Le expliqué. -Y si observas bien tampoco ves ningún vestigio de que hubiera una argolla de la cual tirar para abrir esta puerta. -Le seguí explicando mientras ella observaba atentamente lo que le señalaba en el suelo. -Pero eso no significa que no la hubiera en el resto de la habitación, aunque lo dudo.
-¿Piensas que la única entrada es por la casona? -Le pregunto con cierta incertidumbre.
-Sí. -Le dije rotundamente. -Es más, diría que la única forma de dar con ese pasadizo es desde la casona. -Le dije.
-¿Entonces cómo explicas que uno de los caminos conduzca directamente aquí?
-Soledad esa explicación está en el pasado. -Le dije mientras me ponía encima de donde se suponía que estaba que estaba el agujero. -Es una historia a la que...
De repente el suelo va cediendo, me quito de donde estaba mientras veo como el suelo se abre.
-¿Cómo es posible? -Pregunto en voz alta.
-Sebastián. -Le digo Soledad con una sonrisa. -El peso de tu cuerpo fue lo que abrió el agujero así que ya sabemos que desde aquí podemos entrar al pasadizo. - Digo mirando para él. -Un día deberías entrar y ver lo que he visto...
-Sí. -Le digo de forma seca y tajante.
Esos caminos deben esconder muchas cosas.
-¿Cuándo te viene bien Soledad? -Le pregunto.
-Hoy a la tarde o mañana -Le comento. -Pero antes me gustaría hablar de todo con mi hermano.
-No tranquila, si quieres ya hablo yo con él de este asunto. -Le digo para que no vaya y se encuentre con Tristán enfermo, tan enfermo como está.
-Quiero parlamentar con Tristán en persona. -Le digo sin saber a que viene su inquietud.
-Está bien, pero ¿podría estar presente? -Le digo con doble intención: una para prevenir a mi amigo de la visita de su hermana, la otra porque sin quererlo estoy implicado en toda esta historia al igual que mi hermana.
-Claro que sí, por supuesto. -Le digo con cierta traquilidad. -Es más es que debes estar presente porque así le hablaremos de nuestro plan de entrar en el pasadizo. -Le informé. -Sebastián permiteme que me retire, ya te he robado demasiado tiempo. -Le dije mientras miraba para él con una sonrisa.
-Nunca molestas Soledad. -Le dije caballerosamente.
-Lo sé, pero tampoco quiero que mi madre sospeche nada de lo hago o en lo que estoy haciendo. -Le dije sabiendo que mi rostro se había nublado. -Pues nos vemos en la casa de comidas y allí hablaremos. -Le dije mientras me acercaba a la puerta.
-Así se hará. -Le dije mientras le abría la puerta.
Cuando Soledad se fue me centré en cerrar el agujero del suelo una vez cerrado me volví a centrar en los asuntos del trabajo haciendo tiempo hasta irme para la casa de comidas.
CONTINUARÁ...
#268
04/03/2012 13:49
Me gusta el realismo que tiene tu historia. hasta Sebas participa de la investigación. Y el momento en que comenta que va a prevenir a Tristan de la llegada de Sole. jajajajajaja es muy bueno
#269
04/03/2012 14:11
Chicas, gracias por vuestras palabras, me alegra que os guste. Sé que vamos un poco lentas, pero los exámenes no perdonan, jeje.
#270
04/03/2012 23:42
-Padre -Me llama Emilia- Voy a la cocina a preparar la pitanza para la comida, ¿le apetece algo en especial?
-No, hija, ya sabes que cualquiera de tus platos es gloria bendita, así que lo que prepares, bueno es. ¿Te ayudo con algo?
-No, no hace falta. Yo me apaño sola, y Alfonso se apaña bien detrás de la barra, así que usted siéntese, que le noto fatigado y necesito que el abuelo de mi hijo esté fuerte para jugar con él cuando nazca.
Me senté a una de las mesas del comedor y me sentí feliz: mi hija había encontrado el amor verdadero y es toda una mujer cabal, sensible e inteligente. Como su madre.
Sebastián está a gusto con su conservera. Ha costado sudor y lágrimas sacarla adelante, pero lo ha conseguido. Es que este hijo mío es muy testarudo, pero desde chico, no es de ahora. Me acuerdo de aquella vez que vinieron él y Tristán para que les ayudara a construir una choza en un árbol que había a las afueras del pueblo. En un principio me negué, pero Sebastián es tan obstinado que al final me convenció para que les hiciera la dichosa cabaña. A los dos días, Tristán se cayó de ella y se hizo una brecha tremenda en la cabeza. Al primero al que acudió fue a mí, como si supiera que yo era su verdadero padre. Y creo que en el fondo yo supe que él era mi hijo...
Ay, Tristán, lo que tuviste que pasar a manos del indeseable de Salvador Castro teniendo aquí a tu padre... eso será algo que jamás me podré perdonar.
-Buenas Raimundo. -Le digo mientras me siento a su lado.
-Buenas, Don Anselmo. ¿Qué se le ofrece?
-Vengo de recoger un telegrama de un gran amigo mio y me he dejado caer por aquí porque hacia timepo que no venía. -Le explico a mi amigo.
-Cierto es, amigo, ya se le echaba en falta por esta taberna. ¿Buenas noticias, Don Anselmo?
-Puede Raimundo, puede. -Le digo con cierto reparo. -¿Y tú, no tienes nada que quieras compartir? -Le dije con cierta curiosidad.
-Pues sí, ahora que lo menciona sí, pero baje la voz, que es un tema harto delicado. De hecho, si no fuera ateo, se lo contaría en secreto de confesión. Verá, amigo, resulta que me he enterado de que en vez de dos hijos tengo tres. Resulta que Tristán Castro es en realidad Tristán Ulloa... ¿Qué le parece?
-¿Cómo es posible? -Le pregunté.
