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El rincón de Nhgsa. Historias alternativas de Francisca y Raimundo.

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Nhgsa
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24/09/2011 12:55
AQUÍ DEJARÉ MIS HISTORIAS ALTERNATIVAS

1ª: Raimundo, Francisca y Carmen: un triángulo peligroso.
2º: Soledad

Aquí tenemos dos de sus momentos estelares:

Raimundo salva la vida de su pequeña


Raimundo se declara
#61
Nhgsa
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15/11/2011 12:08
Raimundo caminaba lentamente hacia la casa de comidas. No podía seguir así. Ver a Francisca era como un aguijón que se le clavaba en el alma. Lo peor era que seguía queriéndola. Pero el orgullo les separaba. Ese maldito orgullo que a él le servía para defenderse. De repente pensó en una solución pero… antes tenía que resolver unos asuntos. Fue directamente a la parroquia a buscar a don Anselmo:
- Vaya, no me digas que al fin vas a abrazar la fe Raimundo. – dijo don Anselmo con una sonrisa.
- Tanto me da que no padre. Todavía no. Venía a hablar con usted. ¿Tiene un momento? Necesitaría confesarle unas cosas. – dijo Raimundo.
- Claro hombre. Ven. – dijo don Anselmo señalándole uno de los bancos de la parroquia.
Y Raimundo empezó a relatarle su historia con Francisca. A medida que la contaba don Anselmo parecía entender cada disputa que han mantenido.
- Ni qué decir tiene que esto no se lo puede contar a nadie. – advirtió Raimundo.
- Tranquilo hombre. Si ya sabía yo que tenía que haber algo más que un simple odio entre vosotros. Pero Raimundo ¿sabes si ella te quiere?
- No. Además aunque me quiera jamás lo reconocerá. Hay demasiado rencor entre nosotros y por supuesto está el orgullo. Esa barrera que siempre nos separa. Por esos dos motivos jamás lo admitirá. Aunque le haya revelado lo que pasó en realidad nunca va a perdonarme. – dijo Raimundo con lágrimas en los ojos.
- Pero ese orgullo se puede vencer Raimundo…
- No el de los Montenegro. Después de que Virtudes muriera fui a agradecerle que me devolviese a Sebastián y… le confesé que aún sentía algo por ella.
- ¿Y ella qué hizo?
- Nada. Hoy nos hemos visto en el río y tampoco hemos hablado. Siempre la misma historia: ella siempre ataca con su orgullo y yo me tengo que defender. Sólo que esta vez no he podido defenderme. – dijo Raimundo cerrando los ojos por el dolor al recordar.
- ¿Eso es lo que te tiene tan mustio?
- Supongo. Mi hija levanta cabeza, Sebastián es feliz trabajando y viendo a Soledad (aunque no me lo quiera admitir) y Tristán y Pepa vuelven a estar juntos. Supongo que es ahora cuando pienso más en cómo me siento, cuando todo parece estar bien. Por eso he pensado que ya va siendo hora de que piense en estar bien…
- ¿Qué quieres decir?
- Había pensado que mis hijos tienen su sitio aquí pero yo no. Vivir aquí es vivir con una daga en el corazón pensando en que me encontraré con ella. No puedo seguir con esto. Por mucho que quiera no puedo. No puedo seguir pensando que en cualquier momento la veré por la plaza y me tendré que defender otra vez. No puedo. Por eso he pensado en marcharme en cuanto mi hija se recupere del todo.
- ¿Marcharte de Puente Viejo?
- Sí. Contra más lejos mejor. Necesito empezar de nuevo en otro sitio sin pensar en que la puedo ver. ¿Podría ayudarme?
- Claro Raimundo. Aunque te echaré mucho de menos.
- Y yo a usted.
Los dos se fundieron en un abrazo.
#62
Nhgsa
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15/11/2011 12:09
Francisca caminaba hacia la Casona con las palabras de Raimundo en la cabeza. Nunca había visto ese dolor en sus ojos. “Que me rindo Francisca”, esas palabras le llegaron al corazón. ¿Qué habría querido decir? De repente unas risas le hicieron despertar del trance. Fue hacia el salón y se encontró a Sebastián y Soledad charlando animadamente.
- Pero ¿qué escándalo es este?- dijo Francisca volviendo a recomponerse.
- Madre… no la esperaba tan pronto. Sebastián me estaba contando una anécdota ocurrida en la conservera.
- ¿Va todo bien en la conservera Sebastián?
- Muy bien señora. Crecemos poco pero crecemos al fin y al cabo y eso es buena señal.
- ¿Y tu padre? ¿Cómo anda?
- A decir verdad, agotado como nunca le había visto. – dijo Sebastián algo más serio.
- Será puro cansancio. Nada más. – dijo Francisca intentando creérselo.
- ¿Te quedas a comer Sebastián?
- Me encantaría Soledad pero no puedo. Entre mi padre y yo nos tenemos que encargar de la taberna ahora que Emilia se está recuperando y hay mucho trabajo.
- Lo siento. Olvidé que estaba enferma ¿cómo se encuentra?
- Mejor gracias Soledad. – dijo Sebastián con una sonrisa. – Bueno yo me marcho. Que pasen un buen día señoras. – añadió mirando de reojo a Soledad.
- Igualmente caballero. – dijo Soledad con aire cómico.
- ¿Qué era eso? – preguntó Francisca con aire inquisitivo cuando Sebastián se fue.
- ¿El qué madre? – preguntó inocentemente Soledad. – Sólo despedía a un amigo.
Francisca decidió dejarlo estar.
- ¿Sabes si tu hermano vendrá a comer?
- No madre, no vendrá. Al poco tiempo de irse dio aviso de que no prepararan comida para él. Dijo que comería con Pepa en su casa.
Francisca no pudo disimular su enfado ante eso pero se tenía que aguantar. No podía tener nada contra Pepa al ser ahora rica. De todas maneras eso no era importante. Raimundo no se apartaba de su mente.
#63
Nhgsa
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15/11/2011 12:09
Raimundo llegó a la casa de comidas algo más tranquilo sabiendo que si decidía irse tendría el apoyo de su amigo. Al ver a Alfonso ayudando a Sebastián codo con codo no pudo evitar una sonrisa. Alfonso estaría ahí si él se fuera.
- Padre ya le echábamos de menos. – dijo Sebastián. – ¿Se encuentra bien?
- Sí hijo no te preocupes. Si quieres puedes ir a la conservera yo me quedo junto con Alfonso. ¿Cómo está Emilia?
- Deseando levantarse y ponerse al pie del cañón Raimundo. – dijo Alfonso. – Y menos mal que no le hemos dejado.
- Y has hecho bien. Todavía tiene que recuperarse. – dijo Raimundo. – Vete tranquilo Sebastián.
- ¿Seguro? Mire que Tristán puede sustituirme.
- Seguro hijo. – dijo Raimundo.
- En ese caso me voy que en la conservera sobra el trabajo. Hasta luego padre, Alfonso.
- Hasta luego hijo.
- Hasta luego Sebastián.
Después de unos minutos Gregoria entró a la casa de comidas. Tanto Alfonso como Raimundo acudieron raudos.
- Doctora… ¿viene por los resultados de las pruebas?
- Sí. Por eso vengo. Emilia finalmente ha pasado lo peor. La infección que tenía en la sangre ha remitido por completo. Si sigue los consejos que le di en unos días estará como nueva.
- ¿Cómo ha podido ocurrir doctora?
- Puede ser por varios motivos: desde el simple contacto de la sangre ante cualquier superficie poco cuidada a una… relación íntima mal cuidada.
Alfonso palideció ante las últimas palabras. Raimundo lo advirtió.
- ¿Qué quiere decir? - dijo Raimundo
- Que hay enfermedades que los hombres transportan y que suelen coger mediante las relaciones íntimas. Como es el caso de Emilia según estas pruebas. Así que han tenido suerte. – dijo Gregoria que al segundo siguiente prefirió cortar ante la cara de furia que se le estaba poniendo a Raimundo. - Pero el caso es que Emilia está mucho mejor. Ahora la revisaré de nuevo y les diré algo. – dijo Gregoria.
Cuando Gregoria se alejó, Raimundo no pudo evitar hacerle la pregunta a Alfonso.
- Alfonso… ¿sabes si Emilia y ese malnacido…?
Alfonso solo pudo mirarle y callar. Raimundo no necesitó más. De la furia que sentía dio un puñetazo en la mesa.
#64
Nhgsa
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15/11/2011 12:10
Cuando los ánimos se templaron un poco, Pepa entró con una amplia sonrisa en la casa de comidas.
- Muy buenas Raimundo. ¿Cómo anda Emilia? – dijo Pepa.
- Mejor Pepa. Ya está queriendo trabajar. Menos mal que la he amenazado con atarla a la cama que si no ya la tendríamos aquí – bromeó Raimundo.
- Me alegro. Eso es que va mejor. ¿Qué os ha dicho la doctora? – dijo Pepa.
- Que en unos días como nueva. Ya ha pasado lo peor. – dijo Raimundo. – Y ¿esa sonrisa? Porque seguro que no es sólo por lo de Emilia.
- No le falta razón Raimundo. He comido con Tristán y… me ha pedido que me case con él. Ya hemos puesto fecha: será dentro de dos semanas. – dijo Pepa emocionada.
- Me alegro por ti Pepa. Os merecéis estar juntos. – dijo Raimundo.
- Sí. Queríamos anunciarlo con fecha cuando cenemos esta noche en la Casona. Así Francisca ya puede ir haciéndose la idea. – dijo Pepa.
- Sí, que lo va a necesitar. ¿Y vais a hacer viaje de novios?
- Pues todavía no lo sé. Pero me encantaría hacerlo aunque no sabría decirle el lugar. Creo que no soportaría la ciudad. Sería un sitio donde hubiera campo, flores y soleado. La ciudad es muy fría para mí. – dijo Pepa y añadió – Bueno le dejo que tiene trabajo, yo voy a ver cómo está Emilia.
- Anda ve, le hará mucho bien verte. – dijo Raimundo.
Intentó seguir trabajando pero sólo consiguió hacerlo exteriormente. Su mente y su corazón le llevaron a un momento muy lejano.

