Diálogo "Con los días contados" de Julia e Iván
#0
02/05/2009 14:11
¡Hola! ^^
Bueno, no ceo que haga falta decir que este subforo es maraviloso, y viendo que los demás ya han colgado relatos, pues me uno ;D
Esta historia no tiene nada que ver con EI, de hecho, los únicos personajes que coinciden son J&I, ya que los demás son inventados... Espero que os guste ;D
Personajes:
Julia: Prota, 25 años, psicóloga, tiene su propia consulta, novia de Leo, aunque poco a poco se fijará en otra persona(¿Quién sera? xD), en concreto, en Iván.
Iván: El otro prota ;D, 25 años, fotógrafo, aunque también le gustaria ser periodista, primo de Roberto, sin novia aunque algunos recuerdos pasados lo atormentarán. Desde el principio se fija en Julia.
Leo: Novio de Julia, sin escrúpulos, 26 años, trabaja en el hospital, y no le agradan para nada los amigos y amigas de Julia. Aunque algunos lo sopechen, es mucho más peligroso de lo que parece.
Elisa: Mejor amiga de Julia, 24 años, trabaja para su amiga, tiene su propio despacho y es aprendiz, tiene un hijo de 4 años, Miguel. Se hará muy buena amiga de Roberto, y se enamorará perdidamente de un mujeriego, Martín.
Roberto: Mejor amigo de Julia, 25 años, es modelo, y tiene novio, pero éste vive en Londres. Hará muy buenas migas con Elisa.
Martín: Amigo de Iván y Roberto, muy mujeriego, 26 años, dueño de un local por negocios familiares, trabaja de pediatra en el mismo hospital que Leonardo. Vive con su hermana, que tiene 2 niños. Le encantan los niños, y es incapaz de hacerle daño a nadie.
De momento estos son todos ;D
Prólogo
Julia intentó seguir durmiendo, y se tapó la cara con el brazo, ignorando hasta donde era posible, la mano que sacudía su hombro. Se sentía cansadísima, casi como si acabara de cerrar los ojos, y aunque sabía que tenía 6 horas más de trabajo por delante, le parecía injusto que ya hubiera alguien molestándola.
- Julia, tienes un paciente que pregunta por ti.
Julia cerró los ojos más fuerte, pero Elisa, su aprendiz y a la vez mejor amiga, insistió, y la joven no tuvo más remedio que levantarse del sofá de su despacho donde se había dejado caer muerta de cansancio solo una hora antes.
- ¿No puede esperar?- preguntón con un gemido, era su único momento libre al día, ya que por las noches conseguía no conciliar el sueño por su ruidoso vecino. Quería seguir descansando en el viejo sillón, donde hasta un momento estaba muy a gusto.
Elisa la miró fijamente y sonrió- Claro que puede, siempre se puede esperar, pero…
- ¿Pero qué?- Preguntó Julia, que ya se había levantado, tenía la mano abriendo la puerta y el pelo recogido en una coleta mal hecha.
- Pues mira nena, este joven pide hablar con la mismísima Julia Medina. - Dijo Elisa, inclinándose sobre una mesa a recoger unos papeles - ¡Ah! Y me ha pedido que te comentara que le gusta tu nuevo look, pero de Índia estabas más mona. Aunque la verdad no tengo ni idea de a qué se refiere.
Pero Elisa se encontró hablando sola, porque Julia ya había salido corriendo por el pasillo en busca de su mejor amigo.
La chica hubiera reconocido a Roberto en cualquier circunstancia, y de hecho supo quién era al instante, aunque el chico estaba de espaldas hablando con otro joven.
- ¡Roberto! ¿Qué haces aquí? – le dijo mientras el chico le daba un par de besos y la levantaba en el aire, para sorpresa de todos los presentes, con mucha efusividad.
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Bueno, no ceo que haga falta decir que este subforo es maraviloso, y viendo que los demás ya han colgado relatos, pues me uno ;D
Esta historia no tiene nada que ver con EI, de hecho, los únicos personajes que coinciden son J&I, ya que los demás son inventados... Espero que os guste ;D
Personajes:
Julia: Prota, 25 años, psicóloga, tiene su propia consulta, novia de Leo, aunque poco a poco se fijará en otra persona(¿Quién sera? xD), en concreto, en Iván.
Iván: El otro prota ;D, 25 años, fotógrafo, aunque también le gustaria ser periodista, primo de Roberto, sin novia aunque algunos recuerdos pasados lo atormentarán. Desde el principio se fija en Julia.
Leo: Novio de Julia, sin escrúpulos, 26 años, trabaja en el hospital, y no le agradan para nada los amigos y amigas de Julia. Aunque algunos lo sopechen, es mucho más peligroso de lo que parece.
Elisa: Mejor amiga de Julia, 24 años, trabaja para su amiga, tiene su propio despacho y es aprendiz, tiene un hijo de 4 años, Miguel. Se hará muy buena amiga de Roberto, y se enamorará perdidamente de un mujeriego, Martín.
Roberto: Mejor amigo de Julia, 25 años, es modelo, y tiene novio, pero éste vive en Londres. Hará muy buenas migas con Elisa.
Martín: Amigo de Iván y Roberto, muy mujeriego, 26 años, dueño de un local por negocios familiares, trabaja de pediatra en el mismo hospital que Leonardo. Vive con su hermana, que tiene 2 niños. Le encantan los niños, y es incapaz de hacerle daño a nadie.
De momento estos son todos ;D
Prólogo
Julia intentó seguir durmiendo, y se tapó la cara con el brazo, ignorando hasta donde era posible, la mano que sacudía su hombro. Se sentía cansadísima, casi como si acabara de cerrar los ojos, y aunque sabía que tenía 6 horas más de trabajo por delante, le parecía injusto que ya hubiera alguien molestándola.
- Julia, tienes un paciente que pregunta por ti.
Julia cerró los ojos más fuerte, pero Elisa, su aprendiz y a la vez mejor amiga, insistió, y la joven no tuvo más remedio que levantarse del sofá de su despacho donde se había dejado caer muerta de cansancio solo una hora antes.
- ¿No puede esperar?- preguntón con un gemido, era su único momento libre al día, ya que por las noches conseguía no conciliar el sueño por su ruidoso vecino. Quería seguir descansando en el viejo sillón, donde hasta un momento estaba muy a gusto.
Elisa la miró fijamente y sonrió- Claro que puede, siempre se puede esperar, pero…
- ¿Pero qué?- Preguntó Julia, que ya se había levantado, tenía la mano abriendo la puerta y el pelo recogido en una coleta mal hecha.
- Pues mira nena, este joven pide hablar con la mismísima Julia Medina. - Dijo Elisa, inclinándose sobre una mesa a recoger unos papeles - ¡Ah! Y me ha pedido que te comentara que le gusta tu nuevo look, pero de Índia estabas más mona. Aunque la verdad no tengo ni idea de a qué se refiere.
Pero Elisa se encontró hablando sola, porque Julia ya había salido corriendo por el pasillo en busca de su mejor amigo.
La chica hubiera reconocido a Roberto en cualquier circunstancia, y de hecho supo quién era al instante, aunque el chico estaba de espaldas hablando con otro joven.
- ¡Roberto! ¿Qué haces aquí? – le dijo mientras el chico le daba un par de besos y la levantaba en el aire, para sorpresa de todos los presentes, con mucha efusividad.
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#1
02/05/2009 14:11
Parte 1
- ¡Ya ves india, yo siempre te encuentro!! Simplemente no puedes escapar de mi.- Roberto sonrió mostrando una dentadura blanquísima, la misma que le había hecho enamorar a casi todas las chicas con las que se había cruzado en su vida. Y, a pesar de eso, él no se fijó en ninguna… pero sí en alguno.
Julia no pude evitar sonreírle de vuelta. Roberto no cambiaría nunca, lo conocía desde que eran pequeños y habían crecido juntos, estudiando juntos y saliendo a divertirse en compañía, hasta que Roberto confesó su homosexualidad y se marchó con su novio de viaje por todo el mundo, como modelo. De vez en cuando volvía a la ciudad, para verla sólo a ella.
- Hacía meses que no te veía, ¿Qué tal te va todo? Supongo que sigues siendo el modelo estrella de “Juntos pero no revueltos”, ¿verdad? - Dijo ella, riendo por la extravagancia de su queridísimo amigo.
Él era el único que la había apoyado en los momentos más duros, y ella se sentía algo culpable de no haber estado ahí cuando él la necesitó.
A los quince años, Julia sufrió mucho, ya que sus padres tuvieron un accidente, y su madre quedó en coma. Roberto y su padre sirvieron de gran apoyo moral, y pasados diez años, Julia aun seguía visitando a su madre en el hospital. A todo eso, Roberto se marchó cuando ella cumplió los dieciocho y, aunque seguía visitándola a menudo, nada era como antes.
Roberto se rió también y abrió la boca para contestar pero una voz ahogada lo hizo por el:
- Genial, ¿Cuándo vais a terminar de decir tantas tonterías? Porque me temo que no tengo todo el día.
Julia se fijó entonces en el chico alto sentado en una de las sillas de la sala. Guapo con el pelo oscuro, bien vestido, con una cámara de fotos colgada de el cuello y una carpeta que tenía toda la pinta de estar a punto de reventar. Con razón el chico parecía molesto y tenía cara de pocos amigos: Estrés, pensó Julia.
- ¿Cómo te llamas? - Le preguntó Julia con una sonrisa.
- Iván, ahora preciosa, podrías llamar al psicólogo que tengo prisa.
Julia borró la sonrisa de su cara. Todos los días tenía que enfrentarse a hombres que no creían que fuese la psicóloga de aquel lugar, solo por el hecho de ser joven; y la verdad, comenzaba a estar cansada de tanto cachondeo.
- Lo siento, pero aquí la psicóloga soy yo, y ésta es mi consulta. Y si no estás contento, puedes marcharse a otra consulta para hablar con alguien que esté dispuesto a escucharte.
Iván la miró sorprendido por su reacción, y cambió la cara cuando comprendió lo muy ofensivo que había sido.
- Perdón. Lo siento, no era mi intención ofenderte, es sólo que pareces muy joven para ser psicólogo... digo, psicóloga. Soy Iván.
Roberto mientras tanto se reía a carcajada limpia, aunque intentaba ocultarlo tapándose la boca con una mano. Su pobre primo no sabía la fiera con la que se acababa de encontrar. Julia era dulce y cariñosa, pero ante el público tenía un carácter muy fuerte y un poco obstinado.
La chica no le contestó, sino que le hizo un gesto para que la siguiera, y le pidió a su amigo que los esperara, porque seguro que no tardaría mucho. Roberto, que aún tenía la cara roja de reírse, asintió con la cabeza y se sentó en una de las sillas a esperar.
Iván la siguió y ella lo hizo sentar frente a la mesa de su pequeño despacho. Se sentó justo delante de él.
- Así que tú eres Iván… ¿El periodista no? A ver, y ¿por donde quieres que empecemos? - Dijo Julia, intentando aparentar seriedad.
Iván se quitó la cazadora antes de sentarse y Julia no pudo evitar fijarse en el buen cuerpo que tenía el muchacho. Apartó esos pensamientos tontos, y se centró en la entrevista.
- Bueno, antes de todo, quisiera aclarar que no soy periodista, soy fotógrafo… - El chico intentó seguir, pero Julia lo interrumpió.
- ¿Perdón? No eres periodista… ¿y entonces?... ¿Fotógrafo? - Julia estaba asombrada, le habían tomado el pelo durante toda la semana… - Hace unos días recibí una llamada para concertar una entrevista, con un periodista. Dije que no iba a hablar de mi vida personal, ni siquiera estaba dispuesta a aceptar, pero… ¡me habéis engañado! Sólo acordé hablar de mi trabajo… y ¿Qué consigo? ¡Que me traigan a un paparazzi!
Iván se rió bajito y le respondió: - Estás confundida… yo no soy periodista ni paparazzi, sólo soy el fotógrafo que acompañaba al periodista. Simplemente eso. He estado leyendo noticias sobre ti y eres una psicóloga espectacular… la mejor de todas, sin duda -Dijo, alabándola. - Sólo tienes críticas buenas, y en un par de años parece que has montado un buen negocio... Mi compañero ha tenido un percance y, dado que una entrevista contigo es algo que no se consigue fácilmente… - Dijo él. - he pensado que tal vez yo podría tomar las fotos, y a la vez hacer las preguntas. Ella lo miró con una cara sarcástica.
- ¡Claro! Se me había olvidado que eras multifunciones. Oye ¿Y también traerás café mientras hablamos? Apenas te conozco y ¡ya me caes bien eh! Descafeinado por favor… y mientras empezamos, ¿podrías bajar a comprar el periódico?
Iván sonrió y Julia no pudo evitar pensar que era muy guapo. Sonrisa encantadora y ojos intensos…. Uhmmm… Realmente eso sería un problema.
Con una mirada interesante y divertida, Iván le explicó que había tenido una cita con su compañero, pero este le llamó a última hora disculpándose.
- ¿Insinúas que no me traerás café? - Dijo ella, intentando parecer borde. No soportaba que le tomaran el pelo… ¿Periodista y fotógrafo a la vez? ¿Sería eso una broma? Había dedicado media vida a tener su propia consulta, sus propios pacientes, etc. Se tomaba su trabajo muy enserio, y así de repente apareció él. Intentando ser simpático… pero no la iba a engañar, muchos paparazzis habían intentado entrevistarla, y ella sabía muy bien como deshacerse de ellos.
Pero el chico se resistía a molestarse, y al contrario de cogerse los comentarios de Julia para mal, soltó una carcajada.
- Bueno, si quieres que te traiga café te lo traigo. Lo que sea para que me concedas media hora. -Dijo él, intentándola convencer con sus encantos.
Julia bufó y se dijo que el chico era guapo, pero definitivamente la inteligencia no era su fuerte. Volvió a su sofá, y, estirándose, pensó que ese tal Iván no la iba a dejar en paz. Sola. Quería estar sola. ¿Nadie la comprendía?
- ¿No te rendirás verdad? - dijo ella, cerrando poco a poco los ojos y poniéndose cómoda.
- No. - Contestó el rápidamente.
- Pues vamos, tienes media hora para preguntar. Pero sólo media. Y sólo veinte preguntas. Ni una más. - Dijo ella. Estaba cansada y no iba a permitir que una maldita entrevista le quitara el poco rato libre que tenía sin citas.
Iván asintió y Julia se encogió de hombros.
- ¿Y? ¿No preguntas nada?
- ¿Porqué sólo veinte? - Dijo él, algo confundido. Preguntar y redactar no era su campo, él sólo fotografiaba el instante en una captura.
- ¿En serio quiere que te conteste? Si contesto a esa pregunta sólo te quedarán diecinueve… - Dijo ella sonriendo. Acabarían pronto.
- Está bien, esa no me la respondas. ¿Tienes novio?
- ¡Ya ves india, yo siempre te encuentro!! Simplemente no puedes escapar de mi.- Roberto sonrió mostrando una dentadura blanquísima, la misma que le había hecho enamorar a casi todas las chicas con las que se había cruzado en su vida. Y, a pesar de eso, él no se fijó en ninguna… pero sí en alguno.
Julia no pude evitar sonreírle de vuelta. Roberto no cambiaría nunca, lo conocía desde que eran pequeños y habían crecido juntos, estudiando juntos y saliendo a divertirse en compañía, hasta que Roberto confesó su homosexualidad y se marchó con su novio de viaje por todo el mundo, como modelo. De vez en cuando volvía a la ciudad, para verla sólo a ella.
- Hacía meses que no te veía, ¿Qué tal te va todo? Supongo que sigues siendo el modelo estrella de “Juntos pero no revueltos”, ¿verdad? - Dijo ella, riendo por la extravagancia de su queridísimo amigo.
Él era el único que la había apoyado en los momentos más duros, y ella se sentía algo culpable de no haber estado ahí cuando él la necesitó.
A los quince años, Julia sufrió mucho, ya que sus padres tuvieron un accidente, y su madre quedó en coma. Roberto y su padre sirvieron de gran apoyo moral, y pasados diez años, Julia aun seguía visitando a su madre en el hospital. A todo eso, Roberto se marchó cuando ella cumplió los dieciocho y, aunque seguía visitándola a menudo, nada era como antes.
Roberto se rió también y abrió la boca para contestar pero una voz ahogada lo hizo por el:
- Genial, ¿Cuándo vais a terminar de decir tantas tonterías? Porque me temo que no tengo todo el día.
Julia se fijó entonces en el chico alto sentado en una de las sillas de la sala. Guapo con el pelo oscuro, bien vestido, con una cámara de fotos colgada de el cuello y una carpeta que tenía toda la pinta de estar a punto de reventar. Con razón el chico parecía molesto y tenía cara de pocos amigos: Estrés, pensó Julia.
- ¿Cómo te llamas? - Le preguntó Julia con una sonrisa.
- Iván, ahora preciosa, podrías llamar al psicólogo que tengo prisa.
Julia borró la sonrisa de su cara. Todos los días tenía que enfrentarse a hombres que no creían que fuese la psicóloga de aquel lugar, solo por el hecho de ser joven; y la verdad, comenzaba a estar cansada de tanto cachondeo.
- Lo siento, pero aquí la psicóloga soy yo, y ésta es mi consulta. Y si no estás contento, puedes marcharse a otra consulta para hablar con alguien que esté dispuesto a escucharte.
Iván la miró sorprendido por su reacción, y cambió la cara cuando comprendió lo muy ofensivo que había sido.
- Perdón. Lo siento, no era mi intención ofenderte, es sólo que pareces muy joven para ser psicólogo... digo, psicóloga. Soy Iván.
Roberto mientras tanto se reía a carcajada limpia, aunque intentaba ocultarlo tapándose la boca con una mano. Su pobre primo no sabía la fiera con la que se acababa de encontrar. Julia era dulce y cariñosa, pero ante el público tenía un carácter muy fuerte y un poco obstinado.
La chica no le contestó, sino que le hizo un gesto para que la siguiera, y le pidió a su amigo que los esperara, porque seguro que no tardaría mucho. Roberto, que aún tenía la cara roja de reírse, asintió con la cabeza y se sentó en una de las sillas a esperar.
Iván la siguió y ella lo hizo sentar frente a la mesa de su pequeño despacho. Se sentó justo delante de él.
- Así que tú eres Iván… ¿El periodista no? A ver, y ¿por donde quieres que empecemos? - Dijo Julia, intentando aparentar seriedad.
Iván se quitó la cazadora antes de sentarse y Julia no pudo evitar fijarse en el buen cuerpo que tenía el muchacho. Apartó esos pensamientos tontos, y se centró en la entrevista.
- Bueno, antes de todo, quisiera aclarar que no soy periodista, soy fotógrafo… - El chico intentó seguir, pero Julia lo interrumpió.
- ¿Perdón? No eres periodista… ¿y entonces?... ¿Fotógrafo? - Julia estaba asombrada, le habían tomado el pelo durante toda la semana… - Hace unos días recibí una llamada para concertar una entrevista, con un periodista. Dije que no iba a hablar de mi vida personal, ni siquiera estaba dispuesta a aceptar, pero… ¡me habéis engañado! Sólo acordé hablar de mi trabajo… y ¿Qué consigo? ¡Que me traigan a un paparazzi!
Iván se rió bajito y le respondió: - Estás confundida… yo no soy periodista ni paparazzi, sólo soy el fotógrafo que acompañaba al periodista. Simplemente eso. He estado leyendo noticias sobre ti y eres una psicóloga espectacular… la mejor de todas, sin duda -Dijo, alabándola. - Sólo tienes críticas buenas, y en un par de años parece que has montado un buen negocio... Mi compañero ha tenido un percance y, dado que una entrevista contigo es algo que no se consigue fácilmente… - Dijo él. - he pensado que tal vez yo podría tomar las fotos, y a la vez hacer las preguntas. Ella lo miró con una cara sarcástica.
- ¡Claro! Se me había olvidado que eras multifunciones. Oye ¿Y también traerás café mientras hablamos? Apenas te conozco y ¡ya me caes bien eh! Descafeinado por favor… y mientras empezamos, ¿podrías bajar a comprar el periódico?
Iván sonrió y Julia no pudo evitar pensar que era muy guapo. Sonrisa encantadora y ojos intensos…. Uhmmm… Realmente eso sería un problema.
Con una mirada interesante y divertida, Iván le explicó que había tenido una cita con su compañero, pero este le llamó a última hora disculpándose.
- ¿Insinúas que no me traerás café? - Dijo ella, intentando parecer borde. No soportaba que le tomaran el pelo… ¿Periodista y fotógrafo a la vez? ¿Sería eso una broma? Había dedicado media vida a tener su propia consulta, sus propios pacientes, etc. Se tomaba su trabajo muy enserio, y así de repente apareció él. Intentando ser simpático… pero no la iba a engañar, muchos paparazzis habían intentado entrevistarla, y ella sabía muy bien como deshacerse de ellos.
Pero el chico se resistía a molestarse, y al contrario de cogerse los comentarios de Julia para mal, soltó una carcajada.
- Bueno, si quieres que te traiga café te lo traigo. Lo que sea para que me concedas media hora. -Dijo él, intentándola convencer con sus encantos.
Julia bufó y se dijo que el chico era guapo, pero definitivamente la inteligencia no era su fuerte. Volvió a su sofá, y, estirándose, pensó que ese tal Iván no la iba a dejar en paz. Sola. Quería estar sola. ¿Nadie la comprendía?
- ¿No te rendirás verdad? - dijo ella, cerrando poco a poco los ojos y poniéndose cómoda.
- No. - Contestó el rápidamente.
- Pues vamos, tienes media hora para preguntar. Pero sólo media. Y sólo veinte preguntas. Ni una más. - Dijo ella. Estaba cansada y no iba a permitir que una maldita entrevista le quitara el poco rato libre que tenía sin citas.
Iván asintió y Julia se encogió de hombros.
- ¿Y? ¿No preguntas nada?
- ¿Porqué sólo veinte? - Dijo él, algo confundido. Preguntar y redactar no era su campo, él sólo fotografiaba el instante en una captura.
- ¿En serio quiere que te conteste? Si contesto a esa pregunta sólo te quedarán diecinueve… - Dijo ella sonriendo. Acabarían pronto.
- Está bien, esa no me la respondas. ¿Tienes novio?
#2
02/05/2009 14:28
Parte 2:
Julia resopló. ¿Y ahora a que venía esa pregunta? El pelo… ¡le estaba tomando el pelo!
Iván rió bajito e insistió:
- Resoplar no es una respuesta. - Julia le miró con mala cara. - Bueno… no soy periodista, pero creo que no hace falta serlo para saber eso ¿no?
- Siguiente pregunta. - Contestó ella. Nada de vida personal. No quería mezclarlo.
- Eso no se vale. - Insistió él. - Al menos deberías entretener a los lectores. Ya sabes… preguntándote las típicas preguntas no gano nada. Necesito algo nuevo.
- ¿Algo nuevo? - Julia le miró sorprendida. Poca gente sabía nada de ella. Sólo pocos amigos, su padre, su novio Leo… en fin, sólo los cercanos. Nunca comentaba nada personal en las pocas entrevistas que tuvo.
- Exacto, algo nuevo. Nadie sabe nada de tu personalidad, ni de tu vida social… Podría morir de aburrimiento aquí si no sé algo más de tu vida.
Julia sopló de nuevo. Algo nuevo, pensó. Tal vez debería dejar la imagen que intentaba aparentar hacia un lado, y mostrarse con más confianza con la gente…
- Sí. Tengo novio. – Respondió Julia con un suspiro.
- Bien. - dijo Iván. ¿Cómo no iba a tener novio? Pensó. Era lógico que alguien se hubiera fijado en ella… ¿Cómo no lo había pensado antes? Se sintió estúpidamente iluso al pensar que existía la más mínima posibilidad de que Julia se fijara en él. Por dios, era una mujer inteligente, no iba a dejar un momento su mundo para fijarse en el primero que pasara…
¿Bien? ¿Sólo se le ocurría decir “Bien”? Se sintió algo molesta y decepcionada por la respuesta de Iván… aunque, ¿qué más podría decir? Preguntar era su trabajo…
Siguieron con la entrevista y, al contrario de lo que Julia pensó en un principio, se sintió muy a gusto explicándole a Iván todo los aspectos de su vida. Iván preguntó todo tipo de preguntas, desde un “¿cuál es tu comida/canción/color favorito?”, “hasta un “¿Porqué elegiste psicología?” y eso le impresionó a Julia. Ese chico tenía un don, pensó. Había logrado sonsacarle su vida entera en menos de veinte preguntas. Hasta que empezaba a llegar el fin de la entrevista…
- Y si él, tu novio, te dejara ¿No intentarías hacer lo imposible para evitarlo?. ¿No te parecería el fin del mundo? - Preguntó él, volviendo al tema de pareja.
- Sólo te quedan cinco preguntas… si quieres que te conteste, sólo te quedarán tres… - Dijo Julia. Pobres lectores, los iba a aburrir con tanta pregunta estúpida. Eso se lo podría preguntar a cualquiera, y cualquiera sabría responder. ¿No podría preguntar algo a cerca de su profesión? Hacerle una entrevista a una psicóloga no era algo común, entonces, ¿no le deberías preguntar algo sobre su trabajo? ¿Alguna curiosidad?
- Respóndeme, se elegir las preguntas. - Dijo él con una sonrisa en los labios y sacando a Julia de su enfrentamiento mental.
- Si él quisiera dejarme, yo no haría nada. Prefiero estar sola que con alguien que no me quiera. Los escándalos y los jaleos no me gustan. Soy muy tranquila.
