Foro El secreto de Puente Viejo
Una historia de dos: La GRAN INVESTIGACIÓN y una noche de amor
#0
27/11/2011 13:21
Artemisilla y yo, Verrego, hemos juntado nuestras fuerzas, nuestras mentes y el resultado es una FIC un tanto diferente. La historia es narrada desde el punto de vista de Tristán y de Pepa, ellos serán los narradores.
UNA HISTORIA DE DOS, comienza con un suceso que todas tenemos ganas ver y en medio se descubrirán secretos, engaños, familias enfrentadas y los sentimientos jugarán un papel importante en todo el desarrollo de la historia.
Tanto Artemisilla como yo esperamos que os guste y disfrutéis.
Vídeos FormulaTV
'Euphoria' regresa tras su salto temporal en el tráiler de la tercera temporada
'La isla de las tentaciones 10' lanza un extenso avance antes de su estreno en Telecinco
laSexta cumple 20 años con la información y el entretenimiento como bastiones frente a la competencia
'Masterchef' muestra un extenso avance de su nueva edición, que se estrena el lunes 30 de marzo en La 1
La serie de 'Harry Potter' muestra su primer tráiler y anuncia su fecha de estreno
'Los Bridgerton' confirma la pareja de su quinta temporada, que ya ha iniciado su rodaje
#221
05/01/2012 21:00
He llegado antes de lo previsto. Me atiente Inés, una antigua doncella mía que me traicionó yendo a trabajar para la fulana de Águeda Mesía. Le atravieso con la mirada y sin esperar a que me anuncien, paso directamente al salón.
-¿Doña Francisca qué hace aquí? -Dije sorprendida al verla entrar en el salón. -¿Por qué nadie anunció su llegada? -Cada día que pasa esta mujer pierde más los modales.
-No se haga la tonta. ¿Dónde está?
-Discúlpeme pero...¿por quién está preguntando?
-Su cinismo no tiene límites, Doña Águeda. Sé que mi hijo vive con usted y la deslenguada de su hija. Le advierto que no me iré de aquí hasta que no hable con él. ¡Tristán! ¡Sé que estás aquí, ven ahora mismo y da la cara como un Castro Montenegro que eres!
-Doña Francisca no le consiento que en mi casa dé semejantes voces y que mucho menos hable de esamanera tan despectiva de mi hija, que le recuerdo que es la esposa de su hijo. Y no, aquí no lo encontrará...Es más ya que viene a mi casa a importunarme con su fatal de modales le diré que usted, señora mía, y esa partera ignorante como se ha referido a mi hija en innumerables ocasiones comparten más de lo que gustaría, Doña Francisca. -Dije co ritintín. -Porque el padre de esa partera deslenguada es su difunto marido, Salvador Castro. -Quiero reirme de la cara de espanto que se le ha quedado a la Montenegro pero no es oportuno, porque ahora viene lo mejor su respuesta.
-¿Pero qué clase de sandeces está usted diciendo? ¿Es que ha perdido el oremus? - Intento parecer fuerte y altiva, pero lo cierto es que las piernas me flaquean y la boca se me seca por momentos- Si es una broma, le advierto que es de pésimo gusto.
-No señora, lo que digo no es ninguna sandez ni he perdido el juicio si es lo que está sugiriendo, sino todo lo contrario, lo que le acabo decir es cierto, Pepa es hija una Castro. -Que ganas tengo de soltarle que lo más probable es que Tristán, al que todo el mundo tiene por hijo de Salvador no lo es, pero soy mujer de palabra y no diré nada. -Su marido fue quien engendró a mi hija.
Siento como todos los músculos que mi cuerpo de aflojan y todo a mi alrededor se nubla, por unos instantes. Me siento en el tresillo para evitar una caída.
- ¿Pero cómo pudo suceder tal cosa? ¿Y dónde?... ¿Acaso usted no sabía que Salvador era un hombre casado?
-Con calma Doña Francisca, paso a paso. -Dije mientras vi en su rostro muchísimo desconcierto. -Sucedió cuando cuando yo era chiquilla, Salvador vino a cerrar unos negocios con la olivarera de mi padre, yo de aquella no sabía nada de la vida y él se aprovechó de esa inocencia para seducirme y conquistarme. Yo sabía que era un hombre casado y con dos hijos, pero me decía que estaba enamorado, que me quería, prometía que nunca me dejaría, me llegó a confesar que su matrimonio era todo una farsa que le habían obligado casarse con usted, porque así la separarían de su pretendiente, el heredero de la familia rival de Puente Viejo, yo me negué, pero él no y fue en ese mismo instante cuando me di cuenta de la naturaleza de aquel ser tan aberrante, de repente se me cayó el velo de los ojos que tan ciega me tenía y así pude ver la clase de monstruo y diablo que era aquel hombre, que ni se merece ser considerado persona. -Todos mis recuerdos llegaron con una fuerza tremenda a mi mente y cunaod se fueron dejaron un hondo pesar en mi cuerpo.
No sé de dónde saqué las fuerzas, pero conseguí levantarme del tresillo y me acerqué hasta Doña Águeda. Antes de que pudiera verla venir, mi mano se estrelló contra su mejilla, enrojeciéndola. Quise con todas mis fuerzas que fuera el rostro de Salvador el que recibiera el guantazo, pero resulto el de Doña Águeda la que pagara mi frustración.
-Esto por haberse acostado con Salvador.
-¿Qué yo me acosté con su marido? No Doña Francisca, su marido, Salvador Castro, me tomó a la fuerza, me violó. -contuve las lágrimas de dolor, dolor porque ella pensara que me había acostado con su marido o por la bofetada que me había dado antes.
Aún seguía de pie, junto a ella. Juro que no sé qué pasó, pero antes de que pudiera darme cuenta, estaba abrazando a Doña Águeda. Por un instante no vi a la madre de Pepa, ni a una amante de mi marido, sino que vi a una chiquilla asustada. Me vi a mí misma. A los pocos segundos recobré la cordura y me separé de Doña Águeda, que me miraba perpleja.