- ¿Te gustaría viajar algún día? – dijo Francisca
- Me encantaría… pero sólo si es contigo. – dijo Raimundo abrazándola contra su pecho.
- ¿Y dónde te gustaría ir? – dijo Francisca
- Pues no sabría decirte. ¿Qué tal Madrid? Dicen que es hermosa.
- Sí pero demasiado fría para mi gusto. Con todos esos sabiondos frunciendo el ceño y discutiendo sin parar.
Raimundo estalló en carcajadas.
- ¿Y a ti? – dijo Raimundo acariciándole el pelo con ternura.
- A mí me gustaría ir a la costa y ver el mar. Sentarnos en la playa abrazados, sintiendo la brisa del mar y viendo un atardecer. – dijo Francisca cerrando los ojos para visualizar.
Raimundo hizo lo mismo. Después, suavemente, le levantó el mentón y mirándola con amor le dijo:
- Te amo mi pequeña.
- Y yo a ti Raimundo.


Alguien le llamó sacándole del trance en el que estaba:
- ¡Raimundo!... Raimundo. ¿Se encuentra bien? – dijo Alfonso.
- Sí, sí Alfonso estoy bien. – disimuló Raimundo.
#65
Nhgsa
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15/11/2011 12:11
Francisca y don Anselmo charlaban amigablemente en el salón.
- Antes que se me olvide padre me ha encantado hoy su homilía sobre el amor. De verdad que ha sido conmovedora. – dijo Francisca.
- Celebro que le haya agradado doña Francisca. Al fin y al cabo Nuestro Señor nos mandó amarnos los unos a los otros como el mandamiento más importante. – dijo don Anselmo.
- Cierto, sin duda. – dijo Francisca.
- Ojalá que mi homilía haga reflexionar a más de una aunque, como dice la parábola del sembrador, desgraciadamente hay semillas que caen entre piedras que terminan por ahogar a la planta. – dijo don Anselmo mirándola fijamente.
- ¿Está queriendo decirme algo padre? – dijo Francisca un tanto inquisitiva.
- Nada más lejos. Sólo reflexionaba en voz alta. – disimuló don Anselmo.
- ¿Está seguro que no tiene que contarme nada? – dijo Francisca.
- Ya le digo que no señora. Sólo reflexiono sobre la homilía de la misa. Ojalá todos cumpliéramos el mandato del Señor y nos dejáramos de rencores, odios y…orgullos. – dijo don Anselmo
- Padre si quiere decirme algo hágalo ya. Ya sabe que a mí me lo puede contar todo. – dijo Francisca.
- Cierto es que desde hace unos días quería preguntarle algo aún a riesgo de ser apaleado ¿es usted feliz? – dijo don Anselmo.
- ¿A qué viene esa pregunta? – dijo Francisca volviendo a la mirada inquisitiva.
- Curiosidad. – dijo don Anselmo.
- Curiosidad… usted. ¿Desde cuándo pregunta por curiosidad? – dijo Francisca.
- Desde ahora si usted me lo permite. – dijo don Anselmo que rió interiormente por haberle salido esa contestación de una forma tan natural.
- Pues… sí. Tengo mi hacienda, mis hijos. No me puedo quejar. – dijo Francisca intentando resolver la pregunta lo mejor posible.
- Entiendo… Verá, soy sacerdote señora y eso me permite ver más allá. Sus hijos hacen su vida al margen de sus deseos y sé que eso no es plato que a usted le agrade. Y dudo que algo material pueda hacer feliz a alguien.
- Padre… me está usted molestando en demasía. Y lo que es más sé que me quiere contar algo pero no sabe cómo así que hágalo de una buena vez. – dijo Francisca sin ocultar su enfado.
- Desgraciadamente y aún a riesgo de perder la vida no puedo contárselo. Lo único que le puedo decir es que en el momento último de su vida lo único que le va a confortar no es la casa ni el dinero sino el amor. Ninguna otra cosa merece la pena créame. – dijo don Anselmo.
En ese momento Mariana se dirigió a ellos.
- Disculpe señora. Doña Pepa ha pedido ser recibida y don Tristán quiere que estemos todos en la cena. Usted también si lo desea padre.
- ¿Se queda padre? – dijo Francisca.
- Me temo que no. Tengo que resolver unos asuntos urgentes. – dijo don Anselmo.
- En ese caso le acompañaré hasta la puerta. – dijo Francisca.
- No será necesario gracias. – dijo don Anselmo y recogiendo su sombrero se despidió. – Con Dios señora.
- Con Dios padre. – dijo Francisca con la intriga en el cuerpo. ¿Qué había querido insinuar el padre?
#66
Nhgsa
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15/11/2011 12:12
La cena estaba servida y por lo que estaba viendo Francisca se celebraba algo pero no sabía qué. Soledad esperaba con mal disimulada impaciencia.
Tristán entró de la mano de Pepa con una sonrisa abierta en los labios. Francisca no podía disimular su disgusto sólo con verla pero qué le iba a hacer. Al fin y al cabo Pepa había salvado a los Montenegro de Águeda y Olmo. De todas formas tenía que reconocer que estaba especialmente bella.
- Me alegro de que estéis aquí.
- ¿Celebramos algo Tristán? – dijo Soledad.
- Sí madre. – dijo Tristán. – Pero creo que deberíamos cenar antes ¿no tienen hambre?
- Como quieras hijo. Sentaos entonces. – dijo Francisca con una sonrisa educada.
Transcurrió la cena sin ningún incidente aunque entre Francisca y Pepa la tensión se palpara. Cuando terminaron Soledad dijo:
- Bueno ¿qué es eso que nos tenéis que anunciar? – dijo Soledad
- Pepa y yo nos casaremos dentro de dos semanas. – dijo Tristán. – Era la mejor fecha para tener a punto todos los preparativos.
- Felicidades en ese caso. – dijo Soledad.
- Si es lo que quieres hijo… Así sea. – dijo Francisca que añadió a regañadientes. – Tenéis mi… bendición.
- Gracias madre. – dijo Tristán. – También quería anunciaros que doña Águeda nos ha regalado un viaje a Granada. Estaremos unos días fuera.
- Vaya… qué atenta. – dijo Francisca.
- Yo también me sumo a las buenas noticias. Sebastián ha conseguido que la conservera produzca los beneficios que producía en su mejor momento. Pronto podremos competir con otras por mercados nacionales. – dijo Soledad.
- ¿Cómo es que no he sido informada de ello Soledad?
- Porque me lo ha dicho hoy madre. – dijo Soledad y añadió bromeando – Y vosotros tened cuidado con el sol no sea que vengáis tostados.
Y mientras que ellos hablaban, esa última frase transportó a Francisca a un momento lejano en el tiempo. Un momento en el que fue feliz.