Estoy tan asombrado ante tal revelación que no puedo ni tragar saliba. Tristán no es un Castro, es un Ulloa...
-Entonces, Tristán y Pepa no son hermanos...-Dije en voz baja. -¿Le has dado la noticia al muchacho?
-No, aún no. No me parece prudente. Es un tema demasiado espinoso como para soltarlo a las bravas, y más teniendo en cuenta su estado de salud. Además, quiero hablar primero con Francisca, quiero oírselo decir a ella, quiero que me lo diga a la cara. Si ella me lo confirma, será uno de los días más felices de mi vida.
-No me coge de sorpresa que Francisca haya guardado este secreto. -Le dije. -Aún así, ¿Salvador Castro sabría del origen de Tristán?
-Ignoro si alguna vez Francisca le diría la verdad, aunque lo dudo. Pero sospecho que él si lo sabía y que de ahí venía el odio y la inquina que les profesaba a Francisca y a Tristán.
-¿Cómo lo pudo ocultar tanto tiempo? -Preguntaba mientras buscaba una respuesta. -Su maldad llega hasta tal punto que permitió que su hijo sufriera lo que sufrió Tristán. -¿Pero has estado enamorado de ella?
-Pues ya ve, Don Anselmo, la maldad de algunos hombres y mujeres no tiene límites. Francisca predicará a los cuatro vientos que la familia es lo más importante, pero ella ha destrozado la suya. Y en cuanto a su pregunta... sí, amigo, Francisca fue el amor de mi vida durante mucho tiempo. Me enamoré de ella como un crío, y ella de mí, pero las cosas se torcieron y desde entonces las palabras más delicadas que me ha dedicado han sido “condenado tabernero”
-¿Por aquel entonces era como la Francisca que conocemos? -Le pregunto para saber si alguna vez esta mujer tuvo corazón.
-Pues aunque no se lo crea, Francisca era una muchacha alegre, bondadosa, dicharachera, con una sonrisa siempre en los labios, soñadora y muy sensible. Y fíjese en lo que se ha convertido...
-Pues quien lo diría amigo mio. -Le digo con expresión de asombro.
-Pero dejemos de hablar del pasado y hablemos del presente, que es lo único que nos pertenece. ¿Puedo preguntar cuáles son esos asuntos que se trae usted entre manos? Ya sabe que si precisa ayuda, aquí me tiene.
-Amigo no puedo decir nada, porque de momento no mis pesquisas no han dado fruto. -Le dije con cierto resquemor. -Lo cierto es que no sé si lograré algo.
-Con tesón seguro que lo consigue... hombre de poca fe -Le digo a modo de chanza al pater- Bueno, ¿qué le parece un moscatel para celebrar que todo empieza a enderezarse?
-Sea pues esa copita de moscatel.
Mientras Raimundo me sirve el moscatel tomo entre mis manos la carta de Don Manuel. Abro el sobre con sumo cuidado y tapando los sellos para no llamar la atención de nadie. Saco la hojita del interior del sobre donde se puede leer:
Don Anselmo:
Le escribo estas líneas debido al asunto del que me dio conocimiento en su anterior correspondencia. Lo que he descubierto podría ser de gran ayuda. Haciendo unas cuantas pesquisas, con algunos de los pastores que rondan por estos al rededores y con algún que otro buhonero, estaba en cierto. Se ha visto, no muy lejos de aquí, a un infante con los mismo rasgos que usted mismo me describió y que pude ver en el dibujo que me envió. Sigo investigando para saber con que familia está, sospecho que estoy sobre una buena pista. Cuando tenga algo seguro se lo haré saber.
Su estimado amigo,
Don Manuel.
CONTINUARÁ...
-No, hija, ya sabes que cualquiera de tus platos es gloria bendita, así que lo que prepares, bueno es. ¿Te ayudo con algo?
-No, no hace falta. Yo me apaño sola, y Alfonso se apaña bien detrás de la barra, así que usted siéntese, que le noto fatigado y necesito que el abuelo de mi hijo esté fuerte para jugar con él cuando nazca.
Me senté a una de las mesas del comedor y me sentí feliz: mi hija había encontrado el amor verdadero y es toda una mujer cabal, sensible e inteligente. Como su madre.
Sebastián está a gusto con su conservera. Ha costado sudor y lágrimas sacarla adelante, pero lo ha conseguido. Es que este hijo mío es muy testarudo, pero desde chico, no es de ahora. Me acuerdo de aquella vez que vinieron él y Tristán para que les ayudara a construir una choza en un árbol que había a las afueras del pueblo. En un principio me negué, pero Sebastián es tan obstinado que al final me convenció para que les hiciera la dichosa cabaña. A los dos días, Tristán se cayó de ella y se hizo una brecha tremenda en la cabeza. Al primero al que acudió fue a mí, como si supiera que yo era su verdadero padre. Y creo que en el fondo yo supe que él era mi hijo...
Ay, Tristán, lo que tuviste que pasar a manos del indeseable de Salvador Castro teniendo aquí a tu padre... eso será algo que jamás me podré perdonar.
-Buenas Raimundo. -Le digo mientras me siento a su lado.
-Buenas, Don Anselmo. ¿Qué se le ofrece?
-Vengo de recoger un telegrama de un gran amigo mio y me he dejado caer por aquí porque hacia timepo que no venía. -Le explico a mi amigo.
-Cierto es, amigo, ya se le echaba en falta por esta taberna. ¿Buenas noticias, Don Anselmo?
-Puede Raimundo, puede. -Le digo con cierto reparo. -¿Y tú, no tienes nada que quieras compartir? -Le dije con cierta curiosidad.
-Pues sí, ahora que lo menciona sí, pero baje la voz, que es un tema harto delicado. De hecho, si no fuera ateo, se lo contaría en secreto de confesión. Verá, amigo, resulta que me he enterado de que en vez de dos hijos tengo tres. Resulta que Tristán Castro es en realidad Tristán Ulloa... ¿Qué le parece?