El silencio siguió a esta declaración. Mientras Julia se levantaba del sofá (casi toda la entrevista sucedió con Julia estirada allí, como si se tratara de una de sus sesiones con un paciente) para volver al sillón que estaba delante de Iván, éste observaba la oscura cabeza de la chica, su oscuro pelo, y al parecer, su oscura manera de pensar. Él intuía que bajo esa capa de profesionalidad y dureza que mostró ella durante casi toda la entrevista, había un ser apasionado y capaz de locuras.
- Ahh Julia, Julia. - Dijo, negando con la cabeza. - Me temo que tienes un problema de verdad. Es que no estás lo suficiente enamorada. Te falta encontrar el verdadero amor.
Julia le hizo una mueca, que pasó a una mirada asesina en segundos.
- ¡¡Ay!! - Dijo él. - Esa mirada me mata… Sólo era un comentario, lo siento.
- Me parece que no tienes derecho a opinar si no conoces de nada a mi novio. -Dijo ella, un tanto molesta.
Antes de que Iván abriese la boca para hablar Julia levantó el índice en el aire y le advirtió:
- Más te vale estar calladito respecto a ese tema, si no quieres que la entrevista se acabe en diecisiete preguntas...
Iván permaneció callado unos segundos, pero nunca se le había dado bien obedecer órdenes así que no le hizo caso y continuó preguntando.
- ¿Y a qué se dedica? ¿De qué lo conoces?
Julia siguió sin contestar, sólo le quedaban esas dos preguntas por responder y le había molestado la insinuación de que ella no quería a Leonardo.
Su amiga Elisa solía decir que el amor era como electricidad, como una sensación que te recorre y no te deja; pero a ella esta descripción le había parecido infantil, el amor tenía que ser algo más lógico.
Ella quería a Leonardo, confiaba en él y compartía muchas cosas en común; pero seguro que no sentía electricidad cuando lo besaba.
Estaba sumida en estos pensamientos cuando se dio cuenta que Iván le estaba hablando. Iván repitió la pregunta pacientemente.
- No hay una pequeña de posibilidad de que lo dejes, ¿verdad?
Iván negó con la cabeza, muy satisfecho por sacarla de quicio.
- ¿Cómo se llama?
- Se llama Leonardo, y es médico. Lo conocí en el hospital. - Respondió de un golpe seco, al instante, sin alargarse. Conoció a Leo en el hospital, porque ella pasaba por allí a menudo a visitar a su madre. Quiso contarle la historia a Iván, le había cogida bastante confianza al chico, pero se repitió mentalmente a sí misma, que ese hombre que tenía delante sólo le preguntaba única y exclusivamente por trabajo.
Terminó la entrevista y le la ayudó a levantarse del sillón en que se encontraba sentada unos momentos atrás. Notó el suave tacto de su mano y le recorrió por todo el cuerpo un escalofrío. Y decidió hablar.
- Me gustaría seguir con la entrevista, algún día. -Dijo el con una sonrisa, la quería volver a ver.
- Puedes preguntar por mí en recepción. Es mi consulta, así que suelo estar siempre por aquí. - Dijo ella, intentando sonar despreocupada.
Iván asintió y la miró con otra sonrisilla:- ¿Y puedo preguntar por ti aunque no se trate de una entrevista?
Julia no pudo evitar sonreír también y le contestó:
- Cuando el próximo de tus “compis” te deje plantado, avísame. No me lo perdería por nada del mundo.
Salieron del despacho y se encontraron con Roberto que estaba hablando con una de las personas más jóvenes de la consulta, Elisa, que lo miraba con una cara a su vez totalmente... singular. Cuando llegaron a su altura, Julia se fijó en que la chica le acababa de escribir un número de teléfono en un papel que Roberto se guardó rápidamente en el bolsillo.
- Ni siquiera cuando tu primo esta trabajando puedes parar de ligar. - Bromeó Iván.
- ¡Iván! - Exclamó Roberto. - Simplemente me dio el número de teléfono de su estética, me encanta tu look. -Respondió Roberto, volviendo a mirar a Elisa. Le dio un abrazo a Julia. - Gracias por atendernos tan rápido y hacernos caso.
- ¡De nada! ¿Cuánto tiempo te vas a quedare en la ciudad? ¿Regresáis pronto a Londres?
Roberto mantuvo un brazo sobre los hombros de Julia.
- Ahh pequeña india, te pensaba invitar a cenar para contarte mis planes. Así que tendrás que esperar a mañana.
- ¿Mañana? ¿Sábado? – Frunció el ceño pensativa.- Creo que tengo algo pendiente, pero lo arreglaré.
En aquel momento Leonardo apareció por el pasillo y se acercó al grupo. Julia lo observó andar hacia ellos. Pelirrojo, alto y demasiado delgado, con el pelo peinado tirante hacia atrás, avanzaba con seguridad mientras hablaba con la recepcionista, la cual había dejado su puesto para babosearle a su novio, pensó Julia.
Continuará…
Julia resopló. ¿Y ahora a que venía esa pregunta? El pelo… ¡le estaba tomando el pelo!
Iván rió bajito e insistió:
- Resoplar no es una respuesta. - Julia le miró con mala cara. - Bueno… no soy periodista, pero creo que no hace falta serlo para saber eso ¿no?
- Siguiente pregunta. - Contestó ella. Nada de vida personal. No quería mezclarlo.
- Eso no se vale. - Insistió él. - Al menos deberías entretener a los lectores. Ya sabes… preguntándote las típicas preguntas no gano nada. Necesito algo nuevo.
- ¿Algo nuevo? - Julia le miró sorprendida. Poca gente sabía nada de ella. Sólo pocos amigos, su padre, su novio Leo… en fin, sólo los cercanos. Nunca comentaba nada personal en las pocas entrevistas que tuvo.
- Exacto, algo nuevo. Nadie sabe nada de tu personalidad, ni de tu vida social… Podría morir de aburrimiento aquí si no sé algo más de tu vida.
Julia sopló de nuevo. Algo nuevo, pensó. Tal vez debería dejar la imagen que intentaba aparentar hacia un lado, y mostrarse con más confianza con la gente…
- Sí. Tengo novio. – Respondió Julia con un suspiro.
- Bien. - dijo Iván. ¿Cómo no iba a tener novio? Pensó. Era lógico que alguien se hubiera fijado en ella… ¿Cómo no lo había pensado antes? Se sintió estúpidamente iluso al pensar que existía la más mínima posibilidad de que Julia se fijara en él. Por dios, era una mujer inteligente, no iba a dejar un momento su mundo para fijarse en el primero que pasara…
¿Bien? ¿Sólo se le ocurría decir “Bien”? Se sintió algo molesta y decepcionada por la respuesta de Iván… aunque, ¿qué más podría decir? Preguntar era su trabajo…
Siguieron con la entrevista y, al contrario de lo que Julia pensó en un principio, se sintió muy a gusto explicándole a Iván todo los aspectos de su vida. Iván preguntó todo tipo de preguntas, desde un “¿cuál es tu comida/canción/color favorito?”, “hasta un “¿Porqué elegiste psicología?” y eso le impresionó a Julia. Ese chico tenía un don, pensó. Había logrado sonsacarle su vida entera en menos de veinte preguntas. Hasta que empezaba a llegar el fin de la entrevista…
- Y si él, tu novio, te dejara ¿No intentarías hacer lo imposible para evitarlo?. ¿No te parecería el fin del mundo? - Preguntó él, volviendo al tema de pareja.
- Sólo te quedan cinco preguntas… si quieres que te conteste, sólo te quedarán tres… - Dijo Julia. Pobres lectores, los iba a aburrir con tanta pregunta estúpida. Eso se lo podría preguntar a cualquiera, y cualquiera sabría responder. ¿No podría preguntar algo a cerca de su profesión? Hacerle una entrevista a una psicóloga no era algo común, entonces, ¿no le deberías preguntar algo sobre su trabajo? ¿Alguna curiosidad?
- Respóndeme, se elegir las preguntas. - Dijo él con una sonrisa en los labios y sacando a Julia de su enfrentamiento mental.
- Si él quisiera dejarme, yo no haría nada. Prefiero estar sola que con alguien que no me quiera. Los escándalos y los jaleos no me gustan. Soy muy tranquila.
El silencio siguió a esta declaración. Mientras Julia se levantaba del sofá (casi toda la entrevista sucedió con Julia estirada allí, como si se tratara de una de sus sesiones con un paciente) para volver al sillón que estaba delante de Iván, éste observaba la oscura cabeza de la chica, su oscuro pelo, y al parecer, su oscura manera de pensar. Él intuía que bajo esa capa de profesionalidad y dureza que mostró ella durante casi toda la entrevista, había un ser apasionado y capaz de locuras.
- Ahh Julia, Julia. - Dijo, negando con la cabeza. - Me temo que tienes un problema de verdad. Es que no estás lo suficiente enamorada. Te falta encontrar el verdadero amor.
Julia le hizo una mueca, que pasó a una mirada asesina en segundos.
- ¡¡Ay!! - Dijo él. - Esa mirada me mata… Sólo era un comentario, lo siento.
- Me parece que no tienes derecho a opinar si no conoces de nada a mi novio. -Dijo ella, un tanto molesta.
Antes de que Iván abriese la boca para hablar Julia levantó el índice en el aire y le advirtió:
- Más te vale estar calladito respecto a ese tema, si no quieres que la entrevista se acabe en diecisiete preguntas...
Iván permaneció callado unos segundos, pero nunca se le había dado bien obedecer órdenes así que no le hizo caso y continuó preguntando.
- ¿Y a qué se dedica? ¿De qué lo conoces?
Julia siguió sin contestar, sólo le quedaban esas dos preguntas por responder y le había molestado la insinuación de que ella no quería a Leonardo.
Su amiga Elisa solía decir que el amor era como electricidad, como una sensación que te recorre y no te deja; pero a ella esta descripción le había parecido infantil, el amor tenía que ser algo más lógico.
Ella quería a Leonardo, confiaba en él y compartía muchas cosas en común; pero seguro que no sentía electricidad cuando lo besaba.
Estaba sumida en estos pensamientos cuando se dio cuenta que Iván le estaba hablando. Iván repitió la pregunta pacientemente.
- No hay una pequeña de posibilidad de que lo dejes, ¿verdad?
Iván negó con la cabeza, muy satisfecho por sacarla de quicio.
- ¿Cómo se llama?
- Se llama Leonardo, y es médico. Lo conocí en el hospital. - Respondió de un golpe seco, al instante, sin alargarse. Conoció a Leo en el hospital, porque ella pasaba por allí a menudo a visitar a su madre. Quiso contarle la historia a Iván, le había cogida bastante confianza al chico, pero se repitió mentalmente a sí misma, que ese hombre que tenía delante sólo le preguntaba única y exclusivamente por trabajo.
Terminó la entrevista y le la ayudó a levantarse del sillón en que se encontraba sentada unos momentos atrás. Notó el suave tacto de su mano y le recorrió por todo el cuerpo un escalofrío. Y decidió hablar.
- Me gustaría seguir con la entrevista, algún día. -Dijo el con una sonrisa, la quería volver a ver.
- Puedes preguntar por mí en recepción. Es mi consulta, así que suelo estar siempre por aquí. - Dijo ella, intentando sonar despreocupada.
Iván asintió y la miró con otra sonrisilla:- ¿Y puedo preguntar por ti aunque no se trate de una entrevista?
Julia no pudo evitar sonreír también y le contestó:
- Cuando el próximo de tus “compis” te deje plantado, avísame. No me lo perdería por nada del mundo.
Salieron del despacho y se encontraron con Roberto que estaba hablando con una de las personas más jóvenes de la consulta, Elisa, que lo miraba con una cara a su vez totalmente... singular. Cuando llegaron a su altura, Julia se fijó en que la chica le acababa de escribir un número de teléfono en un papel que Roberto se guardó rápidamente en el bolsillo.
- Ni siquiera cuando tu primo esta trabajando puedes parar de ligar. - Bromeó Iván.
- ¡Iván! - Exclamó Roberto. - Simplemente me dio el número de teléfono de su estética, me encanta tu look. -Respondió Roberto, volviendo a mirar a Elisa. Le dio un abrazo a Julia. - Gracias por atendernos tan rápido y hacernos caso.
- ¡De nada! ¿Cuánto tiempo te vas a quedare en la ciudad? ¿Regresáis pronto a Londres?
Roberto mantuvo un brazo sobre los hombros de Julia.
- Ahh pequeña india, te pensaba invitar a cenar para contarte mis planes. Así que tendrás que esperar a mañana.
- ¿Mañana? ¿Sábado? – Frunció el ceño pensativa.- Creo que tengo algo pendiente, pero lo arreglaré.
En aquel momento Leonardo apareció por el pasillo y se acercó al grupo. Julia lo observó andar hacia ellos. Pelirrojo, alto y demasiado delgado, con el pelo peinado tirante hacia atrás, avanzaba con seguridad mientras hablaba con la recepcionista, la cual había dejado su puesto para babosearle a su novio, pensó Julia.
Continuará…
#3
02/05/2009 14:29
Parte 3
Leonardo se quedo mirando a Roberto e Iván con aires de superioridad, pero intentando disimular. Roberto también miraba a Leo, pero con otra expresión bien distinta. Se habían conocido en una visita a Londres en el verano anterior cuando Julia y Leonardo decidieron pasar sus vacaciones allí, pero Julia sabía que no se llevaban bien. Roberto pensaba que Leo era un egocéntrico presumido, y por otra parte Leo no soportaba que alguien le llevase la contraria, algo en lo que Roberto era especialista.
- ¡Hola cariño! Roberto, que bueno verte- dijo tendiéndole la mano. Roberto la aceptó.
- Leo este es Iván, el primo de Roberto.- Dijo Julia. Iván alzó la mano pero Leonardo no, de modo que el pobre Iván se encontró con la mano en el aire.
- Julia, llegamos tarde al restaurante, Tenemos cita a las ocho, y son menos diez. Te espero en el coche.- Y así se marchó Leo, ignorando a los dos chicos que lo miraban de manera poco amistosa.
- Me extraña que no sientas náuseas cuando le besas. - Susurró Iván. Julia no le oyó, pero Roberto sí, y soltó una pequeña carcajada.
- Bueno Julia, no te entretengo más. Tu noviecito “Dios” te necesita. Te llamo mañana y te confirmo el local.
Julia asintió y le dio dos besos a Roberto y un abrazo. Y se volvió hacia Iván que la miraba fijamente, y aún antes de saber lo que hacía, le dio un abrazo que aunque para los demás sólo duro un segundo, para ella fue eterno. Se apartó bruscamente y se marchó despidiéndose con la mano.
Iván se quedó parado y sorprendido, y Roberto, que lo miraba, le dijo:
- Te gusta ¿verdad?
- Nooo. ¡Por Dios! Tiene novio y ya sabes que yo eso lo respeto.- Dijo Iván.
- ¡Ja! Te gusta y, me atrevería a decir que mucho. Yo ya he visto esa mirada antes. Y también sabes que nada de te detiene.- dijo Roberto con una sonrisa en el rostro.
Iván se encogió de hombros y le respondió.
- Robertito, me parece que estás mal. Lo de la mirada extraña se debe a que me he quedado un poco impresionado por la confianza de tu amiga, nada más. En este momento estoy casi muerto de cansancio, así que vamos a tu casa.
Sábado, día siguiente…
Elisa se inclinó sobre uno de sus hijos. Miguel, que así se llamaba, era un tremendo terremoto, pero su madre lo notó extraño, esa mañana estuvo demasiado tranquilo… ¿Qué estaría tramando?. El niño sonrió y alargó la mano para jugar con un mechón de pelo rubio de su madre que caía en ondas. Elsa lo dejó hacer porque así se distraía. Al terminar de “revisar” el estado sospechoso de su hijo, le dio un caramelo y estaba a punto de dejar la habitación cuando un terremoto más mayor que Miguel entró por la puerta.
Julia se sentó al suelo, a los pies del niño, que este a su vez dejó el mechón de su madre y cogió uno de su madrina, Julia.
- ¿Se puede saber qué haces aquí? Creía que descansabas hoy amiga. - Dijo sorprendida Elisa.
-¿Qué siente cuando una está enamorada?- le espetó Julia.
Elisa la miró suspicaz.:- Ahora te interesan mis “tonterías” como tú las llamas. Por Dios Julia, se puede saber qué tienes.
- Dímelo otra vez, por favor. - Pidió Julia con voz preocupada. Elisa vio su cara cansada, probablemente su amiga no había dormido por culpa de su vecino… maldito vecino.
Elisa suspiró y se sentó a su lado mientras Miguel chupaba alegremente el caramelo y jugueteaba con un bolígrafo de de su madre.
- El cuerpo se estremece, y el mundo se para y todo parece estupendo, y de repente…
- ...Tienes ganas de quedarte junto a esa persona para siempre. - Terminó la frase Julia.
Elisa asintió con la cabeza y miró de reojo a su amiga.
- No me digas que has sentido ESO con Leonardo.
Julia abrió la boca para contestar, pero se quedó mirando al infinito recordando la sensación…. La sensación de…. Pertenencia, eso era…. Pertenecía a ese abrazo. Al que le había dado a Iván.
- En realidad… Hummm… No. Es sólo que quería que me lo volvieses a explicar…. Porque…umhh…
En ese momento el mismísimo Leonardo abrió de un golpe la puerta de la habitación para sorpresa de los 3. El pequeño Miguel, que consideró que Leo no era buena compañía, comenzó a protestar a voz en cuello, con una claridad increíble para un niño de 4 años.
- ¿Se puede saber que diantre es ESTO?- Dijo o más bien gritó Leo enfadado, moviendo un papel delante de la cara de Julia.
- ¿Cómo sabías que estaba aquí?- Dijo Julia sorprendida.
- Llamé a casa y no estabas. Tu coche está en el parking todavía, así que como te la pasas con Elisa, sólo me quedaba mirar en el despacho de tu aprendiz. - Contestó Leo de malas maneras. - Pero esa no es la pregunta Julia. La pregunta es otra. Me podrías explicar qué es esta nota.
Elisa intentaba calmar a Miguel que, a cada grito de Leo, gritaba también.
- Es una nota para avisarte de que Roberto nos ha invitado a cenar mañana. Es una fiesta en el local de Martín. Ya sabes el que tiene la pista de baile… - Pero Leo la cortó.
- A veces pienso que eres un poco tonta Julia. - La interrumpió Leo. - No te acuerdas que tengo, que tenemos, una cena con mi jefe. Intento conseguir un ascenso por si te interesa, aunque ya veo que no.
Julia se quedó sentada en la silla que tenía justo detrás. Era cierto, ahora recordaba una mañana de la semana anterior en su cocina, cuando Leo le había comentado algo de esta cena. Se sentía como una estúpida. ¡Mira que no recordarlo!.
- Lo siento, yo… No sabía en qué estaba pensando.
- En nada, Julia, en nada. A veces me parece que no piensas.
Julia se quedó con la boca abierta. Nadie le había hablado así nunca.
- ¡FUERAAAA! ¡Ahora mismo!
Julia y Leo miraron sorprendidos a Elisa que, hecha una furia, señalaba la puerta a Leonardo.
– NO tolero que vengas a mi despacho, donde por cierto, hay un niño, a gritar, pero lo que de verdad no aguanto es que ¡insultes a mi amiga! - Elisa pareció serenarse, y en voz baja pero segura, siguió. - Aire, aire Leonardo, ¡Esfúmate!.
Leonardo la miró mal y cerró la puerta con un portazo, tal y como había entrado.
- Ese tipo es un imbécil, Julia, no se como lo aguantes, de verdad.- dijo Elisa pasando un brazo alrededor de los hombros de su amiga y acercándose a ella.
- No es tan malo. - Elisa la miró con incredulidad. - Es sólo que está estresado. No es así, de verdad.
Elisa bufó e insultó por lo bajo a Leo. Julia estaba cansada, 24 horas sin dormir por culpa de una fiesta, eran muchas para ella, y lo único que quería era su cama, no tenía ganas de discutir. Vivía compartiendo jardín con su vecino, y al estar las casas prácticamente juntas, escuchaba cualquier suspiro de ese reciente “ex-adolescente” de veinte años. Elisa, por su parte, estaba intrigada por los motivos de su amiga para permanecer despierta tanto tiempo sólo para preguntarle sobre el amor. Decidió cambiar de tema.
- ¿Te apetece que vaya yo contigo esta noche? Soy más simpática que Leonardo. Y también más guapa - Añadió, para hacerla reír.
Lo consiguió porque Julia asintió con una risita.
- Está bien, a Roberto seguro que le gustará más hablar de moda, estética y tíos buenos contigo que volver a ver a Leo. - Se rió un poco más. - De hecho… ¡Lo odia!
Elisa no quería decirle nada a su amiga, pero ella hacía tiempo que odiaba a Leo, y sintió que Roberto tenía toda la razón del mundo.
Continuará... ^^
Leonardo se quedo mirando a Roberto e Iván con aires de superioridad, pero intentando disimular. Roberto también miraba a Leo, pero con otra expresión bien distinta. Se habían conocido en una visita a Londres en el verano anterior cuando Julia y Leonardo decidieron pasar sus vacaciones allí, pero Julia sabía que no se llevaban bien. Roberto pensaba que Leo era un egocéntrico presumido, y por otra parte Leo no soportaba que alguien le llevase la contraria, algo en lo que Roberto era especialista.
- ¡Hola cariño! Roberto, que bueno verte- dijo tendiéndole la mano. Roberto la aceptó.
- Leo este es Iván, el primo de Roberto.- Dijo Julia. Iván alzó la mano pero Leonardo no, de modo que el pobre Iván se encontró con la mano en el aire.
- Julia, llegamos tarde al restaurante, Tenemos cita a las ocho, y son menos diez. Te espero en el coche.- Y así se marchó Leo, ignorando a los dos chicos que lo miraban de manera poco amistosa.
- Me extraña que no sientas náuseas cuando le besas. - Susurró Iván. Julia no le oyó, pero Roberto sí, y soltó una pequeña carcajada.
- Bueno Julia, no te entretengo más. Tu noviecito “Dios” te necesita. Te llamo mañana y te confirmo el local.
Julia asintió y le dio dos besos a Roberto y un abrazo. Y se volvió hacia Iván que la miraba fijamente, y aún antes de saber lo que hacía, le dio un abrazo que aunque para los demás sólo duro un segundo, para ella fue eterno. Se apartó bruscamente y se marchó despidiéndose con la mano.
Iván se quedó parado y sorprendido, y Roberto, que lo miraba, le dijo:
- Te gusta ¿verdad?
- Nooo. ¡Por Dios! Tiene novio y ya sabes que yo eso lo respeto.- Dijo Iván.
- ¡Ja! Te gusta y, me atrevería a decir que mucho. Yo ya he visto esa mirada antes. Y también sabes que nada de te detiene.- dijo Roberto con una sonrisa en el rostro.
Iván se encogió de hombros y le respondió.
- Robertito, me parece que estás mal. Lo de la mirada extraña se debe a que me he quedado un poco impresionado por la confianza de tu amiga, nada más. En este momento estoy casi muerto de cansancio, así que vamos a tu casa.
Sábado, día siguiente…
Elisa se inclinó sobre uno de sus hijos. Miguel, que así se llamaba, era un tremendo terremoto, pero su madre lo notó extraño, esa mañana estuvo demasiado tranquilo… ¿Qué estaría tramando?. El niño sonrió y alargó la mano para jugar con un mechón de pelo rubio de su madre que caía en ondas. Elsa lo dejó hacer porque así se distraía. Al terminar de “revisar” el estado sospechoso de su hijo, le dio un caramelo y estaba a punto de dejar la habitación cuando un terremoto más mayor que Miguel entró por la puerta.
Julia se sentó al suelo, a los pies del niño, que este a su vez dejó el mechón de su madre y cogió uno de su madrina, Julia.
- ¿Se puede saber qué haces aquí? Creía que descansabas hoy amiga. - Dijo sorprendida Elisa.
-¿Qué siente cuando una está enamorada?- le espetó Julia.
Elisa la miró suspicaz.:- Ahora te interesan mis “tonterías” como tú las llamas. Por Dios Julia, se puede saber qué tienes.
- Dímelo otra vez, por favor. - Pidió Julia con voz preocupada. Elisa vio su cara cansada, probablemente su amiga no había dormido por culpa de su vecino… maldito vecino.
Elisa suspiró y se sentó a su lado mientras Miguel chupaba alegremente el caramelo y jugueteaba con un bolígrafo de de su madre.
- El cuerpo se estremece, y el mundo se para y todo parece estupendo, y de repente…
- ...Tienes ganas de quedarte junto a esa persona para siempre. - Terminó la frase Julia.
Elisa asintió con la cabeza y miró de reojo a su amiga.
- No me digas que has sentido ESO con Leonardo.
Julia abrió la boca para contestar, pero se quedó mirando al infinito recordando la sensación…. La sensación de…. Pertenencia, eso era…. Pertenecía a ese abrazo. Al que le había dado a Iván.
- En realidad… Hummm… No. Es sólo que quería que me lo volvieses a explicar…. Porque…umhh…
En ese momento el mismísimo Leonardo abrió de un golpe la puerta de la habitación para sorpresa de los 3. El pequeño Miguel, que consideró que Leo no era buena compañía, comenzó a protestar a voz en cuello, con una claridad increíble para un niño de 4 años.
- ¿Se puede saber que diantre es ESTO?- Dijo o más bien gritó Leo enfadado, moviendo un papel delante de la cara de Julia.
- ¿Cómo sabías que estaba aquí?- Dijo Julia sorprendida.
- Llamé a casa y no estabas. Tu coche está en el parking todavía, así que como te la pasas con Elisa, sólo me quedaba mirar en el despacho de tu aprendiz. - Contestó Leo de malas maneras. - Pero esa no es la pregunta Julia. La pregunta es otra. Me podrías explicar qué es esta nota.
Elisa intentaba calmar a Miguel que, a cada grito de Leo, gritaba también.