Se dirigía al Caserón para ver a Raimundo. Quería darle una sorpresa. Era un día caluroso de verano y Raimundo se encontraba cortando leña con una camiseta blanca de tirantes y un pantalón. Siempre ayudaba a los jornaleros en lo que pudiera lo que sacaba de quicio a su padre. Las gotas de sudor corrían por su piel. Francisca se ocultó detrás de un árbol para ver la escena. El corazón le palpitaba fuertemente. Se le había ocurrido cómo sorprenderle. Cogiéndose el vestido se acercó por detrás a Raimundo sigilosamente. En un momento en que Raimundo paró para secarse el sudor ella le abrazó desde detrás y le besó el hombro.
- Como sigas así vas a tostarte. – le susurró Francisca subiendo las manos desde el abdomen hasta el pecho de Raimundo.
- Dios mío Francisca ¿es que quieres matarme de un susto? – dijo Raimundo cogiendo las manos de ella entre las suyas.
- Mira quién fue hablar. ¿Acaso no te ha gustado la sorpresa? – dijo Francisca en tono inocente.
- Claro que sí mi pequeña pero vas a acabar oliendo a sudor de Ulloa. – dijo Raimundo bromeando.
Después él se giró para estar frente a ella. Ella deslizó sus manos por su pecho y acabó abrazándose a su cuello. Raimundo le abrazaba por la cintura.
- No hay otra cosa que desee más que el olor de tu cuerpo – susurró Francisca.
Raimundo no aguantó más y atacó su boca como un hambriento.
- Te quiero.
- Y yo a ti.


Tristán se acercó a su madre temiendo que le hubiera dado otra migraña viendo que Francisca había cerrado los ojos.
- Madre… madre ¿se encuentra bien?
- Sí hijo sí. Es sólo que este maldito dolor de cabeza no se me va. Sólo eso.
#67
Nhgsa
Nhgsa
15/11/2011 12:13
Pasaban los días y Emilia se encontraba mejor. Totalmente recuperada. Y lo que es más, había recuperado la vitalidad de siempre. Raimundo estaba feliz.
Don Anselmo entró apesadumbrado en la taberna por las noticias que traía. “Ojalá las palabras que le dediqué a doña Francisca surtan efecto.” – pensó para sí mismo. No quería que su amigo se fuera. Raimundo le vio y le invitó que se sentara con él en una mesa apartada.
- Siéntese don Anselmo ahora mismo estoy con usted. – dijo Raimundo.
Don Anselmo obedeció. Mientras que Raimundo servía a una cuadrilla de jornaleros reflexionó. Tenía que hacer lo posible para que no se fuera. “El amor de Francisca y Raimundo se merece otro final.” – pensó. Pero ¿qué podía hacer él? Sólo esperar que Francisca reaccione y él sabía que para que eso ocurriera se necesitaba tiempo pero ¿y si podía el orgullo?
- Don Anselmo ¿se encuentra bien? – dijo Emilia.
- Sí mujer y más aún viéndote tan recuperada. – dijo don Anselmo. – No hay nada que no pueda superar un Ulloa.
- Salvo su propio orgullo padre. – dijo Emilia bromeando.
- Ay hija, hasta eso se puede solucionar créeme. Sólo hace falta tener fe. – dijo don Anselmo – Anda mira a ver que a tu padre creo que se lo van a comer los de la cuadrilla de allá.
Emilia obedeció sonriente. Raimundo enseguida se dirigió a don Anselmo.
- Ya estoy con usted padre. Cuénteme. ¿Ha conseguido algo?
- Sí. He conseguido dos posibles trabajos en Aranjuez. Un párroco amigo mío me contó que hay una familia que busca un nuevo capataz que conozca los cultivos y trabajador. La familia… Reyes creo recordar. El sueldo es bastante bueno todo hay que decirlo y las condiciones también. – dijo don Anselmo.
- Eso no me lo creo tanto. – dijo Raimundo.
- Pues créelo. ¿Por qué te crees que me enterado por un cura? Porque esa familia está afiliada al Partido Socialista de ese tal… Pablo Iglesias. Así que los terratenientes de alrededor intentan boicotearles arrebatándoles los jornaleros como sea. – dijo don Anselmo.
- ¿Y el otro trabajo?
- Es de camarero en la taberna del pueblo. El sueldo es más bajo eso sí. – dijo don Anselmo. – Lo que sí sé es que la familia Reyes te ofrecería alojamiento y comida en su casa.
Raimundo agachó la cabeza pensativo.
- Raimundo… ¿estás seguro de esto?
- No padre. Tengo que pensármelo un poco más. Todavía tengo que hablar con Emilia, con Sebastián y con… - cerró los ojos al pensar en ella. Tendría que contárselo antes de que lo supiera por otras personas.
- Tranquilo. De momento están ahí los hijos que se ocuparán de ese puesto pero el mes siguiente se irán a estudiar fuera según me han contado. Todavía tienes tiempo. – dijo don Anselmo tranquilizador.
- Gracias amigo. – dijo Raimundo.
- De nada hereje. – bromeó don Anselmo. – Bueno, yo me voy que tengo asuntos todavía en la parroquia. Con Dios Raimundo.
- Hasta luego don Anselmo. – dijo Raimundo.
Y así, mirando a la nada, Raimundo no pudo evitar sentir una punzada en el corazón al recordar algo:

Francisca acarició con ternura su brazo. Raimundo tomó su mano amoroso y la miró.
- ¿Te duele que tus padres no estén enamorados?
Ella meneó la cabeza.
- En realidad, lo que me duele es que mi padre… no sea todo lo feliz que se merece. No es justo.- un brillo relampagueó en los ojos de Francisca.

Raimundo suspiró.
- Hay muchas cosas injustas en la vida, mi pequeña. Mi tío Esteban… - meneó la cabeza.-… tampoco ha sido muy afortunado en el amor. Él perdió para siempre a la mujer de su vida.

Francisca se estremeció ante la mención de su tía Esperanza. Le miró angustiada.
- Raimundo… prométeme que… jamás te alejarás de mí.- suplicó.- Prométeme que siempre estarás a mi lado.

Él la miró atónito. Rodeó su cintura con los brazos.
- Mi pequeña… ¿Cómo puedes pensar…?
- Prométemelo.- repitió ella desesperada.
- Te lo juro. Ni la muerte podrá separarnos.- aseguró él, clavando sus ojos en los suyos.