-¿Cómo es posible? -Le pregunté.
Estoy tan asombrado ante tal revelación que no puedo ni tragar saliba. Tristán no es un Castro, es un Ulloa...
-Entonces, Tristán y Pepa no son hermanos...-Dije en voz baja. -¿Le has dado la noticia al muchacho?
-No, aún no. No me parece prudente. Es un tema demasiado espinoso como para soltarlo a las bravas, y más teniendo en cuenta su estado de salud. Además, quiero hablar primero con Francisca, quiero oírselo decir a ella, quiero que me lo diga a la cara. Si ella me lo confirma, será uno de los días más felices de mi vida.
-No me coge de sorpresa que Francisca haya guardado este secreto. -Le dije. -Aún así, ¿Salvador Castro sabría del origen de Tristán?
-Ignoro si alguna vez Francisca le diría la verdad, aunque lo dudo. Pero sospecho que él si lo sabía y que de ahí venía el odio y la inquina que les profesaba a Francisca y a Tristán.
-¿Cómo lo pudo ocultar tanto tiempo? -Preguntaba mientras buscaba una respuesta. -Su maldad llega hasta tal punto que permitió que su hijo sufriera lo que sufrió Tristán. -¿Pero has estado enamorado de ella?
-Pues ya ve, Don Anselmo, la maldad de algunos hombres y mujeres no tiene límites. Francisca predicará a los cuatro vientos que la familia es lo más importante, pero ella ha destrozado la suya. Y en cuanto a su pregunta... sí, amigo, Francisca fue el amor de mi vida durante mucho tiempo. Me enamoré de ella como un crío, y ella de mí, pero las cosas se torcieron y desde entonces las palabras más delicadas que me ha dedicado han sido “condenado tabernero”
-¿Por aquel entonces era como la Francisca que conocemos? -Le pregunto para saber si alguna vez esta mujer tuvo corazón.
-Pues aunque no se lo crea, Francisca era una muchacha alegre, bondadosa, dicharachera, con una sonrisa siempre en los labios, soñadora y muy sensible. Y fíjese en lo que se ha convertido...
-Pues quien lo diría amigo mio. -Le digo con expresión de asombro.
-Pero dejemos de hablar del pasado y hablemos del presente, que es lo único que nos pertenece. ¿Puedo preguntar cuáles son esos asuntos que se trae usted entre manos? Ya sabe que si precisa ayuda, aquí me tiene.
-Amigo no puedo decir nada, porque de momento no mis pesquisas no han dado fruto. -Le dije con cierto resquemor. -Lo cierto es que no sé si lograré algo.
-Con tesón seguro que lo consigue... hombre de poca fe -Le digo a modo de chanza al pater- Bueno, ¿qué le parece un moscatel para celebrar que todo empieza a enderezarse?
-Sea pues esa copita de moscatel.
Mientras Raimundo me sirve el moscatel tomo entre mis manos la carta de Don Manuel. Abro el sobre con sumo cuidado y tapando los sellos para no llamar la atención de nadie. Saco la hojita del interior del sobre donde se puede leer:
Don Anselmo:
Le escribo estas líneas debido al asunto del que me dio conocimiento en su anterior correspondencia. Lo que he descubierto podría ser de gran ayuda. Haciendo unas cuantas pesquisas, con algunos de los pastores que rondan por estos al rededores y con algún que otro buhonero, estaba en cierto. Se ha visto, no muy lejos de aquí, a un infante con los mismo rasgos que usted mismo me describió y que pude ver en el dibujo que me envió. Sigo investigando para saber con que familia está, sospecho que estoy sobre una buena pista. Cuando tenga algo seguro se lo haré saber.
Su estimado amigo,
Don Manuel.
CONTINUARÁ...
#271
11/03/2012 18:23
Las lentejas de Emilia huelen que alimentan, ya le dije que me guardara un plato, si es que sobran porque la taberna está llena de clientes. Raimundo y Emilia están arriba de trabajo. Mientras yo...yo sigo pendiente de Tristán y de cumplir que durante dos días esté en reposo, como le dijo mi padre hoy por la mañana cuando vino a hacerle la visita...pero tengo que reconocer a mi misma que es un encanto de hombre, de conversación fácil y entretenida, me gustaría preguntarle muchas cosas pero no me atrevo, porque su mirada todavía desprende cierta tristeza que creo que ni el tiempo las borrará, solo un golpe de suerte se le podrá cambiar la mirada. Abro con cuidado la puerta con el codo, él sigue acostado y sonríe al verme entrar.
-¡No se mueva! -Le digo cuando lo veo hacer el amago de levantarse. -Ya puedo yo sola.
-Sí, más me vale hacerle caso, que la última vez que la desobedecí casi le provoco una lesión de espalda -digo con cierto apuro, pues aún me azoro al recordar aquella escena- Por cierto, Aurora, eso que huelo, ¿son lentejas de Emilia?
-Sí, lentejas de la misma Emilia y es más las hizo especialmente para su usted y su pronta recuperación. -Le expliqué. -Es más, la muchacha está deseando que vuelva a su rutina y verlo más a menudo por la taberna. -Le dije exresando los buenos deseos de Emilia.
-Sí, yo también tengo ganas de volver a verles, a ella y a su familia. Raimundo suele pasarse de vez en cuando, pero Alfonso no tiene tiempo y cuando tiene seguro que piensa que ya estoy dormido y no quiere molestar.
-Alfonso vino varias veces a verlo pero usted estaba dormido. -Le expliqué. -También vino la Señora Águeda a saber por usted y Sebastián.
-Esos son los buenos amigos, los que se pasan a verte, aunque estés dormido.
-Bueno dormido...lo que se dice dormido...estaba sedado...
-¿Cuánto tiempo he pasado sedado? Espero que sea el suficiente para estar recuperado...