- Es una nota para avisarte de que Roberto nos ha invitado a cenar mañana. Es una fiesta en el local de Martín. Ya sabes el que tiene la pista de baile… - Pero Leo la cortó.
- A veces pienso que eres un poco tonta Julia. - La interrumpió Leo. - No te acuerdas que tengo, que tenemos, una cena con mi jefe. Intento conseguir un ascenso por si te interesa, aunque ya veo que no.
Julia se quedó sentada en la silla que tenía justo detrás. Era cierto, ahora recordaba una mañana de la semana anterior en su cocina, cuando Leo le había comentado algo de esta cena. Se sentía como una estúpida. ¡Mira que no recordarlo!.
- Lo siento, yo… No sabía en qué estaba pensando.
- En nada, Julia, en nada. A veces me parece que no piensas.
Julia se quedó con la boca abierta. Nadie le había hablado así nunca.
- ¡FUERAAAA! ¡Ahora mismo!
Julia y Leo miraron sorprendidos a Elisa que, hecha una furia, señalaba la puerta a Leonardo.
– NO tolero que vengas a mi despacho, donde por cierto, hay un niño, a gritar, pero lo que de verdad no aguanto es que ¡insultes a mi amiga! - Elisa pareció serenarse, y en voz baja pero segura, siguió. - Aire, aire Leonardo, ¡Esfúmate!.
Leonardo la miró mal y cerró la puerta con un portazo, tal y como había entrado.
- Ese tipo es un imbécil, Julia, no se como lo aguantes, de verdad.- dijo Elisa pasando un brazo alrededor de los hombros de su amiga y acercándose a ella.
- No es tan malo. - Elisa la miró con incredulidad. - Es sólo que está estresado. No es así, de verdad.
Elisa bufó e insultó por lo bajo a Leo. Julia estaba cansada, 24 horas sin dormir por culpa de una fiesta, eran muchas para ella, y lo único que quería era su cama, no tenía ganas de discutir. Vivía compartiendo jardín con su vecino, y al estar las casas prácticamente juntas, escuchaba cualquier suspiro de ese reciente “ex-adolescente” de veinte años. Elisa, por su parte, estaba intrigada por los motivos de su amiga para permanecer despierta tanto tiempo sólo para preguntarle sobre el amor. Decidió cambiar de tema.
- ¿Te apetece que vaya yo contigo esta noche? Soy más simpática que Leonardo. Y también más guapa - Añadió, para hacerla reír.
Lo consiguió porque Julia asintió con una risita.
- Está bien, a Roberto seguro que le gustará más hablar de moda, estética y tíos buenos contigo que volver a ver a Leo. - Se rió un poco más. - De hecho… ¡Lo odia!
Elisa no quería decirle nada a su amiga, pero ella hacía tiempo que odiaba a Leo, y sintió que Roberto tenía toda la razón del mundo.
Continuará... ^^
#4
02/05/2009 14:29
Parte 4
Sábado, 21.30h
Julia había pasado parte de la mañana en el hospital, visitando a su madre y saludando a los que trabajaban en ese lugar, que ya se lo recorría de memoria.
El resto de la tarde la pasó discutiendo con Leonardo y la otra parte decidiendo qué ponerse. Se miró al espejo y sonrió satisfecha al reflejo que le devolvía. Pasó la mano por la seda del vestido y pensó que definitivamente el azul era su color. El vestido, uno de sus favoritos, le quedaba como un guante, tenía un escote un poco demasiado bajo para su gusto, pero se veía muy, muy bien.
Procuró no pensar en la última vez que se lo había puesto, -una cena con Leo- y no recordar las palabras –nada amables- de su novio cuando le insinuó que el podía ir a la cena con su jefe, mientras que ella salía con Roberto y los demás. Salió por el jardín, y pudo observar cómo su molesto vecino empaquetaba sus cosas.
- ¿Te vas? - Preguntó Julia, intentando ocultar su alegría, pero no disimuló bien…
- Sí, ya no molestaré más. - Dijo él, en tono borde. - Me voy a la casa de mis padres, en la playa. Allí hay mejor ambiente.
- Y ¿Qué vas a hacer con esta casa? - Dijo Julia, interesada. Pasó olímpicamente de sus borderías, esa sería la última vez que lo vería, pensó.
- La alquilaré. Al primero que esté dispuesto a vivir compartiendo jardín… y quejas constantemente. - Dijo él.
- Un poco borde para ser tan joven ¿No? - Susurró Julia, pero el chico no la oyó.
Elisa paró el coche frente al portal y llamó a Julia.
La chica, que dejó a su hijo con su abuela, apenas tenía veinticuatro años, y era una madre envidiable. A los veinte se quedó embarazada de su novio, pero éste la dejo para estar con otra, aun sabiendo que iban a esperar un bebé. Elisa no volvió a saber nunca más de aquel desgraciado, y sacó fuerzas para salir adelante, siempre con Julia a su lado.
En ese momento, Julia subió al coche, sacándola de sus recuerdos.
- Vamos bien de tiempo ¿verdad? - preguntó Elisa. Julia sonrió, Elisa siempre intentaba ser puntual. - ¡Vaya qué guapa te ves Julia! ¡Estás espectacular!
Se rieron y Julia le contestó con otro piropo.
- ¡Tú sí que vas espectacular! Ese vestido es… ¡de infarto!
Y no exageraba, plateado, bastante corto y con toda la espalda al aire. Elisa simplemente quitaba la respiración. Debido a que su amiga era siempre tan natural, solía olvidar lo guapísima que era Elisa, a pesar de haber estado embarazada.
- ¿Sabías? Acabo de recibir una de las mejores noticias que he podido tener en la vida… - Dijo Julia, poniéndole emoción al asunto.
- ¡Va! ¿Pues a que esperas para contármela?
- Dormir… ¿Magnífica palabra no? Y su significado también… - Dijo Julia, sonriendo. - ¡El crío de mi vecino se larga! ¡Por fin!
Y así, entre bromas, llegaron al local de Martín, un antiguo compañero del colegio y amigo común de Julia y Roberto. Se sorprendieron al encontrar el local lleno de gente.
- ¡Oh, cuánta gente! No los vamos a encontrar nunca. - Dijo Elisa.
- No te preocupes, siempre me encuentran a mí antes. - Julia señalo su vestido, y luego el de su amiga. - Estamos relucientes. - Dijo, guiñándole un ojo a su amiga.
Y la verdad es que Julia tenía razón, porque en ese mismo momento dos chicos que estaban entre un grupo personas llevaban 20 minutos vigilando la puerta, y los dos las vieron entrar en el local.
- Ya está aquí Julia. - dijo Iván dándole un codazo suave a Roberto, quién ya se había dado cuenta de eso. Bueno, para ser sinceros, se había dado cuenta de muchas cosas más, como por ejemplo de la presencia de la amiga de Julia, con la que recordó hablar el día anterior en la consulta.
- ¡Sí! Y me ha traído alguien con quién hablar un rato de cosas que no sean fútbol, deportes y más fútbol - Dijo Roberto, echándole una mirada asesina a Iván. Y acto seguido se arregló el pelo, preparándose para la noche, que de repente se había vuelto mucho más interesante.
Iván, que misteriosamente no podía parar de mirar a Julia, sonrió al ver como ésta los buscaba entre la gente. En el mismo instante en que sus miradas se cruzaron se acordó de la sensación que tuvo al abrazarla la mañana anterior.
Julia los vio avanzar hacia ellas y aunque Roberto caminaba el primero, quién más le llamaba la atención era Iván, que estaba… ¡Como un tren!. La frasecita de su adolescencia, y que hacía tanto que no usaba, la hizo sonreír. No es Julia fuera muy mayor -apenas tenía veinticinco años- pero sonrió aun más por conseguir dejar a un lado los pensamientos tan “fríos y profesionales” que tenía a menudo. Esa noche era para festejar ¿no?
- ¡Hola Julia! –Dijo Roberto dándole un abrazo.- Me alegro de que hayas podido venir, por cierto ¿Dónde está Leonardo?
- No me hables de él. Estoy aquí de milagro…. Leo tenía…ehem…otros planes. - Contestó Julia un poco triste.
- ¡Oh, vaya… cuánto lo siento! Es una pena - dijo Roberto con una sonrisa traviesa.
- No, no lo sientes nada. - Se rió Julia. - De todas formas tengo mejor compañía. Roberto, Iván, os presento a Elisa, es una compañera de trabajo. Creo que ya os conocisteis ayer ¿no?
Roberto, harto de la sosa conversación que mantenía con su primo sobre deportes, exhibió la mejor de sus sonrisas y le ofreció una copa a Elisa, llevándosela a hablar a otro lugar más apartado dejando a Julia e Iván solos en medio del gentío.
Iván le ofreció el brazo a Julia, y ella se lo pensó unos segundos antes de tocarlo, pero al final lo aceptó.
- ¿Siempre hace eso de dejarnos así de abandonados?- le preguntó a Iván.
- Bueno, la verdad, sí.- Iván se rió de buena gana.- Creo que no le gusta mucho el fútbol. De todas formas me ha dejado con la única compañía que podría desear esta noche.
Julia sentía el calor del cuerpo de Iván a través de la manga de la chaqueta de él, y no pudo evitar pensar en la sensación cálida que partía de su brazo y subía por él.
Decidió ignorar el comentario de él y le preguntó en cambio:
- ¿Cómo ha salido la entrevista? ¿La has presentado ya a tus jefes?
Iván se encogió de hombros y le respondió.
- Bien, sólo que no quieren que las haga yo. - dijo riendo. - Prefieren que me dedique sólo a la fotografía. Pero he aprendido la lección: Nada de entrometerme en el trabajo de los demás, sólo hacer fotos.
Ella se rió.
-No creo que te sea fácil ganarse la vida sólo con eso, ¿No crees?
Él asintió, y pareció reflexionar sobre el asunto, aunque en realidad solo estaba bromeando.
- Bueno, entonces intentaré que no me dejen colgado ni una sola vez más, con eso me conformo.
- Vaya eres un chico fácil de complacer… -dijo Julia.
- No te creas, en realidad me gustan pocas cosas… -contestó Iván pensativo, y la miró intensamente. Julia agradeció la poca iluminación del club, porque había empezado a sonrojarse, para su absoluta sorpresa ya que desde el colegio que no se sonrojaba.
- En realidad, sólo me gustan las cosas… las personas excepcionales. - Continuó Iván, con otra mirada fija.
Julia sintió un escalofrío que le recorrió la espalda, pero en lugar de resultarle desagradable, le gustó.
Cuando llegaron a la altura de Elisa y Roberto, vieron que éste ya tenía bebidas y copas para todos, Julia reconoció a gente del colegio y a algunos compañeros de Roberto de la universidad, pero Roberto parecía haber olvidado a todos y estaba poniendo toda su atención en Elisa, que aunque sonriente, parecía algo sorprendida. Parecía que habían congeniado.
- Bueno Roberto, me contarás tus planes de una vez ¿no? - Preguntó Julia divertida.
- Este... Claro. Pero primero tenemos que brindar. - Dijo Roberto sirviendo copas de champán. Todos se rieron y esperaron hasta que Roberto habló levantando su copa:
- “Juntos pero no revueltos” de Londres ha empezado la conquista de toda Europa y ha decidido abrir una oficina aquí en Madrid… Y por supuesto el modelo estrella encargado de hacerlo soy… ¡Yo!
Continuará…
Sábado, 21.30h
Julia había pasado parte de la mañana en el hospital, visitando a su madre y saludando a los que trabajaban en ese lugar, que ya se lo recorría de memoria.
El resto de la tarde la pasó discutiendo con Leonardo y la otra parte decidiendo qué ponerse. Se miró al espejo y sonrió satisfecha al reflejo que le devolvía. Pasó la mano por la seda del vestido y pensó que definitivamente el azul era su color. El vestido, uno de sus favoritos, le quedaba como un guante, tenía un escote un poco demasiado bajo para su gusto, pero se veía muy, muy bien.
Procuró no pensar en la última vez que se lo había puesto, -una cena con Leo- y no recordar las palabras –nada amables- de su novio cuando le insinuó que el podía ir a la cena con su jefe, mientras que ella salía con Roberto y los demás. Salió por el jardín, y pudo observar cómo su molesto vecino empaquetaba sus cosas.
- ¿Te vas? - Preguntó Julia, intentando ocultar su alegría, pero no disimuló bien…
- Sí, ya no molestaré más. - Dijo él, en tono borde. - Me voy a la casa de mis padres, en la playa. Allí hay mejor ambiente.
- Y ¿Qué vas a hacer con esta casa? - Dijo Julia, interesada. Pasó olímpicamente de sus borderías, esa sería la última vez que lo vería, pensó.
- La alquilaré. Al primero que esté dispuesto a vivir compartiendo jardín… y quejas constantemente. - Dijo él.
- Un poco borde para ser tan joven ¿No? - Susurró Julia, pero el chico no la oyó.
Elisa paró el coche frente al portal y llamó a Julia.
La chica, que dejó a su hijo con su abuela, apenas tenía veinticuatro años, y era una madre envidiable. A los veinte se quedó embarazada de su novio, pero éste la dejo para estar con otra, aun sabiendo que iban a esperar un bebé. Elisa no volvió a saber nunca más de aquel desgraciado, y sacó fuerzas para salir adelante, siempre con Julia a su lado.
En ese momento, Julia subió al coche, sacándola de sus recuerdos.
- Vamos bien de tiempo ¿verdad? - preguntó Elisa. Julia sonrió, Elisa siempre intentaba ser puntual. - ¡Vaya qué guapa te ves Julia! ¡Estás espectacular!
Se rieron y Julia le contestó con otro piropo.
- ¡Tú sí que vas espectacular! Ese vestido es… ¡de infarto!
Y no exageraba, plateado, bastante corto y con toda la espalda al aire. Elisa simplemente quitaba la respiración. Debido a que su amiga era siempre tan natural, solía olvidar lo guapísima que era Elisa, a pesar de haber estado embarazada.
- ¿Sabías? Acabo de recibir una de las mejores noticias que he podido tener en la vida… - Dijo Julia, poniéndole emoción al asunto.
- ¡Va! ¿Pues a que esperas para contármela?
- Dormir… ¿Magnífica palabra no? Y su significado también… - Dijo Julia, sonriendo. - ¡El crío de mi vecino se larga! ¡Por fin!
Y así, entre bromas, llegaron al local de Martín, un antiguo compañero del colegio y amigo común de Julia y Roberto. Se sorprendieron al encontrar el local lleno de gente.
- ¡Oh, cuánta gente! No los vamos a encontrar nunca. - Dijo Elisa.
- No te preocupes, siempre me encuentran a mí antes. - Julia señalo su vestido, y luego el de su amiga. - Estamos relucientes. - Dijo, guiñándole un ojo a su amiga.
Y la verdad es que Julia tenía razón, porque en ese mismo momento dos chicos que estaban entre un grupo personas llevaban 20 minutos vigilando la puerta, y los dos las vieron entrar en el local.
- Ya está aquí Julia. - dijo Iván dándole un codazo suave a Roberto, quién ya se había dado cuenta de eso. Bueno, para ser sinceros, se había dado cuenta de muchas cosas más, como por ejemplo de la presencia de la amiga de Julia, con la que recordó hablar el día anterior en la consulta.
- ¡Sí! Y me ha traído alguien con quién hablar un rato de cosas que no sean fútbol, deportes y más fútbol - Dijo Roberto, echándole una mirada asesina a Iván. Y acto seguido se arregló el pelo, preparándose para la noche, que de repente se había vuelto mucho más interesante.
Iván, que misteriosamente no podía parar de mirar a Julia, sonrió al ver como ésta los buscaba entre la gente. En el mismo instante en que sus miradas se cruzaron se acordó de la sensación que tuvo al abrazarla la mañana anterior.
Julia los vio avanzar hacia ellas y aunque Roberto caminaba el primero, quién más le llamaba la atención era Iván, que estaba… ¡Como un tren!. La frasecita de su adolescencia, y que hacía tanto que no usaba, la hizo sonreír. No es Julia fuera muy mayor -apenas tenía veinticinco años- pero sonrió aun más por conseguir dejar a un lado los pensamientos tan “fríos y profesionales” que tenía a menudo. Esa noche era para festejar ¿no?
- ¡Hola Julia! –Dijo Roberto dándole un abrazo.- Me alegro de que hayas podido venir, por cierto ¿Dónde está Leonardo?
- No me hables de él. Estoy aquí de milagro…. Leo tenía…ehem…otros planes. - Contestó Julia un poco triste.
- ¡Oh, vaya… cuánto lo siento! Es una pena - dijo Roberto con una sonrisa traviesa.
- No, no lo sientes nada. - Se rió Julia. - De todas formas tengo mejor compañía. Roberto, Iván, os presento a Elisa, es una compañera de trabajo. Creo que ya os conocisteis ayer ¿no?
Roberto, harto de la sosa conversación que mantenía con su primo sobre deportes, exhibió la mejor de sus sonrisas y le ofreció una copa a Elisa, llevándosela a hablar a otro lugar más apartado dejando a Julia e Iván solos en medio del gentío.
Iván le ofreció el brazo a Julia, y ella se lo pensó unos segundos antes de tocarlo, pero al final lo aceptó.
- ¿Siempre hace eso de dejarnos así de abandonados?- le preguntó a Iván.
- Bueno, la verdad, sí.- Iván se rió de buena gana.- Creo que no le gusta mucho el fútbol. De todas formas me ha dejado con la única compañía que podría desear esta noche.
Julia sentía el calor del cuerpo de Iván a través de la manga de la chaqueta de él, y no pudo evitar pensar en la sensación cálida que partía de su brazo y subía por él.
Decidió ignorar el comentario de él y le preguntó en cambio:
- ¿Cómo ha salido la entrevista? ¿La has presentado ya a tus jefes?
Iván se encogió de hombros y le respondió.
- Bien, sólo que no quieren que las haga yo. - dijo riendo. - Prefieren que me dedique sólo a la fotografía. Pero he aprendido la lección: Nada de entrometerme en el trabajo de los demás, sólo hacer fotos.
Ella se rió.
-No creo que te sea fácil ganarse la vida sólo con eso, ¿No crees?
Él asintió, y pareció reflexionar sobre el asunto, aunque en realidad solo estaba bromeando.
- Bueno, entonces intentaré que no me dejen colgado ni una sola vez más, con eso me conformo.
- Vaya eres un chico fácil de complacer… -dijo Julia.
- No te creas, en realidad me gustan pocas cosas… -contestó Iván pensativo, y la miró intensamente. Julia agradeció la poca iluminación del club, porque había empezado a sonrojarse, para su absoluta sorpresa ya que desde el colegio que no se sonrojaba.
- En realidad, sólo me gustan las cosas… las personas excepcionales. - Continuó Iván, con otra mirada fija.
Julia sintió un escalofrío que le recorrió la espalda, pero en lugar de resultarle desagradable, le gustó.
Cuando llegaron a la altura de Elisa y Roberto, vieron que éste ya tenía bebidas y copas para todos, Julia reconoció a gente del colegio y a algunos compañeros de Roberto de la universidad, pero Roberto parecía haber olvidado a todos y estaba poniendo toda su atención en Elisa, que aunque sonriente, parecía algo sorprendida. Parecía que habían congeniado.
- Bueno Roberto, me contarás tus planes de una vez ¿no? - Preguntó Julia divertida.
- Este... Claro. Pero primero tenemos que brindar. - Dijo Roberto sirviendo copas de champán. Todos se rieron y esperaron hasta que Roberto habló levantando su copa:
- “Juntos pero no revueltos” de Londres ha empezado la conquista de toda Europa y ha decidido abrir una oficina aquí en Madrid… Y por supuesto el modelo estrella encargado de hacerlo soy… ¡Yo!
Continuará…
#5
02/05/2009 14:30
Parte 5
- ¡Cómo no! Claro… Roberto, el Conquistador - Dijo Iván, y todos rieron la gracia.
- ¡Eso es estupendo! Volveremos a estar todos juntos.¿Cuándo comienza tu reinado, rey? - Dijo Julia, imitando el tono de voz de Iván.
Roberto sonrió una vez más.
- Dentro de un mes. - Comentó orgulloso de sí mismo. - Ya hemos encontrado el edificio para hacer las oficinas, y estamos finalizando el proyecto. Hasta entonces estoy de vacaciones.
Siguieron gran parte de la fiesta bailando y riendo. Julia estaba encantada, no sólo porque Roberto regresara a la ciudad sino también porque estaba volviendo a vera a amigos del colegio. Por ejemplo a Martín, el dueño del local. Martín era un buen tipo, alegre, inteligente, atractivo… pero todos tienen algún problema ¿no?. Pues sí, Martín tenía un pequeño problema… demasiado mujeriego. Pero a pesar de todo, era incapaz de herir a una mujer. Trabajaba en el local algún fin de semana (era el negocio familiar, debía ayudar a la familia) pero ese no era su verdadera vocación. Era pediatra. Y Julia estaba sorprendida, porque, al parecer, Elisa y Martín no se conocían de nada (hasta esa noche) y eso que Elisa llevaba a Miguelito cada dos por tres al hospital, ya que el niño era muy nervioso, y constantemente se metía en líos y se hería.
- ¿Quieres bailar? - le pregunto Iván de improviso, y tan sorprendida estaba que no se pudo negar… ¿ O no quería negárselo?
Y de repente, allí estaba, abrazada a él mientras sonaba una canción de lo más romántico. Lo cierto es que Iván bailaba bien, con ritmo y sus pasos encajaban. Julia no sabía si eran las copas de champán de Roberto, o el calor del local, pero el mero hecho de tocar a Iván era…
grandioso.
Iván la apretó ligeramente contra él, y a Julia, aunque su primer pensamiento fue el de resistirse, no le importó porque se encontraba misteriosamente a gusto. A gusto, segura y casi flotando. De modo que sin pensarlo apoyó la cabeza en su hombro y siguió bailando deseando que la canción no terminase.
Iván no podía creer lo que estaba pasando. Ni tampoco lo que estaba sintiendo. Hacía tiempo que no se sentía así. Hacía tiempo que no deseaba a nadie así. Porque ese era el verbo: Desear.
Se había dicho a si mismo que no iba a intentar nada con Julia, ella tenía pareja y, la verdad, él no quería meterse en problemas. Pero al verla reír no había podido resistirse a pedirle una canción, aunque era consciente de que ya llevaban bailando dos seguidas, y ahora que la tenía entre sus brazos, con un tacto infinitamente suave se resistía a soltarla. De hecho, hubiesen tenido que cortarle las dos manos para que la soltase.
Elisa, que estaba al otro lado de la pista, miraba a su amiga con fascinación. Nunca la había visto tan feliz, ni siquiera cuando comenzó a salir con Leonardo. Y recordó la pregunta de Julia… “¿Qué se siente cuando te enamoras?”.
Sonrió satisfecha y tomó un sorbo de su copa. Había conseguido evitar a Martín durante un rato, y se había escondido tras una columna. Era guapo, es cierto, pero tenía unos modos de conquistador que la asustaban. Ella no quería mujeriegos, ni un playboy. Sin embargo Martín era encantador. Eso tenía que reconocerlo. Pero ella buscaba… Ella buscaba un ideal romántico, un caballero, y se temía que Martín no entraba dentro de ese plan. Y estas ideas se confirmaron, cuado lo vio bailando con una morena alta, cerca de donde se encontraba Julia ensimismada con Iván.
Pronto las canciones lentas terminaron y una música más rápida comenzó a sonar. Julia se apartó de Iván bruscamente, casi como si acabara de despertar, y dio un paso atrás con lo que un muro de aire los separó.
- Yo creo que … creo que … voy a buscar a Elisa, porque bueno… esto… la he dejado sola…y ella no conoce a nadie…
- Está Roberto. - Dijo Iván, que no quería dejarla marchar.
Ella sonrió y señaló un punto a la izquierda de donde se encontraban, Roberto estaba en profunda conversación con un chaval poco más mayor que él. En concreto estaba explorando su cuello en profundidad. Iván asintió, y la acompañó hasta una de las mesas donde Elisa estaba hablando pausadamente con el camarero.
Pronto Iván se disculpó, diciendo que le dolía la cabeza, lo que junto con la música no eran una gran combinación para él, y debía irse. La verdad es que hubiera preferido quedarse, pero se dio cuenta de que Julia ya no iba a estar más con él. Lo había visto en su mirada. De modo que se despidió de ambas y les hizo una señal a Roberto y Martín, que seguía de excursión por la anatomía de la morena.
-Te gusta. - Dijo Elisa, en cuanto los anchos hombros de Iván desaparecieron entre la multitud. Era una afirmación, no una pregunta.
Julia negó moviendo fuertemente la cabeza.
- ¿Sabes que? A mi no me engañas Julia. Él es el chico que te abrazó, ¿verdad?
- ¿Y si lo fuera? - preguntó recelosa Julia. - ¿Qué pasa? El chico no está nada mal, pero yo tengo otro mejor. - Le dijo, sacándole la lengua. Aunque no estaba muy convencida de lo que decía.
Elisa sonrió.
- ¡Pues que me parecería fantástico! - se encogió de hombros - ¡Yo que tengo que decir! Es simpático, inteligente y te mira de una manera … Además…
- Además ¿qué? -preguntó curiosa Julia.
Es mejor que Leonardo.- Sentenció Elisa.
- ¿Me mira? ¿Qué quieres decir con que me mira? - Julia decidió ignorar la parte sobre Leo.
Elisa se rió y murmuró algo incomprensible que sonó parecido a “si tu no lo sabes, no voy a ser yo quien te lo diga”.
Julia se quedó pensativa un rato, y le dijo en voz alta, más para convencerse a ella misma que para informar a Elisa.
- Es sólo la fiesta, que me altera y ya sabes que no salgo a menudo.
Elisa la miró de reojo y se rió a carcajada limpia.
- Además tengo a Leo. Yo … estoy muy … bien con él. Estamos bien juntos. - Siguió diciendo Julia, molesta por las risas de su amiga.
