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Foro Bandolera

Historia continuada

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vigar123
vigar123
27/10/2012 15:51
Veréis, hace poco que he entrado nueva en el foro, y una de las primeras cosas que primero descubrí la historia que pituii había hecho. Me encanto la idea y quería que alguien la continuara. Esgara se ofreció, e incluso yo podría escribir de vez en cuando, pero viendo que se me ocurrían ideas he decidido continuarla yo misma. Esgara comienzaré desde la última vez que escribí. Para que sepáis de que iba la historia he copiado en un word la historia está escrita y así facilitaros tener que saltaros la cantidada de comentarios que había en ella.¿queréis que os la ponga?
#21
vigar123
vigar123
27/10/2012 16:51
19-.

Juan, uno de los tres bandoleros que había venido con el jefe fue el encargado de sacarla de allí. Le vendó los ojos de nuevo, le dio un trago de agua y marcharon. Sara caminaba con los ojos tapados y maniatada. Sentía alivio de que la hubieran dejado marchar pero se encontraba casi mas indefensa que en la cueva. No sabia donde estaba, cada paso que daba sentía que perdía el equilibrio pues era un terreno montañoso y lo peor de todo no sabía si podía fiarse de ese bandolero que no pronunciaba palabra alguna.

-La acompaño hasta aquí.- dijo el bandolero después de una larga caminata destapándole los ojos.- Por su bien espero que no hable mas de la cuenta o volveremos a buscarla y la próxima vez no correrá con tanta suerte.

Sara se quedó allí sola maniatada en mitad de la nada. No tenía ni idea de donde estaba, sólo veía campo y más campo por todos lados, ni un atisbo de civilización. Qué iba a hacer ahora? Cómo iba a llegar al pueblo?

-Bueno Sara, piensa la parte positiva. Ese hombre, el jefe, te ha librado del mal nacido de Pernales- Hablaba sola en voz alta. Necesitaba oír a alguien, estaba aterrorizada. Escuchando su propia voz solía tranquilizarse- Ahora lo primero es ver como te desatas las manos- Vio una roca con el canto afilado y se rozó en él hasta que la cuerda se rompió- Bien, una vez hecho esto tienes que buscar como llegar al pueblo.

Empezó a andar sin rumbo fijo, pues era incapaz de orientarse, todo lo que veían sus ojos era lo mismo. Intentaba dar con algún sendero…pero nada. Solo veía matorrales, árboles y más matorrales. Estaba extenuada, se sentía desfallecer. Había perdido la noción del tiempo pero hacía mucho rato que vagaba por la sierra sin encontrar nada. Además estaba muerta de sed y le dolía todo el cuerpo. Ese desgraciado del Pernales le había golpeado con saña.
Qué era ese sonido? Parecía agua. Decidió acercarse para ver de donde provenía. Era un río! Sería el río de Arazana? No le era nada familiar. Daba igual, debía seguirlo. Los pueblos siempre estaban cerca de los ríos. Bajó hasta la orilla del río, necesitaba beber y refrescarse. Cuando vio el reflejo de su cara en el agua se asustó. Tenía muchas magulladuras, el ojo entrecerrado por la hinchazón, sangre en el labio y en la cabeza…

-Sara! Sara! Eres tú?

Esa voz… no podía creerlo, estaba alucinando, no podía ser cierto.

-Sara! Estás bien?

Sara se giró y lo vio. Estaba en lo alto de un repecho por el que ella había bajado a la orilla del río. Era Miguel! Él estaba allí! Iba con el uniforme sin la guerrera y con la camisa medio desabrochada por fuera del pantalón. A su lado había un perro.
Miguel bajó a toda prisa por el camino para llegar hasta ella.

-Sara, Sara! Dime que estas bien, por favor- se arrodilló a su lado cogiéndole las manos-Sara, mírame por favor, necesito verte- Sara estaba sentada con la vista fija en el suelo-.
Miguel con mucho cuidado alzó su cara con el dedo índice y la ladeo hacia él.

Sara le miró a los ojos, esos benditos ojos, y las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas.
-Dios! Sara que te han hecho? Quién ha sido el miserable que te ha hecho esto?- Miguel estaba furioso- Sara, cómo estás? Háblame por favor.- En sus ojos se leía pura preocupación.

-Miguel…

-Si? – Él le limpiaba las lágrimas con sus manos.

- Abrázame por favor- le suplicó mirándole a los ojos.

-Ven, ven aquí- dijo extendiendo sus brazos para que Sara se acomodara en ellos. La abrazó con fuerza rodeando su cintura y la nuca con sus manos.

Sara no decía nada, solo lloraba en silencio, sin aspavientos. Se abrazó a Miguel como si le fuera la vida en ello. Él estaba ahí, ya todo estaba bien, sólo necesitaba sentirlo, saber que no era una alucinación, notar su calor.

-Shh, ya está, estoy aquí contigo-le susurraba Miguel mientras le acariciaba el pelo.-Sara, necesito preguntarte una cosa.

Ella levantó la cabeza del hombro de Miguel y lo miró de frente- ¿Qué ocurre?

-Te han forzado?

Sara negó con la cabeza.

-Estás segura?- cogió su cara amorosamente entre sus manos- En mi puedes confiar, lo sabes, verdad?

-Si, Miguel. Si no confiara en ti creo que no podría hacerlo en nadie. Pero no me han forzado. Lo intentó… pero… pude defenderme al principio. Y por eso estoy así - dijo señalándose el rostro magullado.

-Defenderte al principio?- la preocupación surcaba la cara del Teniente.

-Si, estando en la cueva el Pernales intentó forzarme. Fue muy desagradable- Sara tragó saliva y continuó- Yo intenté defenderme como pude pero estaba maniatada, así que él empezó a golpearme. Yo en esos momentos creía que no saldría con vida para contarlo, estaba aturdida, se me nublaba la vista…sólo notaba un golpe tras otro.

-Dios! Qué hijo de la gran puta!- Miguel volvió a estrechar a Sara entre sus brazos protectores. – Sara, y cómo lograste escapar?

- No escapé, no hubiera podido. Si no llega a entrar en la cueva el jefe de los bandoleros…creo que ahora estaría muerta. Ese Pernales es un sádico.

-El jefe de los bandoleros?

-Si, se llama Carranza. Me dijo que los bandoleros no son secuestradores ni violadores y que me liberaría por el comportamiento inadecuado que había tenido uno de sus hombres. Me dejó marchar… Otro de sus bandoleros me sacó de la cueva y me dejó en mitad de la serranía… Creo que llevo horas vagando sin rumbo fijo… Ya estaba perdiendo toda esperanza de regresar a casa. Menos mal que estas aquí… -Sara lo estrujó mas contra su cuerpo, él no se podía ir, ella lo necesitaba.

Miguel al sentir la intensidad del abrazo, le correspondió a la vez que le daba besos en el pelo.


En cuestión de cinco minutos, cambió el tiempo. Se empezó a levantar un aire endiablado y el cielo se encendía con relámpagos. Los truenos y la lluvia no tardaron en aparecer.

-Vamos Sara, salgamos de aquí antes de que empiece a diluviar.

-No, no podemos irnos. Tenemos que ir a por Eugenia…sigue con ellos.

-No Sara, no sabemos donde está y ahora con la lluvia y de noche es imposible seguir cualquier rastro.

-Pero Miguel…

-Sara te prometo que mañana la rescataremos, te lo juro. Pero ahora salgamos de aquí.
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vigar123
vigar123
27/10/2012 16:52
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-Venga Sara, te ayudo a levantarte.

-Ayy! – la joven torció el gesto por el dolor.

-Qué ocurre? Qué te duele?

-El brazo, me duele mucho. También el costado.

-Esta bien, vamos con cuidado, despacio- dijo el Teniente mientras la ayudaba a incorporarse y le pasaba el brazo por la cintura para poder caminar.

Sara subió la cuesta que descendía hasta el río con dificultad. Estaba muy cansada y dolorida, pero tenía que sacar fuerzas de donde fuera.

Iban caminando despacio por la sierra y con cuidado pues el terreno se estaba empezando a poner resbaladizo a causa de la lluvia. Sara en algún momento dio un traspié pero como Miguel la tenía agarrada no pasó de ser un pequeño susto.


-Miguel, sabes cómo volver? O vamos siguiendo un perro?- preguntó extrañada al ver que andaban detrás de uno.

-Las dos cosas, sé donde estamos pero también vamos siguiendo a Motas.

Sara se quedó tranquila al ver la amplia sonrisa que Miguel le dedicó.

-Motas? Ese era el nombre de tu perra?

-Si, es mi perra. Y sabes una cosa? Gracias a ella te he encontrado. Ella me guió a media noche por mitad de la serranía hasta dar contigo.

-Vaya, no lo puedo creer. Sabía que los perros eran inteligentes…pero guiarte hasta mi…

-Los perros saben lo que necesitan sus amos, aunque estos no se lo pidan- lo dijo casi en un susurro mirando hacia abajo.

Qué había querido decir con esa frase? Acaso la necesitaba? Su corazón se aceleró con ese pensamiento. Si él supiera cuanto le necesitaba ella… y más en esos momentos. Si Miguel no hubiera aparecido… ella ya estaba perdiendo la esperanza de encontrar el camino de vuelta. Nunca se había sentido tan vulnerable…y cuando lo vio aparecer…sintió que todo estaba bien, que todo el horror había terminado.


A medida que iban recorriendo camino la tormenta se hizo más intensa. Cada pocos segundos el cielo se iluminaba con violencia, los truenos eran ensordecedores, la lluvia caía con fuerza y el aire golpeaba sus cuerpos.

A Sara le castañeaban los dientes, estaba empezando a tener frío. Miguel se dio cuenta que ella empezaba a tiritar.

- Sara estás temblando- dijo poniéndose frente a ella y retirando su cabello mojado de la cara.

-No Miguel, no te preocupes… casi no tengo frío-dijo intentando dominar el castañeo de su mandíbula.

-Casi no tienes frío, eh??... Ven aquí- la abrazó como si de una niña pequeña se tratara. Será mejor que busquemos algo para refugiarte de la lluvia o acabaras enfermando.

-Estamos muy lejos?

-No, ya no queda mucho, sólo bajar ese pequeño montículo.

-Entonces sigamos, si me paro no creo que pueda volver a ponerme en pie.

-Está bien, entonces vamos- le dio un beso en la frente y se colocó de nuevo a su lado sujetándola por la cintura.

Miguel cada vez notaba más el peso de Sara sobre él- Sara! Sara! Venga ya estamos llegando, tienes que hacer el último esfuerzo.
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vigar123
vigar123
27/10/2012 16:52
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Sara se sentía desfallecer, no podía mas, las piernas no le respondían.. Miguel notó como Sara estaba a punto de desmayarse y la cogió en brazos, colocando su cabeza hacia su hombro para protegerla de la lluvia que les venía de frente.

Enseguida visualizó su casa en mitad de la tormenta y a los pocos minutos llegó. Entró con Sara en brazos y la dejó con cuidado en una de las butacas del salón.

Se quedó bloqueado, qué tenía que hacer primero? El hecho de ver a Sara tan desvalida y golpeada le impedía actuar. Piensa Miguel piensa, se repetía a si mismo.

Sus neuronas se pusieron en acción. Primero encendió la chimenea del salón, estaban empapados y ella no paraba de temblar. Después fue a la cocina a por un poco de agua.