-Recuperado estará si hace caso de las instrucciones del galeno. -Le dije sonriendo. -Tiene que hacer exactamente lo que le dijo el doctor, así llegará esa recuperación que tanto ansia.
-Le prometo que a partir de ahora volveré a ser el soldado disciplinado que una vez fui y le haré caso en todo -dije en tono de chanza, aunque con sinceridad- Y más si me tienta con esas lentejas que tan bien huelen.
-Coma tranquilo, con cuidado y despacio. -Le indiqué colocando la bandeja sobre él. -Después de comer le prepararé agua para que se asee un poco, si usted gusta claro.
-Sí, gracias, la verdad es que me hace falta, pero necesitaría que usted me ayudase. Como comprenderá, si mantenerme en pie unos segundos se me antoja un mundo, asearme yo solo debe ser una odisea... Si le parece bien, claro, no me gustaría incomodarle.
-Aquí estaré para vigilarlo. Ahora mientras usted come iré a junto de Emilia a que caliente un poco de agua. -Dije mirando para él y desplazándome a la puerta para salir.
Estaba nervioso... Hacía mucho tiempo que nadie me aseaba, y mucho menos una mujer que no fuese Rosario, que me cuido desde que nací. No es que me desagrade en absoluto Aurora, pues es bien cierto que es una mujer agradable y hermosa, pero temo incomodarla y perder la amistad que creo que estamos empezando. Ella es el único rayo de esperanza que tengo en estos momentos de mi vida, y no sólo porque me traiga la comida y las medicinas, sino por su compañía. ¿Qué haría sin ella?
CONTINUARÁ...
-¡No se mueva! -Le digo cuando lo veo hacer el amago de levantarse. -Ya puedo yo sola.
-Sí, más me vale hacerle caso, que la última vez que la desobedecí casi le provoco una lesión de espalda -digo con cierto apuro, pues aún me azoro al recordar aquella escena- Por cierto, Aurora, eso que huelo, ¿son lentejas de Emilia?
-Sí, lentejas de la misma Emilia y es más las hizo especialmente para su usted y su pronta recuperación. -Le expliqué. -Es más, la muchacha está deseando que vuelva a su rutina y verlo más a menudo por la taberna. -Le dije exresando los buenos deseos de Emilia.
-Sí, yo también tengo ganas de volver a verles, a ella y a su familia. Raimundo suele pasarse de vez en cuando, pero Alfonso no tiene tiempo y cuando tiene seguro que piensa que ya estoy dormido y no quiere molestar.
-Alfonso vino varias veces a verlo pero usted estaba dormido. -Le expliqué. -También vino la Señora Águeda a saber por usted y Sebastián.
-Esos son los buenos amigos, los que se pasan a verte, aunque estés dormido.
-Bueno dormido...lo que se dice dormido...estaba sedado...
-¿Cuánto tiempo he pasado sedado? Espero que sea el suficiente para estar recuperado...
-Recuperado estará si hace caso de las instrucciones del galeno. -Le dije sonriendo. -Tiene que hacer exactamente lo que le dijo el doctor, así llegará esa recuperación que tanto ansia.
-Le prometo que a partir de ahora volveré a ser el soldado disciplinado que una vez fui y le haré caso en todo -dije en tono de chanza, aunque con sinceridad- Y más si me tienta con esas lentejas que tan bien huelen.
-Coma tranquilo, con cuidado y despacio. -Le indiqué colocando la bandeja sobre él. -Después de comer le prepararé agua para que se asee un poco, si usted gusta claro.
-Sí, gracias, la verdad es que me hace falta, pero necesitaría que usted me ayudase. Como comprenderá, si mantenerme en pie unos segundos se me antoja un mundo, asearme yo solo debe ser una odisea... Si le parece bien, claro, no me gustaría incomodarle.
-Aquí estaré para vigilarlo. Ahora mientras usted come iré a junto de Emilia a que caliente un poco de agua. -Dije mirando para él y desplazándome a la puerta para salir.
Estaba nervioso... Hacía mucho tiempo que nadie me aseaba, y mucho menos una mujer que no fuese Rosario, que me cuido desde que nací. No es que me desagrade en absoluto Aurora, pues es bien cierto que es una mujer agradable y hermosa, pero temo incomodarla y perder la amistad que creo que estamos empezando. Ella es el único rayo de esperanza que tengo en estos momentos de mi vida, y no sólo porque me traiga la comida y las medicinas, sino por su compañía. ¿Qué haría sin ella?
CONTINUARÁ...
#272
11/03/2012 18:23
-Bueno aquí estoy. -Dije mientras entraba con una jofaina de agua hirviendo. ¿Ha terminado de almorzar?
-Sí, ya he terminado. Cuando vea a Emilia le felicitaré yo mismo por esta maravilla. Cuando guste podemos empezar con el aseo
Me acerco a él a y le retiro la bandeja con el cuenco de las lentejas. Las pongo sobre la camilla que Pepa utilizaba para atender a sus parturientas. Me vuelvo a dirigir a la cama y ayudo a Tristán a levantarse. Cerca de la jofaina había una silla donde se sienta.
Me siento en la silla con algo de esfuerzo; Aurora tiene razón, aún me queda algún tiempo hasta recuperarme del todo. Con cuidado, Aurora me quita la camisa y los pantalones y siento un escalofrío, pero no distingo si es por el frío o por el roce de sus manos.
Aurora hunde la toalla en el agua caliente y tras aplicarle el jabón me frota con ella. Me gusta la sensación del agua caliente en mi piel y el olor del jabón: es el que prepara Rosario en la casona. Las manos de la hija del galeno recorren todo mi cuerpo con movimientos firmes y directos, casi mecánicos, pero agradables. Está claro que no es la primera vez que hace esto, pero aún así noto en ella algo distinto... la noto nerviosa o incómoda, pues no me mira a la cara.
“Aurora tranquila” -Me digo a misma.