- Lo que acabas de decir es aburrido, lo sabes ¿verdad?. Dí lo que quieras amiga, pero a mi no me tienes que convencer de eso. Yo sé lo que veo.- Sentenció Elisa.
Julia no tuvo tiempo de decirlo porque en ese momento llegó Martín para despedirse. Estaba alojado en casa de su hermana, que tenía dos niños pequeños y que probablemente lo mataría si llegaba y despertaba a los niños. Tenía pues que pedir un taxi. Su otro hermano había llegado para vigilar el bar.
Elisa se desperezó.
- Si quieres te llevo, ese barrio me queda de camino. También llevo a Julia. - Añadió.
Julia asintió.
- Claro Martincito, nosotras nos vamos ya, y así tardarás menos.
- ¡Cómo no! Claro… Roberto, el Conquistador - Dijo Iván, y todos rieron la gracia.
- ¡Eso es estupendo! Volveremos a estar todos juntos.¿Cuándo comienza tu reinado, rey? - Dijo Julia, imitando el tono de voz de Iván.
Roberto sonrió una vez más.
- Dentro de un mes. - Comentó orgulloso de sí mismo. - Ya hemos encontrado el edificio para hacer las oficinas, y estamos finalizando el proyecto. Hasta entonces estoy de vacaciones.
Siguieron gran parte de la fiesta bailando y riendo. Julia estaba encantada, no sólo porque Roberto regresara a la ciudad sino también porque estaba volviendo a vera a amigos del colegio. Por ejemplo a Martín, el dueño del local. Martín era un buen tipo, alegre, inteligente, atractivo… pero todos tienen algún problema ¿no?. Pues sí, Martín tenía un pequeño problema… demasiado mujeriego. Pero a pesar de todo, era incapaz de herir a una mujer. Trabajaba en el local algún fin de semana (era el negocio familiar, debía ayudar a la familia) pero ese no era su verdadera vocación. Era pediatra. Y Julia estaba sorprendida, porque, al parecer, Elisa y Martín no se conocían de nada (hasta esa noche) y eso que Elisa llevaba a Miguelito cada dos por tres al hospital, ya que el niño era muy nervioso, y constantemente se metía en líos y se hería.
- ¿Quieres bailar? - le pregunto Iván de improviso, y tan sorprendida estaba que no se pudo negar… ¿ O no quería negárselo?
Y de repente, allí estaba, abrazada a él mientras sonaba una canción de lo más romántico. Lo cierto es que Iván bailaba bien, con ritmo y sus pasos encajaban. Julia no sabía si eran las copas de champán de Roberto, o el calor del local, pero el mero hecho de tocar a Iván era…
grandioso.
Iván la apretó ligeramente contra él, y a Julia, aunque su primer pensamiento fue el de resistirse, no le importó porque se encontraba misteriosamente a gusto. A gusto, segura y casi flotando. De modo que sin pensarlo apoyó la cabeza en su hombro y siguió bailando deseando que la canción no terminase.
Iván no podía creer lo que estaba pasando. Ni tampoco lo que estaba sintiendo. Hacía tiempo que no se sentía así. Hacía tiempo que no deseaba a nadie así. Porque ese era el verbo: Desear.
Se había dicho a si mismo que no iba a intentar nada con Julia, ella tenía pareja y, la verdad, él no quería meterse en problemas. Pero al verla reír no había podido resistirse a pedirle una canción, aunque era consciente de que ya llevaban bailando dos seguidas, y ahora que la tenía entre sus brazos, con un tacto infinitamente suave se resistía a soltarla. De hecho, hubiesen tenido que cortarle las dos manos para que la soltase.
Elisa, que estaba al otro lado de la pista, miraba a su amiga con fascinación. Nunca la había visto tan feliz, ni siquiera cuando comenzó a salir con Leonardo. Y recordó la pregunta de Julia… “¿Qué se siente cuando te enamoras?”.
Sonrió satisfecha y tomó un sorbo de su copa. Había conseguido evitar a Martín durante un rato, y se había escondido tras una columna. Era guapo, es cierto, pero tenía unos modos de conquistador que la asustaban. Ella no quería mujeriegos, ni un playboy. Sin embargo Martín era encantador. Eso tenía que reconocerlo. Pero ella buscaba… Ella buscaba un ideal romántico, un caballero, y se temía que Martín no entraba dentro de ese plan. Y estas ideas se confirmaron, cuado lo vio bailando con una morena alta, cerca de donde se encontraba Julia ensimismada con Iván.
Pronto las canciones lentas terminaron y una música más rápida comenzó a sonar. Julia se apartó de Iván bruscamente, casi como si acabara de despertar, y dio un paso atrás con lo que un muro de aire los separó.
- Yo creo que … creo que … voy a buscar a Elisa, porque bueno… esto… la he dejado sola…y ella no conoce a nadie…
- Está Roberto. - Dijo Iván, que no quería dejarla marchar.
Ella sonrió y señaló un punto a la izquierda de donde se encontraban, Roberto estaba en profunda conversación con un chaval poco más mayor que él. En concreto estaba explorando su cuello en profundidad. Iván asintió, y la acompañó hasta una de las mesas donde Elisa estaba hablando pausadamente con el camarero.
Pronto Iván se disculpó, diciendo que le dolía la cabeza, lo que junto con la música no eran una gran combinación para él, y debía irse. La verdad es que hubiera preferido quedarse, pero se dio cuenta de que Julia ya no iba a estar más con él. Lo había visto en su mirada. De modo que se despidió de ambas y les hizo una señal a Roberto y Martín, que seguía de excursión por la anatomía de la morena.
-Te gusta. - Dijo Elisa, en cuanto los anchos hombros de Iván desaparecieron entre la multitud. Era una afirmación, no una pregunta.
Julia negó moviendo fuertemente la cabeza.
- ¿Sabes que? A mi no me engañas Julia. Él es el chico que te abrazó, ¿verdad?
- ¿Y si lo fuera? - preguntó recelosa Julia. - ¿Qué pasa? El chico no está nada mal, pero yo tengo otro mejor. - Le dijo, sacándole la lengua. Aunque no estaba muy convencida de lo que decía.
Elisa sonrió.
- ¡Pues que me parecería fantástico! - se encogió de hombros - ¡Yo que tengo que decir! Es simpático, inteligente y te mira de una manera … Además…
- Además ¿qué? -preguntó curiosa Julia.
Es mejor que Leonardo.- Sentenció Elisa.
- ¿Me mira? ¿Qué quieres decir con que me mira? - Julia decidió ignorar la parte sobre Leo.
Elisa se rió y murmuró algo incomprensible que sonó parecido a “si tu no lo sabes, no voy a ser yo quien te lo diga”.
Julia se quedó pensativa un rato, y le dijo en voz alta, más para convencerse a ella misma que para informar a Elisa.
- Es sólo la fiesta, que me altera y ya sabes que no salgo a menudo.
Elisa la miró de reojo y se rió a carcajada limpia.
- Además tengo a Leo. Yo … estoy muy … bien con él. Estamos bien juntos. - Siguió diciendo Julia, molesta por las risas de su amiga.
- Lo que acabas de decir es aburrido, lo sabes ¿verdad?. Dí lo que quieras amiga, pero a mi no me tienes que convencer de eso. Yo sé lo que veo.- Sentenció Elisa.
Julia no tuvo tiempo de decirlo porque en ese momento llegó Martín para despedirse. Estaba alojado en casa de su hermana, que tenía dos niños pequeños y que probablemente lo mataría si llegaba y despertaba a los niños. Tenía pues que pedir un taxi. Su otro hermano había llegado para vigilar el bar.
Elisa se desperezó.
- Si quieres te llevo, ese barrio me queda de camino. También llevo a Julia. - Añadió.
Julia asintió.
- Claro Martincito, nosotras nos vamos ya, y así tardarás menos.
#6
02/05/2009 14:30
- Está bien, mis princesas. Pero os pido que me salvéis si mi hermana me lanza algo a la cabeza.
Cuando llegó a casa, Julia dejó las llaves sobre una mesa y se apoyó en la puerta soñando despierta, casi flotando. Lo había pasado muy bien, de hecho más que bien y no se arrepentía nada de no haber acompañado a Leo.
Y mucho tiempo después, cuando se había metido en su cama, y todavía sentía la música en su cabeza y las sensaciones de la noche en sus huesos, se durmió abrazada amorosamente a su almohada.
Domingo, 9:45 h.
Julia despertó sobresaltada, cuando oyó la cerradura de su casa abrirse y el golpe de la puerta al cerrarse. Por un segundo se asustó bastante, aunque comprendió que los ladrones no andan por las casas de sus víctimas dando portazos ni con las llaves del lugar.
El artífice de tanto ruido resultó ser Leonardo que, sin afeitar y despeinado, resultó ser una visión… ehem…. terrorífica.
- Hola amor ¿Se puede saber qué haces por aquí? – preguntó Julia sonriente.
Leo se paseó por la habitación como un animal enjaulado, visiblemente enfadado.
- Estarás contenta ¿no? - le dijo en un tono de voz siseante.
Julia, que aún no se había despertado del todo, se sentó en la cama con todas las mantas alrededor. Decidió dejarle hablar, porque ella no sabía que responderle.
- ¿Sabes a quién le han dado el puesto de ayudante de cirugía vascular? - dijo Leo en un tono mortalmente bajito.
Julia pensó que “por la expresión de tu cara seguramente a ti, NO” pero decidió que no era el momento de hacerse la graciosa.
- ¿Conoces a Ferrer? Sabías que tiene una novia muy simpática. María o algo así se llama. Es enfermera y encantadora.
Julia se cansó.
- Mira cariño, si has venido a hacerme preguntas y darme tú mismo las respuestas creo que puedes jugar a ese juego tú solito.
Acto seguido se levantó de la cama y lo agarró de un brazo diciendo.
- Así que te puedes ir a tu casa a reflexionar sobre todo esto y cuando estés calmadito me avisas.
Leonardo se revolvió y se soltó de un tirón, volviéndose para quedar cara a cara con Julia. Aún estaba enfadado… y mucho.
- ¡ha, ha, ha!. - Se rió Iñaki, sin gracia ninguna y con ira. - Cada día eres más chistosa Julia. No sé porque salgo con alguien a quien le importa una mierda todo lo que tenga que ver conmigo.
Julia en lugar de enfadarse, se ablandó al ver la cara de Leo. Lo volvió a agarrar del brazo y lo arrastró hasta la cama, y se sentó en el borde tirando de él hasta que consiguió que él se sentara a su lado.
- Leo, cariño, sabes que eso no es así. Eres muy importante para mí. Y lo del puesto… - se paró a pensar lo que iba a decir, mientras le quitaba la chaqueta y le aflojaba el nudo de la corbata.- Ya sabes que Ferrer tiene al menos 9 años más que tú. Es jerarquía.
Leo se tumbó de espaldas en la cama y cruzó los brazos sobre el pecho mirando al techo de la habitación. Su cara ya no parecía tan iracunda, sino que estaba reflexionando en su respuesta.
- ¿Tú crees?
Julia le sonrió cariñosamente.
-Claro que sí amor. Tú eres tan buen cirujano como Ferrer.
Leo sonrió también visiblemente más relajado y tomó una de las manos de Julia entre las suyas y la acarició suavemente. Julia se tumbó a su lado y Leo se medio incorporó para mirarla.
- Te invito a desayunar, y me cuentas cómo te fue la fiesta de ayer, ¿ok?
Julia siguió tumbada mirando el techo y, por primera vez, pensó en mentir. Algo que ella despreciaba. Pero sintió que lo que había pasado en la fiesta era algo que quería guardar para ella solita.
No había hecho nada malo, de eso estaba segura… Pero también era consciente de que a Leo no le gustaría oír nada de lo que ella sintió…. Así que decidió contar la verdad. Pero sólo una parte de la verdad.
Se levantó nerviosa y se acercó al baño para cambiarse y salir con él.
- Vamos Julia, colabora un poco, intento ser amable.- Le dijo Leo desde la cama.
- Lo pasé muy bien, ya sabes que Martín y Roberto son muy divertidos, y su amigo es… - pensó un adjetivo bueno, pero no lo suficiente como para que Leo se subiera por las paredes.- Muy simpático.
Leo la observó mientras ella se vestía, en ese momento Verne, el perro de Julia, salió de su dominio del salón y saltó a la cama para tumbarse al lado de Leo.
- ¿Julia, sabes que tener al perro en la cama no es nada higiénico?- Dijo Leo en voz alta. Verne, Golden Retriever bastante grandecito, lo miró desde el montón de mantas, y bostezó.
- Cariño, a ti te cae bien Verne, y tú le caes bien a él… Además ya es un perro viejo y después de tantos años juntos no creo que me vaya a pasar nada… -Sonrió Julia.
- A saber donde ha puesto las patas. Está bien que le tengas cariño, pero esto es demasiado. - Dijo Leo, haciendo una mueca de asco, y se acercó al perro que tenía la cabeza apoyada en la almohada.
Julia miró cariñosa a Verne, y le habló cariñosamente.
- Este Leo, mira que decirte esas cosas, amor.
Leo se apartó del perro, y pensó en lo que estaban hablando.
- No me gusta nada que salgas con Roberto y Martín. Son una mala influencia para ti.
Continuará ;D
Cuando llegó a casa, Julia dejó las llaves sobre una mesa y se apoyó en la puerta soñando despierta, casi flotando. Lo había pasado muy bien, de hecho más que bien y no se arrepentía nada de no haber acompañado a Leo.
Y mucho tiempo después, cuando se había metido en su cama, y todavía sentía la música en su cabeza y las sensaciones de la noche en sus huesos, se durmió abrazada amorosamente a su almohada.
Domingo, 9:45 h.
Julia despertó sobresaltada, cuando oyó la cerradura de su casa abrirse y el golpe de la puerta al cerrarse. Por un segundo se asustó bastante, aunque comprendió que los ladrones no andan por las casas de sus víctimas dando portazos ni con las llaves del lugar.
El artífice de tanto ruido resultó ser Leonardo que, sin afeitar y despeinado, resultó ser una visión… ehem…. terrorífica.
- Hola amor ¿Se puede saber qué haces por aquí? – preguntó Julia sonriente.
Leo se paseó por la habitación como un animal enjaulado, visiblemente enfadado.
- Estarás contenta ¿no? - le dijo en un tono de voz siseante.
Julia, que aún no se había despertado del todo, se sentó en la cama con todas las mantas alrededor. Decidió dejarle hablar, porque ella no sabía que responderle.
- ¿Sabes a quién le han dado el puesto de ayudante de cirugía vascular? - dijo Leo en un tono mortalmente bajito.
Julia pensó que “por la expresión de tu cara seguramente a ti, NO” pero decidió que no era el momento de hacerse la graciosa.
- ¿Conoces a Ferrer? Sabías que tiene una novia muy simpática. María o algo así se llama. Es enfermera y encantadora.
Julia se cansó.
- Mira cariño, si has venido a hacerme preguntas y darme tú mismo las respuestas creo que puedes jugar a ese juego tú solito.
Acto seguido se levantó de la cama y lo agarró de un brazo diciendo.
- Así que te puedes ir a tu casa a reflexionar sobre todo esto y cuando estés calmadito me avisas.
Leonardo se revolvió y se soltó de un tirón, volviéndose para quedar cara a cara con Julia. Aún estaba enfadado… y mucho.
- ¡ha, ha, ha!. - Se rió Iñaki, sin gracia ninguna y con ira. - Cada día eres más chistosa Julia. No sé porque salgo con alguien a quien le importa una mierda todo lo que tenga que ver conmigo.
Julia en lugar de enfadarse, se ablandó al ver la cara de Leo. Lo volvió a agarrar del brazo y lo arrastró hasta la cama, y se sentó en el borde tirando de él hasta que consiguió que él se sentara a su lado.
- Leo, cariño, sabes que eso no es así. Eres muy importante para mí. Y lo del puesto… - se paró a pensar lo que iba a decir, mientras le quitaba la chaqueta y le aflojaba el nudo de la corbata.- Ya sabes que Ferrer tiene al menos 9 años más que tú. Es jerarquía.
Leo se tumbó de espaldas en la cama y cruzó los brazos sobre el pecho mirando al techo de la habitación. Su cara ya no parecía tan iracunda, sino que estaba reflexionando en su respuesta.
- ¿Tú crees?
Julia le sonrió cariñosamente.
-Claro que sí amor. Tú eres tan buen cirujano como Ferrer.
Leo sonrió también visiblemente más relajado y tomó una de las manos de Julia entre las suyas y la acarició suavemente. Julia se tumbó a su lado y Leo se medio incorporó para mirarla.
- Te invito a desayunar, y me cuentas cómo te fue la fiesta de ayer, ¿ok?
Julia siguió tumbada mirando el techo y, por primera vez, pensó en mentir. Algo que ella despreciaba. Pero sintió que lo que había pasado en la fiesta era algo que quería guardar para ella solita.
No había hecho nada malo, de eso estaba segura… Pero también era consciente de que a Leo no le gustaría oír nada de lo que ella sintió…. Así que decidió contar la verdad. Pero sólo una parte de la verdad.
Se levantó nerviosa y se acercó al baño para cambiarse y salir con él.
- Vamos Julia, colabora un poco, intento ser amable.- Le dijo Leo desde la cama.
- Lo pasé muy bien, ya sabes que Martín y Roberto son muy divertidos, y su amigo es… - pensó un adjetivo bueno, pero no lo suficiente como para que Leo se subiera por las paredes.- Muy simpático.
Leo la observó mientras ella se vestía, en ese momento Verne, el perro de Julia, salió de su dominio del salón y saltó a la cama para tumbarse al lado de Leo.
- ¿Julia, sabes que tener al perro en la cama no es nada higiénico?- Dijo Leo en voz alta. Verne, Golden Retriever bastante grandecito, lo miró desde el montón de mantas, y bostezó.
- Cariño, a ti te cae bien Verne, y tú le caes bien a él… Además ya es un perro viejo y después de tantos años juntos no creo que me vaya a pasar nada… -Sonrió Julia.
- A saber donde ha puesto las patas. Está bien que le tengas cariño, pero esto es demasiado. - Dijo Leo, haciendo una mueca de asco, y se acercó al perro que tenía la cabeza apoyada en la almohada.
Julia miró cariñosa a Verne, y le habló cariñosamente.
- Este Leo, mira que decirte esas cosas, amor.
Leo se apartó del perro, y pensó en lo que estaban hablando.
- No me gusta nada que salgas con Roberto y Martín. Son una mala influencia para ti.
Continuará ;D
#7
02/05/2009 14:31
Parte 6
Julia se rió.
- Por dios Leo, nos seas exagerado. Además no estaba sola con ellos, si no que también vino Elisa, el amigo de Roberto e Martín y compañeros del colegio… Lo pasamos genial. - añadió sonriendo cómplice de sus pensamientos y cepillándose el pelo.
Leo se rió desagradablemente, y Verne abrió un ojo enfadado.
- Vaya, Martín el donjuán, el amigo del donjuán, el amigo gay y la rubia con un niño… Menuda compañía. Creo que me quedo más tranquilo… - Dijo, con un tono borde e irónico. - Deberías buscarte amigos nuevos cariño… Estos no te convienen. - Julia terminó de calzarse y lo miró fijamente.
- Mira Leo, todo iba bien y estás a un paso de joderlo todo. Si sigues hablando mal de mis amigos te juro que te quedas sin novia.
Leo levantó las manos y puso cara de inocente.
- Está bien, está bien… Menudo genio tienes… Prometo no hablar más de esos…amigos tuyos. Para compensar no sólo vamos a desayunar, sino que también a comer.
Leo se puso en pie y le ofreció la mano. Julia la tomó, aunque estaba molesta por lo que le había dicho. No quería tener problemas con él, estaba cansada y confusa, así que decidió pasarlo por alto y tener un día en paz.
En otra parte de Madrid…
Martín e Iván desayunan juntos, o más bien Iván desayunaba mientras Martín terminaba de hablar por su móvil con una chica, Christina o algo parecido.
- Adiós preciosa. Nos vemos luego. - Terminó la conversación, y se reclinó en su silla con aspecto de triunfador.
- ¡Vaya! Parece que esperas que te aplauda. - Dijo Iván de broma.
Martín se rió.
- Pues si hubieses bailado con Christina te aseguro que me harías una estatua, ¡porque con un aplauso no basta!
Iván le lanzó la servilleta y se sonrió pensando en la morena, con carácter impresionante, con la que él bailó. No sentía ningún tipo de envidia. Decidió averiguar un poco más de Julia.
- Me cayó muy bien tu amiga. Muy simpática.- Dijo y dio un sorbo a su café para disimular.
Martín, que ahora devoraba con hambre de lobo sus tostadas, asintió.
- Si. Es fantástica, la conozco desde que no levantaba tres palmos del suelo y es genial. Pero a mi no me engañas, a ti nuestra infancia no te interesa nada, ¿o me equivoco?
- Te equivocas amigo. Sólo intentaba tener una conversación normal contigo. Pero si te molesta pues, hablamos del tiempo.
Martín se rió a carcajadas.
- Me parece que va a hacer sol todo el día.
Al ver la cara de pocos amigos de Iván aún se rió más fuerte.
- Vamos no te lo tomes todo tan a pecho. Está bien… te voy a contar algo aunque seguro que no te interesa para nada. - dijo irónicamente Martín. - te comentaré que Julia tiene novio. Y que parece bastante feliz con él. A pesar de que todos pensemos que es un imbécil y engreído.
Iván asintió y se terminó su café pensativo en silencio, soportando las miraditas que le echaba Martín de reojo.
Todo eso ya lo sabía, y aunque anoche la había pasado genial, el hecho de que ella fuera feliz con su novio, hacía que no se quisiera meter en medio de relaciones de pareja. No quería ser un problema, y sobre todo, no quería arriesgar nada, no soportaba perder el corazón. No otra vez.
Así que decidió cambiar de tema y preguntarle a Martín qué tal iba en el hospital con los niños. Lo que hizo que Martín se riera aún más de él, pero respetando a su amigo, decidió no seguir pinchando y le respondió.
- Bien, lo malo es que una chavala me ha roto el brazo, no se cogió muy bien el final de nuestra relación. - Dijo riendo. - y mientras aquí estoy yo, de baja durante dos meses, sin trabajo, sin casa, y con un amigo enamoradizo.
Iván ignoró el comentario y se concentró en el punto de la casa.
- ¿Has dicho que dos meses? No puede ser… entonces… ¿No queda mucho lugar en casa de tu hermana no? El mes se acaba y yo solo puedo tener el departamento alquilado por este mes… El casero dice que después, se va a vivir allí el con su familia… ¿Qué imbécil es la gente no?
- Mira el lado positivo, tú no vives con dos niños de 5 y 7 años que parece que no paran nunca.
Iván sonrió.
- Calma Martín, son tus sobrinos. Y además, tú trabajas con los niños, así que no te quejes. - Dijo, guiñándole un ojo.
Martín sonrió también.
-Ya, pero la verdad, están más guapos a distancia.
Iván continuó pensando. - Pues es un problema lo del departamento. Yo contaba con tener donde vivir el próximo mes hasta el viaje a Barcelona. No puedo estar pagando un hotel un mes entero.
Martín asintió. - Ya sé que esto no te va a gustar, pero podrías ir a ver a tu familia. Sabes tan bien como yo que te querrían tener en casa después de 3 años. Sobre todo tu madre.
Iván lo miró fijamente por un segundo para después desviar la mirada, hacia la avenida peatonal por donde pasaba la gente.
- Sabes, coincido contigo, seguro que va a hacer sol.
Martín dio por terminada esa parte de la conversación. Iván solía ser muy amable, encantador y una compañía excelente, pero cuando no quería hacer algo era de lo más testarudo. E Iván nunca quería hablar de su pasado, y Martín no paraba de imaginarse situaciones misteriosas.
Lo había conocido hacía casi 8 años en el primer curso de la universidad y en seguida se habían llevado bien, pero cuando cursaban el segundo año, un día desapareció y los dejó a todos sin una llamada. Cuando pensaba que ya no lo volvería a ver, una semana de 5 curso casi tres años más tarde, un chico se sentó a su lado y le dijo: “Hola, hermano”. E Iván estaba sentado a su lado.
De modo que Iván, tan misteriosamente como se fue, regresó, al parecer, había pasado esos años en los EE.UU, estudiando. Pero aunque para los demás no había cambiado, Martín que lo conocía sabía que ya no era el de antes, mucho más serio y más retraído, nunca mencionaba esos años desaparecidos.
En los tres años transcurridos desde su vuelta, Iván nunca había hablado con su padre, ni con sus hermanos, sólo con su madre, en dos ocasiones.
- Está bien, ya lo capto. - Suspiró Martín. - Te encontraré algo, porque en casa de mi hermana no puedes estar. Salvo que te quieras volver loco. Dos niños pequeños es algo difícil de sobrevivir.
Iván sonrió débilmente y asintió. - Está bien, gracias. Pero no hace falta que sea algo muy grande. Sólo una habitación con cama y ya está. Al fin y al cabo es sólo por un mes.
Martín asintió y se miró el reloj. - ¿No tenías una cita a las 10.30? ¿De qué va todo?
- Sí, es con mi editor. Estamos publicando dos guías, una de Europa y otra de Londres en concreto. Me van a encargar dos reportajes, uno sobre la zona del centro de Londres y otro de Barcelona.
- ¡Menuda suerte! Viajar todo el año y encima te pagan por eso. ¿Estás seguro de que eso es trabajar? - Preguntó Martín mofándose.
Iván se rió bajito.
- A veces me pregunto qué he hecho para tener tanta suerte en el trabajo… al menos en el trabajo… - Se quedó callado pensando en algo lejano. Pero en unos instantes se levantó de la silla dejando unos billetes sobre la mesa. - Esto es mi parte, me marcho ahora, así llego temprano. ¿Te llamo esta tarde y damos una vuelta?