-Y esto, por todo lo que ha tenido que pasar por culpa de esa aberración de la naturaleza llamada Salvador Castro. Le rogaría que no le relatase a nadie lo aquí ocurrido. ¿Sabe? Si he de serle sincera, supe que algo había pasado en el sur cuando mi marido fue a cerrar negocios con su padre. No me pregunte por qué, pero cuando Salvador llegó a casa después de tanto tiempo venía... distinto. Seguía siendo igual de insoportable su presencia, pero él se mostraba más esquivo y taciturno.
-Sería porque me tuvo encerrada en un chozo durante un tiempo mientras que regresaba a su lado como si nada ocurriera. Hasta que decidió soltarme no sé porque razón.
“Muy propio de mi marido” -Pensé mientras a mi mente vinieron las imágenes de aquella vez que me amenazó con encerrarme en la habitación del pasadizo. Al ver a Doña Águeda ya no veía a la rival implacable que me estaba sitiando en mi propia casa. Sólo veía a una víctima más de Salvador Castro. Desde luego, no estuvieron muy acertados con el nombre.
-Doña Águeda, lamento mucho todo lo que tuvo usted que vivir, créame que la entiendo, todo lo que le haya hecho usted, ya me lo hizo a mí, eso téngalo por seguro, pero si he venido hasta aquí no ha sido para recordar viejos tiempos, sino para ver a mi hijo.
-Lo siento doña Francisca pero los muchachos continuaron con sus planes y se encuentran en Madrid. -le dije mirándola fíjamente sabiendo que estaba mintiendo, pero no le iba a faltar la palabra a Raimundo.
- ¿A Madrid? ¿Pero cómo ha podido permitirlo? ¡Pero está usted consintiendo una aberración! Esto es intolerable...
-Doña Francisca no lo estoy consintiendo, de hecho Olmo ha partido hace unos días, pero créame que si mi hija es testaruda, Tristán también es muy cabezota y los dos con gran firmeza en sus decisiones decidieron irse. ¿Cómo puede pensar usted que yo estoy permitiendo esta situación?
-Es evidente, ¿no? Dos hermanos que acaban de casarse están de luna de miel en Madrid. ¿Qué habría pensado usted? Porque quiero creer que usted no me está mintiendo y que no está protegiendo a su hija... De me las señas de mi hijo, necesito parlamentar con él.
-Doña Francisca si ha venido a mi casa a insultarme le ruego que se marche, porque como madre que soy nunca he permitido esta situación. -Cogí aire. -Le repito que Olmo se ha marchado de al instante que nos enteramos que su hijo Tristán y Pepa se partieron hacia Madrid. -Me acerqué a la mesa y le escribí la dirección de Madrid. -Aquí tiene las señas y escriba cuanto quiera.
-No dude ni por un instante que así lo haré. -Tomé el papel con las señas y volví a la calesa.
Durante el trayecto en la calesa pensé en cual sería mi siguiente movimiento. Lo que realmente me apetecía era ir yo misma a Madrid y acabar con todo este dislate, pero mis obligaciones me lo impedían. Cuando llegué a la casona di orden de que no me molestaran; el recuerdo de Salvador había empeorado notablemente mi jaqueca. Qué suerte tuve de haber podido darle por muerto.
CONTINUARÁ...
-¿Doña Francisca qué hace aquí? -Dije sorprendida al verla entrar en el salón. -¿Por qué nadie anunció su llegada? -Cada día que pasa esta mujer pierde más los modales.
-No se haga la tonta. ¿Dónde está?
-Discúlpeme pero...¿por quién está preguntando?
-Su cinismo no tiene límites, Doña Águeda. Sé que mi hijo vive con usted y la deslenguada de su hija. Le advierto que no me iré de aquí hasta que no hable con él. ¡Tristán! ¡Sé que estás aquí, ven ahora mismo y da la cara como un Castro Montenegro que eres!
-Doña Francisca no le consiento que en mi casa dé semejantes voces y que mucho menos hable de esamanera tan despectiva de mi hija, que le recuerdo que es la esposa de su hijo. Y no, aquí no lo encontrará...Es más ya que viene a mi casa a importunarme con su fatal de modales le diré que usted, señora mía, y esa partera ignorante como se ha referido a mi hija en innumerables ocasiones comparten más de lo que gustaría, Doña Francisca. -Dije co ritintín. -Porque el padre de esa partera deslenguada es su difunto marido, Salvador Castro. -Quiero reirme de la cara de espanto que se le ha quedado a la Montenegro pero no es oportuno, porque ahora viene lo mejor su respuesta.
-¿Pero qué clase de sandeces está usted diciendo? ¿Es que ha perdido el oremus? - Intento parecer fuerte y altiva, pero lo cierto es que las piernas me flaquean y la boca se me seca por momentos- Si es una broma, le advierto que es de pésimo gusto.
-No señora, lo que digo no es ninguna sandez ni he perdido el juicio si es lo que está sugiriendo, sino todo lo contrario, lo que le acabo decir es cierto, Pepa es hija una Castro. -Que ganas tengo de soltarle que lo más probable es que Tristán, al que todo el mundo tiene por hijo de Salvador no lo es, pero soy mujer de palabra y no diré nada. -Su marido fue quien engendró a mi hija.
Siento como todos los músculos que mi cuerpo de aflojan y todo a mi alrededor se nubla, por unos instantes. Me siento en el tresillo para evitar una caída.
- ¿Pero cómo pudo suceder tal cosa? ¿Y dónde?... ¿Acaso usted no sabía que Salvador era un hombre casado?