No es la primera vez que tengo que asear a alguien. Cuando mi difunta madre estaba enferma quien la cuidaba y le hacía todo era yo, fue ahí cuando ciertos temores, pudores, los dejé de lado. Pero en este caso es distinto, porque...no sé lo que siento hacia este hombre. Cuando llegué al pueblo en el primer muchacho que me fijé fue en Sebastián Ulloa, pero sólo hemos coincidido una vez, sólo una, y...ni hablamos. Ahora, por lo que he escuchado en la casa de comidas está bastante atareado con su conservera. Pero cuando estoy con Tristán me hace sentir bien y estoy agusto, aunque no me gustaría equivocarme...cuando estoy cerca de él el corazón se me acelera, la respiración se me entrecorta. Espero que no se dé cuenta de que puedo sentir algo por él.
Llega el turno del pelo. Me indica que eche la cabeza hacia atrás, para que el agua caliente pueda llegar a todos los recovecos de mi cabello. Con sus manos empapadas en agua y jabón me frota el pelo; primero las sienes, luego la parte central del casco y por último la parte posterior. Son movimientos fuertes y enérgicos, pero delicados al mismo tiempo, son unos movimientos que me relajan mucho, dejándome casi tan sedado como los medicamentos del galeno. Pero el masaje ha concluido, y Aurora se apresura a aclararme el pelo con el agua restante. Se coloca frente a mí, para asegurarse de que no queda ni rastro del jabón en el pelo.
Algo no ha salido como tenía que salir, y una gota de agua llena de jabón se desliza por mi rostro hasta introducirse en mi ojo izquierdo. Aurora sabe lo que esa simple gotita es capaz de escocer, por eso se apresura a eliminarla con una toalla seca.
No sé si será el escozor o su proximidad, pero el corazón me late como un caballo desbocado... Ahora su rostro está cerca, muy cerca del mío y el caballo desbocado que llevo dentro me empuja hacia ella y le beso.
Antes de que quiera darme cuenta, mis labios rozan los suyos, y para cuando soy consciente de lo que está pasando, noto los suyos abrirse, invitándome a pasar.
El infierno por el que estoy pasando parece alejarse más y más...
No sé como pasó pero ha pasado. Sin darme cuenta sus labios se posaron en los mios con una fuerza que nunca antes había sentido y mis fuerzas empiezan a flaquear. En un arrebato me dejo llevar y abro un poco mi boca por lo que un beso que podía quedarse en algo insignificante se convierte en algo más, en algo que todavía no puedo descifrar.
No sé de dónde saqué fuerzas, pero acabé tumbado en el catre, con Aurora a mi lado, regalándome sus besos torpes por la inexperiencia, pero cálidos y reconfortantes. Estaba rígida, como asustada.
-Aurora -dije mientras le acariciaba el rostro- si no estás segura o no te sientes cómoda, lo entiendo. No quiero incomodarte...
Lo enmudecí con un beso. Nunca me había dejado llevar tanto por mis impulsos como en esta ocasión. Sus caricias, el roce su piel, su pelo mojado entre mis manos, eran tales las sensaciones que por momentos la realidad se dasvanecia.
Como única respuesta a sus palabras juntó sus labios con los míos en un beso mucho más largo y más elocuente que muchos de los libros de Raimundo.
Nuestras manos luchaban contra los botones del vestido de Aurora. Cuando por fin conseguimos zafarnos de sus ropajes, pude comprobar que su cuerpo era mucho más hermoso de lo que me había imaginado. Rápidamente, mis manos jugaron a investigar el cuerpo del otro con caricias y arrumacos mientras que nuestras bocas, sin pronunciar una sola palabra, lo decían todo.
Sus manos comenzaron a deshacer mi vestido, las mías nerviosas lo intentaban ayudar aunque malamente. Cuando por fin el vestido se desprendió, me fijé como Tristán me observaba, al principio, mi timidez me llevó a separar rápidamente la mirada de él y de su expresión. Hasta que noté el roce de su barba, su labios en mi cuello. Mis manos se aferraron a su espalda.
CONTINUARÁ...
-Sí, ya he terminado. Cuando vea a Emilia le felicitaré yo mismo por esta maravilla. Cuando guste podemos empezar con el aseo
Me acerco a él a y le retiro la bandeja con el cuenco de las lentejas. Las pongo sobre la camilla que Pepa utilizaba para atender a sus parturientas. Me vuelvo a dirigir a la cama y ayudo a Tristán a levantarse. Cerca de la jofaina había una silla donde se sienta.
Me siento en la silla con algo de esfuerzo; Aurora tiene razón, aún me queda algún tiempo hasta recuperarme del todo. Con cuidado, Aurora me quita la camisa y los pantalones y siento un escalofrío, pero no distingo si es por el frío o por el roce de sus manos.
Aurora hunde la toalla en el agua caliente y tras aplicarle el jabón me frota con ella. Me gusta la sensación del agua caliente en mi piel y el olor del jabón: es el que prepara Rosario en la casona. Las manos de la hija del galeno recorren todo mi cuerpo con movimientos firmes y directos, casi mecánicos, pero agradables. Está claro que no es la primera vez que hace esto, pero aún así noto en ella algo distinto... la noto nerviosa o incómoda, pues no me mira a la cara.
“Aurora tranquila” -Me digo a misma.
No es la primera vez que tengo que asear a alguien. Cuando mi difunta madre estaba enferma quien la cuidaba y le hacía todo era yo, fue ahí cuando ciertos temores, pudores, los dejé de lado. Pero en este caso es distinto, porque...no sé lo que siento hacia este hombre. Cuando llegué al pueblo en el primer muchacho que me fijé fue en Sebastián Ulloa, pero sólo hemos coincidido una vez, sólo una, y...ni hablamos. Ahora, por lo que he escuchado en la casa de comidas está bastante atareado con su conservera. Pero cuando estoy con Tristán me hace sentir bien y estoy agusto, aunque no me gustaría equivocarme...cuando estoy cerca de él el corazón se me acelera, la respiración se me entrecorta. Espero que no se dé cuenta de que puedo sentir algo por él.