-Sara, Sara, despierta, te he traído un poco de agua – Él se arrodilló a su lado y le ofreció un vaso.
-Dónde estamos Miguel?- preguntó Sara entreabriendo los ojos. – Ya no hay tormenta.
-Estamos en mi casa, toma bebe un poco. Voy a por un balde y unos trapos limpios para curarte las heridas.
-Miguel…no hace falta, en cuanto beba un poco seguro que estoy mejor y puedo irme a la posada. No quiero molestar, ya has hecho bastante por mi esta noche.
-Sara, me da igual lo que digas, no voy a discutir contigo. Te vas a quedar aquí a pasar la noche, por nada del mundo te dejo salir fuera con la que esta cayendo y en el estado que estás.
-En el estado que estoy?
-Sara…tienes golpes por todos lados- dijo acercándose a ella y acariciándole la mejilla con suavidad- hay que limpiar las heridas para que no se infecten. Qué no te duelen?
-No sé, sólo tengo frío. Mi ropa está mojada.
-Bien, voy a subir a por algo de ropa seca y unas cobijas para que entres en calor después de limpiar las heridas. Le parece bien señorita?- y le sonrió de manera arrebatadora a la vez que le besaba las manos.

A Sara por un instante se le pasó el frío. Que manera de sonreír, que guapo era! Cuando lo vio ponerse de pie para subir al piso de arriba se le cortó la respiración. Tenía un cuerpo escultural! Estaba empapado como ella y la camisa blanca se había hecho ahora transparente y se adhería a cada músculo de su perfecto cuerpo resaltándolo.
Desde el primer día que lo conoció, le pareció guapo, varonil y muy muy apuesto, pero esto…era demasiado. Jamás había visto un torso como el de Miguel parecía esculpido a cincel.

Miguel bajó enseguida. Depositó las cosas en el suelo y él se sentó en la mesita baja del salón, quedando así a la altura de ella.

Seguía con la camisa mojada, se remangó hasta los codos y cogió un trapo limpio que sumergió en el balde con agua tibia. Lo escurrió y se dispuso a limpiar el rostro de Sara con mucho cuidado, no quería hacerle daño.

-Ays!- se quejó ella.
-Lo siento Sara, la sangre está muy pegada. Tengo que limpiarla para poder ver bien lo que te ha hecho ese miserable. Intento ir con cuidado.
-Si, lo sé, pero es que me duele mucho.
Miguel siguió limpiando con delicadeza el rostro y Sara que estaba agarrada a sus rodillas, le apretaba cada vez que le dolía.
-Bueno, esto ya está. Creo que en unos días desaparecerán las magulladuras, aunque… el ojo…quizá tarde un poco más. Ves bien?- preguntó acariciándole la frente con el dorso de su mano.
-Si, si veo bien. Tiene muy mal aspecto?-preguntó preocupada rozando su frente hasta que se encontró con la mano de él y entrelazaron sus dedos.
-El ojo parece sano, pero el párpado está bastante hinchado. Voy a ponerte un poco de caléndula para que te disminuya el dolor y la hinchazón. No te preocupes, sanará bien - se acercó y le dio un pequeño beso en la mano. - Dime, qué mas te duele?
-El brazo y aquí en las costillas-dijo señalándose con el dedo.
-Sara, necesito que te quites la blusa para poder ver.
-Claro- empezó a desabotonarse la blusa y se la abrió. Cuando fue a retirarla hacia atrás por los hombros una mueca de dolor asomó en su rostro. - No puedo estirar el brazo. Me ayudas?- le pidió cabizbaja. Se estaba muriendo de la vergüenza.
Miguel le retiró la blusa con cuidado y se dispuso a examinar el brazo. Tenía que concentrarse en las heridas pero el hecho de tener a Sara semidesnuda delante de él…
-Sara…esto…con qué te lo ha hecho? Con una navaja?-preguntó angustiado mientras le agarraba el codo para ver bien la herida incisa que tenía en el deltoides.
-No… creo que me lo hice cuando me zarandeó contra la pared y el suelo. Había rocas muy afiladas en esa cueva. Por qué lo dices?- preguntó alzando la cabeza al fin.
-Porque es un corte bastante profundo, tengo que darte algunos puntos - dijo mirando a sus asustados ojos - sino…puede que no cicatrice bien.
-Coserme la herida? Miguel, tu sabes hacer eso?- estaba muerta de miedo.
-Si, Sara. No te preocupes, lo haré rápido para que no te duela tanto- Miguel se volvió a levantar para ir a por el material de sutura y a por antiséptico. Cuando regresó las lágrimas estaban a punto de derramarse por el rostro de la joven. –Qué pasa Sara? –dijo limpiándole las lágrimas que habían empezado a caer.
-Miguel…es que…me da miedo. Nunca me han cosido una herida…y parece que eso duele bastante, no? Debes pensar que soy una quejita- dijo volviendo a mirar al suelo.
Estaba avergonzada por su comportamiento, pero no podía evitar tener miedo.

Él se acercó más a ella, le puso una mano en el cuello. Con el pulgar le acarició la línea de la mandíbula y le miró a los ojos.
-Sara, no te escondas de mi. En absoluto pienso que eres una quejita, más bien, todo lo contrarío. Hombres mucho más fuertes y valientes en apariencia… les he visto quejarse más que a ti. Así que por eso ni te preocupes, de acuerdo?- le dio un suave pellizco en la nariz como gesto cariñoso a la vez que le extendía una gran sonrisa.
Ella se tranquilizó con ese gesto y mas aún al ver la sonrisa en sus labios y en sus ojos.
-De acuerdo- dijo inspirando e infundiéndose valor- hazlo cuanto antes.
#24
vigar123
vigar123
27/10/2012 16:53
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Miguel se dispuso a coserle la herida. Sólo fueron necesarios dos puntos, después se la tapó para que no se infectara.

-Bien, esto ya está- dijo examinando la sutura, para ver que los puntos no hubieran quedado ni muy tensos ni muy holgados- Y te has portado muy bien- le habló como si fuera una niña pequeña. En realidad en esos momentos casi lo parecía, la veía tan frágil y magullada.

-Creo que te he clavado las uñas mas de la cuenta en la pierna- dijo ruborizada.
El rió con ganas ante su comentario – No te preocupes, no me has hecho ningún daño.

-Y el otro sitio que te dolía, es aquí?- dijo tocándole por encima de la cintura.
-Ays, si. Es ahí. Pero…
- Si?
- Tengo el corsé.
-Ah, ya. Pues… si quieres que te lo vea mañana el médico.- seguro que no le parecía correcto quitarse el corsé delante de él. Estaba sangrando bastante pero…si ella no quería…
- Pero parece que sangra, no?- preguntó ella.
-Si, el corsé está manchado. Entonces?
-Es que… yo no puedo. Me ayudas a quitármelo?
-Ven- dijo él mientras la ayudaba a incorporarse- Date la vuelta.

Sara quedó de espaldas a él. Miguel le retiró el pelo hacia un lado por delante del hombro, dejando la espalda al descubierto. Empezó a desatar las cintas del corsé poco a poco, con delicadeza. Dios! Había soñado con esto muchas noches…aunque en otra situación. Ahora…era diferente. Ella estaba asustada, temblando de frío y magullada. Él sentía deseos de cuidarla, la notaba tan desvalida… Ese salvaje se había ensañado con ella. Acabó de desatar el corsé y lo retiró con cuidado de no hacerle daño.

Sara intentó levantase la camisola que llevaba debajo pero tenía la falda puesta y ésta le aprisionaba la prenda interior. Seguía de espaldas a él, estaba muerta de la vergüenza. Nunca se había visto en una situación como esta. Era plenamente consciente de Miguel detrás de ella. Notaba su aliento en el cuello. Sus dedos discurriendo por la espalda la estaban quemando como el fuego. Notaba como el calor iba subiendo a sus mejillas, no podía evitarlo. Estaba empezando a temblar, y no de frío precisamente. Se desabotonó la falda y la dejó caer al suelo. Hizo lo mismo con las enaguas.
Se sintió liberada…esas prendas le pesaban muchísimo, estaban empapadas. Miguel puso una mano en el costado no golpeado de Sara y con la otra cogió su mano contraria. Le ayudó para salir de las faldas que estaban en el suelo. Ella se quedó quieta, seguía de espaldas a él. Qué debía hacer ahora? No sabía como actuar, y no quería darse la vuelta porque notaba que sus mejillas estaban color escarlata.

Mientras pensaba en esto notó las manos de él en sus piernas. Se quedó helada ante el contacto, no lo esperaba. Miguel apoyó sus manos en la cara lateral de sus rodillas y fue subiéndolas por sus muslos, sus caderas hasta llegar a su cintura mientras levantaba la prenda interior. Paró ahí, en su cintura. Por qué? Por qué no continuaba ascendiendo? En ese momento no había otra cosa que Sara deseara más en el mundo. Se estaba derritiendo con esa caricia, se estaba derritiendo entre sus manos.
Miguel la giró por la cintura situándola frente a él. Sara le miraba fijamente como cuando…como cuando se besaron en la posada. Le miraba del mismo modo, como viendo dentro de sus ojos, con una intensidad… Sus mejillas estaban sonrojadas… Ella era la mejor visión que había tenido en toda su vida. La tenía cogida por la cintura y no pudo resistirse. La atrajo hacia él, sus rostros quedaron a unos pocos centímetros. Ella seguía inmóvil, mirándole fijamente con deseo. Sí, lo miraba con deseo, estaba seguro. Su respiración se había vuelto entrecortada y sus mejillas cada vez estaban más encendidas. Él deslizó sus manos hacia la zona dorsal, cubriendo por completo su esbelta cintura con la palma de sus manos. La acercó más hacia él, necesitaba sentirla cerca, olerla, tocarla… De pronto, mientras la miraba con amor y deseo, vio como ella se mordía levemente el labio inferior. Eso fue el detonante, ese gesto… No pudo resistirse. Llevo una mano hasta su rostro y acarició suavemente su labio para seguir por la sien y entrelazar sus dedos entre su cabello aún mojado. Ella cerró los ojos y suspiró. En ese momento él se inclinó sobre su cuello aspirando su aroma. Comenzó a darle fugaces besos por el cuello hasta el lóbulo de la oreja.
Sara se estaba derritiendo, extendió los brazos hacia él y lo abrazó por la espalda, quería tenerlo más cerca, su cuerpo se lo pedía.
Miguel pasó a rozar sus labios con pequeños besos. Primero el labio superior, luego el inferior, dando ligeros toques con la lengua. Dejó de besarla para mirarla y su respuesta fue acercarse más a él. Amoldó sus caderas a las masculinas y le abrazó más fuerte.
Miguel estaba extasiado con su respuesta y la besó. La besó como tantas veces había soñado desde que la conocía. La besó con amor y ternura. Entreabriendo sus labios, saboreándolos con deleite. Poco a poco fue haciendo camino en su boca y penetró en ella con su lengua mientras buscaba incesantemente la de Sara. Esta no se escondía, sino que también buscaba la de él para enroscarse y saborearla.
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vigar123
vigar123
27/10/2012 16:53
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Su boca era un manjar. Era la boca más deliciosa que había probado nunca. Con cada movimiento sentía más deseo de ella, más necesidad. Sara estaba embriagada por las sensaciones que él le producía. Notaba las manos de Miguel en su cintura, el torso atlético pegado a su cuerpo, los labios sobre los suyos… Se sentía volar, no era posible que un hombre produjera tal sentimiento de felicidad en ella. Deseaba que nunca parara de besarla, de abrazarla como lo hacía.

Miguel seguía concentrado en la boca femenina. Ahora los besos pasaron de ser dulces y tiernos a ser pasionales. Quería extraer toda su esencia, probar cada rincón de su boca. Pasó una mano por la nuca femenina para atraerla más como temiendo que fuera a escapar. Estaba donde quería estar y con la persona que más deseaba pero…una duda le asaltó. Puede que estuviera yendo demasiado rápido, a lo mejor la estaba asustando. Eso era lo último que quería. Dejó de besarla y separó su rostro para poder verla, necesitaba saber que ella estaba bien.

-Sara…

-Si…-Ella levantó la vista hasta encontrarse con sus ojos, esos ojos que expresaban amor, cariño y deseo.

Miguel se emocionó al ver el rostro de la joven. Respiraba agitadamente con la boca entreabierta y sus mejillas seguían sonrojadas. Era preciosa, era su ángel… Ante tal visión no pudo más que sonreír.