Martín asintió bebiendo café. - Ok, pero tengo un día bastante ocupado.
- ¿Y eso? - preguntó Iván extrañado. - Pensé que estabas de baja.
- Verás, ahora he quedado con Susana para el almuerzo, y por la noche con Christina… Es un trabajo duro, no te creas…- Dijo Martín sonriendo.
Iván soltó una carcajada. - ¡Eres mi ídolo! - Dijo marchándose.
Julia se rió.
- Por dios Leo, nos seas exagerado. Además no estaba sola con ellos, si no que también vino Elisa, el amigo de Roberto e Martín y compañeros del colegio… Lo pasamos genial. - añadió sonriendo cómplice de sus pensamientos y cepillándose el pelo.
Leo se rió desagradablemente, y Verne abrió un ojo enfadado.
- Vaya, Martín el donjuán, el amigo del donjuán, el amigo gay y la rubia con un niño… Menuda compañía. Creo que me quedo más tranquilo… - Dijo, con un tono borde e irónico. - Deberías buscarte amigos nuevos cariño… Estos no te convienen. - Julia terminó de calzarse y lo miró fijamente.
- Mira Leo, todo iba bien y estás a un paso de joderlo todo. Si sigues hablando mal de mis amigos te juro que te quedas sin novia.
Leo levantó las manos y puso cara de inocente.
- Está bien, está bien… Menudo genio tienes… Prometo no hablar más de esos…amigos tuyos. Para compensar no sólo vamos a desayunar, sino que también a comer.
Leo se puso en pie y le ofreció la mano. Julia la tomó, aunque estaba molesta por lo que le había dicho. No quería tener problemas con él, estaba cansada y confusa, así que decidió pasarlo por alto y tener un día en paz.
En otra parte de Madrid…
Martín e Iván desayunan juntos, o más bien Iván desayunaba mientras Martín terminaba de hablar por su móvil con una chica, Christina o algo parecido.
- Adiós preciosa. Nos vemos luego. - Terminó la conversación, y se reclinó en su silla con aspecto de triunfador.
- ¡Vaya! Parece que esperas que te aplauda. - Dijo Iván de broma.
Martín se rió.
- Pues si hubieses bailado con Christina te aseguro que me harías una estatua, ¡porque con un aplauso no basta!
Iván le lanzó la servilleta y se sonrió pensando en la morena, con carácter impresionante, con la que él bailó. No sentía ningún tipo de envidia. Decidió averiguar un poco más de Julia.
- Me cayó muy bien tu amiga. Muy simpática.- Dijo y dio un sorbo a su café para disimular.
Martín, que ahora devoraba con hambre de lobo sus tostadas, asintió.
- Si. Es fantástica, la conozco desde que no levantaba tres palmos del suelo y es genial. Pero a mi no me engañas, a ti nuestra infancia no te interesa nada, ¿o me equivoco?
- Te equivocas amigo. Sólo intentaba tener una conversación normal contigo. Pero si te molesta pues, hablamos del tiempo.
Martín se rió a carcajadas.
- Me parece que va a hacer sol todo el día.
Al ver la cara de pocos amigos de Iván aún se rió más fuerte.
- Vamos no te lo tomes todo tan a pecho. Está bien… te voy a contar algo aunque seguro que no te interesa para nada. - dijo irónicamente Martín. - te comentaré que Julia tiene novio. Y que parece bastante feliz con él. A pesar de que todos pensemos que es un imbécil y engreído.
Iván asintió y se terminó su café pensativo en silencio, soportando las miraditas que le echaba Martín de reojo.
Todo eso ya lo sabía, y aunque anoche la había pasado genial, el hecho de que ella fuera feliz con su novio, hacía que no se quisiera meter en medio de relaciones de pareja. No quería ser un problema, y sobre todo, no quería arriesgar nada, no soportaba perder el corazón. No otra vez.
Así que decidió cambiar de tema y preguntarle a Martín qué tal iba en el hospital con los niños. Lo que hizo que Martín se riera aún más de él, pero respetando a su amigo, decidió no seguir pinchando y le respondió.
- Bien, lo malo es que una chavala me ha roto el brazo, no se cogió muy bien el final de nuestra relación. - Dijo riendo. - y mientras aquí estoy yo, de baja durante dos meses, sin trabajo, sin casa, y con un amigo enamoradizo.
Iván ignoró el comentario y se concentró en el punto de la casa.
- ¿Has dicho que dos meses? No puede ser… entonces… ¿No queda mucho lugar en casa de tu hermana no? El mes se acaba y yo solo puedo tener el departamento alquilado por este mes… El casero dice que después, se va a vivir allí el con su familia… ¿Qué imbécil es la gente no?
- Mira el lado positivo, tú no vives con dos niños de 5 y 7 años que parece que no paran nunca.
Iván sonrió.
- Calma Martín, son tus sobrinos. Y además, tú trabajas con los niños, así que no te quejes. - Dijo, guiñándole un ojo.
Martín sonrió también.
-Ya, pero la verdad, están más guapos a distancia.
Iván continuó pensando. - Pues es un problema lo del departamento. Yo contaba con tener donde vivir el próximo mes hasta el viaje a Barcelona. No puedo estar pagando un hotel un mes entero.
Martín asintió. - Ya sé que esto no te va a gustar, pero podrías ir a ver a tu familia. Sabes tan bien como yo que te querrían tener en casa después de 3 años. Sobre todo tu madre.
Iván lo miró fijamente por un segundo para después desviar la mirada, hacia la avenida peatonal por donde pasaba la gente.
- Sabes, coincido contigo, seguro que va a hacer sol.
Martín dio por terminada esa parte de la conversación. Iván solía ser muy amable, encantador y una compañía excelente, pero cuando no quería hacer algo era de lo más testarudo. E Iván nunca quería hablar de su pasado, y Martín no paraba de imaginarse situaciones misteriosas.
Lo había conocido hacía casi 8 años en el primer curso de la universidad y en seguida se habían llevado bien, pero cuando cursaban el segundo año, un día desapareció y los dejó a todos sin una llamada. Cuando pensaba que ya no lo volvería a ver, una semana de 5 curso casi tres años más tarde, un chico se sentó a su lado y le dijo: “Hola, hermano”. E Iván estaba sentado a su lado.
De modo que Iván, tan misteriosamente como se fue, regresó, al parecer, había pasado esos años en los EE.UU, estudiando. Pero aunque para los demás no había cambiado, Martín que lo conocía sabía que ya no era el de antes, mucho más serio y más retraído, nunca mencionaba esos años desaparecidos.
En los tres años transcurridos desde su vuelta, Iván nunca había hablado con su padre, ni con sus hermanos, sólo con su madre, en dos ocasiones.
- Está bien, ya lo capto. - Suspiró Martín. - Te encontraré algo, porque en casa de mi hermana no puedes estar. Salvo que te quieras volver loco. Dos niños pequeños es algo difícil de sobrevivir.
Iván sonrió débilmente y asintió. - Está bien, gracias. Pero no hace falta que sea algo muy grande. Sólo una habitación con cama y ya está. Al fin y al cabo es sólo por un mes.
Martín asintió y se miró el reloj. - ¿No tenías una cita a las 10.30? ¿De qué va todo?
- Sí, es con mi editor. Estamos publicando dos guías, una de Europa y otra de Londres en concreto. Me van a encargar dos reportajes, uno sobre la zona del centro de Londres y otro de Barcelona.
- ¡Menuda suerte! Viajar todo el año y encima te pagan por eso. ¿Estás seguro de que eso es trabajar? - Preguntó Martín mofándose.
Iván se rió bajito.
- A veces me pregunto qué he hecho para tener tanta suerte en el trabajo… al menos en el trabajo… - Se quedó callado pensando en algo lejano. Pero en unos instantes se levantó de la silla dejando unos billetes sobre la mesa. - Esto es mi parte, me marcho ahora, así llego temprano. ¿Te llamo esta tarde y damos una vuelta?
Martín asintió bebiendo café. - Ok, pero tengo un día bastante ocupado.
- ¿Y eso? - preguntó Iván extrañado. - Pensé que estabas de baja.
- Verás, ahora he quedado con Susana para el almuerzo, y por la noche con Christina… Es un trabajo duro, no te creas…- Dijo Martín sonriendo.
Iván soltó una carcajada. - ¡Eres mi ídolo! - Dijo marchándose.
#8
02/05/2009 14:31
Parte 7
Martín aún se quedó un rato más en la cafetería, pidió una segunda taza de café y se puso a leer los periódicos del día, un vicio que tenía desde que empezó a trabajar en el hospital. Ya iba por el segundo diario cuando levantó la vista y vió a una chica guapísima que venía paseando por la avenida. Delgada, no muy alta pero proporcionada, llevaba un pantalón corto que dejaba ver unas piernas bronceadas impresionantes, iba escuchando música y llevaba unas bolsas de compras en la mano.
Reconoció a la amiga de Julia de inmediato, ese pelo rubio tan llamativo no podía pasar desapercibido a pesar de que ella lo llevase recogido.
La observó caminar hasta que llegó a su altura y justo cuando parecía que ella iba a pasar de largo, la agarró de la muñeca.
Elisa se asustó y a punto estuvo de golpear al chico que tironeaba de su mano con las bolsas que cargaba.
- ¡Hola preciosa! – Dijo Martín sonriente. - ¿Te acuerdas de mi?
- ¡Por Dios Martín! Casi me matas del susto. O mejor, casi te mato yo con esta bolsa. - Dijo Elisa más tranquila al ver la sonrisa de Martín.
El chico le indicó una silla para que se sentara en su mesa, y Elisa, aunque se lo pensó mucho, decidió acceder.
- ¿Y qué llevas en las bolsas? ¿Algún arma letal o qué? – bromeó Martín.
- Pues sí, unas botas nuevas con un tacón bastante afilado. Si fuera tú no volvería a coger así de mi brazo jamás. - Le contestó retadora Elisa.
Martín se rió y le pidió un café al camarero para Elisa, y otro más, el tercero del día, para él. Estuvieron un rato charlando frente a sus tazas y Elisa se mostró interesada en el trabajo de Martín.
- ¿Así que eres pediatra? ¿Te gustan los niños? - le preguntó, ilusionada.
El asintió, y los ojos de ella le brillaron con pasión.
- Es que son increíbles. Lo agradecen todo, y cuando están enfermos…. Sabes, se los vé tan solos y pequeños….- Se encogió de hombros para ocultar la emoción.- Es duro cuando no puedes hacer nada, pero cuando el tratamiento funciona…. No hay sensación parecida…
Martín la miraba fijamente, había visto la emoción en su mirada. ¡Vaya si era guapa! Unos ojos como esos….
Pero (siempre hay un pero) Martín no se engañaba. Había notado la noche anterior que ella no estaba interesada en él, aunque no lo entendía… Al fin y al cabo él es irresistible… ¿o no?
- Vaya, yo estos días tengo más trato con niños del que considero razonable.
Elisa lo miró interrogante.
- Verás ahora mismo estoy de baja y estoy viviendo en casa de mi hermana que tiene dos hijos… y me están volviendo loco…
Ella se rió y a Martín le pareció genial, no sólo verla reír sino también que fuera el mismo quien lo consiguiera. Elisa no quiso preguntarle qué le había pasado en el brazo, aunque se notaba que era por eso que no estaba ahora mismo en el hospital trabajando.
- Estoy considerando ponerlos a mi hijo para que te lo quedes unos días. ¡Me parece que tú les ibas a gustar más que yo!- continuó Elisa.
Elisa ocultó su sonrisa y rebuscó en una de las bolsas que llevaba hasta encontrar una bolsita pequeña llena de golosinas. Y se la ofreció a Martín.
- A mi hijo le encantan así que se las doy si se porta bien…
Martín la miró sorprendido. ¿Así que un hijo eh? Bueno, había que probar nuevas experiencias, se dijo a sí mismo sonriendo.
-Insinúas que yo me tengo que portar bien… Desde ahora te advierto que yo no sé hacer eso.
Ella se rió.
- Pues te hace falta, pero esto es para que te hagas amiguito de tus sobrinos… Tal vez se comporten si se las das…
Martín estiró el brazo para coger la bolsa y por accidente tocó la mano suave y tibia de Elisa y sintió deseos de apretarla fuertemente. Y estaba a punto de pedirle su teléfono cuando alguien se paró frente a la mesa, proyectando una sombra oscura sobre ambos.
La sombra pertenecía a alguien en concreto, y por lo que Elisa pudo ver de reojo, a alguien con la falda muy corta y unos tacones muy altos.
- Martincito cariño - dijo Susana. Una morena alta y delgada que tenía la fea costumbre de hablar poniendo morritos. - ¡Siento llegar taaan tarde!
Elisa soltó el paquete en la mano de Martín y se puso en pie automáticamente. Martín seguía aún sentado con el paquete de caramelos en la mano, casi atontado.
- ¡Hola! Soy Elisa, es un placer. –Dijo Elisa tendiéndole la mano a Susana, que pasó de ella para ir a colgarse del cuello de Martín y actuó como si Eli no estuviera presente.
Elisa, viendo la situación, le dio tanto pesar que empezó a hablar con dificultad.
- Este... ya nos vemos Martín. Yo… me… tengo que ir. - Levantó las bolsas en la mano y esbozó una sonrisa débil. - Aún me quedan muchas... muchas tiendas para visitar.
Martín pareció despertar del trance en el que estaba y se encontró con Susana casi sentada en su regazo. Quiso levantarse para despedir a Elisa, pero no pudo. Y lo sintió. Lo sintió mucho.
Una vez que ella se hubo ido, y tuvo a Susana colgada en sus brazos hablándole bajito, no pudo dejar de tocar la bolsa de caramelos y en los bonitos ojos azules de quien se la había dado.
"Eres un idiota" pensó Martín una y otra vez, mientras escuchaba la cháchara inútil de Susana.
Elisa miraba sin ver un escaparate; parada frente al cristal no podía dejar de pensar en lo tonta que había sido al sentarse con Martín a tomar unos cafés. Y en lo ridículo de la situación. Todavía no se explicaba cómo no le contestó como se merecía la tipa esa...
Ella no quería mujeriegos. Siempre lo decía, sólo te hacen sufrir y no te quieren.
Pero….
Pero a ella siempre le habían gustado las sonrisas de la gente. Creía firmemente en que en una sonrisa se puede saber si alguien miente, o es buena persona. Y la verdad es que Martín tenía una sonrisa encantadora. Bonita, con hoyuelos a ambos lados de la mejilla, le daba aspecto de niño travieso.
Sacudió la cabeza y echó a andar por la calle. “¡No más tonterías Eli!” Se reprendió. Pasó el resto de la mañana tratando de evitar pensar en Miguel.
Sin conseguirlo.
Lunes, al medio día.
Julia estaba comiendo con Elisa y Leo en la cafetería del hospital, aunque la verdad hubiera preferido estar en otro lugar. Minutos antes pasó a recoger a Eli, para ir a comer con Leo todos juntos… en el hospital. Sí, vaya plan, pero su novio no podía salir de allí y, para no dejar sola a Eli ni su novio, tuvo la fantástica idea de comer todos juntos.
Su amiga estaba de un humor extraño. Pensativa, removía con el tenedor la comida del plato y parecía ensimismada.
Julia consideró preguntarle qué tal le había ido el fin de semana y qué le había pasado, pero desechó pronto la idea. Su amiga no le contaría nada delante de Leonardo.
Leo sin embargo, parecía no darse cuenta de nada de lo que pasaba a su alrededor, ya que estaba más preocupado por hablar de él y de su trabajo. Llevaba casi veinte minutos contando una serie de historias sobre él mismo, y hacía un rato que Julia no le prestaba atención.
- Pues sí, cariño, me han pedido que participe en dos operaciones. Ya ves, parece que me necesitan ¿no?- Decía Leo muy emocionado.
- Claro, ya te lo dije. - Le contestó Julia.
Leo le cogió la mano, y la palmeó suavemente.
- ¿Qué te parece si vamos a cenar para celebrarlo?
Julia sonrió encantada. Estaba contenta porque a Leo se le había pasado el enfado y el domingo había sido genial, quitando la discusión sobre sus amigos. Habían ido al cine y pasado un buen rato juntos en casa.
En aquel momento sonó su móvil y sonrió al ver en la pantalla: “Martín”
- Bueno Martín ¿Cómo estás? - preguntó, ignorando a Leo que puso mala cara, y a Eli que levantó la cabeza disparada.
Martín aún se quedó un rato más en la cafetería, pidió una segunda taza de café y se puso a leer los periódicos del día, un vicio que tenía desde que empezó a trabajar en el hospital. Ya iba por el segundo diario cuando levantó la vista y vió a una chica guapísima que venía paseando por la avenida. Delgada, no muy alta pero proporcionada, llevaba un pantalón corto que dejaba ver unas piernas bronceadas impresionantes, iba escuchando música y llevaba unas bolsas de compras en la mano.
Reconoció a la amiga de Julia de inmediato, ese pelo rubio tan llamativo no podía pasar desapercibido a pesar de que ella lo llevase recogido.
La observó caminar hasta que llegó a su altura y justo cuando parecía que ella iba a pasar de largo, la agarró de la muñeca.
Elisa se asustó y a punto estuvo de golpear al chico que tironeaba de su mano con las bolsas que cargaba.
- ¡Hola preciosa! – Dijo Martín sonriente. - ¿Te acuerdas de mi?
- ¡Por Dios Martín! Casi me matas del susto. O mejor, casi te mato yo con esta bolsa. - Dijo Elisa más tranquila al ver la sonrisa de Martín.
El chico le indicó una silla para que se sentara en su mesa, y Elisa, aunque se lo pensó mucho, decidió acceder.
- ¿Y qué llevas en las bolsas? ¿Algún arma letal o qué? – bromeó Martín.
- Pues sí, unas botas nuevas con un tacón bastante afilado. Si fuera tú no volvería a coger así de mi brazo jamás. - Le contestó retadora Elisa.
Martín se rió y le pidió un café al camarero para Elisa, y otro más, el tercero del día, para él. Estuvieron un rato charlando frente a sus tazas y Elisa se mostró interesada en el trabajo de Martín.
- ¿Así que eres pediatra? ¿Te gustan los niños? - le preguntó, ilusionada.
El asintió, y los ojos de ella le brillaron con pasión.
- Es que son increíbles. Lo agradecen todo, y cuando están enfermos…. Sabes, se los vé tan solos y pequeños….- Se encogió de hombros para ocultar la emoción.- Es duro cuando no puedes hacer nada, pero cuando el tratamiento funciona…. No hay sensación parecida…
Martín la miraba fijamente, había visto la emoción en su mirada. ¡Vaya si era guapa! Unos ojos como esos….
Pero (siempre hay un pero) Martín no se engañaba. Había notado la noche anterior que ella no estaba interesada en él, aunque no lo entendía… Al fin y al cabo él es irresistible… ¿o no?
- Vaya, yo estos días tengo más trato con niños del que considero razonable.
Elisa lo miró interrogante.
- Verás ahora mismo estoy de baja y estoy viviendo en casa de mi hermana que tiene dos hijos… y me están volviendo loco…
Ella se rió y a Martín le pareció genial, no sólo verla reír sino también que fuera el mismo quien lo consiguiera. Elisa no quiso preguntarle qué le había pasado en el brazo, aunque se notaba que era por eso que no estaba ahora mismo en el hospital trabajando.
- Estoy considerando ponerlos a mi hijo para que te lo quedes unos días. ¡Me parece que tú les ibas a gustar más que yo!- continuó Elisa.
Elisa ocultó su sonrisa y rebuscó en una de las bolsas que llevaba hasta encontrar una bolsita pequeña llena de golosinas. Y se la ofreció a Martín.
- A mi hijo le encantan así que se las doy si se porta bien…
Martín la miró sorprendido. ¿Así que un hijo eh? Bueno, había que probar nuevas experiencias, se dijo a sí mismo sonriendo.
-Insinúas que yo me tengo que portar bien… Desde ahora te advierto que yo no sé hacer eso.
Ella se rió.
- Pues te hace falta, pero esto es para que te hagas amiguito de tus sobrinos… Tal vez se comporten si se las das…
Martín estiró el brazo para coger la bolsa y por accidente tocó la mano suave y tibia de Elisa y sintió deseos de apretarla fuertemente. Y estaba a punto de pedirle su teléfono cuando alguien se paró frente a la mesa, proyectando una sombra oscura sobre ambos.
La sombra pertenecía a alguien en concreto, y por lo que Elisa pudo ver de reojo, a alguien con la falda muy corta y unos tacones muy altos.
- Martincito cariño - dijo Susana. Una morena alta y delgada que tenía la fea costumbre de hablar poniendo morritos. - ¡Siento llegar taaan tarde!
Elisa soltó el paquete en la mano de Martín y se puso en pie automáticamente. Martín seguía aún sentado con el paquete de caramelos en la mano, casi atontado.
- ¡Hola! Soy Elisa, es un placer. –Dijo Elisa tendiéndole la mano a Susana, que pasó de ella para ir a colgarse del cuello de Martín y actuó como si Eli no estuviera presente.
Elisa, viendo la situación, le dio tanto pesar que empezó a hablar con dificultad.
- Este... ya nos vemos Martín. Yo… me… tengo que ir. - Levantó las bolsas en la mano y esbozó una sonrisa débil. - Aún me quedan muchas... muchas tiendas para visitar.
Martín pareció despertar del trance en el que estaba y se encontró con Susana casi sentada en su regazo. Quiso levantarse para despedir a Elisa, pero no pudo. Y lo sintió. Lo sintió mucho.
Una vez que ella se hubo ido, y tuvo a Susana colgada en sus brazos hablándole bajito, no pudo dejar de tocar la bolsa de caramelos y en los bonitos ojos azules de quien se la había dado.
"Eres un idiota" pensó Martín una y otra vez, mientras escuchaba la cháchara inútil de Susana.
Elisa miraba sin ver un escaparate; parada frente al cristal no podía dejar de pensar en lo tonta que había sido al sentarse con Martín a tomar unos cafés. Y en lo ridículo de la situación. Todavía no se explicaba cómo no le contestó como se merecía la tipa esa...
Ella no quería mujeriegos. Siempre lo decía, sólo te hacen sufrir y no te quieren.
Pero….
Pero a ella siempre le habían gustado las sonrisas de la gente. Creía firmemente en que en una sonrisa se puede saber si alguien miente, o es buena persona. Y la verdad es que Martín tenía una sonrisa encantadora. Bonita, con hoyuelos a ambos lados de la mejilla, le daba aspecto de niño travieso.
Sacudió la cabeza y echó a andar por la calle. “¡No más tonterías Eli!” Se reprendió. Pasó el resto de la mañana tratando de evitar pensar en Miguel.
Sin conseguirlo.
Lunes, al medio día.
Julia estaba comiendo con Elisa y Leo en la cafetería del hospital, aunque la verdad hubiera preferido estar en otro lugar. Minutos antes pasó a recoger a Eli, para ir a comer con Leo todos juntos… en el hospital. Sí, vaya plan, pero su novio no podía salir de allí y, para no dejar sola a Eli ni su novio, tuvo la fantástica idea de comer todos juntos.
Su amiga estaba de un humor extraño. Pensativa, removía con el tenedor la comida del plato y parecía ensimismada.
Julia consideró preguntarle qué tal le había ido el fin de semana y qué le había pasado, pero desechó pronto la idea. Su amiga no le contaría nada delante de Leonardo.
Leo sin embargo, parecía no darse cuenta de nada de lo que pasaba a su alrededor, ya que estaba más preocupado por hablar de él y de su trabajo. Llevaba casi veinte minutos contando una serie de historias sobre él mismo, y hacía un rato que Julia no le prestaba atención.
- Pues sí, cariño, me han pedido que participe en dos operaciones. Ya ves, parece que me necesitan ¿no?- Decía Leo muy emocionado.
- Claro, ya te lo dije. - Le contestó Julia.
Leo le cogió la mano, y la palmeó suavemente.
- ¿Qué te parece si vamos a cenar para celebrarlo?
Julia sonrió encantada. Estaba contenta porque a Leo se le había pasado el enfado y el domingo había sido genial, quitando la discusión sobre sus amigos. Habían ido al cine y pasado un buen rato juntos en casa.
En aquel momento sonó su móvil y sonrió al ver en la pantalla: “Martín”
- Bueno Martín ¿Cómo estás? - preguntó, ignorando a Leo que puso mala cara, y a Eli que levantó la cabeza disparada.
#9
02/05/2009 14:32
Parte 8
Al otro lado de la línea sonó la voz de Martín.
- ¡Hola Julia! ¿Qué tal todo en esa casa de matasanos?
Julia se rió y eso acentuó la mala cara de Leo. Martín siempre vio a Julia como una amiga, de hecho, era la única amiga que tenía, pero eso Leo no se lo tragaba…
- Bien listillo, muy bien. Todo aquí marcha genial… Creo que hoy no he matado a nadie.- Dijo Julia bromeando.
- Te tengo que pedir un favor. - Dijo Martín.
- Claro, lo que quieras. Dime.
- Bueno, lo que te tengo que pedir es personal, me gustaría decírtelo en persona. ¿Te importa que quedemos esta tarde?
Julia dudó. Acababa de quedar para cenar con Leo, y no quería que otra pelea tonta sobre sus amigos volviera a interponerse entre los dos.
- Esta tarde no puedo, salgo con Leo.- contestó y acto seguido escuchó a Martín insultar a Leo por lo bajito.
- Pero podemos quedar en tres horas que es cuando salgo del hospital. Pásate por la planta y pregunta por mí. - Le dijo antes de seguir maldiciendo a Leo.
- Ok. Estaré allí puntual como un reloj. - Dijo ella.
Martín se rió.
-¡Venga ya, Julia! ¡Siempre llegas tarde!