Emilia deslizó cariñosamente sus brazos por el cuello de su padre abrazándolo desde detrás y le dio un tierno beso en la mejilla. Raimundo la miró sonriendo. Adoraba a su niña.
- ¿En qué piensa padre? Se ha quedado con mala cara tras hablar con don Anselmo. – dijo Emilia.
- En nada. – dijo Raimundo soltando el aire. – Anda vamos a atender al poder civil que si no lo mismo nos quedamos sin nada.
#68
Nhgsa
Nhgsa
06/01/2012 20:18
Al fin llegó la tan ansiada boda de Pepa y Tristán. Todo Puente Viejo parecía alegrarse de que al fin Pepa y Tristán pudieran estar juntos.
Pepa se encontraba tan nerviosa que no sabía cómo podía Emilia arreglarla. Parecía un flan.
- Pepa o te estás quieta o te arreo con la aguja. – dijo al fin Emilia.
- Perdóname Emilia pero es que hoy no estoy en mí. – dijo Pepa.
- No hace que lo prometas no… - dijo Emilia bromeando a lo que Pepa contestó sonriendo.
- Todavía no puedo creérmelo Emilia. El día de mi boda… - dijo Pepa casi suspirando.
- Ya era hora amiga. Sabía yo que llegaría tu momento de ser feliz. – dijo Emilia.
En ese momento llamaron a la puerta. Era Raimundo.
- ¿Cómo están las mujeres más guapas de todo Puente Viejo? – dijo Raimundo.
- Usted siempre tan galante Raimundo. – dijo Pepa acercándose a él para darle un beso.
- Con las que se lo merecen siempre. – dijo Raimundo acercándose orgulloso. – Ay, mis niñas. Sabéis que os quiero ¿verdad?
- Y nosotras a usted padre ¿o es que lo duda? – dijo Emilia.
Raimundo le contestó dándole un beso en la mejilla.
- Bueno ¿estáis listas? No queremos hacer esperar más al novio.
- ¿Me llevará usted al altar? – dijo Pepa
- Claro que sí. – dijo Raimundo sonriente.
……
En la Iglesia todos estaban nerviosos. Tristán de hecho no podía estar quieto caminando de un lado a otro. Francisca ya empezaba a despotricar.
- Pero ¡quién se ha creído que es esa…!
- ¡Madre tengamos la fiesta en paz hoy por favor! – dijo Tristán.
- Como quieras hijo… - dijo Francisca a regañadientes.
De pronto sonó la música. Pepa hizo su entrada triunfal de la mano de Raimundo. Francisca se quedó sin habla. Raimundo parecía un verdadero príncipe. Le recordó a ese joven de quién se enamoró. Por un momento sintió envidia de Pepa. Ella era la que tendría que estar del brazo de Raimundo y casada si el mundo hubiera sido justo. Sus miradas se cruzaron un instante. Raimundo no pudo evitar que se le parara el corazón al ver a Francisca. Estaba realmente hermosa, majestuosa. Respiró hondo y miró hacia delante.
Cuando llegó al altar sonrió a Tristán, le dio un beso en la frente a Pepa con ternura y se colocó junto a Emilia y Sebastián.
La ceremonia comenzó con total normalidad menos para los novios… y para sus padrinos. Ni Francisca ni Raimundo podían dejar de pensar en la boda que tuvo que haber sido y eso les dolía sobremanera. No dejaron de dirigirse miradas tímidas llenas de nostalgia.
Llegado el convite, que se celebró en los jardines de la Casona, todos felicitaron a los novios. Alfonso se sentó junto a Emilia y Sebastián junto a su padre. Raimundo charlaba con don Anselmo amistosamente y luego se sentó. Su mirada fue a parar a Francisca que no dejaba de recibir felicitaciones por el enlace. Al fin y al cabo dos familias poderosas se habían unido. Tristán y Pepa estaban en otra órbita disfrutando del hecho de estar juntos. Francisca miraba a Raimundo con anhelo. Quería ir hasta él pero no podía delante de todos. Tenía que comportarse como una señora.
Comieron, bebieron y bailaron hasta altas horas de la noche: Hipólito con Mariana, los alcaldes, incluso Soledad se atrevió con Sebastián. Cuando todo acabó Emilia se fue a la habitación de Pepa para ayudarla con el vestido y para charlar a solas mientras que Raimundo paseaba tranquilamente por el interior de la Casona recordando viejos tiempos. Si nada lo impedía se iría dentro de poco de ahí para intentar empezar una nueva vida y cuando algo acaba… no puedes evitar pensar en cómo empezó.
Y así, de pie, echando una mirada nostálgica y sosegada a todo el salón, fue como le encontró Francisca que se dirigió a él con su ya clásica sonrisa pícara.
- ¿Qué haces ahí como un pasmarote? – dijo irónica.
Raimundo respiró hondo ante esa voz.
- He entrado aquí varias veces pero nunca me había fijado en… su belleza. – dijo Raimundo
- ¿Su belleza? Te conozco Raimundo y sé que no estás aquí por eso. – dijo Francisca intentando sonsacarle.
- Pues esta vez te equivocas Francisca. – dijo Raimundo sin dejar de mirar las paredes. – Me fijaba en... – de pronto no pensó en decírselo. ¿Para qué?
- ¿En qué? – dijo Francisca curiosa.
- En que esta casa me llevó a conocerte. – dijo Raimundo mirándola al fin. – Por eso es bella.
- Vete a otra con tus zalamerías Raimundo. Conmigo eso no me sirve.
Raimundo sonrió. Esperaba esa respuesta.
- Di lo que quieras Francisca pero para mí seguirá siendo bella. La voy a echar de menos…
Francisca se quedó de piedra ante semejante frase. De repente sintió un escalofrío por todo el cuerpo.
- ¿Qué has querido decir con eso?
- Que cuando algo acaba porque tienes que hacerlo piensas en cómo empezó. – dijo Raimundo y dando media vuelta, se fue.
#69
Nhgsa
Nhgsa
06/01/2012 20:22
Pasados unos días después de la boda Raimundo sentía que había llegado el momento de hablar con Emilia y Sebastián de sus planes. Lo tenía claro especialmente después del encuentro con Francisca. Así, llegado el momento de cerrar, Raimundo les dijo:
- Hijos, sentaos, tengo que hablar con vosotros.
Sebastián y Emilia se miraron atónitos.
- ¿Ocurre algo padre? – dijo Sebastián.
- Sí hijo. Sentaos. – dijo Raimundo.
Ellos obedecieron preocupados. Raimundo tomó aire y se sentó.
- La verdad es que no sé por dónde empezar. – dijo Raimundo nervioso.
Emilia le cogió la mano en señal de apoyo.
- Ambos sabéis… mi historia con Francisca ¿verdad? – ellos asintieron – Hasta este momento todo había ido bien. Yo podía soportar todo los desprecios, todas esas miradas de odio,… pero de un tiempo a esta parte… - dijo con un hilo de voz. No sabía cómo continuar. Unas lágrimas aparecieron en su rostro. Emilia le dio un beso en la mejilla como apoyo. - … de un tiempo a esta parte no soy capaz. Desde que… - de repente se dio cuenta de lo que iba a decir. Miró de reojo a Sebastián. Éste entendió lo que quería decir.
- Sí, desde que murió Virtudes. – dijo Sebastián con rostro serio.
- Hijo, bien sabes que las cosas no pudieron ser de otra manera. – dijo Raimundo. Sebastián asintió.
- Tranquilo padre. Virtudes no merece ni una lágrima. Eso está superado. – dijo Sebastián tranquilizador.
- Me alegro que lo pienses hijo. Lo que quería decir es que desde que… ocurrió. Me di cuenta de que… todavía sentía algo por ella.
Emilia y Sebastián se miraron comprendiendo. Eso era lo que tenía así a su padre.
- ¿Y? – dijo Emilia
- Que ella me sigue odiando y yo ya no puedo con tanto odio, tanto desprecio. Ya no puedo soportar esas peleas. Me siento… cansado. Por eso he pensado… en marcharme de Puente Viejo. – dijo Raimundo.
Emilia miraba a su hermano atónita.
- Pero padre… ¿marcharse? ¿dónde?
- Don Anselmo me ha conseguido trabajo lejos. Necesito estar algún tiempo lejos de ella para intentar… encontrar algo de paz. – dijo Raimundo.
- Padre no va a conseguir esa paz si huye. – dijo Emilia. – Dígale lo que siente.
- Ya lo sabe Emilia. Cuando Sebastián salió de la cárcel fui a la Casona a agradecerle que retirara la denuncia y… acabe confesándoselo.
- ¿Y ella qué hizo?
- Nada. Yo me marché y no hemos vuelto a hablar de esto. – dijo Raimundo. – Siento que necesito estar lejos. No pensar que en cualquier momento la veré. Es como una punzada en el corazón. – añadió con semblante triste.
- ¿Dónde está ese trabajo que le ha conseguido don Anselmo? – dijo Sebastián.
- En Aranjuez. Todavía no he confirmado nada. Antes quería hablar con vosotros. – dijo Raimundo.
- Padre, usted sabe que lo único que quiero es verle feliz. Si es importante para usted cuente con mi apoyo. – dijo Emilia – Pero le vamos a echar mucho de menos. – añadió con lágrimas en los ojos.