Esa sonrisa, ese gesto…caló a Sara en lo mas profundo de su ser. La felicidad le inundó al ver esa sonrisa, era especial, era Miguel el que sonreía amorosamente.

-Sara… -le acarició la mejilla con el dorso de la mano.

-Shh… - ella no le dejó hablar. Tenía otras cosas en mente, como seguir besándolo hasta que le dolieran los labios. Cogió con suavidad la mano masculina y la depositó de nuevo en su cintura. Ella seguía desnuda se cintura para abajo, sólo le quedaban puestas las braguitas. Se acercó de nuevo a él, rozando su mejilla contra la masculina, para después rozar sus labios con la punta de la lengua y darle tiernos besos en la comisura.

Miguel estaba temblando ante sus caricias, esa mujer le volvía loco, sintió que la pasión se metía en su cuerpo. La sujetó mas fuerte por la cintura con ambas manos atrayéndola mas hacía el. Los huesos de la cadera femenina se estaban incrustando en su pelvis. Empezó a besarla de nuevo. Al principio siguiendo con su dulce juego de tiernos besos en las comisuras, en la nariz, en las mejillas…leves caricias con los labios sobre su cuello, sobre el ángulo de la mandíbula… Después con más intensidad presionando su boca contra los labios femeninos queriendo abrirlos para introducir su lengua y extraer toda su esencia. Empezaron a ser besos más rápidos, más apremiantes…. Sus manos firmes empezaron a ascender por el cuerpo femenino, quería acariciarlo todo, sentirlo todo…

-Ayyy!

-Qué ocurre? Qué te pasa Sara?

- Es que…al tocarme en el costado…

-Te duele, verdad?- preguntó con tono de preocupación.

-Si, la verdad es que me molesta bastante.

-Normal, lo siento…me… me he dejado llevar.

-No pasa nada Miguel- y le dedicó una tierna sonrisa para hacerle ver que estaba bien.

-Será mejor que miremos la herida, no crees?

-Si- y se sujetó la camisola por encima de la cintura para que él pudiera ver.


Se puso en cuclillas a su lado, limpió la herida con mimo y se dispuso a examinarla

-Sara, yo creo que no tienes ninguna costilla rota - dijo mientras las palpaba para comprobarlo- pero si una fuerte contusión con pequeñas magulladuras.

-Menos mal que no están rotas…

-Si, pero de todos modos mañana debería revisarte el doctor para ver como van evolucionando todos los golpes… No me imagino el miedo que has debido pasar en manos de esos mal nacidos -dijo poniéndose en pie, a su altura y acariciando su pelo – lo que te han hecho no tiene nombre.

- Miguel, no quiero recordarlo … Ahora estoy aquí y estoy bien... Estoy contigo.

-Claro que estás conmigo-dijo besándole la frente y abrazándola. Entonces se dio cuenta que tenía el cabello húmedo, que seguía mojada por la lluvia- Seguimos empapados Sara. Porque no te secas y te pones algo de lo que he bajado? No es ropa de mujer…pero está seca-dijo sonriéndole y retirándole el pelo hacia atrás.

Ella asintió con la cabeza.

-Yo voy mientras a la cocina a calentar un poco de caldo, te sentará bien.


Miguel apareció en el salón con un tazón humeante. También se había cambiado de ropa. Llevaba puesto una camisa blanca y unos calzones largos grises que se usaban para dormir.

-Vas entrando en calor?- dejó la taza en la mesita baja, cogió una de las cobijas y envolvió a Sara con ella.
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vigar123
vigar123
27/10/2012 16:53
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Estaban sentados en el sofá frente a la chimenea. Sara se terminó el caldo en un instante. –Quieres mas? Parece que tienes hambre- le preguntó mientras le acariciaba el pelo.
- Si, por favor - contestó con una tímida sonrisa entregándole el tazón - La verdad es que no me había dado cuenta del hambre que tenía, además está delicioso.
Miguel volvió con otro tazón y se sentó a su lado. – Tú no cenas algo?
- No, la verdad es que ahora no me entra nada.

Sara dejó el tazón sobre la mesita, subió las piernas al sofá y se hizo un ovillo abrazándose las rodillas a la vez que se cubría con la cobija. Se quedó mirando el fuego de la chimenea hipnotizada.
- Sara, qué ocurre?
- Nada, estaba pensando en Eugenia. Debe estar viviendo un infierno - dijo girándose hacia Miguel- Yo no sé si ella va a poder aguantar, estaba aterrorizada- se le entrecortó la voz por este pensamiento. - La vi muy frágil, de hecho no fue capaz de reaccionar cuando ese miserable del Pernales quiso abusar de ella. Sólo me consuela que ese Carranza parece otro tipo de bandolero. Espero que no le hagan nada.
- Shhh… Tranquila Sara- dijo pasándole el brazo por los hombros- ya verás como todo va a salir bien. Mañana haremos el intercambio y esta pesadilla habrá terminado.
-Miguel… tu crees que el intercambio se hará?
-Claro, la familia de Eugenia ya tiene el dinero preparado para el rescate.
-Ya…pero me refiero a que a lo mejor se quedan con el dinero y no devuelven a Eugenia.
- No pienses en eso, haremos todo lo posible para rescatarla. Y aunque sé de buena mano que uno no se puede fiar de esos miserables, te prometo que Eugenia estará bien y devuelta en su casa mañana por la noche.
-Miguel… eso no lo puedes saber. Y si las cosas no salen como están planeadas?
-Sara…confía en mi, por favor. – dijo mirándola a los ojos.
- Claro que confío en ti – alargó el brazo y acarició la mejilla masculina con el dorso de la mano mientras le decía que confiaba en él- pero ese Pernales… - Sara se estremeció al decir su nombre.
- Ese Pernales... – repitió Miguel en tono interrogante.
- Es un sádico, no te imaginas la rabia que destilan sus ojos. No se parecen en nada a los tuyos.
Miguel sonrió. –Vaya, y cómo son los míos ?
-Los tuyos son… profundos y limpios. Emanan paz y sinceridad, me gustan. –concluyó Sara .
- A si que te gustan mis ojos? – se encontraba dichoso debido a la pequeña confesión. A él no solo le gustaban sus ojos, le gustaba todo de ella. Su melena rubia y ondulada, su cara angelical, sus ojos claros, su sonrisa juguetona, sus mejillas sonrojadas, su aroma de mujer, su cuerpo perfecto…
- Si, me gustan.- Afirmó mirándole de nuevo- Me siento bien cuando estoy contigo, me siento en paz. – Por qué le estaba diciendo esas cosas? Las palabras le salían solas, pero todo era verdad. Al sentirlo tan cerca de nuevo, se sentía desarmada ante él … y no le importaba. Después de lo que había ocurrido entre ellos unos minutos antes…no le importaba. Mañana seguramente se moriría de la vergüenza, pero ahora a pesar de todo lo malo que le había ocurrido con los bandoleros y de estar preocupada por su amiga Eugenia… estaba viviendo una noche de ensueño. Miguel la había vuelto a besar y de qué manera. Si ella no se hubiera quejado por el dolor en las costillas… a lo mejor ... no habrían terminado los besos. Esos besos y caricias que Miguel le había dado le habían hecho creer que se encontraba en el cielo. La proximidad de su cuerpo, las caricias en sus piernas, los besos en el cuello, sus ojos diciendo que la deseaban… era más de lo que podía aguantar. En esos momentos era suya, le habría dado cualquier cosa que él quisiera. Se sentía suya, sentía que formaba parte de él y no le importaba nada más. En ese instante sólo quería sentirlo. Sentir su respiración, su deseo, sus manos, sus labios, su calor, su entrega…pero sobretodo su ternura.

-Sara deberías descansar, ha sido un día muy duro, debes estar agotada- dijo cogiendo una mano entre las suyas y besándola.
-No creo que pueda dormir, han sido demasiadas emociones…
-Ven aquí- extendió sus brazos para que ella se acurrucara junto a él en el sofá- me quedaré contigo para que descanses. – Estas cómoda así?
- Muy cómoda- dijo mientras se tumbaba para acoplarse a Miguel. Su cabeza descansaba sobre el pecho masculino y su cuerpo estaba prácticamente encima. El la rodeaba por los hombros y ella a él por la cintura.
Miguel acariciaba su cabello color trigueño mientras colocaba manta fina para taparse.
-Que descanses.
A Sara le encantaba esa frase. Él se la decía todas las noches al despedirse en la puerta de la posada. Levantó el rostro de su pecho para mirarlo – Miguel… gracias por estar ahora conmigo, en realidad… gracias por todo- y le dedicó una tímida sonrisa.
El le besó dulcemente en la coronilla y la estrechó más fuerte entre sus brazos.

Rápidamente les venció el sueño. Sara se quedó dormida con el sonido rítmico y tranquilo que marcaban los latidos del corazón masculino.
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vigar123
vigar123
27/10/2012 16:54
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Miguel despertó temprano, tenía muchas cosas que hacer en el cuartel para preparar el rescate de Eugenia. Cuando abrió los ojos y vio la melena ondulada de Sara, recordó todo lo acontecido la noche anterior. Primero la angustia por no saber nada de ella e ir vagando por la serranía a mitad noche. Luego la alegría de encontrarla en la orilla del río, aunque cuando vio su cara golpeada…se sintió morir, qué le habían hecho?

Después… una mezcla de sentimientos. Por un lado la veía frágil, magullada, desvalida y le inspiraba la ternura de una niña pequeña, sólo quería cuidarla y protegerla. Pero por otra parte, Sara era una mujer y qué mujer, la cual le despertaba todos sus instintos de hombre y le hacía desearla con su sola presencia.


Intentó levantarse con cuidado del sofá para no molestarla pero Sara se despertó sobresaltada.
-Qué pasa? ¿Dónde estoy?- miraba alrededor intentando buscar respuestas.
- Sara… tranquila- dijo poniéndose delante de ella para que lo viera- estas en mi casa.
-Uff- suspiró de alivio- que susto. No sabía donde estaba. A dónde vas tan temprano? Aun es de noche- dijo comprobándolo al mirar por la ventana del salón.
- Tengo que ir al cuartel para organizar el operativo del rescate de Eugenia.
- Si puedo ayudar en algo… - dijo mientras se incorporaba.
- Sara, necesitas alguna cosa?
- No, estoy bien.
- Y por qué te levantas?
- Me marcho a la posada.
- De eso nada. Quédate aquí descansado, apenas has dormido.
- No Miguel, no quiero estorbar más. Ya bastante has hecho por mi.
- Sara… quédate por favor, no quiero que salgas a estas horas, es muy temprano. Además no estorbas en absoluto, de acuerdo?- y le acarició la mejilla.
- Está bien – sonrió ante su caricia.
- Venga pues échate y descansa un rato más – la arropó con la fina manta bajo la que habían pasado la noche juntos.
- Miguel…
- Dime… -Se acercó a ella con gesto interrogante.
- Gracias por …
- Shh… -la calló poniendo el dedo índice sobre sus labios.- Que descanses Sara, nos vemos mas tarde- Le acarició el pelo y le dio un pequeño beso en la frente. Cuando se levantó de su lado vio como ella cerraba los ojos y sonreía. Qué imagen tan hermosa! Parecía un angel!

Subió a su cuarto para asearse y vestirse. Uy! Se había olvidado de Carlos, le dejaría una nota explicando lo que había ocurrido y diciendo que no la despertara ni contara en el pueblo que ella se encontraba en casa. No estaba bien visto que una señorita pasara la noche en casa de un hombre soltero fueran cuales fueran las circunstancias. La gente era muy chismosa y no quería perjudicar la reputación de Sara.
Después bajó a la cocina a desayunar y escribió otra nota para ella.