Llega el turno del pelo. Me indica que eche la cabeza hacia atrás, para que el agua caliente pueda llegar a todos los recovecos de mi cabello. Con sus manos empapadas en agua y jabón me frota el pelo; primero las sienes, luego la parte central del casco y por último la parte posterior. Son movimientos fuertes y enérgicos, pero delicados al mismo tiempo, son unos movimientos que me relajan mucho, dejándome casi tan sedado como los medicamentos del galeno. Pero el masaje ha concluido, y Aurora se apresura a aclararme el pelo con el agua restante. Se coloca frente a mí, para asegurarse de que no queda ni rastro del jabón en el pelo.
Algo no ha salido como tenía que salir, y una gota de agua llena de jabón se desliza por mi rostro hasta introducirse en mi ojo izquierdo. Aurora sabe lo que esa simple gotita es capaz de escocer, por eso se apresura a eliminarla con una toalla seca.
No sé si será el escozor o su proximidad, pero el corazón me late como un caballo desbocado... Ahora su rostro está cerca, muy cerca del mío y el caballo desbocado que llevo dentro me empuja hacia ella y le beso.
Antes de que quiera darme cuenta, mis labios rozan los suyos, y para cuando soy consciente de lo que está pasando, noto los suyos abrirse, invitándome a pasar.
El infierno por el que estoy pasando parece alejarse más y más...
No sé como pasó pero ha pasado. Sin darme cuenta sus labios se posaron en los mios con una fuerza que nunca antes había sentido y mis fuerzas empiezan a flaquear. En un arrebato me dejo llevar y abro un poco mi boca por lo que un beso que podía quedarse en algo insignificante se convierte en algo más, en algo que todavía no puedo descifrar.
No sé de dónde saqué fuerzas, pero acabé tumbado en el catre, con Aurora a mi lado, regalándome sus besos torpes por la inexperiencia, pero cálidos y reconfortantes. Estaba rígida, como asustada.
-Aurora -dije mientras le acariciaba el rostro- si no estás segura o no te sientes cómoda, lo entiendo. No quiero incomodarte...
Lo enmudecí con un beso. Nunca me había dejado llevar tanto por mis impulsos como en esta ocasión. Sus caricias, el roce su piel, su pelo mojado entre mis manos, eran tales las sensaciones que por momentos la realidad se dasvanecia.
Como única respuesta a sus palabras juntó sus labios con los míos en un beso mucho más largo y más elocuente que muchos de los libros de Raimundo.
Nuestras manos luchaban contra los botones del vestido de Aurora. Cuando por fin conseguimos zafarnos de sus ropajes, pude comprobar que su cuerpo era mucho más hermoso de lo que me había imaginado. Rápidamente, mis manos jugaron a investigar el cuerpo del otro con caricias y arrumacos mientras que nuestras bocas, sin pronunciar una sola palabra, lo decían todo.
Sus manos comenzaron a deshacer mi vestido, las mías nerviosas lo intentaban ayudar aunque malamente. Cuando por fin el vestido se desprendió, me fijé como Tristán me observaba, al principio, mi timidez me llevó a separar rápidamente la mirada de él y de su expresión. Hasta que noté el roce de su barba, su labios en mi cuello. Mis manos se aferraron a su espalda.
CONTINUARÁ...
#273
11/03/2012 20:17
Y ahora cae Tristán. primero cae ella y luego él
#274
11/03/2012 20:50
......Como me e quedado al leer lo ultimo ... :O Sois las dos muy buenas escritoras ;-)
#275
11/03/2012 21:01
-¡Emilia! -Digo entrando rápidamente en la taberna. -¡Emilia! -Repito de nuevo ante la vista de todos los paisanos.
-¿A qué vienen esas voces Sebastián? -Le pregunto a mi hermano debido a su estado de agitación.
-¿Has visto a Soledad? -Le pregunto. -¿Ha venido por aquí? -Vuelvo a preguntar.
-No Sebastián, no, no la he visto. -Le digo mientras me contagia su nerviosismo. -¿Por qué tanta insistencia en la visita de Soledad? -Le pregunto a mi hermano.
-Verás Emilia, hoy de mañana Soledad ha venido a la conservera...
-¿Qué era lo que quería? -Le pregunto por lo extraño que me parece que Soledad se acerque a ver a mi hermano.
-Para hablar del pasadizo. -Le explico. -Quería saber si desde la conservera había alguna manera de entrar al pasadizo, al principio creía que no, pero sí que hay una manera de entrar. Resulta que el agujero por donde salió Soledad el otro día se abre...
-¿Y has entrado? -Le pregunto con entusiasmo.
-No, todavía no. -Le digo.
-¿Cómo que no? -Le digo con tono de regañina.
-Emilia ya entraré. -Le digo con el mismo tono que me dijo ella. -Pero no nos desviemos del tema que estamos tratando. -Le digo clavando mis ojos en ella. -Retomo, entonces, lo que te estaba contando. Pues bien, cuando terminamos de hablar me dijo que tenía la intención de venir a ver a Tristán para contarle todo. -Le explico a Emilia.
-¿Qué viene a hablar con Tristán? -Repito lo que dijo mi hermano. -Pero no puede ser Sebastián, por Dios...
-Lo sé Emilia, lo sé, sé que Tristan está enfermo y Soledad no lo sabe. -Le digo. -De ahí que te preguntara antes con tanta insistencia si la habías visto.
-Ya te dije antes que no Sebastián. -Le digo de nuevo a mi hermano.
-Pues aquí me quedaré esperándola todo el tiempo que haga falta. -Le digo a Emilia.