Riéndose colgaron y Julia se encontró con dos pares de ojos que la miraban inquisitivos. El primero en hablar fue Leo.
- No me digas que me vas a dejar plantado otra vez. ¡Y menos por ese fantoche!
Julia se enfadó.
- Primero, no anticipes nada ni pongas en mi boca cosas que yo no he dicho. NO te voy a dejar plantado.- Dijo levantando la voz. - Y segundo, sólo quiere decirme algo.
Elisa la miró curiosa, pero se aguantó las ganas de preguntar qué quería Martín.
Probablemente se lo contaría su amiga esta tarde, pero parecía que no iba a ser necesario esperar, porque Leo preguntó con voz cortante.
- ¿Y se puede saber qué quiere ese playboy?
- No lo sé, de verdad. - Dijo Julia muy molesta. - Y te agradecería que no lo insultes más. Es uno de mis mejor amigos y no lo aguanto. ¿Me entrometo entre tú y tus amigos? - le preguntó con ojos furiosos.
Leo la miró enfadado y con mala cara, pero se tragó lo que quería decir. Se reclinó con los brazos cruzados sobre el pecho y con cara enfurruñada.
Elisa no sabía si reír o si sentirlo por su amiga, porque su novio se parecía más a un niño malcriado que a un hombre hecho y derecho. Viendo que Julia cogía aire para volver echarle una bronca a Leonardo, decidió calmar los ánimos:
- Leo, no te molestes ¿Ok? - dijo con voz suave. - Ya sabes que Martín es su amigo, pero tú eres su novio.
Julia permaneció en un silencio hostil y con una mirada helada.
Leo se levantó de la mesa haciendo ruido al arrastrar la silla y le contestó a Eli.
- Mira nena, no necesito tu ayuda para nada. Yo sé como hablar con mi novia yo solito.
- No lo parece, la verdad. Estás intentando gobernar mi vida y eso es algo que no soporto. Y lo sabes Leonardo. - Contestó Julia enfadada.
Leo pareció pensar que todo estaba muy mal y le dijo.
- Mira, lo siento. No debí decir eso, pero ya sabes que no me cae bien Martín. Te llamo más tarde.
Dicho esto se marchó, dejándolas en silencio. Elisa no quería molestar a su amiga y Julia rompía en trozos servilletas de papel con una violencia contenida.
Parte del día ya estaba arruinado, y sólo le quedaba volver a trabajar, aunque sabía que no se podría concentrar hasta no saber qué quería Martín.
En otra parte del hospital…
Leo se encerró en su despacho. Bueno, no era suyo, pero su jefe no lo usaba casi nunca, y le dejaba estar allí y disponer de él para lo que quisiera.
Se sentó en la silla y apoyó los pies sobre la mesa.
Estaba enfadado, no mucho, porque esperaba poder arreglarlo todo con Julia, pero sí lo suficiente como para sentirse irritado. A pesar de que había dicho lo contrario, todavía no se le había pasado el disgusto por el ascenso y no tenía ganas de hacerse el simpático todo el día.
El tenía grandes planes para el futuro, y la verdad tenía miedo que se le estropease todo hoy. Había conocido a Julia de jóvenes en la casa de los padres de ella, y llevaba tres años intentando ganársela. Así que podía fingir un poco más.
Pero como los buenos jugadores, no tenía un sólo plan, sino varios en marcha. Jugueteó con un lápiz y decidió hacer una llamadita a uno de sus… negocios… Quizá el más importante de todos.
- ¿Qué tal va todo Sra. ****?
Esperó la respuesta al otro lado de la línea.
- No se angustie, todo estará bien mientras cumpla con su parte del trato.
Si no…. Ya sabe lo que va a pasar.
14.30 h
Julia esperaba ansiosa en el pasillo de Cirugía a Martín, que por primera vez, llegaba un cuarto de hora tarde. Justo cuando sacaban el móvil para llamarlo, apareció Martín en su campo de vista.
- ¡Hola Julia! ¿Qué tal? - Dijo dándole dos besos.
- Ya era hora Martín. Todo va bien. - Dijo Julia con cara de pocos amigos.
Martín sonrió y puso cara de "yaa claaaaro" y siguió a Julia a la sala de médicos donde se podían tomar un café tranquilamente. Martín miraba a ambos lados del pasillo, y por fin preguntó haciéndose el despistadillo:
- ¿Oye, tu amiga Elisa, también está bien?
Julia se paró en seco y lo miró suspicaz.
-¿Es eso lo que me has venido a preguntar? Porque si es eso…
Martín la interrumpió.
- ¡No! ¡Por favor! Sólo quería ser educado, india.
Julia lo miró de reojo mientras entraban en la habitación.
- Claaaaaro. Sólo te advierto que no te acerques a ella. Eli es buena gente y sensible, no creo que sea tu tipo.
Martín ignoró el último comentario y se sentó en un sofá.
- Lo que yo quería pedirte es un favor.
Julia se sentó a su lado.
-Claro, por supuesto. Si esta en mi mano, lo que quieras.
- Verás... necesito que me alquiles una habitación.
Julia se sorprendió.
- ¿A tí? ¿Pero tú no estás viviendo en casa de tu hermana?
- Bueno… - Dijo Martín incómodo- no es para mí. Es para Iván.
Al otro lado de la línea sonó la voz de Martín.
- ¡Hola Julia! ¿Qué tal todo en esa casa de matasanos?
Julia se rió y eso acentuó la mala cara de Leo. Martín siempre vio a Julia como una amiga, de hecho, era la única amiga que tenía, pero eso Leo no se lo tragaba…
- Bien listillo, muy bien. Todo aquí marcha genial… Creo que hoy no he matado a nadie.- Dijo Julia bromeando.
- Te tengo que pedir un favor. - Dijo Martín.
- Claro, lo que quieras. Dime.
- Bueno, lo que te tengo que pedir es personal, me gustaría decírtelo en persona. ¿Te importa que quedemos esta tarde?
Julia dudó. Acababa de quedar para cenar con Leo, y no quería que otra pelea tonta sobre sus amigos volviera a interponerse entre los dos.
- Esta tarde no puedo, salgo con Leo.- contestó y acto seguido escuchó a Martín insultar a Leo por lo bajito.
- Pero podemos quedar en tres horas que es cuando salgo del hospital. Pásate por la planta y pregunta por mí. - Le dijo antes de seguir maldiciendo a Leo.
- Ok. Estaré allí puntual como un reloj. - Dijo ella.
Martín se rió.
-¡Venga ya, Julia! ¡Siempre llegas tarde!
Riéndose colgaron y Julia se encontró con dos pares de ojos que la miraban inquisitivos. El primero en hablar fue Leo.
- No me digas que me vas a dejar plantado otra vez. ¡Y menos por ese fantoche!
Julia se enfadó.
- Primero, no anticipes nada ni pongas en mi boca cosas que yo no he dicho. NO te voy a dejar plantado.- Dijo levantando la voz. - Y segundo, sólo quiere decirme algo.
Elisa la miró curiosa, pero se aguantó las ganas de preguntar qué quería Martín.
Probablemente se lo contaría su amiga esta tarde, pero parecía que no iba a ser necesario esperar, porque Leo preguntó con voz cortante.
- ¿Y se puede saber qué quiere ese playboy?
- No lo sé, de verdad. - Dijo Julia muy molesta. - Y te agradecería que no lo insultes más. Es uno de mis mejor amigos y no lo aguanto. ¿Me entrometo entre tú y tus amigos? - le preguntó con ojos furiosos.
Leo la miró enfadado y con mala cara, pero se tragó lo que quería decir. Se reclinó con los brazos cruzados sobre el pecho y con cara enfurruñada.
Elisa no sabía si reír o si sentirlo por su amiga, porque su novio se parecía más a un niño malcriado que a un hombre hecho y derecho. Viendo que Julia cogía aire para volver echarle una bronca a Leonardo, decidió calmar los ánimos:
- Leo, no te molestes ¿Ok? - dijo con voz suave. - Ya sabes que Martín es su amigo, pero tú eres su novio.
Julia permaneció en un silencio hostil y con una mirada helada.
Leo se levantó de la mesa haciendo ruido al arrastrar la silla y le contestó a Eli.
- Mira nena, no necesito tu ayuda para nada. Yo sé como hablar con mi novia yo solito.
- No lo parece, la verdad. Estás intentando gobernar mi vida y eso es algo que no soporto. Y lo sabes Leonardo. - Contestó Julia enfadada.
Leo pareció pensar que todo estaba muy mal y le dijo.
- Mira, lo siento. No debí decir eso, pero ya sabes que no me cae bien Martín. Te llamo más tarde.
Dicho esto se marchó, dejándolas en silencio. Elisa no quería molestar a su amiga y Julia rompía en trozos servilletas de papel con una violencia contenida.
Parte del día ya estaba arruinado, y sólo le quedaba volver a trabajar, aunque sabía que no se podría concentrar hasta no saber qué quería Martín.
En otra parte del hospital…
Leo se encerró en su despacho. Bueno, no era suyo, pero su jefe no lo usaba casi nunca, y le dejaba estar allí y disponer de él para lo que quisiera.
Se sentó en la silla y apoyó los pies sobre la mesa.
Estaba enfadado, no mucho, porque esperaba poder arreglarlo todo con Julia, pero sí lo suficiente como para sentirse irritado. A pesar de que había dicho lo contrario, todavía no se le había pasado el disgusto por el ascenso y no tenía ganas de hacerse el simpático todo el día.
El tenía grandes planes para el futuro, y la verdad tenía miedo que se le estropease todo hoy. Había conocido a Julia de jóvenes en la casa de los padres de ella, y llevaba tres años intentando ganársela. Así que podía fingir un poco más.
Pero como los buenos jugadores, no tenía un sólo plan, sino varios en marcha. Jugueteó con un lápiz y decidió hacer una llamadita a uno de sus… negocios… Quizá el más importante de todos.
- ¿Qué tal va todo Sra. ****?
Esperó la respuesta al otro lado de la línea.
- No se angustie, todo estará bien mientras cumpla con su parte del trato.
Si no…. Ya sabe lo que va a pasar.
14.30 h
Julia esperaba ansiosa en el pasillo de Cirugía a Martín, que por primera vez, llegaba un cuarto de hora tarde. Justo cuando sacaban el móvil para llamarlo, apareció Martín en su campo de vista.
- ¡Hola Julia! ¿Qué tal? - Dijo dándole dos besos.
- Ya era hora Martín. Todo va bien. - Dijo Julia con cara de pocos amigos.
Martín sonrió y puso cara de "yaa claaaaro" y siguió a Julia a la sala de médicos donde se podían tomar un café tranquilamente. Martín miraba a ambos lados del pasillo, y por fin preguntó haciéndose el despistadillo:
- ¿Oye, tu amiga Elisa, también está bien?
Julia se paró en seco y lo miró suspicaz.
-¿Es eso lo que me has venido a preguntar? Porque si es eso…
Martín la interrumpió.
- ¡No! ¡Por favor! Sólo quería ser educado, india.
Julia lo miró de reojo mientras entraban en la habitación.
- Claaaaaro. Sólo te advierto que no te acerques a ella. Eli es buena gente y sensible, no creo que sea tu tipo.
Martín ignoró el último comentario y se sentó en un sofá.
- Lo que yo quería pedirte es un favor.
Julia se sentó a su lado.
-Claro, por supuesto. Si esta en mi mano, lo que quieras.
- Verás... necesito que me alquiles una habitación.
Julia se sorprendió.
- ¿A tí? ¿Pero tú no estás viviendo en casa de tu hermana?
- Bueno… - Dijo Martín incómodo- no es para mí. Es para Iván.
#10
02/05/2009 14:32
Parte 9 (primera parte)
- ¡¿Iván?! - Exclamó Julia. - Pero… ¿por qué? - acertó a preguntar, todavía sorprendida.
- Ya sabes que en casa de mi hermana no se puede quedar...
Julia asintió y Martín continuó.
- Necesito encontrarle una habitación o algo para estas semanas hasta que viaje. Para cuando vuelva yo ya estaré instalado y podrá estar conmigo.
Julia se quedó en silencio. Martín se frotó las manos nervioso.
- Verás, ya se lo he preguntado a todos mis amigos. Y ninguno puede. Y la verdad es que si no fueras mi última opción no te lo pediría…
- ¿Has hablado ya con él? - Preguntó Julia de sopetón. - Es decir, ¿sabe él que tendría que venir a mi casa? Bueno, a casa de mi vecino…
- No, todavía no se lo he dicho. Sólo sabe que le estoy buscando casa, pero no sabe a quién se lo estoy preguntando. - Sonrió pícaro. - Iván se fía bastante de mí.
- ¡Menudo peligro tienes! - Dijo Julia medio en broma, pero luego puso una expresión más seria. - Yo tengo que pensarlo. No sé si quiero compartir piso con nadie ahora. Además no sé qué pensara Leo.
- No hace falta que se quede en tu casa, puede alquilar la de tu vecino ¿no? - Dijo Martín.
- Uff… no creo que ese crío le alquile la casa… Así que le podría alquilar una habitación… pero te repito que no creo que eso le guste mucho a Leo…
Martín gruñó.
- ¡Bah! ¿Desde cuándo le pides permiso a Leo para hacer algo? … Julia tu eres decidida y no dejarías que ese…
Julia levantó una mano para que se callara.
-Mira Martín, ya me he peleado 2 veces en 24 horas por defenderte, y no pienso tener otra para defender a Leonardo.
- Pero…- empezó Martín.
- Pero nada. - Lo interrumpió Julia. - Yo no dejo que nadie me diga lo que tengo que hacer, hago lo que se me viene en gana. Pero cuando una tiene pareja tienes que tener en cuenta los sentimientos de los demás.
Miguel se dio por vencido.
- Eso quiere decir que no, que no le dejas la habitación.
Julia se calló, y pensativa se miró las manos. No quería a Iván en su casa, pero no tenía nada que ver con lo que le había dicho a Martín. - Me lo pensaré ¿vale? Te llamo esta tarde y te lo digo ¿Ok?
Martín sonrió y le dio un beso rápido en la mejilla que hizo que Julia se riera de él.
- Ahora princesa, me voy a esfumar antes de que aparezca por aquí tu noviecito.
Martín salió de la habitación y echó una última mirada al pasillo por si veía alguna melena rubia, pero se dio cuenta de que al fin y al cabo no la iba a encontrar siempre que quisiera. Se sorprendió por la decepción que le causó no cruzarse con Elisa y salió del hospital reflexionando sobre eso.
- ¡¿Iván?! - Exclamó Julia. - Pero… ¿por qué? - acertó a preguntar, todavía sorprendida.
- Ya sabes que en casa de mi hermana no se puede quedar...
Julia asintió y Martín continuó.
- Necesito encontrarle una habitación o algo para estas semanas hasta que viaje. Para cuando vuelva yo ya estaré instalado y podrá estar conmigo.
Julia se quedó en silencio. Martín se frotó las manos nervioso.
- Verás, ya se lo he preguntado a todos mis amigos. Y ninguno puede. Y la verdad es que si no fueras mi última opción no te lo pediría…
- ¿Has hablado ya con él? - Preguntó Julia de sopetón. - Es decir, ¿sabe él que tendría que venir a mi casa? Bueno, a casa de mi vecino…
- No, todavía no se lo he dicho. Sólo sabe que le estoy buscando casa, pero no sabe a quién se lo estoy preguntando. - Sonrió pícaro. - Iván se fía bastante de mí.
- ¡Menudo peligro tienes! - Dijo Julia medio en broma, pero luego puso una expresión más seria. - Yo tengo que pensarlo. No sé si quiero compartir piso con nadie ahora. Además no sé qué pensara Leo.
- No hace falta que se quede en tu casa, puede alquilar la de tu vecino ¿no? - Dijo Martín.
- Uff… no creo que ese crío le alquile la casa… Así que le podría alquilar una habitación… pero te repito que no creo que eso le guste mucho a Leo…
Martín gruñó.
- ¡Bah! ¿Desde cuándo le pides permiso a Leo para hacer algo? … Julia tu eres decidida y no dejarías que ese…
Julia levantó una mano para que se callara.
-Mira Martín, ya me he peleado 2 veces en 24 horas por defenderte, y no pienso tener otra para defender a Leonardo.
- Pero…- empezó Martín.
- Pero nada. - Lo interrumpió Julia. - Yo no dejo que nadie me diga lo que tengo que hacer, hago lo que se me viene en gana. Pero cuando una tiene pareja tienes que tener en cuenta los sentimientos de los demás.
Miguel se dio por vencido.
- Eso quiere decir que no, que no le dejas la habitación.
Julia se calló, y pensativa se miró las manos. No quería a Iván en su casa, pero no tenía nada que ver con lo que le había dicho a Martín. - Me lo pensaré ¿vale? Te llamo esta tarde y te lo digo ¿Ok?
Martín sonrió y le dio un beso rápido en la mejilla que hizo que Julia se riera de él.
- Ahora princesa, me voy a esfumar antes de que aparezca por aquí tu noviecito.
Martín salió de la habitación y echó una última mirada al pasillo por si veía alguna melena rubia, pero se dio cuenta de que al fin y al cabo no la iba a encontrar siempre que quisiera. Se sorprendió por la decepción que le causó no cruzarse con Elisa y salió del hospital reflexionando sobre eso.
#11
02/05/2009 14:35
Parte 9 (segunda parte)
Julia se quedó un rato sentada en el sillón, y sólo se levantó para servirse un jugo de naranja.
No sabía qué hacer. Le parecía cruel no ayudar a su mejor amigo. Martín nunca le pedía favores, y le molestaba que para una vez que se los pide, ella no pudiera decirle que sí. Pero tenía miedo de tener a Iván en casa. Sí miedo. Pero no a Iván, si no a ella misma, a la atracción y a sentir. Hacía mucho tiempo que se había prometido a si misma que no querría a nadie y sobre todo no volvería a sentir. Por otra parte ella tenía novio, por mucho que Martín se lo tomase a chiste, y era feliz. Además Julia se consideraba lo suficientemente fuerte como para convivir con Iván en su casa. Porque algo que había aprendido era el auto-control.
Alargó la mano para agarrar el móvil y llamar a Martín. Ya tenía una respuesta.
En otra parte del mundo…
Perdido en la nostalgia, pensó en llamar a su padre para ver cómo se encontraba, pero tampoco le apetecía hablar mucho con el.
Se puso una camiseta y unos pantalones de deporte viejos, y se sentó frente a la mesa del ordenador, corrección de uno de los dos ordenadores que tenía. Uno un trasto viejo y lento, que usaba para almacenar archivos, y otro, éste que tenía delante, su fiel compañero el portátil.
Se tomó su tiempo para abrir los documentos sobre los que estaba trabajando, y que se había traído de la oficina. En los 5 años que llevaba en Los Ángeles su rutina siempre había sido la misma. De casa al trabajo y del trabajo a casa, salvo en los fines de semana, cuando salía con algunos amigos a alguna fiesta.
Cuando terminó, se sintió de repente vacío. Una sensación que sólo hacía unos meses que le pasaba. Se daba cuenta, y era doloroso, de lo vacía que estaba su vida en esa ciudad extraña. Y echó de menos todo lo de Madrid, su casa, sus amigos y la comida. Pero sobretodo extrañó a su hermana pequeña, su padre y a su madre… A la que hacía tiempo que no visitaba en ese siniestro hospital de Madrid.
Estiró la mano hacia el teléfono y marcó un número del extranjero, espero a que sonara dos, tres, cuatro veces sin respuesta. Suspiró y pensó en dejar un mensaje en el contestador, pero en el último momento, se echó atrás. Su hermana estaría fuera.
La echaba de menos, a su hermanita. Bueno, Julia ya no era tan pequeña, aunque para él siempre sería la niña traviesa y loca que armaba escándalos y jaleos por toda la casa. Sonrió al ver las fotos que tenía de ambos en su despacho y decidió escribirle un e-mail y que ella le contestara cuando quisiera.
Estaba a punto de hacer esto cuando el teléfono sonó en medio del silencio, rompiendo la oscuridad y atronando.
- ¿Diga?
- ¿Mario? - dijo la voz que reconoció como la de su padre.
- ¡Hola papá! ¡Qué alegría oírte! ¿Qué tal todo por ahí? ¿Cómo llamas a estas horas? - dijo, al comprobar que en Madrid era de madrugada.
- Por aquí genial hijo, tu hermana está como siempre, mejor dicho, trabajando como siempre. - contestó una voz nerviosa y angustiada. - En realidad fue idea mía llamarte, quería ver como estabas. Hace meses que no sabemos nada de ti.
Mario se extrañó, pero contestó.
- Yo estoy bien, ya sabes que muy ocupado. Mucho trabajo por aquí. El mercado aquí es muy difícil, mucha competencia y eso.
La línea se quedó en silencio, pero Mario podía oír a su padre respirar al otro lado del teléfono. ¿Qué diablos estaba pasando?
- Oye papá, ¿De verdad está todo bien? - preguntó preocupado.
_ Verás…. Esto…. Yo quería… - oyó a papá comenzar, le costaba un mundo decir cada palabra. - Bueno nada, ya… ya me las arreglaré yo solo. Adiós. - Y colgó.
Mario se sintió decepcionado, esperaba algo de papá, pero él no la iba a obligar a hablar. Aún se quedó un rato más delante del ordenador pensativo.
No tenía nada claro, salvo una cosa: Algo está pasando en casa, en Madrid.
Al día siguiente…
Iván se sentó en la cafetería de la consulta y pidió un refresco, sacó unos papeles y comenzó a revisarlos mientras esperaba a Julia. No sabía lo que se proponía, pero estaba nervioso, temía y quería verla. De modo que entre tanta confusión, intentaba controlarse y no mirar a la puerta cada 5 segundos.
La vio entrar a la cafetería, era tan guapa que incluso con un saco de patatas puesto sería imposible que no se viese bien. Casi hipnotizado la siguió con la mirada mientras se acercaba a la mesa, serena y hermosa, tanto que hasta dolía mirarla.
- ¡Hola Iván! - Dijo Julia dándole la mano, y él se estremeció al sentir la corriente que la atravesaba, casi como el primer día.
- Hola Julia - le contestó Iván, casi atontado.- Martín me dijo que me querías ver, aunque no me dijo porqué.
Julia asintió y un mechón de su oscuro cabello cayó por su frente, e Iván deseó por un segundo ser ese mechón. Pero apartó a un lado esos pensamientos, porque seguro que tenía una cara de idiota impresionante, y tampoco quería que ella pensara que él era tonto de remate.
- Me ha dicho que necesitas alojamiento. - Dijo Julia con cara seria.
Iván estaba desilusionado, esperaba algo diferente ¿una cita, tal vez?, así que hizo el esfuerzo supremo de acordarse de que ella tenía novio, y el no quería tener problemas de ninguna clase.
- Sí, este… en resumen, estoy alojado en un hotel.
Julia apoyó las manos sobre la mesa y lo observó fijamente. Ella había visto sus ojos cuando entró en la habitación y recordó lo que Elisa le había dicho, “Te mira de una manera”. Ignoró esos pensamientos, ella era fuerte y no iba a dejarse llevar por tonterías.
- Verás yo en mi apartamento tengo un estudio, y este… tiene un sofá-cama. No es gran cosa pero si te vas a quedar de forma temporal…
- ¡Claro! - Dijo Iván, no podía creer lo que se le estaba ofreciendo.
Julia lo miró incómoda, ahora que lo había dicho estaba tranquila, y supo que había hecho lo correcto.
Julia se quedó un rato sentada en el sillón, y sólo se levantó para servirse un jugo de naranja.
No sabía qué hacer. Le parecía cruel no ayudar a su mejor amigo. Martín nunca le pedía favores, y le molestaba que para una vez que se los pide, ella no pudiera decirle que sí. Pero tenía miedo de tener a Iván en casa. Sí miedo. Pero no a Iván, si no a ella misma, a la atracción y a sentir. Hacía mucho tiempo que se había prometido a si misma que no querría a nadie y sobre todo no volvería a sentir. Por otra parte ella tenía novio, por mucho que Martín se lo tomase a chiste, y era feliz. Además Julia se consideraba lo suficientemente fuerte como para convivir con Iván en su casa. Porque algo que había aprendido era el auto-control.
Alargó la mano para agarrar el móvil y llamar a Martín. Ya tenía una respuesta.
En otra parte del mundo…
Perdido en la nostalgia, pensó en llamar a su padre para ver cómo se encontraba, pero tampoco le apetecía hablar mucho con el.
Se puso una camiseta y unos pantalones de deporte viejos, y se sentó frente a la mesa del ordenador, corrección de uno de los dos ordenadores que tenía. Uno un trasto viejo y lento, que usaba para almacenar archivos, y otro, éste que tenía delante, su fiel compañero el portátil.
Se tomó su tiempo para abrir los documentos sobre los que estaba trabajando, y que se había traído de la oficina. En los 5 años que llevaba en Los Ángeles su rutina siempre había sido la misma. De casa al trabajo y del trabajo a casa, salvo en los fines de semana, cuando salía con algunos amigos a alguna fiesta.
Cuando terminó, se sintió de repente vacío. Una sensación que sólo hacía unos meses que le pasaba. Se daba cuenta, y era doloroso, de lo vacía que estaba su vida en esa ciudad extraña. Y echó de menos todo lo de Madrid, su casa, sus amigos y la comida. Pero sobretodo extrañó a su hermana pequeña, su padre y a su madre… A la que hacía tiempo que no visitaba en ese siniestro hospital de Madrid.
Estiró la mano hacia el teléfono y marcó un número del extranjero, espero a que sonara dos, tres, cuatro veces sin respuesta. Suspiró y pensó en dejar un mensaje en el contestador, pero en el último momento, se echó atrás. Su hermana estaría fuera.