-Con calma Doña Francisca, paso a paso. -Dije mientras vi en su rostro muchísimo desconcierto. -Sucedió cuando cuando yo era chiquilla, Salvador vino a cerrar unos negocios con la olivarera de mi padre, yo de aquella no sabía nada de la vida y él se aprovechó de esa inocencia para seducirme y conquistarme. Yo sabía que era un hombre casado y con dos hijos, pero me decía que estaba enamorado, que me quería, prometía que nunca me dejaría, me llegó a confesar que su matrimonio era todo una farsa que le habían obligado casarse con usted, porque así la separarían de su pretendiente, el heredero de la familia rival de Puente Viejo, yo me negué, pero él no y fue en ese mismo instante cuando me di cuenta de la naturaleza de aquel ser tan aberrante, de repente se me cayó el velo de los ojos que tan ciega me tenía y así pude ver la clase de monstruo y diablo que era aquel hombre, que ni se merece ser considerado persona. -Todos mis recuerdos llegaron con una fuerza tremenda a mi mente y cunaod se fueron dejaron un hondo pesar en mi cuerpo.
No sé de dónde saqué las fuerzas, pero conseguí levantarme del tresillo y me acerqué hasta Doña Águeda. Antes de que pudiera verla venir, mi mano se estrelló contra su mejilla, enrojeciéndola. Quise con todas mis fuerzas que fuera el rostro de Salvador el que recibiera el guantazo, pero resulto el de Doña Águeda la que pagara mi frustración.
-Esto por haberse acostado con Salvador.
-¿Qué yo me acosté con su marido? No Doña Francisca, su marido, Salvador Castro, me tomó a la fuerza, me violó. -contuve las lágrimas de dolor, dolor porque ella pensara que me había acostado con su marido o por la bofetada que me había dado antes.
Aún seguía de pie, junto a ella. Juro que no sé qué pasó, pero antes de que pudiera darme cuenta, estaba abrazando a Doña Águeda. Por un instante no vi a la madre de Pepa, ni a una amante de mi marido, sino que vi a una chiquilla asustada. Me vi a mí misma. A los pocos segundos recobré la cordura y me separé de Doña Águeda, que me miraba perpleja.
-Y esto, por todo lo que ha tenido que pasar por culpa de esa aberración de la naturaleza llamada Salvador Castro. Le rogaría que no le relatase a nadie lo aquí ocurrido. ¿Sabe? Si he de serle sincera, supe que algo había pasado en el sur cuando mi marido fue a cerrar negocios con su padre. No me pregunte por qué, pero cuando Salvador llegó a casa después de tanto tiempo venía... distinto. Seguía siendo igual de insoportable su presencia, pero él se mostraba más esquivo y taciturno.
-Sería porque me tuvo encerrada en un chozo durante un tiempo mientras que regresaba a su lado como si nada ocurriera. Hasta que decidió soltarme no sé porque razón.
“Muy propio de mi marido” -Pensé mientras a mi mente vinieron las imágenes de aquella vez que me amenazó con encerrarme en la habitación del pasadizo. Al ver a Doña Águeda ya no veía a la rival implacable que me estaba sitiando en mi propia casa. Sólo veía a una víctima más de Salvador Castro. Desde luego, no estuvieron muy acertados con el nombre.
-Doña Águeda, lamento mucho todo lo que tuvo usted que vivir, créame que la entiendo, todo lo que le haya hecho usted, ya me lo hizo a mí, eso téngalo por seguro, pero si he venido hasta aquí no ha sido para recordar viejos tiempos, sino para ver a mi hijo.
-Lo siento doña Francisca pero los muchachos continuaron con sus planes y se encuentran en Madrid. -le dije mirándola fíjamente sabiendo que estaba mintiendo, pero no le iba a faltar la palabra a Raimundo.
- ¿A Madrid? ¿Pero cómo ha podido permitirlo? ¡Pero está usted consintiendo una aberración! Esto es intolerable...
-Doña Francisca no lo estoy consintiendo, de hecho Olmo ha partido hace unos días, pero créame que si mi hija es testaruda, Tristán también es muy cabezota y los dos con gran firmeza en sus decisiones decidieron irse. ¿Cómo puede pensar usted que yo estoy permitiendo esta situación?
-Es evidente, ¿no? Dos hermanos que acaban de casarse están de luna de miel en Madrid. ¿Qué habría pensado usted? Porque quiero creer que usted no me está mintiendo y que no está protegiendo a su hija... De me las señas de mi hijo, necesito parlamentar con él.
-Doña Francisca si ha venido a mi casa a insultarme le ruego que se marche, porque como madre que soy nunca he permitido esta situación. -Cogí aire. -Le repito que Olmo se ha marchado de al instante que nos enteramos que su hijo Tristán y Pepa se partieron hacia Madrid. -Me acerqué a la mesa y le escribí la dirección de Madrid. -Aquí tiene las señas y escriba cuanto quiera.
-No dude ni por un instante que así lo haré. -Tomé el papel con las señas y volví a la calesa.
Durante el trayecto en la calesa pensé en cual sería mi siguiente movimiento. Lo que realmente me apetecía era ir yo misma a Madrid y acabar con todo este dislate, pero mis obligaciones me lo impedían. Cuando llegué a la casona di orden de que no me molestaran; el recuerdo de Salvador había empeorado notablemente mi jaqueca. Qué suerte tuve de haber podido darle por muerto.
CONTINUARÁ...
#222
05/01/2012 21:04
Que pasada, y que intriga...
Qué habrá pensado Sebas? Por cierto.. me gustan estos dos trabajando en común...
Qué habrá pensado Sebas? Por cierto.. me gustan estos dos trabajando en común...
#223
05/01/2012 21:10
Vero y Celia enhorabuena por vuestro maravilloso trabajo. La historia es preciosa y aquí todos colaboran, todos investigan en aras de la verdad
#224
06/01/2012 00:52
Ha sido una cena agradable; buena comida, buena conversación y excelente compañía, aunque he notado a Pepa un poco alicaída, aunque supongo que es normal, aún no se ha adaptado del todo a Madrid.