- Ni que lo digas hermana. Puente Viejo no será lo mismo sin Raimundo Ulloa. Esté tranquilo padre que juntos defenderemos el fuerte de quien sea incluso de la Montenegro. – dijo Sebastián.
Raimundo les miró agradecido. Los tres se fundieron en un abrazo. Raimundo no pudo evitar llorar. Él también les iba a echar de menos.
- Yo también os echaré de menos hijos. – dijo Raimundo.
#70
Nhgsa
Nhgsa
06/01/2012 20:28
Francisca se encontraba desayunando sola en el comedor. Esos días se sentía más sola que nunca. Soledad se la pasaba día sí día también con Sebastián arreglando asuntos de la conservera. Estaba costando mucho que la conservera tuviera el prestigio de antaño después de haber tenido que cerrarla y toda ayuda era poca. A eso se le sumaba la partida de Tristán con esa partera. La casa se le venía encima. Para más inri desde hace días no dejaba de recordar a Raimundo. Bueno, en realidad, nunca le había olvidado pero ahora menos que nunca. Parecía cambiado, dispuesto a renunciar a seguir en Puente Viejo para acabar con esas discusiones. ¿Y si Raimundo decidía irse?
- No. Raimundo no puede irse. Aquí tiene a su familia y no tiene ni un duro para viajes. – y añadió suspirando - Si supieras…
Desde aquel momento en que le vio llorando no había dejado de recordar su vida con él. Eran momentos llenos de felicidad que le hacían sangrar el alma ya que le recordaba que vivían separados y odiándose.
Mauricio entró en ese momento dispuesto a dar el parte del día. Francisca no disimuló su enfado.
- ¿Es que ya no puedo ni desayunar tranquila en esta casa? Sabes que no tolero interrupciones mientras estoy desayunando capataz.
- Perdone señora. Iba a esperar a que terminara pero acabo de enterarme de una noticia que creo que le va a encantar.
- Lo dudo. ¿De qué se trata?
- Desde esta mañana ha empezado a correrse el rumor de que el Ulloa se quiere marchar de Puente Viejo. – dijo Mauricio.
- Me alegro. Ya era hora de que ese desagradecido de Sebastián se fuera de nuestras vidas.
- Me temo que no se trata de él señora… sino de Raimundo…
Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. “Ves Francisca. Por culpa de tu maldito orgullo ha ocurrido lo que tenía que ocurrir. Raimundo se va porque no te has atrevido a reaccionar.”
- ¿Raimundo?... ¿se va?... pero… ¿adónde? – dijo Francisca intentando no parecer ansiosa.
- Eso no lo sé señora pero no se habla de otra cosa en el pueblo.
Francisca sentía como el mundo entero se le venía encima.
- Acércate al pueblo y averigua más. ¡Y no vuelvas hasta saber adónde pretende irse ese… infeliz! – dijo Francisca nerviosa.
- Sí señora. – dijo Mauricio.
Cuando se fue, Francisca empezó a sentir cómo las migrañas atacaban con una intensidad que no había experimentado hasta ahora. Tanto es así que comenzó a tambalearse y a verlo todo borroso. A tientas fue hasta la biblioteca por sus medicinas pero no le fue suficiente. Tuvo que pararse un momento apoyada en la estantería para intentar recuperar la estabilidad. El dolor era insoportable. Cuando se encontró más calmada pudo ir al cajón y tomarse las medicinas. Pero el dolor era lo de menos. Lo peor fue que se cumplía lo que se estaba temiendo. Raimundo se iba.
#71
Nhgsa
Nhgsa
06/01/2012 20:31
Don Anselmo llegó a la casa de comidas dispuesto a hablar con Raimundo. Tenía un plan. Pero antes de que pudiera decir nada Emilia se le adelantó junto con Sebastián.
- Padre querríamos hablar con usted ahora que mi padre no está. – dijo Emilia.
Don Anselmo enseguida les miró preocupado.
- Claro hijos pero… ¿ha pasado algo grave?
- Nada que usted no sepa padre. – dijo Sebastián.
- Explicaos hijos porque no entiendo nada.
- Siéntese padre. – dijo Sebastián
Todos se sentaron. Don Anselmo estaba expectante a lo que tenían que decirle.
- Padre, sabemos que usted conoce las intenciones de mi padre. – dijo Sebastián
- Sí… ¿y?
- ¿A usted qué le parece? Porque aunque le apoyemos creemos que tiene que ver con… Francisca Montenegro.
- Y no os equivocáis. Y en cuanto a qué me parece… ¿Sinceramente? Me parece que está huyendo. En lugar de seguir peleando quiere irse para olvidar. El caso es que…
- Diga padre. – dijo Emilia.
- Que creo que Francisca le quiere. Desde que vuestro padre me confesó su historia con ella he estado haciendo memoria. Bueno… lo que he podido, que ya sabéis que a mi edad eso falla. Y el caso es que ella me confesó que quisiera terminar con su guerra e incluso creo que le afectó saber que Raimundo estaba enfermo.
- ¿Y entonces? ¿Qué les separa? – dijo Sebastián.
- El orgullo hija. El maldito y cruel orgullo. Francisca Montenegro siempre tiene que quedar por encima de cualquiera, especialmente si esa persona es un Ulloa. Pero no os apuréis, tengo un plan. No dejaré que esta historia de amor acabe así si está en mi mano. – dijo don Anselmo.
- Y ¿qué va a hacer padre? – dijo Emilia
- Solamente hay algo que pueda eliminar ese orgullo. El amor perdido. Si Francisca cree que se ha ido será más fácil que se dé cuenta de su amor por él. Ahora falta que el testarudo de tu padre acepte el plan. – dijo don Anselmo.
- Eso es lo que veo más difícil. ¡Mira! Hablando del rey de Roma por la puerta asoma. Suerte padre. – dijo Sebastián.
Raimundo acababa de entrar en la casa de comidas con el pedido que habían encargado al Colmado.
#72
Nhgsa
Nhgsa
06/01/2012 20:33
- Últimamente siempre te veo cargado de cosas Raimundo. – dijo don Anselmo.
- ¡Hombre páter! ¿Qué le sirvo? – dijo Raimundo.
- Con un vinito me sobra Raimundo. Además, quiero hablar contigo. – dijo don Anselmo.
Raimundo le sirvió un tanto intrigado. Cuando se sentó don Anselmo le dijo:
- ¿Has confirmado ya a la familia Reyes que vas a aceptar el trabajo? – dijo don Anselmo.
- No… Todavía no. – dijo Raimundo.
- ¿Y eso por qué? Te veía muy decidido a irte.
- Y lo estaba créame. Pero no dejo de darle vueltas a la cabeza. Mis hijos me apoyan y sé que con ese dinero podría ayudar más a Emilia con el niño pero…
- Pero también está ella ¿verdad? Piensas en Francisca.
- Continuamente. Es curioso que ahora que decido irme se haya vuelto más intenso su recuerdo. No dejo de pensar en lo que hemos vivido y lo injusto que es que todo acabe así… - dijo Raimundo algo nostálgico.
- Sí… es injusto sin duda. De hecho en mis años de cura no he visto un amor tan fuerte como el vuestro. Y ¿no me digas que no te asalta la duda de si ella aún te quiere? – dijo don Anselmo.
- ¿Por qué lo dice padre? No me diga que va a hacer de celestino…
- Si Dios quiere que sea para que un amor no se vaya al traste… sea. Lo cierto es que… lo creas o no… ella me confesó que quiere terminar con la guerra.
- Eso no me lo creo. – dijo Raimundo.
- Bueno… sólo hay una forma de averiguarlo… - dijo don Anselmo bebiendo un poco del vino y haciéndose el interesante.
- ¿Se puede saber qué se barrunta? – dijo Raimundo intrigado.
- Conozco a doña Francisca, Raimundo. Ten en cuenta que como sacerdote he ido muchas veces a merendar a la Casona e incluso la he confesado. Y aunque no puedo contar nada de lo segundo te puedo decir que sé que te quiere. – dijo don Anselmo
- No sé padre…
- Escúchame Raimundo. Por todo ese amor que os tuvisteis, por todo lo bueno. Haz un último intento. Prepáralo todo para irte, el día en cuestión te vendrás conmigo a la puebla donde pasarás la noche. Así la doña creerá que te has ido de verdad y que te ha perdido. Al día siguiente cogerás la primera diligencia y vendrás conmigo a la Casona donde yo hablaré con ella sobre ti. La incitaré a confesar lo que siente y podrás salir de dudas. – dijo don Anselmo
- ¿Ha perdido el juicio padre? ¡Eso no me lo perdonará en la vida!
- Lo hará. Algo me dice que sí, créeme. Cuando le comuniqué que estabas enfermo ella cambió su semblante y según tengo entendido, cuando te dio el ataque en la Casona te llevaron a su habitación. – dijo don Anselmo a un Raimundo que le miraba sin saber qué creer – Ella te quiere Raimundo. Por eso, creo que no deberías irte sin intentarlo. Si ella te rechaza, siempre podrás irte. Pero si no, tendréis una segunda oportunidad. No tienes nada que perder.