“ Buenos días Sara.
Espero que hayas tenido dulces sueños. Te pido que te quedes en mi casa hasta que yo vuelva. Avisaré al médico para que vaya a visitarte y te haga un reconocimiento más exhaustivo. Siéntete como en tu casa.
Volveré pronto con buenas noticias sobre Eugenia, te lo prometo. Que descanses.
Un beso. “
#28
vigar123
vigar123
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26.-



Sara quedó en una ligera duermevela. Oyó cuando Carlos salió de la casa a primera hora de la mañana, seguramente para ir a la escuela. Menos mal, pensó, así no tendría que dar explicaciones de por qué estaba en su casa. Después quedó otro rato dormida y finalmente se levantó.
Buscó su ropa que estaba extendida sobre unas sillas cerca de la chimenea, seguramente Miguel las había dejado allí porque lo último que ella recordaba al respecto eran las faldas dejadas en el suelo.
Comprobó que estaba seca y se la puso, no sin antes asearse un poco y ver el estado de sus heridas. Ahora le dolían mucho más que anoche. Cuando fue a cepillarse el pelo se miró en el espejo y se asustó de lo que éste reflejaba. Miguel habría pensado que estaba hecha un asco, que parecía un monstruo aunque no se había comportado para nada así, sino todo lo contrario. La había tratado con cariño, con ternura, con amor… pero para nada con asco. Tenía el ojo bastante hinchado y la comisura del labio enrojecida. Cómo pudo besarse anoche con Miguel sin sentir dolor en el labio. De hecho lo único que sintió fue un placer infinito cunado los labios del teniente rozaron y besaron los suyos.

Terminó de arreglarse y fue a la cocina a buscar algo para desayunar. Encima de la mesa de madera había otra nota: “Hay café hecho, se que te gusta. Un beso.”
En el rostro se Sara apareció una gran sonrisa. Estaba emocionada, le encantaban estos pequeños detalles, significaba que él pensaba en ella.
Se sentó en el banco de madera de la cocina y desayunó con tranquilidad saboreando el aromático café.


-Holaaa! Hay alguien? – nadie respondía, que raro.- Sara?? Carlos??- miró en la planta baja, no había nadie. Subió al piso de arriba, tampoco estaban allí. Así que Sara se había marchado… - Pero si le pedí que se quedara. Tendré que buscarla en la posada- bajó a la planta baja y salió al patio trasero para dar de comer a los caballos antes de salir de casa.

Qué era ese sonido? Quién se estaba riendo? Del patio trasero donde se encontraba un pozo de agua dulce fue hacia uno de los laterales de la casa de donde parecían provenir esas risas. Por esa zona del terreno estaban las cuadras. En cuanto giró la esquina de la casa la vio. Las risas eran de Sara. Estaba sentada en el suelo, apoyada en el tronco de un almendro jugueteando con su perra. Le rascaba el hocico y la tripa. Motas se dejaba hacer encantada, se ponía boca arriba en señal de que le gustaban las caricias en la barriga.

-Vaya...nunca hubiera pensado que te gustaban tanto los perros- dijo con una amplia sonrisa mientras se acercaba al árbol donde estaban-.

-Ni yo tampoco…pero Motitas es… encantadora, me ha cautivado. Parece un perro de carácter con ese porte que tiene y ese ladrido tan grave pero luego…es una mimosa- mientras le rascaba la cabeza y detrás de las orejas.

-Si, la gente que no la conoce se asusta. Dicen que es muy grande y que tiene una mandíbula potente. Y tienen razón, pero luego le rascas un poquito por aquí- se arrodilló al lado de ellas y empezó a juguetear con la perra- otro poco por allá y se rinde. Le encanta que estén con ella y le hagan mimos.

-Y a quién no le gusta que le mimen...- se le escapó el pensamiento en voz alta. Miguel se quedó mirándola con cara de bobo intentando asimilar si era verdad lo que ella había dicho o si lo había imaginado él.

De pronto la cara de Sara cambió, se puso seria.

-Pasa algo Sara?

-Miguel, no tengo perdón- dijo poniéndose en pie mientras se sacudía con rabia la falda para quitarse los hierbajos-. Estaba tan relajada ahora mismo con Motas que me he olvidado de Eugenia. Cómo está? Habéis podido rescatarla? Tu estás bien?

-Tranquila Sara. Te dije que las cosas saldrían bien y así ha sido.

-De verdad ha salido todo bien?

-Sí, el rescate ha sido un éxito. Se hizo el intercambio sin ningún incidente, no ha habido ningún herido.

-De verdad todo el mundo está bien?

-Si, Sara. Todos están bien.

-Y Eugenia como se encuentra?

-Dentro de lo que cabe está bien. Estaba muy afectada por el susto de pasar la noche en una cueva con esos tipos pero al menos no la han tocado. De hecho, en comparación tuya… no parece que haya sido secuestrada, no tiene ni una magulladura. Tú te has llevado la peor parte. Por cierto, ha venido el Doctor a visitarte?

-Si, estuvo aquí hace un rato. Me ha dicho que las curas que me hiciste son inmejorables- le dijo sonriendo- y que tenga paciencia, que en unos días empezaran a desaparecer los moratones.

-Y no te ha dado nada?

-Ah si, se me había olvidado. Me ha dado un ungüento para que me ponga en las heridas, dice que es para que no se infecten y cicatricen bien.

-Y cómo te encuentras?

-Me duele más que ayer y cuando me he visto en el espejo…me he asustado. Pero el doctor ha dicho que es normal, que me tengo que cuidar y que en unos días estaré perfecta.

-Claro que te tienes que cuidar… - Miguel la miraba embobado, deseaba cuidarla él-.

-Miguel, seguro que tu estás bien?- le puso la mano sobre la mejilla.

-Si Sara, y desde que estás tú mucho mejor.

A Sara se le iluminó la cara de felicidad, no podía creer lo que acababa de escuchar.
#29
vigar123
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27/10/2012 16:55
28.-


(...)


-En Oxford mi vida está cronometrada al segundo, no soporto saber que es lo que voy a hacer ese día y al siguiente y al otro. Siempre es lo mismo, nada cambia de un día a otro.
-Siempre lo mismo?
-Si, verás. Desayuno en la mansión Reeves a las seis y media, de siete a doce del medio día clases de piano, canto, dibujo, francés o español. A las doce comemos. A las dos de la tarde tengo clase de labor, esa tortura diaria dura hasta las cuatro. Después tomamos el té y a las cinco tengo clase de equitación. Ese es el único momento bueno del día. Me encanta montar a caballo y además me permite salir un poco de las cuatro paredes en las que estoy metida todo el día, bueno asfixiada sería una palabra mas adecuada.
-Vaya…nunca pensé que una señorita de familia rica pudiera sentirse así. Yo tenía otra idea de la gente de clase acomodada como fiestas, reuniones de alta sociedad, vestidos de lujo, joyas, carruajes, cacerías…
Sara rió ante los pensamientos de Miguel.- Si, todo eso también. No voy a negar que a veces no es divertido pero… normalmente detrás de cada fiesta sólo hay pretensiones de cerrar negocios importantes. En mi mundo la obsesión es el dinero, acumular riqueza… y total para qué. Para llevártela a la tumba, despilfarrarla en absurdeces o dejársela en herencia a tu familia.

Seguían caminando por el campo con Motas abriéndoles paso.

- Te parece si nos sentamos debajo de este árbol a comer?- preguntó Miguel.
-Si, aquí en la sombra mejor.
Miguel sacó las cosas de su morral. Extendió el mantel en el suelo y empezaron a comer lo que habían traído.
-Vino?
-Si, por favor.- dijo Sara mientras alzaba la copa para que él le sirviera.
-Sara, una cosa… tu no ibas a la Universidad en Oxford?
-Sí, pero la acabé hace varios meses.
-Ah… es que no entendía a que horas ibas a la universidad con ese horario tan rígido que me contabas.
-Ya. La verdad es que me costó muchas riñas con mi tío el ir a la Universidad, pero al final hicimos un pacto y accedió. Esos años han sido los mejores, tenía mas libertad, podía hacer muchas cosas sin que mi tío pusiera el grito en el cielo. A parte de estudiar la carrera conocí a gente muy interesante que de otro modo seguro que no habría podido conocer. Pero… todo eso se acabó y volví a mi “jaula”, y… volví a asfixiarme.
-Entonces has venido a España huyendo de tu jaula, como dices tú?
-Bueno… en parte si. Yo antes de ir a la universidad no conocía mas mundo que el mi tío me hacía ver, que no me gustaba, pero creía que era el que me tocaba, no conocía otra cosa y me resignaba. Pero después de conocer que hay mas mundo fuera de las paredes de mi casa, que hay otras realidades, que hay otras gentes, otras culturas… yo quería conocerlas, quería vivirlas.
-Veo que eres una mujer decidida.
-Cuando algo me interesa de verdad… sí lo soy- le miró directamente a los ojos y una sonrisa dibujó el rostro del teniente.
-Y por qué decidiste venir a Andalucía y no a otro lugar?
-Pues porque cuando acabé la Universidad estuve un mes en Madrid con mis compañeros de Oxford para perfeccionar mi español. El resto de mis compañeros estuvieron tres meses pero al menos conseguí que mi tío me dejara venir . El mes que pasé en Madrid fue genial, me encantó la ciudad y sus gentes. Conocí a dos chicas sevillanas que estaban pasando unos días allí y me contaban maravillas de estas tierras, de su luz, su calor, de la alegría de sus habitantes… y no sé, pero me contagiaron con su alegría y quise conocer todo eso que ellas me contaban.
-Y si tu tío es tan protector como cuentas…cómo es que te ha dejado venir a este pueblo y sola? No es muy habitual…
-Mmmm… dejarme no es la palabra adecuada, en verdad no tengo su permiso para estar aquí.
-Sara cómo que no tienes su permiso? Eres menor de edad, o en Inglaterra es diferente?
-No, es igual que en España, hasta los 21 años no se adquiere la mayoría de edad.
- Y entonces?
-Entonces… me escapé.
- Sara estás loca.- Miguel estaba asombrado, no le cabía en la cabeza que una señorita hubiera desafiado de esa manera a su familia y hubiera huido a otro país.
-Puede…- Sara se entristeció por la reacción de Miguel- pero yo ya no aguantaba más y aproveché un viaje de negocios de mi tío para irme.
-Te fuiste sin que tu tío lo supiera?- Miguel cada vez daba menos crédito a lo que Sara le contaba
-Miguel… mi tío jamás me hubiera dejado venir. Además… tenía otros planes para mi- el rostro de Sara se volvió más sombrío aún-.
-A qué te refieres con otros planes?- le retiró un mechón de pelo de la cara.
-Pues… me tocaba cumplir con mi parte del pacto.
-Un pacto con tu tío?
-Si, te dije antes que para poder ir a la Universidad tuve que hacer un trato con mi tío.
-Y no vas a cumplir con lo que le prometiste?
-No. Sé que no es muy elegante romper una promesa pero…no puedo cumplirla, mejor dicho, no quiero cumplirla. Sé que no está bien, que no hay que romper la palabra dada…pero soy una egoísta, una egocéntrica, una caprichosa… lo que quieras pensar, pero yo no quiero esa vida. Mi tío piensa que por ser mujer y ser menor de edad no tengo derecho a decidir sobre mi futuro pero yo creo que sí y me he cansado de hacer lo correcto, de hacer lo que se espera de mi.
-Sara…pero en qué consiste la promesa que le hiciste a tu tío?
-Consiste en… en un matrimonio de conveniencia. Un matrimonio para aunar tierras y fortuna, un matrimonio con un lord que tiene veinte años más que yo, un matrimonio con un hombre que me repulsa, un matrimonio… para que yo muera en vida.
-Vaya… así que tu tío te obliga a casarte?- le cogió las manos dándole ligeros apretones cómo diciéndole que él estaba ahí, estaba con ella.
-Si, tiene concertado mi matrimonio desde hace muchos años. Yo siempre tuve la esperanza de que a última hora se arrepintiera, pero no ha sido así. Y yo no quiero eso, ese hombre me da asco.-Sara se estaba entristeciendo, estaba apunto de echarse a llorar-. Miguel… a ti te parece mal casarse por amor, simplemente por amor sin otros intereses?
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vigar123
vigar123
27/10/2012 16:55
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(...)