Me sirvo un brandy mientras le ofrezco otro a Pepa. Ojalá acepte a tomarse una copa conmigo.
-Pepa, voy a tomar una copa, ¿me acompañas?
-No acostumbro, pero gracias igualmente.
-Como quieras, aunque si lo dices porque el brandy es demasiado fuerte, puedo servirte otra cosa, lo que tú quieras. ¿Qué me dices?
-No, gracias Olmo.
- Como quieras, no insisto más. Pero dime, Pepa, ¿te pasa algo que no me hayas contado durante la cena? Te noto alicaída...
-Olmo no, no te preocupes todo va bien. -Me levanto del sillón y me dirijo a él que estaba apoyado en la ventana con la vista clavada en mi. -Me voy a dormir que estoy un poco cansada, buenas noches.
Me acerco a él para darle un beso, el beso de buenas noches que siempre le he dado desde que llegamos, pero en un movimiento rápido noto sus labios contra los mios, los mueve un poco y aprisionan mi labio inferior. Mi cabeza comienza dar vueltas otras.
Siempre me he tenido por una persona cabal y razonable, incapaz de anteponer los sentimientos a la razón, pero cuando quise darme cuenta mis labios habían sido más rápidos que mis pensamientos, uniéndose a los de ella. Fue un impulso, pero me estremecí al volver a notar sus labios entre los míos, al sentirla tan cerca de mí... Lejos de alejarme, mis labios se entreabren un poco más, aprisionando aún más sus labios. Un mechón de su cabello cae hacia delante, tapando un poco el rostro de Pepa y con la mano, muy lentamente, lo retiro, dejando de nuevo al descubierto el rostro tan hermoso de Pepa.
-Te acompaño hasta tu alcoba -Dije en un susurro. Pepa me coge de la mano y camino hasta la puerta de su alcoba- Buenas noches, Pepa. Que descanses.
El beso fue corto pero intenso. Nos separamos, nos miramos, me retira un mechón de pelo que me cubría la cara. Se ofreció a acompañarme y no rechacé la propuesta. Una vez en la puerta de mi habitación le di un beso en la mejilla y entré. Con la puerta cerrada y mi cuerpo apoyado en ella, mi corazón y mi mente se pusieron de acuerdo para ir al unísono y no sabía que pensar sobre lo que está pasando y no lo quiero pensar.
Me voy quitando la ropa para ponerme el camisón y meterme en cama...un suplicio es este momento, no por nada, sino es que llevo más de dos días teniendo pesadillas y pasando casi toda la noche sin dormir, hasta el otro día me ha parecido ver, en la oscuridad de la habitación, a mi pequeño...esa imagen produjo tal vacío en mi que creo que me estoy volviendo loca. No creo que se lo diga a Olmo a no ser que vayan a más o que...o que pase algo.
Noto las sábanas frías en mis piernas, en mi cuerpo, un escalofrío me recorre de arriba abajo, se me eriza el vello. El temor se apodera de mi, sé que no voy a ser capaz de dormir.
Ha sido un día largo, muy largo. Soy un hombre que necesita estar activo, y los días en la capital se me hacen eternos. En Puente Viejo estaba acostumbrado a llevar los negocios junto a Águeda, pero aquí mi misión consiste en estar pendiente de Pepa. No es que me desagrade la ocupación, Pepa no es como el resto de mujeres, y eso me fascina. Lo que me desagrada de Madrid es que no tengo un trabajo que aleje mis pensamientos de su rostro, su aroma, su sonrisa... esta actividad sólo me obliga a pensar en ella, no la puedo arrancar ni de mi mente ni de mi corazón y cuando la mira mi alma se ilumina, pero soy consciente de que madre no aprobará esta relación, porque a sus ojos somos hermanos.
Me desvisto con premura, dejando la ropa sobre el sillón del dormitorio y me deslizo entre las frías sábanas, dejándome más sensación de desasosiego.
Es tarde, las campanas de la iglesia marcan las once. Hace ya rato que debería estar durmiendo, pero el recuerdo del beso aún persiste en mí... ¡Qué tormento tener a la persona amada en la habitación de al lado y saberla tan lejos!
La noche se va a hacer inmensa, estoy sentada en la cama, no quiero encender la luz. El corazón parece que me vaya a salir del pecho, quiero dejar los recuerdos atrás, pero me persiguen. La intranquilidad vuelve a ser mi compañera, solo, en este caso...
-Olmo. -Me digo en voz alta.
Cuando era un crío y no podía dormirme, mi padre siempre decía que la mejor forma de conciliar el sueño era acostarse en posición fetal, cubrirse con las sábanas y dejar que Morfeo haga el resto, supongo que tiene razón, así que le hago caso y me acuesto de espaldas a la puerta.
Inmediantamente me levanto de cama, abro la puerta, salgo corriendo. Su habitación está casi al final del pasillo.
“¿Estás loca Pepa?”
Me dije cuando ya estoy enfrente de su puerta.
“No estoy loca solo asustada.”
Apoyo una oreja en la puerta no oigo nada, seguro que está durmiendo, mejor así que no se entere de nada, solo por la mañana cuando me vea a su lado. Abro la puerta con cuidado de no molestarlo, ni despertarlo. No me gustaría que me viera así de asustada. Entro de puntillas y cierro la puerta sin soltar la manilla hasta que noto que la puerta está encajada en el marco. Así voy soltando la manilla, sin que se haga ruido. Me voy acercando a la cama. Lo poco que veo es gracias a una poca claridad que entra por la ventana. Abro la cama por mi lado, me siento en el borde, me meto no creo que tarde mucho tiempo en darse cuenta de mi presencia por que estoy temblando como una hoja en otoño que se va a caer al suelo desde lo más alto del árbol.