- No sé padre… Lo pensaré… - dijo Raimundo con lágrimas en los ojos al pensar en ella. Era una locura… pero podría funcionar.
#73
Nhgsa
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06/01/2012 20:36
Francisca se encontraba inquieta. Se había levantado con un mal presentimiento. Para más inri era una noche lluviosa como la que más y eso deprimía a cualquiera. De repente llamaron a la puerta y Mariana fue a abrir. Era Raimundo.
- Raimundo ¿qué hace usted aquí con la que está cayendo?
- Necesito hablar con Francisca si es posible Mariana. Es importante. Dile que he venido.
- Sí claro, espere.
Mariana fue a anunciarle a la doña. Cuando ésta supo de su llegada se sobresaltó. No le esperaba y mucho menos con la lluvia que estaba cayendo.
- Hazle pasar. – dijo Francisca.
Raimundo entró a la casona con semblante triste pero decidido.
- ¿Y bien? ¿Qué te trae por mi casa a estas horas y con la que está cayendo, Ulloa? – dijo Francisca intentando parecer indiferente aunque le estaba costando mucho al ver que se había mojado y eso hacía que la camisa se le ajustara más.
- He venido a ver cómo estabas. – dijo Raimundo. – Don Anselmo estuvo en la casa de comidas y me lo contó.
Esas palabras sonaron como losas en boca de Raimundo.
- Estoy bien si eso es lo que te importa. Aunque no creo sabiendo que te marchas.
- Vaya. Quería contártelo yo antes que nadie. – dijo Raimundo
- ¡Qué considerado! ¿Y adónde vas a ir lejos de tu familia infeliz? – dijo Francisca.
- Lejos. Donde no nos podamos seguir haciendo más daño. Emilia y Sebastián lo saben y me apoyan. – dijo Raimundo – No podemos seguir así.
- No cambias Raimundo. Sigues siendo igual de cobarde. – dijo Francisca intentando provocarle.
- No he venido a discutir Francisca. – dijo Raimundo – Además deberías alegrarte. Al fin y al cabo tu enemigo se va. Ya no podrá molestarte.
- Y… ¿Cuándo te vas? – dijo Francisca intentando parecer fría.
- Si nadie lo remedia… dentro de tres días. – dijo Raimundo
- Vaya. Esta vez huyes con tiempo para saberlo. – dijo Francisca hirientemente.
- Yo no huyo de nadie Francisca. – dijo Raimundo. – No puedo seguir con todo esto. Por mucho que quiera no puedo. No puedo seguir amándote sabiendo que tú… nunca lo harás. Sabes por qué hice lo que hice. Aunque no lo creas sufrí cada segundo por ti, por eso bebía. Por la impotencia de no poder salvarte de él. Nunca llegué a rehacer mi vida del todo. Tú te la llevaste…
- Hiciste lo que hiciste sin mí. No me dejaste decidir lo que quería. – dijo sollozando Francisca. – Te hubiera seguido hasta el fin del mundo sin pedir nada. Pero no. En lugar de eso me dejaste a su merced. ¡¿Tienes idea de lo que pasé?!
- Lo sé. Rosario me lo contaba pero no podía hacer nada sin que llamaras a Mauricio o sin que él amenazara con matarte o matar a Tristán. Al fin y al cabo para él era un borracho de tres al cuarto. Pero sabes lo que más me dolió… Que después de tanto amor como hubo entre nosotros ni siquiera mereciera que me escucharas. Yo nunca te he mentido ni te he engañado y sin embargo me negaste esa oportunidad. No eres la única que sufriste… - dijo Raimundo roto por el dolor. – Pero después de todo. Te amo. Nunca dejé de amarte. Natalia lo sabía, siempre lo supo y aún así siguió a mi lado.
- Si quieres que me vaya dímelo y acabemos con este Calvario… - añadió Raimundo. – Francisca ¿quieres que me vaya?
Francisca se giró para que no le viera dolorida. Después de esa pregunta no supo reaccionar. Sus sentimientos luchaban contra su orgullo por ver qué era más fuerte. Se hizo el silencio. Raimundo lo tomó como un sí. Con lágrimas en los ojos y con un hilo de voz dijo:
- Adiós mi pequeña. – dijo Raimundo.
#74
thirdwatch
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06/01/2012 20:57
Me tengo que poner al día.. Madre mía cuanto talento hay por aquí
#75
Nhgsa
Nhgsa
06/01/2012 21:15
Al día siguiente Francisca se encontraba destrozada aunque consiguió disimular ante Tristán y Soledad. Pero la realidad era la que era… Raimundo se había ido… y para olvidarla. Dio al servicio el día libre. No quería ver a nadie ni hablar con nadie. Se había pasado toda la noche llorando y el día no se presentaba alentador. Pasó el día sola. Con Tristán en casa de Pepa y Soledad en el campo tenía toda la casa para ella. Intentó concentrarse en las cuentas pero de nada servía. Cuando no pudo más se levantó y cogió el libro de Rosalía de Castro. No pudo evitar volver a llorar. Cuando Raimundo estaba en el pueblo se sentía como si fuera un rayo de luz. Ahora ese rayo se había ido. Miró la dedicatoria del libro y susurró profundamente.
- Si supieras… cuánto te amo…
Llamaron a la puerta del despacho. Francisca se recompuso como pudo pero no pudo evitar girarse para no quedar cara a la puerta. No quería que nadie la viera llorar.
- ¿Quién es?
- Buenos días doña Francisca. Quería hablar con usted.
- Ahora no quiero ver a nadie padre. Márchese.
- Verá es que lo que vengo a decirle es importante. Y sé que tiene que ver con su estado de ánimo hoy. – Francisca se giró extrañada – De hecho vengo a saber cómo es que ha sido tan estúpida de dejar escapar al amor de su vida.
Francisca se quedó de piedra ante semejante arranque. Iba a protestar cuando don Anselmo se adelantó:
- Le ruego encarecidamente que tome esto como una crítica de amigo señora. No como una ofensa. Sé su historia y todo lo acontecido hasta ahora.
- ¿Quién… se lo ha contado?
- El mismo Raimundo señora. Hace días vino a desahogarse conmigo. Además me confesó que su amor sigue siendo tan profundo como siempre pero que usted lo odia. Por eso se va. Para no hacerle más daño con su presencia.
- ¿Daño? – dijo Francisca que comenzaba a llorar – Daño me hacía siempre cuando le veía sonriente con ella. Pero supongo que era de esperar que se fijara en otras mujeres. Lo que nos separó siempre es… el orgullo, el maldito orgullo. Cuando Salvador – tembló al decir ese nombre – me maltrataba… siempre pensaba en él… en sus besos… Era como un ángel que me animaba a seguir… Sólo el saber que estaba cerca… en la plaza… me reconfortaba… Y cuando iba sólo me conformaba con verle… ver a mi ángel… - respiró hondo para continuar sin dejar de llorar– Pero ahora… ya no está… Raimundo ya no está porque no supe… no quise… - no sabía continuar – no supe cómo pedirle que… que se quedara… que me perdone por tanto daño… que… que le amo… que… que mi vida no tiene sentido… sin él. Que siempre le he amado y he adorado su sonrisa. – dijo mirando al vacío – que le necesito para respirar… Que de ese amor nació Tristán. – Don Anselmo se quedó pasmado – Un trocito de él que siempre me acompañó y… que defendí como pude… No he sabido decirle la verdad padre… - dijo mirándole.
Don Anselmo escuchó toda la confesión con una sonrisa.
- Ahora sí doña Francisca.
Raimundo Ulloa entró en ese momento en el despacho con los ojos anegados en lágrimas por la emoción.
#76
Nhgsa
Nhgsa
06/01/2012 21:18
Francisca se quedó en estado de shock. No entendía nada de lo que había ocurrido. Raimundo tampoco sabía qué hacer. Estaba paralizado por la emoción. Había escuchado de boca de su pequeña que le amaba. Todavía le amaba. Y no sólo eso sino que Tristán era su hijo. ¡Su hijo! Por un lado la amaba pero por otro lado se sentía dolido. “Maldito orgullo Francisca.” Al fin y al cabo le había prohibido explicarse y poder criar a ese hijo por orgullo. Después de tanto amor pudo más el orgullo. Si ella lo hubiese dicho… quizás todo hubiera sido distinto. Sintió como su cuerpo se bloqueaba. Don Anselmo, al sentir la tensión que dominaba el ambiente dijo:
- Creo que voy sobrando. Tenéis mucho de qué hablar.
Esperaron a que don Anselmo cerrara la puerta. Entonces Francisca reaccionó acercándose a Raimundo para darle una bofetada. Pero antes de que pudiera tocarle Raimundo agarró su muñeca y de un movimiento atrajo a Francisca hasta él y atacó su boca en un beso cargado de rabia, desesperación y pasión. Francisca le golpeaba con rabia y con lágrimas deslizándose por su rostro. Sentía que se seguían burlando de ella. Luchó por zafarse de él pero finalmente se rindió, aferrándose a las solapas de su chaqueta y atrayéndolo hacia ella. Demasiado tiempo sin sentirle, demasiado tiempo deseándolo,…