-En absoluto – le acarició la mejilla con suavidad- cómo crees que me puede parecer mal? De hecho creo que nadie debería sentirse obligado a hacer algo que no deseara.
-Incluso una mujer?
-Incluso una mujer Sara. Cada uno debería ser libre para tomar sus propias decisiones, pero tristemente no siempre es así.
-Ya…
-Hey Sara… no te pongas triste- la acercó a él y la abrazó, le frotaba la espalda intentando reconfortarla.
-No, no estoy triste. De hecho eres la primera persona que le cuento esto y siento que me entiende- Sara que seguía abrazada al teniente levantó la cara de su hombro para mirarle-. Mis amistades en Oxford me recriminaban duramente que no hiciera caso a mi tío en lo referente al matrimonio. Me decían que nosotras las mujeres debemos aceptar el matrimonio que nuestros padres decidan, que en nuestro caso lo más importante es juntar apellidos y fortuna para así poder engrandecer a nuestras familias.
-No les hagas caso, eso sólo demuestra que no tienen opinión propia y que tú eres una mujer valiente que lucha por lo que quiere.
-De verdad piensas que soy valiente? Yo más bien creo que he sido una cobarde yéndome de Oxford cuando mi tío no estaba.
-Si lo pienso Sara- le cogió en rostro con las manos- Creo que eres muy valiente, no cualquiera coge un vapor sola y se cruza medio mundo para venir a una tierra pérdida de la mano de dios en busca de un poco de libertad.
Sara daba gracias por estar sentada en estos momentos, le temblaba todo. Miguel la miraba de una forma… la miraba como anoche, la miraba con deseo… La tenía sujeta por la cara y casi no le salían las palabras. De hecho ahora mismo…no quería hablar, quería volver a sentir las manos del teniente sobre su cuerpo, el aliento en su cuello, los labios sobre los suyos… esto era lo único que ocupaba sus pensamientos, Miguel y solo Miguel.
-Y sabes otra cosa?
Sara no podía responder, solo podía mirarlo perdiéndose en esos ojos y en esos labios que tanto deseaba volver a probar. Ladeó la cabeza como negando.
-Me encantas – con el pulgar le acariciaba los labios y la otra mano la entrelazaba en su pelo-. Nunca he conocido a nadie como tú.
Sara estaba flotando, de la boca de Miguel había salido la frase de me encantas, no lo podría creer.- Y… cómo soy yo?- decidió tentar a la suerte con esta pregunta.
-Tú eres todo lo que un hombre desearía tener. Eres valiente, decidida, segura, inteligente y… la mujer más bonita que he visto en toda mi vida.
Después de esas palabras Sara no pudo esperar más. Se acercó a sus labios y los besó. Besos dulces, tiernos, llenos de cariño. Puso las manos en su cuello para atraerlo más. Miguel no se quedó parado sino que se pegó a su cuerpo rodeándola con sus brazos y acariciándola. Los besos que ella le daba eran una tortura, una bendita tortura. Eran besos dulces, cariñosos… nunca le habían besado así. Ahora había dejado su boca y le besaba el rostro despacio, con mucha ternura. Miguel se sentía desarmado ante esos besos. Con otras mujeres había tenido deseo, pasión, incluso amor con alguna… pero esa dulzura, esa ternura… no la había conocido nunca y estaba descubriendo que le encantaba. Todo lo que hacía Sara le encantaba, esa era la realidad.
Ahora él buscó su boca. La recorrió lentamente con la punta de su legua. Después le dio pequeños besos en los labios, los mordisqueó suavemente a la vez que seguía besándolos para irlos entreabriendo. Introdujo la lengua en ellos y poco a poco fue adentrándola hasta que se encontró con la de ella. Sus lenguas se enroscaron rozándose con mimo, saboreándose muy despacio, haciendo que ese profundo y dulce beso durara una eternidad.
Seguían besándose con ternura, acariciándose, de vez en cuando paraban, se miraban y sonreían. Estaban totalmente absortos en su pequeño mundo de besos y más besos cuando Miguel notó como algo le hacía bajar bruscamente el brazo con el que acariciaba el cuello de Sara. Paró de besarla y se puso alerta, quién estaba allí? Sólo tardó un segundo en darse cuenta de que no había nadie, bueno sí, su perra. Motas había puesto el hocico en el codo del teniente haciendo que este cayera al doblarse. Miguel la miró con cara de pocos amigos y Sara al ver su reacción empezó a reír.
-Miguel, no te da pena?
-Pena…?
-Si, mira que carita de cordero degollado tiene –Motas se había tumbado al lado de ellos, con las patas delanteras al lado del hocico y los miraba levantando las cejas como con carita de angelito-
-Anda que no eres lista ni nada… pones esa carita de alma en pena y te camelas a todo el mundo, ehh? – dijo dirigiéndose a la perra mientras le rascaba la cabeza-
-Es preciosa, me encanta el pelaje que tiene. Es tan suave… - acarició el lomo de Motas con los dedos entreabiertos introduciéndolos en el espesor del pelo-
-Tú si que eres preciosa – le sonrió y se acercó a Sara dándole un beso en la frente- pero creo que deberíamos irnos, es un poco tarde.
-Tienes razón, volvamos.
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vigar123
vigar123
27/10/2012 16:56
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Recogieron las cosas y desanduvieron el camino hecho. Empezaba a anochecer cuando llegaban a casa de Miguel.

-Sara, espera aquí un minuto mientras dejo el morral, bueno o pasa, lo que quieras.
-No, mejor me voy a la posada, ya es muy tarde.
-Si, pero espera que te acompaño.
-Miguel…no hace falta, puedo ir sola
-Claro que puedes ir sola, pero esto ya lo teníamos hablado, no?-dijo Miguel levantando las cejas y esperando aprobación por parte de Sara.
-Si, pero…
-Pero…?
-Me sabe mal que me acompañes. Esta noche apenas has dormido…
-He dormido lo mismo que tú- le sonrió.
-No, te has levantado mucho antes para ir al cuartel, has participado en el rescate de Eugenia y luego me has llevado a comer.
- Cuando quieras repetimos- rió pícaramente.
-Miguel…estoy hablando enserio. Debes estar muy cansado.
-Y yo también hablo enserio Sara. Claro que estoy cansado, han sido dos días horribles. No sabes la angustia que he pasado desde que vino Álvaro Montoro al cuartel para denunciar el secuestro. Tienes idea de cómo me sentí al pensar que estabas en manos de esos desgraciados?
-Miguel…
-No Sara, no te haces idea. Todo el día de ayer te estuve buscando por el monte con nuestros hombres, con refuerzos de Sevilla…y nada. No teníamos ni una maldita pista de donde estabais. Estaba desquiciado, ya no sabía donde buscar. No podía dormir porque cada vez que cerraba los ojos me venían imágenes horribles a la mente.
-Qué imágenes?-Sara se acercó al él y le puso una mano en el hombro.
-Pues te imaginaba maniatada y amordaza mientras esos miserables intentaban propasarse contigo y te torturaban- se dio cuenta como ella tragaba saliva y bajaba la mirada- Perdón Sara, lo siento… lo último que quiero es que recuerdes ese infierno. Lo siento de verdad… ven aquí, ven- la rodeó con sus brazos protectores mientras ella apoyaba la cabeza en su pecho.
-No pasa nada Miguel, ya se que todo eso ha terminado. Lo supe desde que te vi ayer por la noche en el río con Motas. En esos momentos estaba desesperada, los bandoleros me habían dejado ir pero… esta perdida, no tenia ni idea de donde me encontraba. Llevaba horas vagando por la sierra sin rumbo fijo y estaba agotada, ya no podía más. Pero justo en el instante que estaba apunto de tirar la toalla apareciste – le acarició la mejilla con el dorso de la mano- y me sentí a salvo.
Miguel la abrazó más fuerte- Bueno, mejor no recordemos eso y déjame acompañarte a la posada.- le enmarcó la cara con sus manos haciendo que le mirase-. No me perdonaría si te ocurre algo Sara, así que no discutamos más por favor.
-Está bien, acompáñame.

Fueron caminando hasta la posada prácticamente en silencio, pero no era un silencio incómodo, todo lo contrario. Precisamente porque estaban a gusto juntos no siempre hacia falta hablar, estaban cómodos sabiendo que el otro estaba a su lado, no hacía falta más.

Llegaron a la puerta y la despedida fue la de siempre. No cambió el hecho de que se habían besado la noche anterior ni a medio día, pareciera que nada hubiera cambiado entre ellos. Miguel se acercó a ella y le susurró al oído “que descanses”. Sara como hacía siempre,
se despidió con un beso en la mejilla y una pequeña sonrisa.

Nada más entrar a la posada la Maña se abalanzó sobre Sara y la abrazó con tal fuerza que pensó que le rompería las costillas. Le hizo un interrogatorio de tercer grado, quería saber cómo había sido todo, como se encontraba ella, quien la había rescatado… Pero Sara no tenía ganas de dar tantas explicaciones, le dijo que se encontraba bien y le prometió que mañana le contaría todo con mas detalle.

Subió a su cuarto, se aseó un poco y se metió en la cama. Necesitaba descansar, habían sido dos días muy intensos. Cerró los ojos intentando dormir pero no podía, estaba intranquila. Por qué? Intentó autoconvencerse de que no pasaba nada, que en la posada nadie la iba a atacar. Pero… echaba de menos a Miguel. Recordaba la noche que había pasado entre sus brazos…había sido la mejor noche de toda su vida. Primero los besos, abrazos…y luego dormir con él…esa sensación era indescriptible. Sentirse rodeada por sus brazos, sus cuerpos prácticamente encima el uno del otro, sentir su respiración rítmica y tranquila, su aroma, su calor… era sentirse en el cielo. Daría cualquier cosa porque él estuviera a su lado abrazándola y acariciándole el pelo, pero no estaba…

Al poco rato se durmió pero no pasó buena noche, tuvo pesadillas con los bandoleros.


Era muy temprano cuando alguien golpeó la puerta de Sara.
-Toc, toc! Toc, toc!
Se despertó asustada, quién llamaba a su puerta a estas horas? Cogió su Colt y abrió la puerta encañonando a quien ahí se hallaba.
-Sara!
-Miguel! Qué susto me has dado!
-Que yo te he asustado? – Miguel la miraba atónito, le costó recuperar la respiración.
-Si, no te esperaba a estas horas. Es muy temprano. -extendió el brazo indicando que entrara en su cuarto.
-Se puede saber qué haces armada?-preguntó mientras cerraba la puerta tras de si.
#32
vigar123
vigar123
27/10/2012 16:57
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De camino al cuartel Miguel iba en una nube pensaba en lo hermosa que era Sara, era preciosa y a la vez muy intrigante. Se había quedado de piedra cuando ella abrió la puerta y le encañonó. Había imaginado mil situaciones vividas con Sara pero desde luego nunca una en la que ella empuñara un arma con tanta determinación. Era una mujer única, de eso estaba seguro y deseaba conocerla más. Cada cosa nueva que sabía de ella lo envolvía más y más.

Miguel pasó un día de lo mas ajetreado en el cuartel. Tenía un montón de papeleo atrasado a raíz del secuestro y debía investigar acerca de los bandoleros. Por su parte Sara estuvo todo el día con Eugenia y con Flor. La joven Montoro seguía muy afectada por lo ocurrido y necesitaba de la ayuda de sus amigas para superar ese mal trago.

Al día siguiente cuando Sara estaba cerrando la imprenta sobre las dos de la tarde se encontró con Miguel en la plaza. Vestía su uniforme, impecable como siempre y el sol de mediodía le hacía entrecerrar los ojos mientras caminaba hacia ella.

-Buenas tardes Teniente! Ya ha acabado su turno?- le saludó ella.

-Hola Sara! No, estoy haciendo la ronda.

-A estas horas? con el calor que hace¡

-Ya ve… el capitán me tiene en gran estima- rió amargamente- Por cierto fuiste ver a la señorita Montoro ayer?