Ya se me estaban cerrando los ojos cuando oí la puerta abrirse; durante unos segundos creí que se trataba de mi imaginación, pero unos segundos después noté cómo las sábanas se movían, para dejarle paso a Pepa, que se deslizó entre las sábanas para abrazarme. Ya no puedo hacerme más el dormido, así que me doy la vuelta, quedando frente a frente con Pepa. Está temblando y en sus ojos puedo ver algo de angustia, pero no le pregunto qué le pasa, no digo nada, sé que sobran las palabras; simplemente la atraigo hacia mí y la abrazo.
Olmo se mueve, se da la vuelta quedando su cara justo a la altura de mía, es en ese instante cuando sé que no estaba dormido. Acerca su cuerpo al mío, me abraza y me aferro a él como mi única esperanza de que todo pase, que me tranquilice y pueda, al menos, dormir esta noche. Ninguno de los dos dice nada, sobran las palabras. El calor de su cuerpo contrasta con el frío que desprende el mío, o esa es la sensación que yo tengo, la sensación de un frío cortante que me cala hasta los huesos. Estamos tan cerca que noto su respiración, calmada, no como la mía, noto su corazón, un tanto agitado. Su cara se va acercando a la mía hasta que me besa.
Estando así de cerca, sus labios se me antojan más irresistibles que nunca y no puedo escapar a su encanto. Me acerco poco a poco ellos, hasta que mis labios y los suyos se funden en un beso tierno y pasional, capaz de encender las pasiones de cualquiera. Nuestras manos luchaban por deshacernos de las pocas prendas de ropa que cubrían el cuerpo de Pepa y que se interponían entre nosotros, hasta los pliegues de las sábanas eran multitud en aquella cama.
Cuando mis manos por fin acariciaron su piel sentí que estaba un poquito más cerca del Cielo. Mis labios no cesaban en su empeño de recorrer cada poro de su piel, cada recoveco de su cuerpo. Sus manos, acariciaban mi cuerpo, haciéndome estremecer...
CONTINUARÁ...
Me sirvo un brandy mientras le ofrezco otro a Pepa. Ojalá acepte a tomarse una copa conmigo.
-Pepa, voy a tomar una copa, ¿me acompañas?
-No acostumbro, pero gracias igualmente.
-Como quieras, aunque si lo dices porque el brandy es demasiado fuerte, puedo servirte otra cosa, lo que tú quieras. ¿Qué me dices?
-No, gracias Olmo.
- Como quieras, no insisto más. Pero dime, Pepa, ¿te pasa algo que no me hayas contado durante la cena? Te noto alicaída...
-Olmo no, no te preocupes todo va bien. -Me levanto del sillón y me dirijo a él que estaba apoyado en la ventana con la vista clavada en mi. -Me voy a dormir que estoy un poco cansada, buenas noches.
Me acerco a él para darle un beso, el beso de buenas noches que siempre le he dado desde que llegamos, pero en un movimiento rápido noto sus labios contra los mios, los mueve un poco y aprisionan mi labio inferior. Mi cabeza comienza dar vueltas otras.
Siempre me he tenido por una persona cabal y razonable, incapaz de anteponer los sentimientos a la razón, pero cuando quise darme cuenta mis labios habían sido más rápidos que mis pensamientos, uniéndose a los de ella. Fue un impulso, pero me estremecí al volver a notar sus labios entre los míos, al sentirla tan cerca de mí... Lejos de alejarme, mis labios se entreabren un poco más, aprisionando aún más sus labios. Un mechón de su cabello cae hacia delante, tapando un poco el rostro de Pepa y con la mano, muy lentamente, lo retiro, dejando de nuevo al descubierto el rostro tan hermoso de Pepa.
-Te acompaño hasta tu alcoba -Dije en un susurro. Pepa me coge de la mano y camino hasta la puerta de su alcoba- Buenas noches, Pepa. Que descanses.
El beso fue corto pero intenso. Nos separamos, nos miramos, me retira un mechón de pelo que me cubría la cara. Se ofreció a acompañarme y no rechacé la propuesta. Una vez en la puerta de mi habitación le di un beso en la mejilla y entré. Con la puerta cerrada y mi cuerpo apoyado en ella, mi corazón y mi mente se pusieron de acuerdo para ir al unísono y no sabía que pensar sobre lo que está pasando y no lo quiero pensar.
Me voy quitando la ropa para ponerme el camisón y meterme en cama...un suplicio es este momento, no por nada, sino es que llevo más de dos días teniendo pesadillas y pasando casi toda la noche sin dormir, hasta el otro día me ha parecido ver, en la oscuridad de la habitación, a mi pequeño...esa imagen produjo tal vacío en mi que creo que me estoy volviendo loca. No creo que se lo diga a Olmo a no ser que vayan a más o que...o que pase algo.
Noto las sábanas frías en mis piernas, en mi cuerpo, un escalofrío me recorre de arriba abajo, se me eriza el vello. El temor se apodera de mi, sé que no voy a ser capaz de dormir.
Ha sido un día largo, muy largo. Soy un hombre que necesita estar activo, y los días en la capital se me hacen eternos. En Puente Viejo estaba acostumbrado a llevar los negocios junto a Águeda, pero aquí mi misión consiste en estar pendiente de Pepa. No es que me desagrade la ocupación, Pepa no es como el resto de mujeres, y eso me fascina. Lo que me desagrada de Madrid es que no tengo un trabajo que aleje mis pensamientos de su rostro, su aroma, su sonrisa... esta actividad sólo me obliga a pensar en ella, no la puedo arrancar ni de mi mente ni de mi corazón y cuando la mira mi alma se ilumina, pero soy consciente de que madre no aprobará esta relación, porque a sus ojos somos hermanos.
Me desvisto con premura, dejando la ropa sobre el sillón del dormitorio y me deslizo entre las frías sábanas, dejándome más sensación de desasosiego.