Finalmente se separaron para poder respirar. Ninguno ocultaba las lágrimas que se habían deslizado por su rostro mientras se besaban. Tanto tiempo, tanto dolor por la separación,… Pero el orgullo de Francisca renació y, aunque sintió que el dolor de su corazón disminuía, sólo recordar lo que había llorado ese día creyendo que Raimundo se había ido fue suficiente para que, como si de un acto reflejo se tratara, Francisca le soltara un bofetón a Raimundo. Abrió la puerta enfadada y salió por ella sin dejar de llorar y con una mano en la boca. Raimundo no se rindió y fue tras ella:
- ¡Francisca, no sigas huyendo de mí! – dijo Raimundo cogiéndole del brazo y obligándola a girarse.
- ¡Y ¿qué quieres que haga después de lo que tú y ese… maldito cura me habéis hecho pasar?! ¡Pero te aseguro que lo pagará caro! – dijo don Francisca adoptando su ya característica pose digna.
Raimundo sentía que sus ojos brillaban por las lágrimas y por el amor. La admiraba, la adoraba, la deseaba,…
- Pues yo le agradezco lo que ha hecho. Era la única forma de que confesaras.
- ¡¿Cómo te atreves?! – dijo Francisca enfadada.
- Estás negándole la felicidad a tu hijo Francisca ¿no te das cuenta? No ya sólo la felicidad con Pepa sino la de saber que es mi hijo y no de él.
- ¡¿Y que tenga que ver cómo el amor de su vida se va con otro que tenga más dinero?! ¡Jamás! – dijo Francisca mirándole sin dejar de sollozar
- Francisca… - dijo acercándose a ella – Te lo suplico… Dime qué tengo que hacer para que me creas. Dímelo y lo haré. ¿Crees que hubiera podido vivir si mi familia te hubiera convertido en una mendiga? Nunca hubiera podido perdonármelo… Te quiero. – dijo acariciándole la mejilla. Francisca cerró los ojos. Su contacto quemaba demasiado. Tanto tiempo deseándolo… - Amo cada centímetro de ti. Amo tu fuerza, tu valor… Hasta amo tu orgullo. – dijo con cierto aire divertido a pocos centímetros de ella y siguió – Amo hasta la tierra que tú pisas. Y moriré amándote.
Francisca abrió los ojos tras esta declaración y se encontró con los de Raimundo que la miraba con amor. Sintió como su orgullo daba sus últimos coletazos ante la inmensidad del amor que sentía por él. Se acercó a él hasta que sus cuerpos se pegaron y con las manos le acarició el pecho lentamente hasta que acabó aferrándose al cuello de la chaqueta. Raimundo deslizó sus brazos por la cintura de Francisca y apoyó su frente en la de ella. Sintió como un escalofrío le recorría la espalda al sentir de nuevo las manos de Raimundo. Las lágrimas no cesaban de salir, esta vez por la felicidad. Y así, a dos centímetros de sus labios le susurró.
- Maldito seas Ulloa… por llevarte mi corazón.
Y al fin, después de 30 años de dolor y sufrimiento, los dos se fundieron en un beso cargado de todo el amor que había en su interior. Estuvieron besándose lentamente, disfrutando de sus bocas unidas como estuvieron antaño. Pero eso duró unos segundos, después, el deseo y la pasión comenzaron a crecer en sus cuerpos irremediablemente. Francisca rodeó su cuello con sus brazos mientras que Raimundo avanzaba hasta la pared acariciándole la espalda con unas caricias torturadoras para la resistencia de Francisca.
Antes de que las piernas de Francisca terminaran por ceder, Raimundo la aprisionó contra la pared mientras que atacaba su boca y su cuello como un hambriento y con una mano le levantaba poco a poco las enaguas. Francisca, apoyada en la pared, cerró los ojos por el placer.
- Raimundo… - jadeó ella.
Ese jadeo le resultó a delicioso a Raimundo a la vez que terminó por volverle loco. La cogió en brazos y, sin dejar de besarla, subieron las escaleras. Con cada beso, con cada caricia de Francisca en su pecho, sentía que se volvía cada vez más loco si cabía. Cuando llegaron al final de las escaleras, Raimundo volvía a aprisionarla contra la pared antes de llegar a su alcoba. Sus manos se deslizaron hasta los botones de su vestido y mientras que fue desabrochándolos, enterraba sus labios y sus dientes en cada centímetro de Francisca que quedaba al descubierto. Ella, hacía lo propio con su chaqueta y después con su camisa, acariciando la espalda de Raimundo a la vez que le atraía más a ella si cabía.
#77
Nhgsa
Nhgsa
06/01/2012 21:23
Sin saber cómo, llegaron a la alcoba de Francisca. Parecían dos animales devorándose mutuamente presos de la pasión más absoluta. Raimundo le arrancó definitivamente el vestido a Francisca y apoyó su frente en la de ella mientras le desabrochaba el corsé. Francisca, después de arrancarle la camisa, hacía lo propio con el pantalón. Los dos sentían la respiración acelerada del otro.
- Mi pequeña… te deseo tanto…
- Y yo a ti… mi vida… y yo a ti…
Cuando los dos estuvieron totalmente desnudos, Francisca levantó su mano para deshacerse el peinado. Meneó la cabeza para hacer que el pelo cayera del todo hasta sus hombros, cosa que enardeció de deseo a Raimundo que volvió a atacar su boca a la vez que volvía a cogerla en brazos para después depositarla en la cama delicadamente. Con una maestría impresionante apartó las sábanas y las puso cubriendo sus cuerpos. Sentía que había deseado ese momento toda una vida. Sintió como cada centímetro de Francisca temblaba ante el contacto de su cuerpo desnudo, lo que se le antojó delicioso. Se sentía como un depredador.
- Raimundo… - gimió ella.
- Mi pequeña… - jadeó él mientras una mano acariciaba su cuerpo hasta llegar a su muslo y con la otra le acariciaba el pelo.
Francisca luchaba por sobrevivir mientras que sentía como la boca de Raimundo descendía por su cuerpo. Raimundo quería alargar ese momento tanto como fuera posible. Quería poseerla hasta que gritara su nombre. Llevarla a la locura. Comenzó descendiendo lentamente hasta que se perdió en sus pechos atrapándolos con sus manos y su boca, acariciándolos con toda la ternura del mundo. Francisca se retorcía de placer. Su piel ardía con la pasión de Raimundo. Los jadeos aumentaron de intensidad. Francisca acariciaba el pelo de Raimundo mientras éste se perdía por su abdomen recorriéndolo con sus labios. Después ascendió lentamente hasta que volvió a su cuello y a su boca. Sus manos terminaron aferrándose a la almohada, tensando sus brazos en un intento desesperado de controlar la pasión y no embestirla como un demente. Se miraron a los ojos por un momento con sus cuerpos totalmente pegados y ardiendo de deseo.
- Hazme tuya… - susurró Francisca acariciándole la espalda.
Raimundo no aguantó más y atacó su boca a la vez que la embistió con pasión desenfrenada aferrándose a la almohada con fuerza. Francisca creyó enloquecer de placer. Así iniciaron una batalla con sus bocas a la vez que Raimundo la embestía sin parar provocando inmensas oleadas de placer. Los gemidos y los jadeos de ambos llenaron enseguida la habitación. Ambos sentían una pasión tal ardiente que eran como dos bombas a punto de estallar. Raimundo cada vez quería introducirse más hondo, hasta poseerla. Francisca se aferraba a su espalda, acariciándola y arañándola mientras le susurraba palabras de amor y arqueaba su cuerpo por el placer.
El éxtasis llegó convulsionando sus cuerpos y llevándoles a la locura más absoluta. Raimundo no pudo evitar morder su cuello a la vez que ella le arañaba la espalda.
- Raimundo… - gritó ella.
Los dos se miraron llenos de amor. La tensión desapareció de los brazos de Raimundo que acercó sus manos a ella acariciando su pelo y su rostro. No dejaban de sentir la respiración dificultosa del otro ni su temblor debido al delirio.
- Te quiero… - susurró Raimundo.
- Y yo a ti… - susurró Francisca.
Raimundo se dejó caer hasta quedar recostado en el pecho de Francisca que lo abrazó con ternura. Y así, se quedaron dormidos. Felices.
#78
Nhgsa
Nhgsa
06/01/2012 21:26
Gracias Third carcajada En verdad esto estaba escrito hace tiempo pero como me centro más en el hilo de Francisca y Raimundo pues dejo esto olvidado carcajada