La echaba de menos, a su hermanita. Bueno, Julia ya no era tan pequeña, aunque para él siempre sería la niña traviesa y loca que armaba escándalos y jaleos por toda la casa. Sonrió al ver las fotos que tenía de ambos en su despacho y decidió escribirle un e-mail y que ella le contestara cuando quisiera.
Estaba a punto de hacer esto cuando el teléfono sonó en medio del silencio, rompiendo la oscuridad y atronando.
- ¿Diga?
- ¿Mario? - dijo la voz que reconoció como la de su padre.
- ¡Hola papá! ¡Qué alegría oírte! ¿Qué tal todo por ahí? ¿Cómo llamas a estas horas? - dijo, al comprobar que en Madrid era de madrugada.
- Por aquí genial hijo, tu hermana está como siempre, mejor dicho, trabajando como siempre. - contestó una voz nerviosa y angustiada. - En realidad fue idea mía llamarte, quería ver como estabas. Hace meses que no sabemos nada de ti.
Mario se extrañó, pero contestó.
- Yo estoy bien, ya sabes que muy ocupado. Mucho trabajo por aquí. El mercado aquí es muy difícil, mucha competencia y eso.
La línea se quedó en silencio, pero Mario podía oír a su padre respirar al otro lado del teléfono. ¿Qué diablos estaba pasando?
- Oye papá, ¿De verdad está todo bien? - preguntó preocupado.
_ Verás…. Esto…. Yo quería… - oyó a papá comenzar, le costaba un mundo decir cada palabra. - Bueno nada, ya… ya me las arreglaré yo solo. Adiós. - Y colgó.
Mario se sintió decepcionado, esperaba algo de papá, pero él no la iba a obligar a hablar. Aún se quedó un rato más delante del ordenador pensativo.
No tenía nada claro, salvo una cosa: Algo está pasando en casa, en Madrid.
Al día siguiente…
Iván se sentó en la cafetería de la consulta y pidió un refresco, sacó unos papeles y comenzó a revisarlos mientras esperaba a Julia. No sabía lo que se proponía, pero estaba nervioso, temía y quería verla. De modo que entre tanta confusión, intentaba controlarse y no mirar a la puerta cada 5 segundos.
La vio entrar a la cafetería, era tan guapa que incluso con un saco de patatas puesto sería imposible que no se viese bien. Casi hipnotizado la siguió con la mirada mientras se acercaba a la mesa, serena y hermosa, tanto que hasta dolía mirarla.
- ¡Hola Iván! - Dijo Julia dándole la mano, y él se estremeció al sentir la corriente que la atravesaba, casi como el primer día.
- Hola Julia - le contestó Iván, casi atontado.- Martín me dijo que me querías ver, aunque no me dijo porqué.
Julia asintió y un mechón de su oscuro cabello cayó por su frente, e Iván deseó por un segundo ser ese mechón. Pero apartó a un lado esos pensamientos, porque seguro que tenía una cara de idiota impresionante, y tampoco quería que ella pensara que él era tonto de remate.
- Me ha dicho que necesitas alojamiento. - Dijo Julia con cara seria.
Iván estaba desilusionado, esperaba algo diferente ¿una cita, tal vez?, así que hizo el esfuerzo supremo de acordarse de que ella tenía novio, y el no quería tener problemas de ninguna clase.
- Sí, este… en resumen, estoy alojado en un hotel.
Julia apoyó las manos sobre la mesa y lo observó fijamente. Ella había visto sus ojos cuando entró en la habitación y recordó lo que Elisa le había dicho, “Te mira de una manera”. Ignoró esos pensamientos, ella era fuerte y no iba a dejarse llevar por tonterías.
- Verás yo en mi apartamento tengo un estudio, y este… tiene un sofá-cama. No es gran cosa pero si te vas a quedar de forma temporal…
- ¡Claro! - Dijo Iván, no podía creer lo que se le estaba ofreciendo.
Julia lo miró incómoda, ahora que lo había dicho estaba tranquila, y supo que había hecho lo correcto.
#12
02/05/2009 14:35
- Te pagaré un alquiler por el mes. - Continuó Iván, sacando un talonario de cheques. - Y también para los gastos.
- Por dios Iván, sólo va a ser un mes, no toda la vida. - Protestó Julia. - Compartiremos los gastos, y si te quedas más de un mes, entonces te empezaré a cobrar. - Bromeó Julia.
- Procuraré irme a tiempo. - Dijo, bromeando y guiñándole un ojo. - Por cierto, algo que me pica la curiosidad… ¿Por qué te llaman india?
- Ya sabes, historias de críos… - Dijo riendo Julia. - En resumen, si te dijo que yo soy india, Roberto es el gran jefe y Martín es el pistolero, ¿Te queda claro que éramos solo críos?
- Y lo seguís siendo. - Dijo él, soltando una carcajada. Julia sonrió, junto a él.
Iván revolvió entre sus papeles y sacó dos papelitos en blanco donde comenzó a escribir, primero en una y luego en otra, con una sonrisilla. Luego le pasó una a Julia que la leyó:
“Yo Iván Noiret, juro solemnemente no abusar de la hospitalidad de Julia “india” Medina y ser ordenado, y ella promete permitirme ocupar su sofá cama y su techo por un mes.”
Julia se rió a carcajadas y le dijo: - ¿Tengo que firmarlo?
- ¡Claro! Es un documento totalmente legal. Así te aseguras que sólo me quede un mes, y si estoy un día más, me das una patada o algo.
Julia, sonriendo, firmó ambas hojas e Iván lo hizo a su lado. El chico cogió la suya, la dobló y la guardó en el bolsillo de su camisa diciendo: - La voy a guardar en un sitio seguro, cerca, no vaya a ser que me engañes.
Ella sonrió y al instante su móvil empezó a sonar. Con un suspiro se puso en pie, sacando una tarjeta de su bolsillo. La puso sobre la mesa delante de Iván, diciéndole:
- Es mi dirección, puedes instalarte esta tarde o por la noche, yo no voy a estar hasta mañana. El portero tiene un juego de llaves a tu nombre.
Cuando pasó por el lado de Iván, Julia no pudo resistirse a tocar su hombro a modo de despedida, con lo que Iván volvió a sentir esa corriente en el cuerpo.
Y se quedó sentado tristemente solo, preguntándose donde pasaría la noche la india más hermosa del planeta.
- Por dios Iván, sólo va a ser un mes, no toda la vida. - Protestó Julia. - Compartiremos los gastos, y si te quedas más de un mes, entonces te empezaré a cobrar. - Bromeó Julia.
- Procuraré irme a tiempo. - Dijo, bromeando y guiñándole un ojo. - Por cierto, algo que me pica la curiosidad… ¿Por qué te llaman india?
- Ya sabes, historias de críos… - Dijo riendo Julia. - En resumen, si te dijo que yo soy india, Roberto es el gran jefe y Martín es el pistolero, ¿Te queda claro que éramos solo críos?
- Y lo seguís siendo. - Dijo él, soltando una carcajada. Julia sonrió, junto a él.
Iván revolvió entre sus papeles y sacó dos papelitos en blanco donde comenzó a escribir, primero en una y luego en otra, con una sonrisilla. Luego le pasó una a Julia que la leyó:
“Yo Iván Noiret, juro solemnemente no abusar de la hospitalidad de Julia “india” Medina y ser ordenado, y ella promete permitirme ocupar su sofá cama y su techo por un mes.”
Julia se rió a carcajadas y le dijo: - ¿Tengo que firmarlo?
- ¡Claro! Es un documento totalmente legal. Así te aseguras que sólo me quede un mes, y si estoy un día más, me das una patada o algo.
Julia, sonriendo, firmó ambas hojas e Iván lo hizo a su lado. El chico cogió la suya, la dobló y la guardó en el bolsillo de su camisa diciendo: - La voy a guardar en un sitio seguro, cerca, no vaya a ser que me engañes.
Ella sonrió y al instante su móvil empezó a sonar. Con un suspiro se puso en pie, sacando una tarjeta de su bolsillo. La puso sobre la mesa delante de Iván, diciéndole:
- Es mi dirección, puedes instalarte esta tarde o por la noche, yo no voy a estar hasta mañana. El portero tiene un juego de llaves a tu nombre.
Cuando pasó por el lado de Iván, Julia no pudo resistirse a tocar su hombro a modo de despedida, con lo que Iván volvió a sentir esa corriente en el cuerpo.
Y se quedó sentado tristemente solo, preguntándose donde pasaría la noche la india más hermosa del planeta.
#13
02/05/2009 14:36
Parte 10
El calor en la mano de Julia, donde había tocado a Iván, le duró toda la tarde. E incluso permanecía cuando se encontró con Leo para cenar y para pasar la tarde juntos. Pero estaba tan despistada que Leonardo no tardó en preguntarle qué le pasaba durante la cena.
- Nada. Estoy bien. - contestó Julia, y bebió de su copa para no decir nada más.
- A mi no me lo parece. Estás rarísima. - Le dijo Leo llevándose el tenedor a la boca y mirándola fijamente.
Ella se encogió de hombros y comió sin hambre. No paraba de pensar en Iván, y en que en ese mismo instante él podría estar en su piso. Se preguntó qué pensaría de su casa. Y súbitamente deseó estar allí para enseñárselo todo.
- ¡Oye te estoy hablando Julia!
Julia levantó la vista sobresaltada para encontrarse a Leo mirándola.
- Perdona, no te estaba escuchando. ¿Qué decías?
- Te preguntaba en qué pensabas. - Contestó Leo de mala gana. - Debe ser fascinante, por el caso que me prestas.
- Pensaba en mi casa. Y en Verne. – Añadió de repente, Julia.
Leo sonrió débilmente.
- Ya me imaginaba yo que Verne tenía algo que ver. Por dios Julia, ese saco de pulgas tiene 100 años como mínimo. - Dijo, exagerando. - Creo que sabe cuidarse bien él solito. No es que tenga miedo a la oscuridad, vamos.
“A la oscuridad no, pero a los extraños tal vez” Pensó Julia. Se le había olvidado completamente hablarle a Iván de Verne. Era un perro bastante grande, peludo y que parecía un ovejero, que ocupaba el sofá del salón como su territorio, y aunque tenía buen carácter, no había pensado en cómo se sentiría al ver invadido sus dominios por Iván. No podía dejarlo así, de modo que tomó una decisión.
- ¿Me disculpas? Tengo que ir al baño. - Dijo Julia y sin esperar a que Leonardo contestara, se levantó y se dirigió a los servicios.
Al llegar a un punto donde Leo no podía verla, cambió el rumbo y se acercó a los teléfonos públicos. Marcó el número de su casa, y esperó a que alguien contestase. Pero el teléfono sonó y sonó, hasta que finalmente sonó el contestador. Decepcionada porque Iván no estaba en casa, dejó un mensaje.
En otro lugar de Madrid…
En la habitación sonó la voz de Julia alta y con el ligero tono metálico del contestador:
”Iván, espero que oigas esto. Tengo un perro, se llama Verne, no muerde ni nada, pero no le gustan los extraños. Trátalo bien. Chao”
Iván sonrió desde su posición en el sofá donde estaba tumbado en una esquina, mientras que Verne había ocupado el otro rincón considerando que los pies del chico serían una almohada perfecta.
Estaba viendo uno de los DVD’s de la colección de Julia que según había podido ver tenía decenas de pelis y de libros por la casa.
Le gustó el detalle de que ella se acordara de él, y le acarició la cabeza al perro que lo miró soñoliento.
- Así que muerdes, ¿eh? Me decepcionas Verne. No me esperaba eso de ti.
Verne, que ya había visto interrumpida su siesta, lo ignoró olímpicamente y trató de volver a dormir. Pero su misión se vió interrumpida por el teléfono que volvió a sonar.
Iván se pensó un momento responder. Antes no lo había hecho porque nadie sabía que estaba allí y no quería interferir en las llamadas de Julia. Pero en el último momento pensó que sería ella así que alargó la mano hacia el auricular y contestó.
- ¡Hola Julia! No he matado a tu perro, no te preocupes por él. - Dijo bromeando.
- ¿Sí, Julia? - dijo una voz masculina que definitivamente no era la de Julia y que sonaba confundida.
“Ufff…” pensó Iván y, avergonzado, contestó.
- No, este… no está. ¿Quiere dejar un mensaje o un recado?
- ¿Y tú quién eres? ¿Su novio? - preguntó la voz aún más confundida.
- Este…. No, soy el compañero de piso. - Respondió. - Me llamo Iván.
- Ahh. Bueno, le puedes decir que su hermano Mario ha llamado y que cuando tenga tiempo que se comunique. Ella ya tiene el número. - Dio la voz con urgencia. - Hasta luego Iván.
Iván colgó y apuntó en un papel lo que le había dicho el desconocido. “Vaya forma de meter la pata, Iván, mira que eres tonto.”
Pasó el resto de la película pensando en Julia y en su familia, y cuando terminó la película, buscó otra y con Verne, que parecía contento de tener compañía, se durmió en el sofá.
En otro lado…
Cuando Julia volvió a la mesa, Leo ya había pedido el postre y la esperaba.
- Lo que has dicho de tu casa me ha hecho pensar…- Empezó Leo.
Julia se sentó y lo miró.
- ¿Y…? ¿Echas de menos a Verne o qué?
- Mira Julia, es una tontería que estemos yendo de un piso para otro. Yo me olvido cosas en el tuyo y tú en el mío. Creo que deberíamos plantearnos vivir juntos aunque sólo sea de prueba.
Julia lo miró de hito en hito y dijo con la boca abierta y un tono de voz un tanto alarmado.
- ¿Vivir juntos?
Leonardo la miró dolido.
- Bueno, si te da tanto miedo la perspectiva de estar conmigo, entonces ciertamente deberíamos dejar esta relación porque no nos lleva a ningún sitio
Julia reaccionó cerrando la boca y poniendo una cara lo más normal posible. Se esforzó por que su voz sonase más segura de lo que era y de lo que se sentía.
- No hables así Leo. Sabes que yo... Es sólo que…
Leo la miró acusador y rentándola a que continuase.
- ¿Que qué? ¿Qué no me quieres lo suficiente o qué?
- ¡No! Yo no quiero vivir con nadie ahora. Ya lo hemos hablado antes yo no estoy lista para ese compromiso. - Dijo Julia finalmente con terquedad.
- Claro, quieres estar conmigo, pero no quieres compromiso. ¡Julia, por favor! Ya somos mayorcitos. Yo espero algo más de nuestra relación, no sólo cenas y cines… ¿Por qué no nos casamos?
El calor en la mano de Julia, donde había tocado a Iván, le duró toda la tarde. E incluso permanecía cuando se encontró con Leo para cenar y para pasar la tarde juntos. Pero estaba tan despistada que Leonardo no tardó en preguntarle qué le pasaba durante la cena.
- Nada. Estoy bien. - contestó Julia, y bebió de su copa para no decir nada más.
- A mi no me lo parece. Estás rarísima. - Le dijo Leo llevándose el tenedor a la boca y mirándola fijamente.
Ella se encogió de hombros y comió sin hambre. No paraba de pensar en Iván, y en que en ese mismo instante él podría estar en su piso. Se preguntó qué pensaría de su casa. Y súbitamente deseó estar allí para enseñárselo todo.
- ¡Oye te estoy hablando Julia!
Julia levantó la vista sobresaltada para encontrarse a Leo mirándola.
- Perdona, no te estaba escuchando. ¿Qué decías?
- Te preguntaba en qué pensabas. - Contestó Leo de mala gana. - Debe ser fascinante, por el caso que me prestas.
- Pensaba en mi casa. Y en Verne. – Añadió de repente, Julia.
Leo sonrió débilmente.
- Ya me imaginaba yo que Verne tenía algo que ver. Por dios Julia, ese saco de pulgas tiene 100 años como mínimo. - Dijo, exagerando. - Creo que sabe cuidarse bien él solito. No es que tenga miedo a la oscuridad, vamos.
“A la oscuridad no, pero a los extraños tal vez” Pensó Julia. Se le había olvidado completamente hablarle a Iván de Verne. Era un perro bastante grande, peludo y que parecía un ovejero, que ocupaba el sofá del salón como su territorio, y aunque tenía buen carácter, no había pensado en cómo se sentiría al ver invadido sus dominios por Iván. No podía dejarlo así, de modo que tomó una decisión.
- ¿Me disculpas? Tengo que ir al baño. - Dijo Julia y sin esperar a que Leonardo contestara, se levantó y se dirigió a los servicios.
Al llegar a un punto donde Leo no podía verla, cambió el rumbo y se acercó a los teléfonos públicos. Marcó el número de su casa, y esperó a que alguien contestase. Pero el teléfono sonó y sonó, hasta que finalmente sonó el contestador. Decepcionada porque Iván no estaba en casa, dejó un mensaje.
En otro lugar de Madrid…
En la habitación sonó la voz de Julia alta y con el ligero tono metálico del contestador:
”Iván, espero que oigas esto. Tengo un perro, se llama Verne, no muerde ni nada, pero no le gustan los extraños. Trátalo bien. Chao”
Iván sonrió desde su posición en el sofá donde estaba tumbado en una esquina, mientras que Verne había ocupado el otro rincón considerando que los pies del chico serían una almohada perfecta.
Estaba viendo uno de los DVD’s de la colección de Julia que según había podido ver tenía decenas de pelis y de libros por la casa.
Le gustó el detalle de que ella se acordara de él, y le acarició la cabeza al perro que lo miró soñoliento.
- Así que muerdes, ¿eh? Me decepcionas Verne. No me esperaba eso de ti.
Verne, que ya había visto interrumpida su siesta, lo ignoró olímpicamente y trató de volver a dormir. Pero su misión se vió interrumpida por el teléfono que volvió a sonar.
Iván se pensó un momento responder. Antes no lo había hecho porque nadie sabía que estaba allí y no quería interferir en las llamadas de Julia. Pero en el último momento pensó que sería ella así que alargó la mano hacia el auricular y contestó.
- ¡Hola Julia! No he matado a tu perro, no te preocupes por él. - Dijo bromeando.
- ¿Sí, Julia? - dijo una voz masculina que definitivamente no era la de Julia y que sonaba confundida.
“Ufff…” pensó Iván y, avergonzado, contestó.
- No, este… no está. ¿Quiere dejar un mensaje o un recado?
- ¿Y tú quién eres? ¿Su novio? - preguntó la voz aún más confundida.
- Este…. No, soy el compañero de piso. - Respondió. - Me llamo Iván.
- Ahh. Bueno, le puedes decir que su hermano Mario ha llamado y que cuando tenga tiempo que se comunique. Ella ya tiene el número. - Dio la voz con urgencia. - Hasta luego Iván.
Iván colgó y apuntó en un papel lo que le había dicho el desconocido. “Vaya forma de meter la pata, Iván, mira que eres tonto.”
Pasó el resto de la película pensando en Julia y en su familia, y cuando terminó la película, buscó otra y con Verne, que parecía contento de tener compañía, se durmió en el sofá.
En otro lado…
Cuando Julia volvió a la mesa, Leo ya había pedido el postre y la esperaba.
- Lo que has dicho de tu casa me ha hecho pensar…- Empezó Leo.
Julia se sentó y lo miró.
- ¿Y…? ¿Echas de menos a Verne o qué?
- Mira Julia, es una tontería que estemos yendo de un piso para otro. Yo me olvido cosas en el tuyo y tú en el mío. Creo que deberíamos plantearnos vivir juntos aunque sólo sea de prueba.
Julia lo miró de hito en hito y dijo con la boca abierta y un tono de voz un tanto alarmado.
- ¿Vivir juntos?
Leonardo la miró dolido.
- Bueno, si te da tanto miedo la perspectiva de estar conmigo, entonces ciertamente deberíamos dejar esta relación porque no nos lleva a ningún sitio
Julia reaccionó cerrando la boca y poniendo una cara lo más normal posible. Se esforzó por que su voz sonase más segura de lo que era y de lo que se sentía.
- No hables así Leo. Sabes que yo... Es sólo que…
Leo la miró acusador y rentándola a que continuase.
- ¿Que qué? ¿Qué no me quieres lo suficiente o qué?
- ¡No! Yo no quiero vivir con nadie ahora. Ya lo hemos hablado antes yo no estoy lista para ese compromiso. - Dijo Julia finalmente con terquedad.
- Claro, quieres estar conmigo, pero no quieres compromiso. ¡Julia, por favor! Ya somos mayorcitos. Yo espero algo más de nuestra relación, no sólo cenas y cines… ¿Por qué no nos casamos?
#14
02/05/2009 14:37
Parte 11
Julia permaneció el resto de la noche en silencio. Leo le había pedido en matrimonio dos veces, y ella siempre le había dicho que no, y que necesitaba tiempo, y que no estaba lista para casarse.
Y se sentía culpable por estar engañándolo…
Salieron del restaurante callados. Leo buscó la mano de Julia para que se la cogiera y ella se lo pensó un poco antes de decir que sí.
- Yo te quiero Julia. Eres lo que necesito. - Dijo Leo. - Yo…. Yo te daré tiempo, sabes, si es lo que necesitas. En tres días me marcho a Miami para un congreso. Piénsatelo entonces, ¿vale?
Ella lo miró a los ojos y asintió. Cuando él se dirigió al coche, Julia habló:
- ¿Me puedes llevar a casa? Ya sé que habíamos quedado en ir a la tuya, pero la verdad quiero pensar en lo que me has dicho… A solas.
Leo asintió.
- Está bien. Pero no te preocupes. Yo sólo quiero que esto funcione. No te enfades.
Se despidieron en el portal con un beso ligero, y ella esperó a asegurarse de que su novio se hubiera marchado totalmente y que no se le ocurriera subir. No sabía por qué pero no le había contado lo de Iván. Estaba segura de una cosa, que no quería casarse con él. Pero tampoco quería romperle el corazón innecesariamente.
Subió la escalera a grandes pasos sintiéndose culpable por ser tan mala novia, y su culpabilidad se acentuó al ver a Iván dormido en el sillón, con Verne tumbado con la cabeza sobre las rodillas.
Una sonrisa se dibujó en su rostro.
Y ella tan preocupada por la integridad física de Iván, y resulta que él se ponía a dormir felizmente con su enemigo. Apagó la TV y consideró la idea de dejarlo durmiendo en el sillón tapado con una manta, pero luego pensó en que al día siguiente le dolería todo el cuerpo así que alargó la mano para tocarlo.
…
Iván estaba parado en la carretera, como lo había estado tantas veces en los últimos tres años. Y frente a él, el coche es un amasijo de hierros. Él ve volutas de humo que ascienden, y chispas que saltan del motor. También sabe, con esa seguridad que se tiene en los sueños, que las cosas no fueron así, y que además él no pudo verlas, porque en la vida real, nunca presenció el accidente ya que se lo contaron muy lejos de allí.
Y de repente, para su angustia, una mano salió a través de la ventanilla del conductor. Iván se ve a si mismo correr hacia el coche, y oye su propia respiración, acalorada, angustiada; siente los latidos en la sien y tira de la mano, cogiéndolo.
- ¡Iván, despierta!
Abrió los ojos y aunque su vista estaba un poco desenfocada distinguió sin error a Julia tumbada bajo él. Sintió su calor, y su cuerpo bajo el suyo, pero sobretodo era su olor, olía dulce, a casa.
Julia había estado intentado quitárselo de encima, pero él era más grande y más fuerte y no podía. La verdad es que la había pillado por sorpresa, no había hecho más que tocarlo en el hombro cuando él tiró de su brazo con mucha fuerza y la colocó bajo él de un solo movimiento.
De modo que dejó de empujar, en cuanto se dio cuenta de que él tenía una pesadilla. Iván parecía tan sorprendido de tenerla entre sus brazos que no paraba de mirarla y murmuraba algo que ella no entendía pero que sonaba a “Estás viva”.
- Claro que estoy viva, pero si no te quitas de encima acabaré ahogada.
Iván tardó unos segundos en reaccionar, y con esfuerzo y sacudiendo la cabeza se apartó, dejando a Julia respirar bien, pero con una sensación de pérdida enorme. Aunque no lo hubiera reconocido le encantó tener a Iván tan cerca. Se sentó y lo miró, todavía parecía estar en el sueño.
- Yo… Lo siento, tenía una pesadilla. - Dijo sacudiendo la cabeza y cerrando los ojos. - ¿Ya es por la mañana? - Preguntó confuso tras unos segundos, al verla a su lado.
Julia sonrió y negó con la cabeza. - Es pasada la medianoche. He regresado antes.
Iván se dijo que iba vestida para salir, vestido ajustado y elegante, zapatos de tacón alto y un bonito colgante de oro, con una forma extraña que parecía contener una turquesa.
- ¿Tenías una cita… con Leo?
Ella asintió, e Iván preguntó otra vez.
- ¿Y porqué has venido?
Ella sonrió, acarició la cabeza de Verne y dijo: - Bueno, no quería que le sirvieses de cena a Verne. ¿Cómo se lo iba a explicar a tu familia?
Iván sonrió, no tenía ganas de hablar de su familia, ni mucho menos de su novio, pero tampoco quería que ella se levantara y lo mandase a la cama. Así que dijo lo primero que se le vino a la mente.
- Es muy bonita tu casa. - Y lo decía en serio. Con las paredes de ladrillo rojo visto, lleno de librerías cargadas de libros de psicología, de historia, etc. películas, y discos, estaba decorado con gusto. Pero no el de las revistas sino el de la personalidad de Julia. Fotos adornaban las paredes, unas en blanco y negro antiguas, y otras recientes; esculturas originales y grandes sillones donde sentarse para hablar y ver la tele. - Me gusta mucho la decoración.
- ¡Gracias! - Dijo Julia y se quitó los zapatos. - Estoy orgullosa de mi refugio. ¿Has visto tu habitación?
Iván asintió.
Julia permaneció el resto de la noche en silencio. Leo le había pedido en matrimonio dos veces, y ella siempre le había dicho que no, y que necesitaba tiempo, y que no estaba lista para casarse.