Es tarde, las campanas de la iglesia marcan las once. Hace ya rato que debería estar durmiendo, pero el recuerdo del beso aún persiste en mí... ¡Qué tormento tener a la persona amada en la habitación de al lado y saberla tan lejos!
La noche se va a hacer inmensa, estoy sentada en la cama, no quiero encender la luz. El corazón parece que me vaya a salir del pecho, quiero dejar los recuerdos atrás, pero me persiguen. La intranquilidad vuelve a ser mi compañera, solo, en este caso...
-Olmo. -Me digo en voz alta.
Cuando era un crío y no podía dormirme, mi padre siempre decía que la mejor forma de conciliar el sueño era acostarse en posición fetal, cubrirse con las sábanas y dejar que Morfeo haga el resto, supongo que tiene razón, así que le hago caso y me acuesto de espaldas a la puerta.
Inmediantamente me levanto de cama, abro la puerta, salgo corriendo. Su habitación está casi al final del pasillo.
“¿Estás loca Pepa?”
Me dije cuando ya estoy enfrente de su puerta.
“No estoy loca solo asustada.”
Apoyo una oreja en la puerta no oigo nada, seguro que está durmiendo, mejor así que no se entere de nada, solo por la mañana cuando me vea a su lado. Abro la puerta con cuidado de no molestarlo, ni despertarlo. No me gustaría que me viera así de asustada. Entro de puntillas y cierro la puerta sin soltar la manilla hasta que noto que la puerta está encajada en el marco. Así voy soltando la manilla, sin que se haga ruido. Me voy acercando a la cama. Lo poco que veo es gracias a una poca claridad que entra por la ventana. Abro la cama por mi lado, me siento en el borde, me meto no creo que tarde mucho tiempo en darse cuenta de mi presencia por que estoy temblando como una hoja en otoño que se va a caer al suelo desde lo más alto del árbol.
Ya se me estaban cerrando los ojos cuando oí la puerta abrirse; durante unos segundos creí que se trataba de mi imaginación, pero unos segundos después noté cómo las sábanas se movían, para dejarle paso a Pepa, que se deslizó entre las sábanas para abrazarme. Ya no puedo hacerme más el dormido, así que me doy la vuelta, quedando frente a frente con Pepa. Está temblando y en sus ojos puedo ver algo de angustia, pero no le pregunto qué le pasa, no digo nada, sé que sobran las palabras; simplemente la atraigo hacia mí y la abrazo.
Olmo se mueve, se da la vuelta quedando su cara justo a la altura de mía, es en ese instante cuando sé que no estaba dormido. Acerca su cuerpo al mío, me abraza y me aferro a él como mi única esperanza de que todo pase, que me tranquilice y pueda, al menos, dormir esta noche. Ninguno de los dos dice nada, sobran las palabras. El calor de su cuerpo contrasta con el frío que desprende el mío, o esa es la sensación que yo tengo, la sensación de un frío cortante que me cala hasta los huesos. Estamos tan cerca que noto su respiración, calmada, no como la mía, noto su corazón, un tanto agitado. Su cara se va acercando a la mía hasta que me besa.
Estando así de cerca, sus labios se me antojan más irresistibles que nunca y no puedo escapar a su encanto. Me acerco poco a poco ellos, hasta que mis labios y los suyos se funden en un beso tierno y pasional, capaz de encender las pasiones de cualquiera. Nuestras manos luchaban por deshacernos de las pocas prendas de ropa que cubrían el cuerpo de Pepa y que se interponían entre nosotros, hasta los pliegues de las sábanas eran multitud en aquella cama.
Cuando mis manos por fin acariciaron su piel sentí que estaba un poquito más cerca del Cielo. Mis labios no cesaban en su empeño de recorrer cada poro de su piel, cada recoveco de su cuerpo. Sus manos, acariciaban mi cuerpo, haciéndome estremecer...
CONTINUARÁ...
#225
06/01/2012 00:57
Ay que ver Vero, y tenemos al capitán en un cama metido, pero enfermo........¿no será un sueño, no?
#226
06/01/2012 00:59
No es ningún sueño, os lo aseguro.
#227
06/01/2012 01:02
Y yo pensando que era un sueño hasta que te he leído comentar que no lo era..
#228
06/01/2012 01:13
uy uy uy, Tristán, que no vas a entrar por la puerta de la taberna
#229
06/01/2012 01:20
Y que lo digas, miri. Lo de Iago en la serie ha sido un error garrafal. Alejandra no le hace justicia (interpretatívamente)... antes le hubiese dado trama con Mariana q con Sole. Y encima un niñato malcriado celoso... lo tiene todo.
Así debería haber sido Olmo, como el de la historia de vero y Arte.
Así debería haber sido Olmo, como el de la historia de vero y Arte.
#230
06/01/2012 01:22
Pue si chicas, el rumbo del personaje de Olmo en la serie no es el que todas deseábamos, menos mal que nos queda esta historia....
#231
06/01/2012 01:29
Pues chicas esperemos que lo que viene os guste también como os ha gustado esta escena!!!
#232
06/01/2012 01:37
Este Olmo es el que deberían haber puesto en la serie y no al celoso que nos estan encasquetando
#233
06/01/2012 01:44
Veroo nunca eh leído tu historia, ni la sigo, pero es que esta escena me ah encantado de verdad. Es algo atrevido, diferente, impensable, prohibido, pero es que me ah encantado, enserio 
Y con esas palabras que nos as relatado, me eh imaginado las escenas, de verdad, me da pena Tristan como dice Miri, pero es que la escena increíble. Es algo diferente, me gusta...
Edito: Y estoy de acuerdo con vosotras, ah Iago en la serie lo tienen muy desaprovechado, cuando podria dar mucho juego, y es un actor increible.

Y con esas palabras que nos as relatado, me eh imaginado las escenas, de verdad, me da pena Tristan como dice Miri, pero es que la escena increíble. Es algo diferente, me gusta...