Pero Soledad no se hizo esperar. En vez de entrar por la puerta del patio entró por la taberna. Todos los paisanos que estaban sentados se callaron cuando vieron entrar a la joven. Yo me levanta como hoja que eleva el tiempo.
-Soledad, ya estás aquí. -Le digo titubeando.
-Sí. -Le dígo con una sonrisa. -como había acordado que los dos hablaríamos con Tristán para comunicarle todo lo referente al pasadizo. -Le recuerdo.
-Hay un inconveniente. -Le digo pensando cual va a ser lo siguiente que le voy a contar. -Tu hermano no ha llegado de El Jaral todavía, parece ser que tiene bastante trabajo con unos papeleos y no se sabe a que hora va a llegar.
-Bueno pues lo esperaremos. -Me dijo ella tajantemente.
-¿Y será bueno que esperemos aquí? -Le pregunto. -Lo digo por si tu madre se entera que has estado en la taberna de los Ulloa, además este no es sitio para una mujer muchacha como tú, ¿me permites ofrecerte un agradable paseo en esta cálida tarde? -Le pregunto sin saber muy bien cual puede ser su respuesta.
-Está bien. -Me dijo con una sonrisa. -Vayamos a dar ese paseo.
Y con un gesto airoso alcancé el sombrero, salimos a la plaza y nos dirigimos a los alrededores
CONTINUARÁ...
-¿A qué vienen esas voces Sebastián? -Le pregunto a mi hermano debido a su estado de agitación.
-¿Has visto a Soledad? -Le pregunto. -¿Ha venido por aquí? -Vuelvo a preguntar.
-No Sebastián, no, no la he visto. -Le digo mientras me contagia su nerviosismo. -¿Por qué tanta insistencia en la visita de Soledad? -Le pregunto a mi hermano.
-Verás Emilia, hoy de mañana Soledad ha venido a la conservera...
-¿Qué era lo que quería? -Le pregunto por lo extraño que me parece que Soledad se acerque a ver a mi hermano.
-Para hablar del pasadizo. -Le explico. -Quería saber si desde la conservera había alguna manera de entrar al pasadizo, al principio creía que no, pero sí que hay una manera de entrar. Resulta que el agujero por donde salió Soledad el otro día se abre...
-¿Y has entrado? -Le pregunto con entusiasmo.
-No, todavía no. -Le digo.
-¿Cómo que no? -Le digo con tono de regañina.
-Emilia ya entraré. -Le digo con el mismo tono que me dijo ella. -Pero no nos desviemos del tema que estamos tratando. -Le digo clavando mis ojos en ella. -Retomo, entonces, lo que te estaba contando. Pues bien, cuando terminamos de hablar me dijo que tenía la intención de venir a ver a Tristán para contarle todo. -Le explico a Emilia.
-¿Qué viene a hablar con Tristán? -Repito lo que dijo mi hermano. -Pero no puede ser Sebastián, por Dios...
-Lo sé Emilia, lo sé, sé que Tristan está enfermo y Soledad no lo sabe. -Le digo. -De ahí que te preguntara antes con tanta insistencia si la habías visto.
-Ya te dije antes que no Sebastián. -Le digo de nuevo a mi hermano.
-Pues aquí me quedaré esperándola todo el tiempo que haga falta. -Le digo a Emilia.
Pero Soledad no se hizo esperar. En vez de entrar por la puerta del patio entró por la taberna. Todos los paisanos que estaban sentados se callaron cuando vieron entrar a la joven. Yo me levanta como hoja que eleva el tiempo.
-Soledad, ya estás aquí. -Le digo titubeando.
-Sí. -Le dígo con una sonrisa. -como había acordado que los dos hablaríamos con Tristán para comunicarle todo lo referente al pasadizo. -Le recuerdo.
-Hay un inconveniente. -Le digo pensando cual va a ser lo siguiente que le voy a contar. -Tu hermano no ha llegado de El Jaral todavía, parece ser que tiene bastante trabajo con unos papeleos y no se sabe a que hora va a llegar.
-Bueno pues lo esperaremos. -Me dijo ella tajantemente.
-¿Y será bueno que esperemos aquí? -Le pregunto. -Lo digo por si tu madre se entera que has estado en la taberna de los Ulloa, además este no es sitio para una mujer muchacha como tú, ¿me permites ofrecerte un agradable paseo en esta cálida tarde? -Le pregunto sin saber muy bien cual puede ser su respuesta.
-Está bien. -Me dijo con una sonrisa. -Vayamos a dar ese paseo.
Y con un gesto airoso alcancé el sombrero, salimos a la plaza y nos dirigimos a los alrededores
CONTINUARÁ...
#276
11/03/2012 21:27
Y al final liaréis a Sebastián con Soledad y el hermano de Tristan estará liado con la hermana de Tristan. Todo queda entre hermanos
#277
11/03/2012 22:59
Ésto está más entretenido que la serie....pero vamos, ese arrebato del capitán no lo quiero ver yo con la galena......eh? a vosotras os lo perdono
#278
11/03/2012 23:03
Cuando he llegado al arrebato del capitan me he quedado
Pero muy buena la historia.
Estoy deseando ver como sigue.
Pero muy buena la historia.
Estoy deseando ver como sigue.
#279
13/03/2012 12:30
jajajja manaaaaaaa ... te he leído pero me abstengo de comentar, ¡que pa eso estamos en semana santa! para abstenernos jaja ajaaaj .... ya sabes que no me gusta ni un pelo que me los encaméis con otros y por esooooooo ¡¡NO te leo !!, sólo paseo rapidamente mi vista por las letras y como que no me entero de ná jaj ajajja ...
sigo esperando el "feliz re-encuentro de los no hermanos" ... para reanudar mi lectura ¡¡¡ aunque al paso que váis !! acabará haciéndose realidad "mi avatar" en esta vida y acabaré de abuelilla y seguiré esperandoooo
y esperando aaajjaajajajja.