-Si, estuve todo el día con ella. También Flor nos acompañó un rato después de la escuela. Eugenia sigue muy afectada, no sé si va a superar pronto esto.

-Y tú Sara?- Miguel se acerco a ella poniendo una mano sobre su hombro.

-Yo… yo soy fuerte- una débil sonrisa se dibujó en su rostro- no tienes que preocuparte por mi.

-Pues si me preocupo, ayer cuando fui a la posada… no estabas muy tranquila, recuerdo que me recibiste apuntándome con un arma- puso la otra mano sobre el hombro libre, quedando así sujeta por los dos brazos.

-Perdona Miguel, pero es que por la noche todo es diferente. Durante el día intento mantenerme ocupada para no pensar en ello, pero por la noche en la posada… me cuesta mucho dormirme, enseguida oigo ruidos…que no son nada…pero no sé, no puedo evitar estar alerta.

-Tienes miedo por la noche?

-No, no es miedo, pero… no estoy tranquila. Me cuesta mucho dormirme.

-Sara…yo no quiero que te sientas así – le frotaba los hombros con suavidad- quiero que estés tranquila, que no tengas miedo...

-Cuando estoy contigo… -Sara agachó la cabeza ruborizándose-

El le levantó la barbilla con el dedo índice- Mírame Sara. -Cuando estás conmigo, qué?

-Cuando estoy contigo… me siento bien, muy bien.

-Te sientes muy bien?-Miguel sonrió con picardía y acto seguido se puso serio.- Sara…esto te había pasado antes ?

-El qué? Sentirme bien?- estaba confusa, no sabía a lo que se refería Miguel.

-Quiero decir que…

Miguel se había puesto nervioso… qué le pasaba?- Miguel…- Sara le animó a continuar.

-Quiero decir que… yo también me siento bien cuando estoy contigo, que quiero estar contigo en todo momento y que esto… no me había pasado antes con nadie.

A Sara le dio un vuelco el corazón al escuchar las palabras del Teniente e hizo lo que le salió del alma. Se lanzó a sus brazos y lo besó. Fue un beso rápido, un impulso que surgió por el sentimiento de felicidad que la invadía en ese instante. Al momento se dio cuenta de que estaba besando a Miguel en mitad de la plaza del pueblo y salió corriendo. Qué le pasaba con este hombre? Hasta qué punto la trastornaba que había sido capaz de lanzarse a sus brazos en un lugar público? Esto era una locura, jamás se había comportado de una manera tan indecente, estaba muerta de vergüenza. Qué iba a pensar el teniente después de ver este comportamiento tan bochornoso?

-Sara, Sara. Espera!- gritaba Miguel mientras corría detrás de ella.

Por fin la alcanzó en una calle que doblaba a la iglesia y la sujetó por el brazo.

-Miguel, déjame ir, por favor- Sara estaba cabizbaja, no se atrevía a mirarle, solo quería salir corriendo de allí.

-Sara, qué pasa?- estaba preocupado, no entendía nada.

-Miguel…- Sara le miró a los ojos- no estás enfadado por mi comportamiento?

-Por darme un beso? Te refieres a eso?- Miguel rió divertido.

-Sí, yo…

-Shh, cómo crees que me voy a enfadar si me ha encantado que lo hagas?

-Pero….

-Pero nada, Sara.-le acarició el pelo con las dos manos acercando sus rostros.- Además si lo que te preocupa es lo que piensen los demás … nadie nos ha visto.

-Seguro?

-Seguro Sara, no había nadie.

-Da igual, de todos modos no ha estado bien.

-Pues a mi me ha encantado- miguel le sonrió ampliamente- y me gustaría que siguieras haciendo las cosas cuando las sientas.

Sara se sentía agradecida por las palabras del teniente, se sentía aliviada y contenta, a él le había gustado el beso!

-Gracias Miguel- le besó en la mejilla, escondió la cabeza en su cuello y le abrazó.

Él correspondió a su abrazo y la estrechó mas fuerte contra si.

-Sara… - deshizo el abrazo dando un paso hacia atrás, quería verla- te estaba buscando esta mañana para preguntarte una cosa.

-Dime…- y encogió los hombros.

-Pues quería hacerte una invitación.

-A si?- Sara se estaba haciendo ilusiones pensando que él la invitaría a cenar o dar un paseo, le daba igual de lo que se tratara con tal de pasar tiempo con él.

-Señorita Reeves, aceptaría usted ser mi acompañante en las fiestas patronales?

-Las fiestas patronales? Cuándo son?

-Esto Domingo señorita- Miguel le dedicó una amplia sonrisa que hizo que a Sara las mariposas que sentía en su estómago cada vez que le veía revoloteasen con mas fuerza. Qué me dice, acepta ser mi pareja?- Miguel hizo un gracioso ademán inclinando la cabeza y ofreciendo la mano.

-Acepto Teniente- y puso su mano encima de la que Miguel le ofrecía.

-En ese caso el Domingo a las siete de la tarde pasaré a recogerla - y besó la mano de Sara.

-Hasta la vista Teniente, que tenga buen día.

-Igualmente Sra.Reeves.
#33
vigar123
vigar123
27/10/2012 16:57
33-.



Sara amaneció con una sonrisa dibujada, hoy iba a ser una gran día, se moría de ganas de que fueran las siete de la tarde. A esa hora Miguel iba a pasar a recogerla. Tenía muchas ganas de verle, después de que él le pidiera que fuera su acompañante no le había vuelto a ver. Ella había ido a su casa a dar clases a Carlos y éste le había comentado que su hermano estaba enfrascado con el trabajo, que se pasaba el día en el cuartel.

Sobre las diez de la mañana bajó a desayunar y le pidió a una de las chicas de la Maña que le prepara el baño. Quería estar radiante y pensaba pasar el día acicalándose. Quería que Miguel la viera preciosa, que no se fijara en ninguna otra muchacha del pueblo y que solo tuviera ojos para ella.
Pasó un buen rato dentro de la tina con agua tibia y sales perfumadas. Se desenredó el cabello a conciencia y lo lavó con sumo cuidado enjugándolo con manzanilla para resaltar aún más su color trigueño. Salió del agua y se dio un masaje con aceites hidratantes haciendo que su piel luciera fresca y jugosa. Decidió dejarse secar el cabello al aire libre pues así era como mas le gustaba, después se haría un recogido.

Abrió las puertas de su armario y la indecisión surcó su rostro. Qué debía ponerse? Tenía trajes muy elegantes pero seguramente no eran adecuados para unas fiestas del pueblo, sin embargo quería lucir espectacular a los ojos de Miguel… . Le costó decidirse pero finalmente optó por una falda granate y una blusa entallada de color crudo con el cuello cuadrado. Esa blusa resaltaba mucho su figura y para acentuarla más se colocó un fajín a conjunto resaltando su esbelta cintura. Decidió no ponerse joyas, no quería parecer presuntuosa y se maquilló de manera muy natural. Sólo un leve rubor en las mejillas y un poquito de carmín. Por último se calzó unos botines beige y cogió un chal granate por si refrescaba mas tarde.

Ya era casi la hora, estaba muy nerviosa. No paraba de mirar el reloj y de mirarse al espejo. Cambió de peinado un montón de veces, nunca se acababa de ver bien. Finalmente se dejó el pelo suelto retirándose los mechones que le caían a la cara y se los enganchó con un pasador detrás.

-Toc, toc!
-Si? Quién es?
-Sarita hija, tienes al Teniente nerviosito perdido esperando en el comedor.
-Gracias Maña, enseguida bajo.

Cuando Miguel la vio aparecer se quedó embobado mirándola. Sara estaba preciosa, radiante. Cómo podía ser tan bonita? Qué suerte tenía él de que fuera su acompañante en las fiestas!
Ella caminaba con una elegancia natural, llevaba un conjunto granate que resaltaba su figura. Su piel y su pelo resplandecían y que decir de su olor… Cuando estuvo suficientemente cerca de él se dio cuenta de ese olor dulce como a flores y vainilla, le volvía loco ese aroma. La verdad es que toda ella le hacía enloquecer.
Se quedó mudo cuando Sara llegó a él, solo podía mirarla, era incapaz de apartar los ojos de ella, de su tímida sonrisa.

-Hola Teniente- saludó con una amplia sonrisa-.

-Sara… - le miraba a los ojos- estas… estas preciosa. Mas que de costumbre… que ya es decir.-
Miguel se dio cuenta como a ella se le encendían las mejillas y bajaba la vista al suelo, le divertía verla así, tan tímida y vergonzosa. Siguió con su propósito de sonrojarla- Además hueles tan bien…- le dijo mientras le hacia una caricia en el brazo con sus dedos.

-Miguel, por favor…- Sara se estaba muriendo de la vergüenza aunque por otra parte… estaba encantada. Tantas horas de arreglo habían servido para algo, miguel la encontraba preciosa.

-Por favor qué?- preguntaba Miguel divertido.

-Ya sabes el que, no te hagas el loco- contestó Sara melosamente. Vámonos ya- dijo saliendo de la posada.

-No- Miguel la cogió de la muñeca haciendo que se detuviera.

-Cómo que no?-Sara estaba desconcertada- Creía que me habías invitado a las fiestas…y que yo sepa no son en esta posada, no?

-Si no te puedo decir lo guapa que estas… no quiero ir contigo a ningún lado- se cruzó de brazos haciéndose el ofendido.

-Miguel…- le cogió el brazo tirando de él- venga, vamos!

-No, no! Si no puedo decirte lo que pienso…

-Está bien…puedes decirme lo que quieras- dijo con falsa resignación.

-Lo que quiera?- insistió con esa media sonrisa que la volvía loca.

-Sí, lo que quieras…

-Mmm… de acuerdo- le acarició el rostro con el pulgar posando la mano sobre su cuello- yo quería decirte… que eres preciosa, que eres la mujer mas bonita del mundo y que me siento muy halagado de que hayas aceptado ser mi acompañante hoy.

-Y yo de de que me invites a pasar un rato en tu compañía- puso su mano encima de la suya- Y ahora, Teniente Rome…

-Si por mi fuera, pasaría todo el rato en tu compañía-dijo susurrándole al oído-

-Miguel! Cállate y vámonos!- él empezó a reír y cogió a Sara del brazo para ir hacia el pueblo.
#34
vigar123
vigar123
27/10/2012 16:58
32.-

Arazana se había engalanado para sus fiestas patronales, había flores en todos los balcones y farolillos de colores. En la plaza había guirnaldas y mas farolillos alrededor de un pequeño tablón de madera que parecía ser un escenario.
En las calles principales que llegaban a la plaza había muchos puestos de flores, comida, perfumes, vinos, tejidos, juegos… y estaban abarrotadas de vecinos Arazanenses y de pueblos cercanos.

Sara estaba entusiasmada, nunca había visto una Arazana tan vital y alegre. Todo el mundo parecía feliz, iban con sus mejores galas y se notaba que era un día muy especial. Un día en el que no se trabajaba y la gente podía disfrutar con la familia y amigos.

Iba caminando del brazo de Miguel y éste le iba explicando cosas sobre la gastronomía típica que vendían en los puestos. Estaban probando una gran variedad de embutidos, guisos y vinos. Todo estaba riquísimo. Estuvieron un buen rato en un puesto de comidas, a Sara le era imposible salir de allí porque Miguel no paraba de comer unas croquetas hechas con carne de caza. Estaba como un niño pequeño con zapatos nuevos, decía que después de las de su madre eran las mejores croquetas que había probado en mucho tiempo. A Sara sin embargo no le gustaban tanto, tenían un sabor demasiado fuerte. Cuando por fin consiguió sacarlo del puesto de croquetas pasaron por uno de juegos. Sara le dio un tirón en el brazo como diciendo que quería pararse ahí.

-Me encantan estos puestos de juegos Sara!-dijo parándose en frente.

-Sí, y el de los vinos… y el de las croquetas…- dijo Sara riendo.