Edito: Y estoy de acuerdo con vosotras, ah Iago en la serie lo tienen muy desaprovechado, cuando podria dar mucho juego, y es un actor increible.
#234
06/01/2012 02:21
Esta muy bien escrito,pero esque no puedo...No puedo ni pensar que Pepa este con otro...Y mas cuando estan a punto de descubrir q no son hermanos...Escribis super bien chicas pero esque cuando leo eso me entra mal cuerpo y todo jajaja Yo soy muy TrisPepista y esto no lo veo jajajaja Pero he de reconocer que esta Maravillosamente escrito...ARTISTAS..
P.D: Espero que no acabe la historia con Tris y Pepa separados PORFAVOR!
P.D: Espero que no acabe la historia con Tris y Pepa separados PORFAVOR!
#235
09/01/2012 10:33
jajajaaaaaaaa manita .... que estáis en 2ªdivisión jajajaaaa .... aunque no me extraña con la tramita que os habéis montao jajajjjaaaa
la Pepis ¿encamá con el Olmo????????
..... aaaaayyyyyyyy .... a ver cómo nos arregláis ahora este entuerto .... jjjaaajajajaaaaa
pero bueno, arte, manita ... yo os seguiré leyendo
aunque me lleven todos los demonios jahjaaaaa
... de momento ..... ¡de momento! ¿no?
jajajaja jajaaa
la Pepis ¿encamá con el Olmo????????
..... aaaaayyyyyyyy .... a ver cómo nos arregláis ahora este entuerto .... jjjaaajajajaaaaa pero bueno, arte, manita ... yo os seguiré leyendo
aunque me lleven todos los demonios jahjaaaaa
... de momento ..... ¡de momento! ¿no?
jajajaja jajaaa
#236
09/01/2012 11:15
Solo de momento mana, solo de momento, Y TODO SE ARREGLARÁ.
#237
09/01/2012 11:23
jajjja vero que no te había leído jajaj ... tu tranqui ... seguid con la historia a vuestra manera que para eso es una "historia paralela" jajjaaa .... y no siempre va "a llover a gusto de todos" y las cosas "no siempre terminan como a uno le gusta", "ni todo en esta vida tiene su final feliz", ¡claro que eso de feliz, no deja de ser relativo! .... porque todo depende del color del cristal con el que se mire... jajaj ajjajaa, eso es parte de la vida, jajaaa ....
PEROOOOOOO acabe como acabe.... ¡ES VUESTRA HISTORIA! y por eso ya me merece la pena leerla y mi aplauso para vosotras
PEROOOOOOO acabe como acabe.... ¡ES VUESTRA HISTORIA! y por eso ya me merece la pena leerla y mi aplauso para vosotras
#238
09/01/2012 11:30
Mana, sorpresas habrá en esta historia ya lo verás, jajajajajajajajaja!!!!!! Mi mente y la de Celia genera cada dos por tres ideas y más ideas y más y más, así hasta el fin de los tiempos... y lo que intentaremos es teneros enganchadas, jajajajajajaj!!!!!
#239
11/01/2012 15:53
Subo
#240
22/01/2012 19:08
...UNAS HORAS ANTES EN PUENTE VIEJO...
-Emilia ¿tienes un momento? -Le pedí a hermana. -Tengo que hablarte de un asunto y nos concierne a los dos.
-Sientate en aquella mesa del fondo, sirvo unos chatos y departimos.
Me siento en la mesa que Emilia me indicó mientras espero a que ella termine de atender a los paisanos que hay en la taberna. Mi hermana no me deja de sorprender, en su estado y trabaja el doble, en El Jaral y cuando llega le echa una mano a padre en la taberna. Es una mujer de admirar.
Estoy nervioso y no sé como afrontar la noticia que le tengo que dar a mi querida hermana...simplemente es darle la razón.
-¿Cuál es ese asunto tan importante Sebastián?
-Emilia creo que estaba en lo cierto. -Dije mirándola fijamente.
-¿Qué llevo razón? -Pregunto algo asombrada por el misterio que se gasta mi hermano. -Sebastián habla claro, por favor.
-Emilia. -Cojo aire para continuar. -Puede que Tristán sea nuestro hermano.
La cara de Emilia expresaba su asombro al escuchar mis palabras.
-¿Estás seguro de lo que dices? -Le pregunté. -Pero...¿cómo has llegado a esa conclusión? Es verdad que es mi sospecha pero de ahí ha afirmarlo, Sebastián...
-Lo sospecho por lo siguiente. Estaba en la conservera arreglando unos papeles de cuentas cuando escucho que alguien estornuda, pregunto si hay alguien y nadie responde...
-¿Quién era? -Pregunto con intrigada.
-Dejame que te cuente. -Le dije. -Al poco tiempo noto como el suelo tiembla, me levanto y me fijo, para mi asombro, que el sueldo del despacho se abre y la que sale es Soledad.
-¡Soledad Montenegro! -Dije asombrada. -¿Qué hacía ella saliendo del suelo? -Lahistoria que me está contando mi hermano parece salida de uno de los libros de Julio Verne que nos leía padre cuando éramos niños.
-La misma Soledad. -Le expliqué con entusiasmo. -Al preguntarle que como había llegado, me dijo que en el despacho de la casona en una de las estanterías hay una figura que es la que abre la puerta de un pasadizo que comunica la casona con la conservera.
-Un pasadizo que comunica...-Miro para Sebastián y con su mirada me afirma lo que estoy pensando. -Claro, la casona de los Montenegro con la casona de los Ulloa.
-Efectivamente hermana. -Le dije sonriendo.
-Entonces hay posibilidades que padre y Doña Francisca lo hayan utilizado más de una vez...
-No lo dudes Emilia. -Le dije para seguir con mi relato. -Soledad me dijo que mientras caminaba se topó con un habitáculo, en cuyo interior había una cama y lo que quedaban de unas sábanas y al acercarse pudo comprobar en la tela que el bordado que llevaban es el que hace La Doña cuando borda...