Un beso para tí también, Artemisilla.
sigo esperando el "feliz re-encuentro de los no hermanos" ... para reanudar mi lectura ¡¡¡ aunque al paso que váis !! acabará haciéndose realidad "mi avatar" en esta vida y acabaré de abuelilla y seguiré esperandoooo
y esperando aaajjaajajajja.Un beso para tí también, Artemisilla.
#280
17/03/2012 14:50
Algo me hizo abrir los ojos. Tristán me tiene abrazada. Recuerdo que cuando me quedé dormida la claridad del día entraba por la ventana y la luz ya ha caído. Debe ser media tarde sino está anocheciendo ya. Poco a poco, me voy desprendiendo del brazo de Tristán. Una vez levantada recojo mi ropa y con bastante ligereza me voy vistiendo. Tristán sigue durmiendo. Una vez vestida y peinada salgo al patio, cuando mi sorpresa es encontrar a mi padre entrando al patio de los Ulloa.
-¡Padre! -Digo con sorpresa mientras veo a mi padre acercarse a mi.
- Aurora, hija, ¿estás bien? -Pregunto sorprendido ante el aspecto acongojado de mi hija-
-Sí, claro, padre. -Digo intentando disimular ante mi padre. -¿Por qué no iba a estar bien?
- Sólo me preocupaba. Tienes las mejillas encendidas, el pelo algo revuelto y te tiembla la voz. O te ha dado un vahído o Don Tristán está peor. ¿Por cuál de los dos me tengo que preocupar?
-Por ninguno padre. -Le digo para tranquilizarlo. -Sé que mi aspecto está un poco descuidado pero no es por nada importante. -Le digo intentando mantener su mirada. -Y por Don Tristán no se preocupe está durmiendo, pero me hizo saber que ya está deseando volver a su rutina diaria. -Le informé a mi padre.
Por un instante dudé de la buena fe del señor Castro, pero como padre tenía que hacerlo.
-Aurora -Dije mientras le tomaba los hombros, en actitud protectora- ¿El señor Castro ha intentado forzarte? Si es así no tengas miedo, te aseguro que lo pagará.
-Padre, ¡no! -Le digo con asombro por sus palabras. -El señor Tristán siempre ha sido correcto conmigo y siempre se ha mostrado agradecido por mis cuidados.-Le explico, guardando lo que ocurrió hace unas horas.
- Aurora, no te fíes de él. Es un Castro, y como tal tiene veneno en la sangre. Es cierto que parece un hombre agradable y educado, pero esa es la táctica de su estirpe: te sonríen, te dicen palabras bonitas mientras que preparan tu caída. Cuídale, porque es tu deber como enfermera, pero no te confíes, es tu deber como una Ponce que eres.
-Lo sé. -Le digo. -Desde que supo que su nuevo destino era este pueblo siempre me ha referido que tuviera cuidado con Doña Francisca pero sobretodo con su primogénito. -Le digo recordándole lo que me dijo en su momento. -Y no me olvido que es hijo de Salvador Castro.
- Así me gusta, hija. Así me gusta. Siempre hay que saber con quién estás tratando, para verles venir y que no te arrebaten lo que más quieres. Anda, componte un poco el pelo y refréscate un poco con el agua de la fuente, que te sentará bien. Te estaré esperando en la consulta, no tardes.
-Está bien padre. -Digo mientras comienzo a andar hacia la fuente obedeciendo a mi padre para después ir a la consulta.
CONTINUARÁ...
-¡Padre! -Digo con sorpresa mientras veo a mi padre acercarse a mi.
- Aurora, hija, ¿estás bien? -Pregunto sorprendido ante el aspecto acongojado de mi hija-
-Sí, claro, padre. -Digo intentando disimular ante mi padre. -¿Por qué no iba a estar bien?
- Sólo me preocupaba. Tienes las mejillas encendidas, el pelo algo revuelto y te tiembla la voz. O te ha dado un vahído o Don Tristán está peor. ¿Por cuál de los dos me tengo que preocupar?
-Por ninguno padre. -Le digo para tranquilizarlo. -Sé que mi aspecto está un poco descuidado pero no es por nada importante. -Le digo intentando mantener su mirada. -Y por Don Tristán no se preocupe está durmiendo, pero me hizo saber que ya está deseando volver a su rutina diaria. -Le informé a mi padre.
Por un instante dudé de la buena fe del señor Castro, pero como padre tenía que hacerlo.
-Aurora -Dije mientras le tomaba los hombros, en actitud protectora- ¿El señor Castro ha intentado forzarte? Si es así no tengas miedo, te aseguro que lo pagará.
-Padre, ¡no! -Le digo con asombro por sus palabras. -El señor Tristán siempre ha sido correcto conmigo y siempre se ha mostrado agradecido por mis cuidados.-Le explico, guardando lo que ocurrió hace unas horas.
- Aurora, no te fíes de él. Es un Castro, y como tal tiene veneno en la sangre. Es cierto que parece un hombre agradable y educado, pero esa es la táctica de su estirpe: te sonríen, te dicen palabras bonitas mientras que preparan tu caída. Cuídale, porque es tu deber como enfermera, pero no te confíes, es tu deber como una Ponce que eres.
-Lo sé. -Le digo. -Desde que supo que su nuevo destino era este pueblo siempre me ha referido que tuviera cuidado con Doña Francisca pero sobretodo con su primogénito. -Le digo recordándole lo que me dijo en su momento. -Y no me olvido que es hijo de Salvador Castro.
- Así me gusta, hija. Así me gusta. Siempre hay que saber con quién estás tratando, para verles venir y que no te arrebaten lo que más quieres. Anda, componte un poco el pelo y refréscate un poco con el agua de la fuente, que te sentará bien. Te estaré esperando en la consulta, no tardes.
-Está bien padre. -Digo mientras comienzo a andar hacia la fuente obedeciendo a mi padre para después ir a la consulta.
CONTINUARÁ...