-mmm… es que esas croquetas… están… están de vicio- dijo relamiéndose los labios como un chiquillo.- Bueno señorita, cómo vamos de puntería?-dijo mirando hacia el puesto.

-Ahora lo comprobamos, no? Aunque ese cacharro no lo he visto nunca.

-Jajaja, claro tú sólo entiendes de Colts y armas sofisticadas, pero nunca has visto un simple tirachinas- dijo mientras le rodeaba la espalda con un brazo y avanzaban hacia el puesto.

-Oye! No te burles de mi y explícame como funciona eso- dijo haciéndose la ofendida mientras se acurrucaba más sobre Miguel.

-Está bien…. Mira, esto es un tirachinas. Se coge así- dijo colocándose tras ella a la vez que extendía sus brazos hacia delante y ponía sus manos sobre las de ella al coger el tirachinas.-Ves? Con la mano izquierda cogemos la base del tirachinas y con la derecha estiramos las gomas una vez puesto el proyectil dentro- decía mientras iba acercando las gomas a la cara de Sara.- Después, apuntas y sueltas la mano derecha intentando no mover la otra.

A Sara le estaba costando concentrarse en el artilugio que lanzaba piedrecitas porque tenía a Miguel pegado a su cuerpo y hablándole al oído por detrás. Entre los vinos que se había tomado y el contacto de miguel tras ella empezó a notar un calor sofocante en su rostro.

-Probamos?- le susurró Miguel mientras le tenía las manos cogidas.

-No, no. Mejor yo sola- dijo Sara intentando deshacerse del abrazo. Si tenía a Miguel pegado un segundo mas, todo el mundo se iba a dar cuenta de que sus coloretes no eran por el vino.

-Vaya…creía que querías que te enseñara como funciona- dijo apartándose de ella y colocándose a su lado- pero veo que aprendes rápido -le miró a la cara y le susurró al oído- o… es que tienes miedo de que se note mucho que estás loquita por mis huesos?

-Loquita por tus huesos? Qué modesto eres- Sara intentó disimular lo nerviosa que estaba, Miguel la había pillado de lleno. Lanzó la piedra y dio en el blanco.- Lo que pasa es que aprendo rápido, no necesito muchas lecciones, no cree Teniente?- le dijo mirando hacia la diana donde había dado en el blanco.

-Si si, lo que tú digas, pero aunque no lo reconozcas… se que te gusto- le dijo mientras le agarraba del brazo y salían del puesto. Miguel estaba más lanzado que de costumbre. Tal vez era por el ambiente festivo pero seguro que el vino también ayudaba.

En ese momento Sara se soltó de su brazo, le cogió de la mano y echó a andar deprisa, casi corriendo en contra dirección.
-Sara! A dónde vamos? Por aquí no hay nada, los puestos están en la otra dirección, yendo hacia la plaza.

Pero ella no le hizo caso y siguió andando a toda prisa cogida a él hasta que llegaron a una bocacalle oscura en la que no había nadie y se paró.

-Qué hacemos aquí?-preguntó divertido mirando a su alrededor intentado averiguar la respuesta.

-Miguel… te pido por favor que no me vuelvas a decir esas cosas- Sara miraba al suelo y respiraba agitadamente entre otras cosas debido a la medio carrera que acababan de hacer.

-De qué hablas Sara? Te ha molestado algo que he dicho?- Miguel creía saber de qué se trataba, pero estaba extrañado pues él solo estaba bromeando.

-Sí y no.

-Sara no entiendo nada, por favor dime que sucede- dijo mientras le alzaba la barbilla con la mano y le acariciaba el ángulo de la mandíbula.

-Pues Miguel… que no está bien que me hagas esos comentarios con tanta gente alrededor.

-Ah…ya. O sea, que no se trata del contenido del comentario…sino de la situación, es eso?

-Sí, es que…

-Ahora estamos solos- le cortó Miguel mirándola a los ojos-

-Y?- Sara estaba temblando, estaba viendo ese brillo de deseo en los ojos de Miguel que le hacían perder la razón. En esos momentos solo era consciente de su presencia, de su tacto en su mandíbula, de su voz acariciando su mente…

-Pues que deseo hacer una cosa desde que te he recogido esta tarde en la posada.

-Y yo tengo algo que ver en tu deseo?-preguntó pícaramente.

-Mmm… no sé. Verás… esta tarde cuando te he ido a recoger a la posada he visto a la dama más bonita y preciosa del mundo. Es una chica rubia, con el pelo ondulado, de tez pálida y mejillas sonrojadas. Tiene una sonrisa preciosa y unos ojos dulces. Pero sabes que es lo mejor de ella?- Sara no podía ni contestar así que solo negó con la cabeza- Lo mejor de ella es su alegría, su vitalidad, su fortaleza, aunque a veces parece una niña pequeña que me da ganas de cuidarla y protegerla de todo mal. Ella es especial y me hace sentir especial. Cada vez que me mira… -entonces Miguel cogió su cara con las dos manos aproximándola a la suya- Sara, cada vez que me miras como lo estás haciendo ahora…solo puedo desear una cosa.- El corazón de Sara cada vez palpitaba mas y mas rápido, sentía que se le iba a salir de pecho- Deseo probar tus labios.

Sara rodeó la nuca de Miguel con sus manos y se acercó mas a él- Y yo deseo que me beses- Le dijo estas palabras casi rozando labio con labio.
Miguel se echó hacia atrás como para verla mejor y sonrió en silencio, después con su mano derecha acarició los labios de Sara. -Sus deseos son órdenes señorita.
#35
vigar123
vigar123
27/10/2012 16:58
-Ejem, ejem… -carraspeó alguien cerca de ellos-

Sara y Miguel que estaban totalmente absortos en su mundo de besos y caricias se giraron sorprendidos.

-Ejem, ejem… yo creía que los hermano mayores daban ejemplo a los pequeños y que estas cosas se hacían en la intimidad- dijo Carlos burlonamente.

-Carlos, haz el favor de ir hacia la plaza y si no, te vas para casa. No me gusta que andes solo por estas calles- le contestó sonriente, mientras Sara se moría de vergüenza y daba la espalda al chico escondiéndose en el cuello de Miguel.

-Está bien hermanito- dijo levantando las cejas de forma divertida-pásalo bien…aunque creo que ya lo estás haciendo- y se le escapó una risita.

Miguel no pudo evitar reír también-Venga, márchate enano- le dijo mientras abrazaba protectoramente a Sara.

-Hasta luego Sara!- gritó mientras salía corriendo de esa bocacalle.

-Miguel…-Sara levanto la cabeza para ver al teniente- dime que esto no ha pasado, que tu hermano no nos ha visto besándonos.

-Jajaja, siento decirte que si ha pasado, pero no te preocupes.

-Cómo no voy a preocuparme? Y qué es lo que te hace tanta gracia?

-Sara… - le acarició la mejilla colocando su mano en el cuello femenino- no te enfades… Era mi hermano, no pasa nada.

-Si claro… nos ha visto aquí como dos criminales escondidos… y no pasa nada.

-Bueno… el sitio no lo he escogido yo precisamente- Miguel se estaba divirtiendo mucho viendo la reacción de Sara, era una mezcla entre enfado y vergüenza.- te recuerdo que una señorita, muy bonita ella, me ha arrastrado casi en contra de mi voluntad a este callejón y después me ha acosado.

-Qué? Qué te he acosado?

-Si, si. Ahora no lo niegues, de hecho si no nos hubiera interrumpido mi hermano… creo que me habrías quitado al ropa aquí mismo- Miguel intentaba contener la risa y que sus palabras sonaran reales.

-Ajá… así que… no te gusta que te acose, no?- Sara ya había entendido que él estaba bromeando y le siguió el juego. Le empezó a hacer cosquillas en la nuca con sus dedos- Y tampoco te gusta que te bese, verdad?- Acercó su boca a su rostro y le dio un pequeño beso en la comisura del labio. Miguel intentaba resistir sin besarla… pero se lo estaba poniendo muy difícil.-En ese caso tendré que irme a buscar otro guardia civil al que acosar- dijo haciéndose la digna y salió caminando a paso ligero.

-Ehh… De eso nada- le agarró de la cintura por detrás- Tienes permiso para acosarme - le susurró al oído- Es más, me encantaría que lo hicieras las veinticuatro horas del día.

-A si?- Sara se giró contestando melosamente.

-Sí, pero sabes que me gustaría más aún?- Sara negó con la cabeza.

-Me gustaría que me pidieras un beso…

-Prefiero…- se acercó a sus labios rozándolos levemente- que vayamos a la plaza.-Miguel se separó de ella sorprendido, hace un instante ella estaba de lo mas cariñosa y ahora…

-Miguel…-Sara le acarició cariñosamente el cuello- es que no me gustaría que nadie nos volviera a encontrar así.

-Mmm… está bien, tienes razón. No es apropiado… pero es que me cuesta mucho estar cerca de ti y no decirte lo preciosa que eres, lo bien que hueles, no poder besarte ni acariciarte… me cuesta un mundo, pero Sra. Reeves… yo la había invitado a las fiestas patronales y aún queda lo mejor.

-Lo mejor?

-Si, el baile- dijo Miguel divertido. Agarró a Sara del brazo y echaron a andar hacia la plaza.

-Miguel… - Sara paró de caminar, aun estaban en una calle no transitada, lejos del tumulto- quería darte las gracias.

-Por qué?- éste frunció el ceño, no entendía nada.

-Por ser tan comprensivo y no enfadarte.

-Cómo crees que me podría enfadar? Yo solo quiero que estés a gusto conmigo.

-Lo estoy- se lo dijo mirando fijamente- Estoy muy a gusto contigo.

En la cara de Miguel se dibujó una sonrisa y Sara se acercó dándole un beso en la mejilla.

-Y ahora vamos a ese baile Teniente!