-Padre no debe enterarse que sabemos esto. -Le dije a mi hermano al tener las cosas claras en mi cabeza.
-A padre no, pero ¿y a Tristán? -Le pregunté intrigado por su respuesta.
-Se lo contaremos cuando se recupere. -Le dije con voz firme. -Sebastián tenemos que conseguir que recuperar a Tristán, desde que se fue Pepa no ha vuelto a ser el mismo.
-Lo sé Emilia, lo sé, por ello te estoy contando todo esto. -Le dije sonriendo.
-Ahora lo que debes hacer es que Soledad te enseñe el pasadizo. -Le explico a mi hermano. -Al menos uno de los dos lo debe ver.
-Ya tenía pensado hacerlo.
-¿Pero? -Le pregunté a mi hermano viendo en su rostro el factor de la duda.
-¿Si pregunta? -Le pregunté. -¿Le cuento lo que hemos averiguado?
-Sí debe saberlo, debe saber que su hermano, ella misma, todos hemos vivido una mentira. -Le dije.
-Le contaré lo que crea conveniente. -Maticé.
-Está bien. -Le dije.
En esos momentos padre salía de la cocina, por la puerta principal entraban Rosario acompañada de Alfonso que me buscó con la mirada por toda la posada, hasta que nuestros ojos se encontraron, por el patio entraba doña Águeda. Mientras que Alfonso se acercaba a nosotros, Sebastián y yo nos miramos por la extraña coincidencia de la llegada de las mujeres a la taberna.
CONTINUARÁ...
-Emilia ¿tienes un momento? -Le pedí a hermana. -Tengo que hablarte de un asunto y nos concierne a los dos.
-Sientate en aquella mesa del fondo, sirvo unos chatos y departimos.
Me siento en la mesa que Emilia me indicó mientras espero a que ella termine de atender a los paisanos que hay en la taberna. Mi hermana no me deja de sorprender, en su estado y trabaja el doble, en El Jaral y cuando llega le echa una mano a padre en la taberna. Es una mujer de admirar.
Estoy nervioso y no sé como afrontar la noticia que le tengo que dar a mi querida hermana...simplemente es darle la razón.
-¿Cuál es ese asunto tan importante Sebastián?
-Emilia creo que estaba en lo cierto. -Dije mirándola fijamente.
-¿Qué llevo razón? -Pregunto algo asombrada por el misterio que se gasta mi hermano. -Sebastián habla claro, por favor.
-Emilia. -Cojo aire para continuar. -Puede que Tristán sea nuestro hermano.
La cara de Emilia expresaba su asombro al escuchar mis palabras.
-¿Estás seguro de lo que dices? -Le pregunté. -Pero...¿cómo has llegado a esa conclusión? Es verdad que es mi sospecha pero de ahí ha afirmarlo, Sebastián...
-Lo sospecho por lo siguiente. Estaba en la conservera arreglando unos papeles de cuentas cuando escucho que alguien estornuda, pregunto si hay alguien y nadie responde...
-¿Quién era? -Pregunto con intrigada.
-Dejame que te cuente. -Le dije. -Al poco tiempo noto como el suelo tiembla, me levanto y me fijo, para mi asombro, que el sueldo del despacho se abre y la que sale es Soledad.
-¡Soledad Montenegro! -Dije asombrada. -¿Qué hacía ella saliendo del suelo? -Lahistoria que me está contando mi hermano parece salida de uno de los libros de Julio Verne que nos leía padre cuando éramos niños.
-La misma Soledad. -Le expliqué con entusiasmo. -Al preguntarle que como había llegado, me dijo que en el despacho de la casona en una de las estanterías hay una figura que es la que abre la puerta de un pasadizo que comunica la casona con la conservera.
-Un pasadizo que comunica...-Miro para Sebastián y con su mirada me afirma lo que estoy pensando. -Claro, la casona de los Montenegro con la casona de los Ulloa.
-Efectivamente hermana. -Le dije sonriendo.
-Entonces hay posibilidades que padre y Doña Francisca lo hayan utilizado más de una vez...
-No lo dudes Emilia. -Le dije para seguir con mi relato. -Soledad me dijo que mientras caminaba se topó con un habitáculo, en cuyo interior había una cama y lo que quedaban de unas sábanas y al acercarse pudo comprobar en la tela que el bordado que llevaban es el que hace La Doña cuando borda...
-Padre no debe enterarse que sabemos esto. -Le dije a mi hermano al tener las cosas claras en mi cabeza.
-A padre no, pero ¿y a Tristán? -Le pregunté intrigado por su respuesta.
-Se lo contaremos cuando se recupere. -Le dije con voz firme. -Sebastián tenemos que conseguir que recuperar a Tristán, desde que se fue Pepa no ha vuelto a ser el mismo.
-Lo sé Emilia, lo sé, por ello te estoy contando todo esto. -Le dije sonriendo.
-Ahora lo que debes hacer es que Soledad te enseñe el pasadizo. -Le explico a mi hermano. -Al menos uno de los dos lo debe ver.
-Ya tenía pensado hacerlo.
-¿Pero? -Le pregunté a mi hermano viendo en su rostro el factor de la duda.
-¿Si pregunta? -Le pregunté. -¿Le cuento lo que hemos averiguado?
-Sí debe saberlo, debe saber que su hermano, ella misma, todos hemos vivido una mentira. -Le dije.
-Le contaré lo que crea conveniente. -Maticé.
-Está bien. -Le dije.
En esos momentos padre salía de la cocina, por la puerta principal entraban Rosario acompañada de Alfonso que me buscó con la mirada por toda la posada, hasta que nuestros ojos se encontraron, por el patio entraba doña Águeda. Mientras que Alfonso se acercaba a nosotros, Sebastián y yo nos miramos por la extraña coincidencia de la llegada de las mujeres a la taberna.
CONTINUARÁ...