Al día siguiente Francisca se despertó sintiendo que había renacido. Se sentía… poderosa. Miró a aquel cuerpo que se encontraba encima de ella y no pudo evitar sonreír. Tiernamente le acarició el pelo y la espalda mientras recordaba lo sucedido la noche anterior. Sin duda había sido mágico. Absolutamente mágico. Sentir su respiración no hacía sino avivar de nuevo el deseo y el amor por él. De repente él susurró:
- Francisca…
Ella soltó una carcajada y sin dejar de sonreír como una boba le abrazó más fuerte. Raimundo fue reaccionando poco a poco ante esa caricia besando cada centímetro de su piel. Sus manos se perdieron en sus pechos junto con su boca y su lengua. Estaba tan sediento de ella… Francisca le dejó hacer sin oponer resistencia. Después subió poco a poco hasta enfrentarla. Francisca le tomó el rostro con ambas manos y una sonrisa a la vez que te atacaba su boca lentamente. Cuando se separaron quedaron a dos centímetros de sus bocas. Raimundo quedó apoyado en ella y en sus brazos que le acariciaban el pelo. Ella bajo sus manos por su pecho y luego ascendieron por su espalda.
- Buenos días tabernero. – dijo en un susurro tan dulce que a Raimundo se le antojó celestial.
- Buenos días mi pequeña. ¿Qué tal has dormido? – dijo Raimundo.
- Mejor que nunca. – dijo Francisca antes de atacar su boca de nuevo.
- Gracias. – dijo Raimundo con los ojos velados por el amor.
- ¿Por qué? – dijo Francisca poniendo cara de curiosidad.
- Por la mejor noche de mi vida. – dijo Raimundo.
- Si… bueno… no estuvo mal – bromeó Francisca poniendo esa sonrisa pícara que sabía que le volvía loco.
Raimundo sintió con esa sonrisa que su volcán interior volvía a arder.
- Francisca… - jadeó él antes de atacar de nuevo su boca y mordiendo sus labios. Seguidamente atacó su cuello mordiéndolo con pasión. Francisca le arañaba la espalda.
- No creas que te vas a librar de mí tan fácilmente tabernero. – susurró junto a su oído. – Pienso vengarme por hacerme sufrir.
Con una fuerza que Raimundo no pensó que tendría, Francisca cambió las tornas quedando ella encima de él. Un brillo malicioso en sus ojos apareció. Raimundo lo conocía. Cuando Francisca tenía ese brillo era un veneno. Ella comenzó a besarle empezando por su cuello y descendiendo mientras acompañaba su boca con sus manos. Se perdió en el pecho y en el abdomen de Raimundo reconociéndole después de tanto tiempo.
- Por Dios Francisca… vas a volverme loco. – jadeó él.
- 30 años sin ti. – dijo ella – Y pienso cobrármelo.
- Francisca… no juegues con fuego o no respondo… - dijo Raimundo.
- Entrégate a mi Raimundo… - dijo y añadió incorporándose – Te deseo…
Acto seguido, Francisca se dejó caer lentamente sintiendo como Raimundo se introducía dentro de ella. Él se aferró a las sábanas por el inmenso placer que sintió en ese momento.
- Francisca… - jadeó él mientras ella comenzaba a moverse lentamente provocando un placer tan intenso que Raimundo no pensaba que fuera posible.
Ella cerraba los ojos dejándose llevar por el placer de sentir a Raimundo mientras le acariciaba el pecho. Él le acariciaba los muslos y le atraía más a él. El placer comenzó a ser tan fuerte que Francisca no lo soportó más y abatió la boca de Raimundo con la suya mientras que seguía con su ritmo. Él no dejaba de acariciarle la espalda atrayéndolo a él. Ella apoyó su rostro en el de Raimundo y separó sus bocas dejando escapar sus jadeos de placer y oyendo los de él.
- Te deseo…
- Francisca – gimió él – Eres un veneno…
- Lo sé… - susurró ella.
El clímax volvió a llevarles al paraíso. A un mundo donde sólo existían ellos. Ella se dejó caer en él y se recostó sobre su corazón. Raimundo la abrazó con fuerza.
- Voy a tener que darle las gracias a don Anselmo. – dijo él con una sonrisa.
- Raimundo… no permitas que me separen de ti. Otra vez no…
Él le tomó el rostro hasta que se miraron fijamente.
- Nunca mi pequeña… no nos separarán jamás. – dijo él.
Ella le besó tiernamente en los labios y volvió a recostarse en su pecho. Sentía que podía estar ahí toda una vida.
#79
Nhgsa
Nhgsa
22/01/2012 19:21
Don Anselmo fue hasta la casa de comidas con una sonrisa de oreja a oreja en el rostro. Emilia se dirigió a él al segundo de verle entrar:
- Don Anselmo, gracias a Dios que le encuentro ¿ha visto a mi padre?
- Desde ayer no hija pero me imagino dónde debe estar y tú también…
El rostro de Emilia cambió de preocupada a intrigada.
- No me diga que…
- ¿Que al final accedió a mi plan? Claro que sí hija y por lo menos la primera parte salió a las mil maravillas. Ahora que, si no has recibido noticias de su sangrienta muerte a manos de Francisca, imagino que quiere decir que también ha salido bien la segunda parte. – dijo don Anselmo divertido.
- ¿Cómo que la segunda parte? No entiendo. – dijo Emilia.
- Sí mujer. La primera parte era que Francisca confesara y eso salió bien. La segunda parte era que Raimundo destruyera su orgullo y que consiguiera una segunda oportunidad. Así que… si no has recibido noticias de su muerte… Quiere decir que todo ha salido bien. – dijo don Anselmo haciéndose el interesante.
Emilia al fin sonrió.
- Ya… ¡Ande padre, que menudo celestino está usted hecho!
- Y por muchos años hija. Además que soy muy bueno, por cierto. Ser sacerdote da para mucho. – dijo don Anselmo con aire divertido. – Anda Emilia, ponme un vinito que esto hay que celebrarlo.
- Y que lo diga padre, y que lo diga. – dijo Emilia sirviéndole.
#80
Nhgsa
Nhgsa
22/01/2012 19:21
Raimundo y Francisca comenzaron a vestirse sin dejar de dedicarse miradas de amor y de deseo. Al fin estaban juntos. Cuando ella intentó abrocharse el vestido él la paró con las manos.
- Yo lo haré. – susurró a centímetros de su nuca sintiendo como un escalofrío le recorría el cuerpo.
Las manos de Raimundo recorrieron tiernamente su espalda abrochándole los botones. Francisca se estremeció ante el contacto.
- Aunque que conste. – añadió él susurrando en su oído – Que estás mejor sin él.
Raimundo la abrazó por detrás tiernamente cogiendo las manos de Francisca. Ella se apoyó en el pecho de Raimundo. No querían volver a separarse ni aunque fuera por un minuto.
- ¿Qué vamos a hacer ahora? – dijo ella mirándole.
- Hacer lo que no hicimos pequeña. Ser felices juntos. Amarnos hasta el final. – dijo Raimundo.
- Y ¿cómo le diremos a Tristán que…?
- Poco a poco pequeña. Primero tienen que conocer nuestra historia y asimilarla. Eso ya costará… - dijo Raimundo
- Si te preocupa el pueblo no te preocupes. No me importa lo que piensen de mí. Te amo y quiero pasar el resto de mi vida a tu lado. Sólo me importa eso. – dijo Francisca.
Raimundo la besó con ansia, con amor. Después hundió su rostro recorriendo su nuca y su pelo provocando mil escalofríos.
- No imaginas cómo te he echado de menos.
- Y yo a ti mi vida. Y yo a ti. – dijo Francisca girándose para besarle. – Pero antes que eso nos merecemos pasar un tiempo solos ¿no te parece? Lejos de las malas lenguas… - dijo antes de darle un beso. – lejos de las preocupaciones… - otro beso - … solos tú y yo. ¿Qué te parece?
- Sería perfecto. – dijo Raimundo con su sonrisa más cautivadora. – Aunque tendríamos una corte tremenda siguiéndonos. ¿Te atreverías a viajar solamente conmigo? – dijo intentando provocarle.
- Hasta el fin del mundo. – dijo Francisca antes de perderse en sus labios. – Ojalá nos fuéramos ya.
- ¿Y adónde te gustaría ir mi pequeña?
- Pues aunque parezca casual me gustaría conocer la ciudad a la que ibas a ir. Dicen que es muy hermosa. A lo mejor hasta podríamos encontrar alguna casita para nosotros y todo. – dijo Francisca con anhelo. Deseaba ese viaje como si fuera lo único que le faltara.
- Ya lo estoy deseando. Solos tú y yo mi pequeña. Aunque dudo mucho que aguantes demasiado sin el servicio. – dijo Raimundo intentando provocarle.
Ella le contestó con un golpe suave en el pecho.
- ¡Serás…! ¡Pues claro que podré! ¡¿Por quién me has tomado?! – dijo Francisca.
- ¿Por la cacique más tirana del pueblo tal vez?
Ella le dio un golpe más fuerte en el pecho.
- Puedo valerme por mí misma y te lo demostraré tabernero. – dijo Francisca orgullosa.
- Definitivamente estás preciosa cuando te pones así. – dijo Raimundo sonriente y añadió deslizando sus brazos por la espalda de Francisca. – Pero cómo lo hagas todos los días no me hago responsable de mis actos. – y terminó adueñándose de su boca.
La ternura empezó a dar paso a la pasión, como siempre pasaba entre ellos. Haciendo un gran esfuerzo se separaron.
- Tienes que volver Raimundo. Emilia estará preocupada.
- Sí. – dijo Raimundo volviendo a besarla. – Pero cuando estemos lejos no te vas a escapar de mí. – dijo con un hilo de voz grave por el deseo.
Bajaron la escalera juntos y después de un tierno beso se separaron. Raimundo se dirigió a la casa de comidas con una sonrisa en la boca mientras que Francisca comenzaba a pensar en preparar su viaje. Sería mágico.
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