-A sus órdenes mi capitana!
#36
vigar123
vigar123
27/10/2012 17:00
Aquí empieza la parte que no a escrito pituii
La música resonaba por toda la plaza, realmente a Miguel le habían afectado esas dos copitas de más, estaba más lanzado que de costumbre, cosa que a Sara no le importaba, ya que quizás, en otras circunstancias, seguramente no estaría así, bailando en medio de la plaza de un pueblo, pegada a un hombre que conocía si acaso de apenas un mes. Pero con él era diferente, se sentía diferente, estaba protegida pero a la vez libre, un sensación que nunca antes había experimentado.
Tras tres o cuatro bailes se dio cuenta de que la heridas comenzaban a molestarle, no quiso decir nada y decidió ignorar su dolor, no queria parecer una quejica a los ojos de Miguel, además lo veía tan feliz que no quería ser ella la que estropeara su felicidad, esperaría hasta que él se cansara o dejara de bailar.
La velada estaba siendo muy agradable y Sara lo estaba pasando bastante bien pero estaba agotada y agradeció que Miguel decidiera parar a sentarse, en realidad él no estaba cansado pero algo le había notado a Sara y por la salud tan delicada que tenía desde el secuestro no quería que hiciera grandes esfuerzos, le buscó una silla y se quedó de pie junto a ella, en silencio, decidió ir también a por un vasito de agua quizás con agua fresquita Sara se repondría mejor
-Sara, espera aquí sentada que voy a por un vaso de agua.
-Gracias pero yo estoy bien puedo ir contigo.- En realidad todavía no se había recuperado y aunque confiaba en Miguel antes había visto a unas cuantas jóvenes intentar acercarse a él y si, porque no decirlo se había puesto un poco celosa. Miguel estaba empezando a ser una persona muy importante para ella como para que un par de niñatas se lo quitaran.
- Si claro.-Y sonriendo con esa sonrisa que tantas sensaciones despertaba en Sara se agachó para ponerse a su mismo nivel. Le retiró un mechón de pelo de la cara y con infinita dulzura depositó un suave beso en sus labios. Se levantó y apoyó la cabeza de Sara sobre su torso mientras le acariciaba el pelo. -Vuelvo en un momento mi vida.- Y tras esto la besó en la coronilla y desapareció en la multitud en busca de un vaso de agua.
Aaa....- suspiró Sara.
Antes hubiese preferido quedarse el resto de la noche sin beber agua a que su teniente se hubiera ido y la hubiera dejado así.
El momento estaba siendo eterno, al mirar el reloj se dio cuenta de que llevaba más de 20 minutos esperándolo, allí, sentada en la misma silla en la que Miguel la había dejado. Comenzó a sentir algo de frío, tras tanto ajetreo y baile hacía ya un rato que había dejado de sudar y se estaba enfriando. Vio a Carlos pasar con una chiquilla del pueblo, él también tenía derecho a pasarlo bien así que no se atrevió a interrumpirlos, Miguel llegaría enseguida y la acompañaría de vuelta a la posada, ya era tarde.
Nada, no aparecía, entonces lo vio, estaba conversando con una de las chicas que antes habían intentado llamar su atención. Al verlo, un ataque de celos se hizo presa de ella, pensó que seguramente regresaba ahora de una divertida charla y quien sabe si solo se habían quedado en palabras. Haciendo mucho ruido debido a la rabia que se había apoderado de ella, se encaminó a la posada mientras en en sus mejillas se agolpaban las lágrimas que ya no podía retener durante más tiempo.
#37
vigar123
vigar123
27/10/2012 17:01
Esta parte esta escrita por esgara
Doña Rosa vio a Sara salir corriendo ,la vio llorando fue tras ella.
La posada estaba cerrada por las fiestas, abrazó a la muchacha con cariño y se sentaron juntas a hablar.
- Dime muchacha, ¿por que llevas esa cara?
- Doña Rosa es porq…
Y rompió a llorar otra vez, Doña Rosa le preparó una infusión y esperó a que ella le contara lo que le había pasado.
- Verá Doña Rosa, el Teniente Romero me invitó a las fiestas del pueblo. Después de bailar, le dije que iba por un vaso de agua, se ofreció a ir por él y me senté, pasaba el tiempo y no venía, entonces le vi charlando alegremente con unas jovencitas.
- Muchacha, el Teniente Romero es uno de los solteros más cotizados de Arazana, seguro que lleva unas copitas de más, es muy tímido y no se acerca a las chicas así como así.
- Pero empiezo a sentir algo muy especial por el Teniente y creía que sentía lo mismo.
- Conozco a Miguel desde hace mucho, nunca ha mirado a una chica como te mira a ti.
Se fue a su habitación algo más tranquila.
Miguel se fijó que Sara no estaba donde la había dejado sentada así que fue a preguntarle a Doña Rosa.
-Doña Rosa, ¿ha visto a Sara?
- Está en la posada descansando Miguel, piensa que ha podido pasar.
Se fue a su casa con su hermano Carlos, tanto Miguel como Sara no durmieron en toda la noche, temprano Miguel intentó escribir una nota de disculpas. Carlos despierto le dijo. - Hermanito no sabes nada de mujeres, la dejaste plantada en la plaza, y seguro que te vio hablando con esas muchachas y se debió sentir fatal.
- Tienes razón Carlos, que hago voy a verla y le pido perdón, o le escribo una nota.
- Eso no sé.
Tenía el día libre y montó a caballo con Carlos, llevaban a "Manchas" corriendo a su lado.
- Miguel habla con Sara, no soporto verte así.
- Tienes razón ve a casa y dale de comer a los animales.
Llegó a la posada y Sara desayunaba con Doña Rosa y las chicas.
- Buenos días Sara, puedo hablar contigo un momento.
- Buenos días Teniente Romero, no me interesa lo que tenga que decirme.
Subió a su habitación sin dejar terminar de explicarse a Miguel.
- Miguel está muy dolida y con razón, deja que pase unos días.
Se centró en su trabajo en el cuartel, y procuraba no coincidir con Sara cuando salía de darle clases a Carlos, pero una tarde llegó más temprano de lo habitual.
- Hola Miguel ¿Que te ha ocurrido?
- Hola Carlos, unos ladrones han intentado robarle a Don Germán Montoro unos caballos y se lo hemos impedido, nos han disparado y golpeado, ahora están en el calabozo.
- El Doctor te ha visto las heridas.
- No ahora vendrá sabes que viene de Villareja.
Sara llegó para darle la clase a Carlos.
#38
vigar123
vigar123
27/10/2012 17:02
Miguel prefirió irse a su cuarto, tumbado estaría mejor. - Carlos cuando venga el medico que entre en mi cuarto.
- Así será Miguel.
Sara sacó de su cartera unos libros, mientras esperaba a Carlos.
- Carlos dime,¿que tal el día?.
- Bien Sara.
El muchacho estaba muy preocupado por su hermano, la herida sangraba mucho y parecía que le dolía un poco.
Al terminar la clase llegó el doctor. - Hola Carlos siento el retraso, esos cuatreros han sido muy fieros, ¿donde está Miguel?
- En su cuarto doctor pensé que estaría más cómodo.
El medico entró en la habitación para curar a Miguel.
- Carlos ¿Que le ha pasado a Miguel?
- Unos cuatreros le han herido, sangra mucho.
El muchacho se puso llorar, Miguel era lo único que tenia en el mundo no podía perderle también.
Sara se quedó blanca, Miguel herido se quedaría hasta saber si estaba bien.
- Carlos hijo necesito mucha agua caliente, y paños limpios.
- La bala está dentro sangraba mucho.
- No Carlos la herida es profunda, la bala entró a mucha velocidad y salió, necesito limpiar bien las heridas. Muchacha necesito su ayuda en la habitación.
Sara sujetaba el candil al doctor, iluminándole bien las heridas, y dándole paños limpios.
Miguel se quejaba del dolor. - Esta bien Miguel estoy terminando, ¿Cuantas veces te han herido?
- La verdad la mayoría eran heridas superficiales, pero esta es muy dolorosa.
Terminó de limpiar las heridas, y ya no sangraba tanto. - Miguel esto te va a doler un poco.
Era una gasa con un líquido para ayudar a cicatrizar. - Gracias muchacha por su ayuda.
- Gracias Sara.
- De nada, no ha sido nada, ¿Quieres que llame alguien?
- No Sara, gracias.
Carlos entró con lagrimas en los ojos, y se abrazó con cuidado a Miguel. - Carlos estoy bien, pienso verte convertido en un hombre de provecho.
- Pienso portarme mejor a partir de ahora.
- Esta bien Carlos.
- Miguel esta pastilla te la tomas después de cenar te ayudará a dormir, y estas otras 1 cada 8 horas para evitar infecciones.
Carmen Suárez vino con una olla de puchero, Doña Rosa llevó queso y pan, Julieta un guiso de carne.
- Carlos mañana vengo a curar a tu hermano por la mañana, que coma bien ha perdido mucha sangre.
Todas se marcharon a sus casas, Sara no se atrevía a dejar solo al muchacho estaba asustado y nervioso, y Miguel estaba mal no podía dejarle solo.
Carlos se quiso quedar con Sara despierto pero no pudo, se fue a su cuarto a dormir.
Durante la noche estuvo pendiente de Miguel, tenia fiebre y deliraba, por la mañana el primer rostro que vio fue el de Sara.
- Buenos días y mi hermano ¿donde está?
- Buenos días durmiendo anoche se acostó de madrugada.
- Pobrecillo, gracias por cuidar de mi, no tenias por que.
- No podía dejar solo a Carlos.
#39
vigar123
vigar123
27/10/2012 17:02
Y ésta parte vuelve a ser mía:
-Bueno Teniente, que yo ya me iba.
-Quédate a desayunar por favor, hay café en la cocina.
-Lo siento tengo varios asuntos que atender. Que se mejore pronto, su hermano le necesita más de lo que cree... -Y tras esto salió de la habitación pensando que Carlos no era el único que lo necesitaba y aunque no quisiera reconocerlo y hacerse la dura delante de Miguel se moría de pena cuando lo veía así. Pero en fin, no iba a perdonarlo así como así. De momento aguantaría, aunque por dentro se muriera de ganas de besarlo guardaría la compostura y seguiría haciéndose la afligida.
Ensimismada en sus pensamientos llegó a la posada y subió a la habitación a dormir todo lo que no lo había hecho por la noche.
Ya habían pasado dos días desde que atacasen a Miguel y las aguas estaban volviendo a su cauce. Sara había recuperado las horas de sueño que perdió la noche que lo atacaron así que decidió que ésa tarde retomaría las clases con Carlos, ya lo había hablado con él, a las 7 Sara debería presentarse en su casa para darle las dos horas de siempre... Lo que ella no imaginaba era lo que Carlos tenía planeado.
Eran las seis y media, se acababa de despertar de una larga siesta, no se encontraba muy bien, le dolía la barriga, pero tenía que hacer un esfuerzo, Carlos no se merecía que lo dejara tirado.
A las 7 en punto llegó a la casa. Llamó a la puerta, nadie le abría.
-Quién es?
-Soy yo, Sara.
Miguel le abrió la puerta fuera estaba oscureciendo y hacía frío.
Has visto a tu hermano? Había quedado con él para seguir con las clases.
-No sé conmigo también había quedado quería contarme algo no sé...
-Bueno pues entonces me voy, ya quedaré con él otro día para las clases. -Cuanto saliese de allí mejor. Estaba incómoda, estaban los dos solos y aunque hace unas semanas estaría radiante de felicidad, se sentía mal.
-Estará al llegar espera un rato aquí siéntate, lo que tuviera que contarme puede esperar hasta después. -Hasta ahora no se había dado cuenta, su ahora si que no la dejaría escapar.
-Bueno... -En el fondo algo le decía que se fuera que Carlos no aparecería pero decidió darle 10 minutos.
Un silencio se instaló en el salón, solo se oía el ruido de la leña consumiéndose. Sara disimulaba como si mirase la leña aunque de reojo no aparta la mirada de él. Miguel fue el que decidió romper el silencio.
-Sara, que quería agradecerte por lo del otro día. Tanto mi hermano como yo necesitábamos algo de ayuda ése día y tu ni siquiera te lo pensaste. Gracias.
-No hay de qué, vi a tu hermano demasiado afectado como para dejarlo aquí solo toda la noche. Miguel ya son las 7 y 15, si tu hermano no ha aparecido dudo que lo vaya a hacer, pero por si acaso dile que he estado aquí y que se pase cuando pueda por la posada.
Cuando estaba ya levantada con todas las cosas dispuesta para irse.
-Sara, me gustaría hablar contigo de otro tema también.
-Dime.
-Sara de verdad siento mucho lo que pasó el día de las fiestas patronales. Mi última intención era hacerte daño. No sé que fue lo que viste pero la joven con la que estaba hablando era la hija de una de las señoras de un puesto y tras no poder encontrar un vaso de agua para ti, ella me dijo que me lo iba a dar. No entiendo que te pusieras celosa, creo que deberías haberte dado cuenta ya de que solo tengo ojos para ti.
-Celosa? Yo no me puse celosa simplemente me dolió haberme cre5do todas las cosas que me dijiste como una tonta, y no intentes que te perdone, las cosas ya están claras y te lo he dicho antes, si el otro día me quedé aquí fue por tu hermano, no pretendía darte esperanzas.
-Sara... Lo siento de verdad, no me creo que en 4 días se pueda dejar de querer a alguien tan fácilmente, algo aquí no me encaja. O bien simplemente nunca me has querido o ahora mismo estas mintiendo por orgullo, pero que una cosa te queda clara, el orgullo no gana al amor.
Sintiéndose derrotada se dio la vuelta con intenciones de seguir su camino hasta la puerta pero miguel la sujetaba por el brazo.
-Sara no respondes? Mírame a los ojos y dime que no me quieres y te dejaré en paz para siempre.
-no no... te quiero... -La muralla que se había creado frente a él se derrumbó.
-Te... amo.... -susurró Sara.
#40
vigar123
vigar123
27/10/2012 17:05
Hasta aquí es lo que esta puesto en el otro post si alguien ya lo a leído que lo diga y continuo
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