Y se sentía culpable por estar engañándolo…
Salieron del restaurante callados. Leo buscó la mano de Julia para que se la cogiera y ella se lo pensó un poco antes de decir que sí.
- Yo te quiero Julia. Eres lo que necesito. - Dijo Leo. - Yo…. Yo te daré tiempo, sabes, si es lo que necesitas. En tres días me marcho a Miami para un congreso. Piénsatelo entonces, ¿vale?
Ella lo miró a los ojos y asintió. Cuando él se dirigió al coche, Julia habló:
- ¿Me puedes llevar a casa? Ya sé que habíamos quedado en ir a la tuya, pero la verdad quiero pensar en lo que me has dicho… A solas.
Leo asintió.
- Está bien. Pero no te preocupes. Yo sólo quiero que esto funcione. No te enfades.
Se despidieron en el portal con un beso ligero, y ella esperó a asegurarse de que su novio se hubiera marchado totalmente y que no se le ocurriera subir. No sabía por qué pero no le había contado lo de Iván. Estaba segura de una cosa, que no quería casarse con él. Pero tampoco quería romperle el corazón innecesariamente.
Subió la escalera a grandes pasos sintiéndose culpable por ser tan mala novia, y su culpabilidad se acentuó al ver a Iván dormido en el sillón, con Verne tumbado con la cabeza sobre las rodillas.
Una sonrisa se dibujó en su rostro.
Y ella tan preocupada por la integridad física de Iván, y resulta que él se ponía a dormir felizmente con su enemigo. Apagó la TV y consideró la idea de dejarlo durmiendo en el sillón tapado con una manta, pero luego pensó en que al día siguiente le dolería todo el cuerpo así que alargó la mano para tocarlo.
…
Iván estaba parado en la carretera, como lo había estado tantas veces en los últimos tres años. Y frente a él, el coche es un amasijo de hierros. Él ve volutas de humo que ascienden, y chispas que saltan del motor. También sabe, con esa seguridad que se tiene en los sueños, que las cosas no fueron así, y que además él no pudo verlas, porque en la vida real, nunca presenció el accidente ya que se lo contaron muy lejos de allí.
Y de repente, para su angustia, una mano salió a través de la ventanilla del conductor. Iván se ve a si mismo correr hacia el coche, y oye su propia respiración, acalorada, angustiada; siente los latidos en la sien y tira de la mano, cogiéndolo.
- ¡Iván, despierta!
Abrió los ojos y aunque su vista estaba un poco desenfocada distinguió sin error a Julia tumbada bajo él. Sintió su calor, y su cuerpo bajo el suyo, pero sobretodo era su olor, olía dulce, a casa.
Julia había estado intentado quitárselo de encima, pero él era más grande y más fuerte y no podía. La verdad es que la había pillado por sorpresa, no había hecho más que tocarlo en el hombro cuando él tiró de su brazo con mucha fuerza y la colocó bajo él de un solo movimiento.
De modo que dejó de empujar, en cuanto se dio cuenta de que él tenía una pesadilla. Iván parecía tan sorprendido de tenerla entre sus brazos que no paraba de mirarla y murmuraba algo que ella no entendía pero que sonaba a “Estás viva”.
- Claro que estoy viva, pero si no te quitas de encima acabaré ahogada.
Iván tardó unos segundos en reaccionar, y con esfuerzo y sacudiendo la cabeza se apartó, dejando a Julia respirar bien, pero con una sensación de pérdida enorme. Aunque no lo hubiera reconocido le encantó tener a Iván tan cerca. Se sentó y lo miró, todavía parecía estar en el sueño.
- Yo… Lo siento, tenía una pesadilla. - Dijo sacudiendo la cabeza y cerrando los ojos. - ¿Ya es por la mañana? - Preguntó confuso tras unos segundos, al verla a su lado.
Julia sonrió y negó con la cabeza. - Es pasada la medianoche. He regresado antes.
Iván se dijo que iba vestida para salir, vestido ajustado y elegante, zapatos de tacón alto y un bonito colgante de oro, con una forma extraña que parecía contener una turquesa.
- ¿Tenías una cita… con Leo?
Ella asintió, e Iván preguntó otra vez.
- ¿Y porqué has venido?
Ella sonrió, acarició la cabeza de Verne y dijo: - Bueno, no quería que le sirvieses de cena a Verne. ¿Cómo se lo iba a explicar a tu familia?
Iván sonrió, no tenía ganas de hablar de su familia, ni mucho menos de su novio, pero tampoco quería que ella se levantara y lo mandase a la cama. Así que dijo lo primero que se le vino a la mente.
- Es muy bonita tu casa. - Y lo decía en serio. Con las paredes de ladrillo rojo visto, lleno de librerías cargadas de libros de psicología, de historia, etc. películas, y discos, estaba decorado con gusto. Pero no el de las revistas sino el de la personalidad de Julia. Fotos adornaban las paredes, unas en blanco y negro antiguas, y otras recientes; esculturas originales y grandes sillones donde sentarse para hablar y ver la tele. - Me gusta mucho la decoración.
- ¡Gracias! - Dijo Julia y se quitó los zapatos. - Estoy orgullosa de mi refugio. ¿Has visto tu habitación?
Iván asintió.
#15
02/05/2009 14:38
- El sofá cama es bastante grande.
Julia se rió. - Pensé en dejarte dormir en el suelo… Pero Martín se enfadaría conmigo. - Dijo mientras se levantaba con los zapatos en la mano y caminó hacia la puerta de la habitación de Iván. Éste que la observaba caminar desde el sillón pero decidió seguirla.
Ella encendió las luces y se quedó mirando el estudio, que era la habitación más pequeña de la casa. Pequeña, y llena de libros, era rectangular, con una ventana al fondo que dejaba ver la calle durante el día. Vio que Iván había puesto varias carpetas, maletas y cajas en el suelo cerca de la puerta. Él siguiendo su mirada señaló una de las puertas del armario, y le dijo:
- Las puertas estaban abiertas y vi que habías vaciado un lado, así que guardé mis cosas dentro.
Ella asintió y de repente lo miró. Estaba cansada, mucho, y la conversación con Leo no le había hecho ningún bien. Se sentía culpable por engañarlo, por sentirse tan contenta con Iván y, sobre todo, por desear cosas que no tenía.
Y en concreto lo que más deseaba estaba frente a ella apartándose un mechón oscuro de la cara.
Iván se tomó su mirada como una crítica y le sonrió para tranquilizarla.
-Tranquila, prometo que me portaré bien. No seré un problema.
Ella no contestó sino que lo siguió mirando ensimismada pensando que ya era un problema.
- Yo… Espero que lo pases bien aquí. Es…genial tenerte en casa.
Y le dio un abrazo rápido y un beso en la mejilla, algo que pilló a Iván por sorpresa. Pero cuando se quiso dar cuenta ella ya se había despedido y estaba cerrando la puerta de su habitación.
Iván miró a Verne.
- Espero que tú entiendas todo esto mejor que yo.
A la mañana siguiente…
Julia se despertó cuando oyó ruidos en la cocina y a alguien hablando solo. Pensó en que se había vuelto loca de una vez y por todas hasta que recordó que en su casa estaba Iván. “¿Pero qué demonios estaba haciendo? Ella quería seguir durmiendo, iba a ser un día largo… Dios, ¡Lo iba a matar en cuanto lo viera!
Con curiosidad por lo que estaba haciendo se dirigió a la cocina donde se encontró a Iván agachado frente a los cajones, abriendo y cerrando puertas, obviamente buscando algo y hablando al perro.
- Me parece que vas a despertar a los vecinos. - Le dijo medio en broma, medio en serio. - Van a pensar que hay un bombardeo.
Iván se levantó esquivando una puerta abierta sobre su cabeza.
- Estoy buscando la cafetera. Pero parece que no encuentro nada.
Ella sonrió y se acercó a él.
- Claaaro. Y le hablas a Verne para ver si te ayuda. Empiezo a dudar de que estés en tus cabales.
Iván se apartó un poco y ella pasó por debajo de su brazo extendido para sacar la cafetera del único armario donde él no había mirado. Ella lo miró sarcástica sosteniendo la cafetera delante de sus narices.
- ¿Siempre eres tan desordenada? No sé como encuentras las cosas.
Julia lo miró de reojo.
- ¿Y tú eres siempre tan quejica? No es buena manera criticar la casa donde te alojas, Ivancito. Tienes suerte de que esté de buen humor…
Prepararon el desayuno juntos, en silencio. Julia lo observó comer las tostadas y darle trocitos al perro. Iván, la miró cuando pensaba que ella no lo veía. Y se dijo que sería un mes bastante duro. “En menuda tortura te has metido estúpido”, pensó. Y es que era hermosa hasta recién levantada.
Julia vio la cámara de Iván sobre uno de los sofás. Iván se levantó de repente y trajo la cámara que apoyó en la mesa. Ella lo miró curiosa mientras él manipulaba los enfoques y miraba a través del visor.
- ¿Se puede saber qué haces? - Le dijo Julia, aunque era bastante obvio. Levantó un dedo amenazadora. - Mira Iván, como te atrevas…
Julia se rió. - Pensé en dejarte dormir en el suelo… Pero Martín se enfadaría conmigo. - Dijo mientras se levantaba con los zapatos en la mano y caminó hacia la puerta de la habitación de Iván. Éste que la observaba caminar desde el sillón pero decidió seguirla.
Ella encendió las luces y se quedó mirando el estudio, que era la habitación más pequeña de la casa. Pequeña, y llena de libros, era rectangular, con una ventana al fondo que dejaba ver la calle durante el día. Vio que Iván había puesto varias carpetas, maletas y cajas en el suelo cerca de la puerta. Él siguiendo su mirada señaló una de las puertas del armario, y le dijo:
- Las puertas estaban abiertas y vi que habías vaciado un lado, así que guardé mis cosas dentro.
Ella asintió y de repente lo miró. Estaba cansada, mucho, y la conversación con Leo no le había hecho ningún bien. Se sentía culpable por engañarlo, por sentirse tan contenta con Iván y, sobre todo, por desear cosas que no tenía.
Y en concreto lo que más deseaba estaba frente a ella apartándose un mechón oscuro de la cara.
Iván se tomó su mirada como una crítica y le sonrió para tranquilizarla.
-Tranquila, prometo que me portaré bien. No seré un problema.
Ella no contestó sino que lo siguió mirando ensimismada pensando que ya era un problema.
- Yo… Espero que lo pases bien aquí. Es…genial tenerte en casa.
Y le dio un abrazo rápido y un beso en la mejilla, algo que pilló a Iván por sorpresa. Pero cuando se quiso dar cuenta ella ya se había despedido y estaba cerrando la puerta de su habitación.
Iván miró a Verne.
- Espero que tú entiendas todo esto mejor que yo.
A la mañana siguiente…
Julia se despertó cuando oyó ruidos en la cocina y a alguien hablando solo. Pensó en que se había vuelto loca de una vez y por todas hasta que recordó que en su casa estaba Iván. “¿Pero qué demonios estaba haciendo? Ella quería seguir durmiendo, iba a ser un día largo… Dios, ¡Lo iba a matar en cuanto lo viera!
Con curiosidad por lo que estaba haciendo se dirigió a la cocina donde se encontró a Iván agachado frente a los cajones, abriendo y cerrando puertas, obviamente buscando algo y hablando al perro.
- Me parece que vas a despertar a los vecinos. - Le dijo medio en broma, medio en serio. - Van a pensar que hay un bombardeo.
Iván se levantó esquivando una puerta abierta sobre su cabeza.
- Estoy buscando la cafetera. Pero parece que no encuentro nada.
Ella sonrió y se acercó a él.
- Claaaro. Y le hablas a Verne para ver si te ayuda. Empiezo a dudar de que estés en tus cabales.
Iván se apartó un poco y ella pasó por debajo de su brazo extendido para sacar la cafetera del único armario donde él no había mirado. Ella lo miró sarcástica sosteniendo la cafetera delante de sus narices.
- ¿Siempre eres tan desordenada? No sé como encuentras las cosas.
Julia lo miró de reojo.
- ¿Y tú eres siempre tan quejica? No es buena manera criticar la casa donde te alojas, Ivancito. Tienes suerte de que esté de buen humor…
Prepararon el desayuno juntos, en silencio. Julia lo observó comer las tostadas y darle trocitos al perro. Iván, la miró cuando pensaba que ella no lo veía. Y se dijo que sería un mes bastante duro. “En menuda tortura te has metido estúpido”, pensó. Y es que era hermosa hasta recién levantada.
Julia vio la cámara de Iván sobre uno de los sofás. Iván se levantó de repente y trajo la cámara que apoyó en la mesa. Ella lo miró curiosa mientras él manipulaba los enfoques y miraba a través del visor.
- ¿Se puede saber qué haces? - Le dijo Julia, aunque era bastante obvio. Levantó un dedo amenazadora. - Mira Iván, como te atrevas…
#16
02/05/2009 14:38
Parte 12
- Sonríe. - La interrumpió Iván, mientras la enfocaba. Al ver que ella seguía con el ceño fruncido, movió la cámara a un lado y la miró. - Bueno, no hace falta que sonrías, pero tampoco hace falta que pongas esa cara de pesadilla.
Ella lo miró desconfiada y le lanzó la manzana, pero al final sonrió e Iván le hizo la foto.
- ¿A qué viene eso? No me digas que te has vuelto un acosador y yo no lo sabía. Eso y hablar a los perros no dice nada bueno de ti bonito...
El sonrió y apartó la cámara.
- Hago fotos a todo el mundo, todo el rato, me ayudan a recordar las cosas mejor. Ésta es la primera del mes, recuerdo de este día.
Ella lo miró ceñuda, y él la tranquilizó.
- No te preocupes, este “loco” no piensa publicar la foto. Y si te quedas tranquila, Verne ha sido mi primer modelo, él tendrá la exclusiva.
Julia se rió hasta que vió la hora que era en el reloj de la cocina y se dio cuenta de que llegaba tarde. Se levantó de un salto y corrió a la habitación para cambiarse.
Iván se levantó tranquilamente y para cuando Julia salió completamente vestida y arreglada ya había recogido y fregado los platos y estaba sentado en el sillón preparando la bolsa de la cámara, llenándola de carretes y películas.
- ¿Qué vas a hacer hoy? - Le preguntó Julia mientras se ponía una cazadora.
- Pues tenía pensado hacer fotos de la ciudad y escribir un par de textos. Creo que iré a…
Ella lo interrumpió sonriendo.
- Así que vas a estar todo el día paseando ¿no? Menudo vago estás hecho.
Iván asintió.
- Básicamente. Muy sacrificado por mi parte, ya sabes…- Dijo bromeando.
Julia cerró la puerta con una sonrisa y lo último que alcanzó a escuchar fue:
- Sé buena india, y… ¡no manipules a nadie con tus dotes psicologiotas por Dios!
Con una gran sonrisa en al cara salió corriendo a su trabajo.
…………….
- ¡En serio no me estás escuchando! - Dijo Leo enfadado, moviendo su maletín frente a la cara de su novia.
Ella volvió a la realidad, y se encontró en un pasillo del hospital y a Leo frente a ella vestido de traje para ir a una reunión.
- La verdad, no sé qué te pasa. Llevas todo el día en una nube. - Dijo Leonardo apoyando una mano en la mejilla de ella.
- ¿Qué decías? - preguntó Julia, despertando de un sueño.
Leo molesto apartó la mano.
- Te preguntaba si querías venir a ver mi exposición, va a estar casi todo el equipo.
- No puedo, tengo que volver a la consulta y no salgo hasta las tres. ¿Te veo esta tarde?
El negó con la cabeza.
-He quedado con los amigos del equipo de fútbol, ya sabes Javier y los demás. ¿Quieres venir?
Julia se alegró de poder decir que no. En realidad le caía bastante mal Javier, un prepotente inútil, así que siempre se alejaba lo máximo posible.
Leonardo, que no parecía disgustado por eso, se despidió con un beso rápido y se marchó corriendo.
Julia llegó a su consulta… y justo cuando se dirigía al ascensor chocó con alguien y un montón de carpetas saltaron por los aires desparramándose en el suelo.
- Mira por donde andas…- Empezó a decir Julia, hasta que se dio cuenta de que arrodillada en el suelo estaba Eli con cara de agobiada. Rápidamente se agachó para ayudarla, y entraron ambas en el ascensor.
- ¡Vaya, sí que tienes trabajo!! - Le dijo Julia bromeando.
Su amiga que estaba pálida no sonrió, más bien parecía a punto de llorar.
- ¡Ojalá fuera eso! Ahora que me has ascendido, mi nueva jefa Amanda, - Dijo con retintín. - piensa que no necesito ni vivir ni dormir ni descansar… Me ha mandado revisar y ordenar todos los historiales para mañana.
Eli, ese no es tu trabajo. Tú no eres la secretaria de Amanda, que te quede claro.- Le dijo Julia. Sabía que no solían tomarse a Elisa en serio, porque pensaban que si era bonita y joven, no podía ser lista. Y sólo ella, sabía lo mucho que sufría Eli por eso.
- ¿Te ayudo?
A Eli se le iluminó la cara.
- ¿De verdad?
Julia, que no podía ocultar lo contenta que estaba, asintió.
- Pásate por casa esta noche y lo terminamos… seguro que terminamos rápido.
- ¡Julia eres increíble! - Dijo Eli riéndose. De repente pareció recordar algo. - Hacía tiempo que no estabas así…
- ¿Así como?- Dijo Julia.
- Contenta amiga, contenta. ¿Te ha pasado algo? - Preguntó Eli sonriente.
- Bueno… Ya te contaré esta noche.
Elisa la miró curiosa pero cuando iba a preguntar se abrieron las puertas del ascensor y Julia salió corriendo.
Pero Eli, además de lista, era insistente, y media hora más tarde había acorralado a Julia en su propio despacho.
- ¿Qué es eso que me quieres contar? - le preguntó. Julia se acercó a la puerta para salir y Eli movió la llave en el aire. - No hay escapatoria. Así que confiesa ahora Julis.
Julia se sentó en uno de los bancos riendo, y mirando admirada a Elisa.
- No me has dejado alternativa, ¡eres increíble Julia! -contestó Eli.
- Ya lo sabía. - Contestó Julia sonriendo. En principio pensaba contarle lo de Iván, pero después se dijo que ya lo vería esa tarde. Así que le dijo lo más preocupante.
- Es sobre Leo, me ha pedido que me case con él. - Empezó y se vió interrumpida por Eli.
- Dime que lo has dejado. - Dijo Eli ilusionada.
- Siento decepcionarte, pero no. En realidad ha insinuado que nos vayamos a vivir juntos.
Eli soltó un gemido.
- ¡No puede ser! Le habrás dicho que no ¿verdad?
- Sí claro… - dijo Julia con un suspiro. - Pero…
- Pero ¿qué? ¿Casarte con él? - Dijo Eli con la boca abierta.
- Vaya veo que no eres sorda… - dijo Julia sarcástica. - Sí, casarme con él. - Dijo, suspirando.
- Sonríe. - La interrumpió Iván, mientras la enfocaba. Al ver que ella seguía con el ceño fruncido, movió la cámara a un lado y la miró. - Bueno, no hace falta que sonrías, pero tampoco hace falta que pongas esa cara de pesadilla.
Ella lo miró desconfiada y le lanzó la manzana, pero al final sonrió e Iván le hizo la foto.
- ¿A qué viene eso? No me digas que te has vuelto un acosador y yo no lo sabía. Eso y hablar a los perros no dice nada bueno de ti bonito...
El sonrió y apartó la cámara.
- Hago fotos a todo el mundo, todo el rato, me ayudan a recordar las cosas mejor. Ésta es la primera del mes, recuerdo de este día.
Ella lo miró ceñuda, y él la tranquilizó.
- No te preocupes, este “loco” no piensa publicar la foto. Y si te quedas tranquila, Verne ha sido mi primer modelo, él tendrá la exclusiva.
Julia se rió hasta que vió la hora que era en el reloj de la cocina y se dio cuenta de que llegaba tarde. Se levantó de un salto y corrió a la habitación para cambiarse.
Iván se levantó tranquilamente y para cuando Julia salió completamente vestida y arreglada ya había recogido y fregado los platos y estaba sentado en el sillón preparando la bolsa de la cámara, llenándola de carretes y películas.
- ¿Qué vas a hacer hoy? - Le preguntó Julia mientras se ponía una cazadora.
- Pues tenía pensado hacer fotos de la ciudad y escribir un par de textos. Creo que iré a…
Ella lo interrumpió sonriendo.
- Así que vas a estar todo el día paseando ¿no? Menudo vago estás hecho.
Iván asintió.
- Básicamente. Muy sacrificado por mi parte, ya sabes…- Dijo bromeando.
Julia cerró la puerta con una sonrisa y lo último que alcanzó a escuchar fue:
- Sé buena india, y… ¡no manipules a nadie con tus dotes psicologiotas por Dios!
Con una gran sonrisa en al cara salió corriendo a su trabajo.
…………….
- ¡En serio no me estás escuchando! - Dijo Leo enfadado, moviendo su maletín frente a la cara de su novia.
Ella volvió a la realidad, y se encontró en un pasillo del hospital y a Leo frente a ella vestido de traje para ir a una reunión.
- La verdad, no sé qué te pasa. Llevas todo el día en una nube. - Dijo Leonardo apoyando una mano en la mejilla de ella.
- ¿Qué decías? - preguntó Julia, despertando de un sueño.
Leo molesto apartó la mano.
- Te preguntaba si querías venir a ver mi exposición, va a estar casi todo el equipo.
- No puedo, tengo que volver a la consulta y no salgo hasta las tres. ¿Te veo esta tarde?
El negó con la cabeza.
-He quedado con los amigos del equipo de fútbol, ya sabes Javier y los demás. ¿Quieres venir?
Julia se alegró de poder decir que no. En realidad le caía bastante mal Javier, un prepotente inútil, así que siempre se alejaba lo máximo posible.
Leonardo, que no parecía disgustado por eso, se despidió con un beso rápido y se marchó corriendo.
Julia llegó a su consulta… y justo cuando se dirigía al ascensor chocó con alguien y un montón de carpetas saltaron por los aires desparramándose en el suelo.
- Mira por donde andas…- Empezó a decir Julia, hasta que se dio cuenta de que arrodillada en el suelo estaba Eli con cara de agobiada. Rápidamente se agachó para ayudarla, y entraron ambas en el ascensor.
- ¡Vaya, sí que tienes trabajo!! - Le dijo Julia bromeando.
Su amiga que estaba pálida no sonrió, más bien parecía a punto de llorar.
- ¡Ojalá fuera eso! Ahora que me has ascendido, mi nueva jefa Amanda, - Dijo con retintín. - piensa que no necesito ni vivir ni dormir ni descansar… Me ha mandado revisar y ordenar todos los historiales para mañana.
Eli, ese no es tu trabajo. Tú no eres la secretaria de Amanda, que te quede claro.- Le dijo Julia. Sabía que no solían tomarse a Elisa en serio, porque pensaban que si era bonita y joven, no podía ser lista. Y sólo ella, sabía lo mucho que sufría Eli por eso.
- ¿Te ayudo?
A Eli se le iluminó la cara.
- ¿De verdad?
Julia, que no podía ocultar lo contenta que estaba, asintió.
- Pásate por casa esta noche y lo terminamos… seguro que terminamos rápido.
- ¡Julia eres increíble! - Dijo Eli riéndose. De repente pareció recordar algo. - Hacía tiempo que no estabas así…
- ¿Así como?- Dijo Julia.
- Contenta amiga, contenta. ¿Te ha pasado algo? - Preguntó Eli sonriente.
- Bueno… Ya te contaré esta noche.
Elisa la miró curiosa pero cuando iba a preguntar se abrieron las puertas del ascensor y Julia salió corriendo.
Pero Eli, además de lista, era insistente, y media hora más tarde había acorralado a Julia en su propio despacho.
- ¿Qué es eso que me quieres contar? - le preguntó. Julia se acercó a la puerta para salir y Eli movió la llave en el aire. - No hay escapatoria. Así que confiesa ahora Julis.
Julia se sentó en uno de los bancos riendo, y mirando admirada a Elisa.
- No me has dejado alternativa, ¡eres increíble Julia! -contestó Eli.
- Ya lo sabía. - Contestó Julia sonriendo. En principio pensaba contarle lo de Iván, pero después se dijo que ya lo vería esa tarde. Así que le dijo lo más preocupante.
- Es sobre Leo, me ha pedido que me case con él. - Empezó y se vió interrumpida por Eli.
- Dime que lo has dejado. - Dijo Eli ilusionada.
- Siento decepcionarte, pero no. En realidad ha insinuado que nos vayamos a vivir juntos.
Eli soltó un gemido.
- ¡No puede ser! Le habrás dicho que no ¿verdad?
- Sí claro… - dijo Julia con un suspiro. - Pero…
- Pero ¿qué? ¿Casarte con él? - Dijo Eli con la boca abierta.
- Vaya veo que no eres sorda… - dijo Julia sarcástica. - Sí, casarme con él. - Dijo, suspirando.
#17
02/05/2009 16:08
Q bien!! tu tb has colgado tu relato!!
Lis amor sabes q t adoro y q lo leeria mil veces xo... le odio, le odio y le odio! ;)
cada vez me cae peor lo sabes verdad? si, claro q lo sabes lo haces a proposito
cuanto mas odio a tu leo mas quiero a tu ivan jajaja
volvere a leer tu relato bss!
ah! y espero un final feliz :)
Lis amor sabes q t adoro y q lo leeria mil veces xo... le odio, le odio y le odio! ;)
cada vez me cae peor lo sabes verdad? si, claro q lo sabes lo haces a proposito
cuanto mas odio a tu leo mas quiero a tu ivan jajaja
volvere a leer tu relato bss!
ah! y espero un final feliz :)