Foro Amar en tiempos revueltos
Ayuda trabajo
#0
26/04/2010 16:10
¿Alguien que tenga entre 55 y 65 años es tan amable de hablarme de los recuerdos que tenga sobre algún viaje o excursión hecho en su infancia? hasta los 16 años, más que nada, datos de lo que sintio, como se viajaba, no se como lo recuerda, con quien fue el viaje, a donde, etc etc
Y ya puestos otro sobre su juventud...de los 16 a los 35.
Si alguien está dispuesto, me lo puede hacer llegar por mensaje privado, o incluso cambiarse el nick aunque ya seamos anónimos. Estaria muy agradecida, es para un trabajo en la uni, no se a quien preguntarle, y mi imaginación es 0.
Gracias a quien quiera participar.
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#1
26/04/2010 17:40
Si me dices que quieres saber concretamente, los recuerdos son muchos así que especifica un poco.
#2
26/04/2010 18:37
Yo tengo algo más de 65 años, concretamente cumplí hace unos días 68. De mis viajes durante la infancia lo que más recuerdo son los trenes. Por cierto, a este respecto puedo contar una anécdota que me parece curiosa y que a mi madre, q.e.p.d., le parecía increíble. Y es que recuerdo la primera vez que subí a un tren en la estación del Norte de Valencia. Lo insólito es que yo sólo tenía dos o tres años, pero lo recuerdo perfectamente. Y es que me eché a llorar desesperadamente . Nadie sabía por qué, pero yo sí sé por que lloraba. Era miedo lo que sentía, y mi miedo estaba causado por el humo que arrojaba la loomotora del tren, que naturalmente era de vapor. Pensé que cómo era posible que fuéramos a subir a un sitio en donde había fuego. Mi madre no creía que yo pudiera recordar eso, pero lo que ella sí sabía es que me había puesto a llorar con una violencia tremenda. ¿Es posible hacer esos razonamientos a tan tierna edad? No lo sé, pero sí sé que los hice, así que serán posibles.
Luego perdí el miedo a los trenes y me gustaba viajar en el pescante o la jardinera o no sé exactamente cómo se llama... o sacar la cabeza por la ventanilla desafiando a las carbonillas encendidas que a veces se incrustaban en mis ojos. Algunas veces, cuando el tren subía alguna cuesta, me bajaba y corría junto al tren para volverme a subir cuando veía que aceleraba. Así eran de lentos los trenes entonces. La verdad es que mi familia viajaba muy frecuentemente en tren. Teníamos un chalet a unos treinta kilómetros de Valencia y entonces pocos tenían coche particular. Excursiones fuera de la familia no recuerdo ninguna... creo que porque no hice ninguna. O no sé... curiosamente los demás recuerdos de mi infancia se esfuman en la noche de los tiempos.
Luego perdí el miedo a los trenes y me gustaba viajar en el pescante o la jardinera o no sé exactamente cómo se llama... o sacar la cabeza por la ventanilla desafiando a las carbonillas encendidas que a veces se incrustaban en mis ojos. Algunas veces, cuando el tren subía alguna cuesta, me bajaba y corría junto al tren para volverme a subir cuando veía que aceleraba. Así eran de lentos los trenes entonces. La verdad es que mi familia viajaba muy frecuentemente en tren. Teníamos un chalet a unos treinta kilómetros de Valencia y entonces pocos tenían coche particular. Excursiones fuera de la familia no recuerdo ninguna... creo que porque no hice ninguna. O no sé... curiosamente los demás recuerdos de mi infancia se esfuman en la noche de los tiempos.
#3
26/04/2010 20:09
Muchas gracias, de verdad
#4
27/04/2010 13:37
Bueno, Kris, por si te sirve de algo para conocer las costumbres de entonces, te relataré un viaje en tren que nunca olvidaré. A la sazón, tendría unos veinticinco años y el motivo de mi desplazamiento era el de ver a mi novia, la que luego fue mi esposa y madre de mis hijos. Ella había nacido en un precioso pueblo de Burgos, y en aquel entonces se hallaba desplazada en la capital, en Burgos, donde estudiaba magisterio. Yo vivía en Valencia, y aprovechando unas vacaciones navideñas, cogí un tren "Ter" (puedes buscarlo en Google) con destino a Irún pero del que yo me apearía en Teruel para coger un "Correo" que me llevaría a Burgos. Era día de Año Nuevo y hacía mucho frío. Frío en Valencia, donde no suele hacer tanto, pero terrible en Teruel, en donde me bajé, como he dicho para tomar el referido "Correo". Menos mal que entré en calor subiendo las escalinatas que van de la estación de Teruel a la ciudad y comiendo abundantes taquitos de jamón regados con Cariñena. Cuando subí de nuevo al tren, ya iba bastante calentito y alegre, tanto por la pespectiva próxima de ver a mi novia, como por el ardiente caldo aragonés que libé con alguna abundancia, aunque sin excederme demasiado. Y no te puedes imaginar, Kris, como era aquel tren correo, así llamaban a los trenes que paraban en todas las estaciones del trayecto, por lo que éste se eternizaba. Iba en segunda clase (no había primera) y en un departamento solo, pero había un problema: había que elegir entre respirar abundante vapor de agua o helarse. Es decir, la calefacción tenía fugas, al parecer, y llenaba el departamento con una especie de neblina. Opté, pues, por helarme, así que cerré la calefacción. Cierto que las abundantes provisiones de boca, como diría un clásico, que mi madre me había preparado amorosamente y las espirituosas bebidas alcohólicas de las que yo me había provisto, paliaron notablemente la crudeza del aire aragonés y castellano que penetraba por los intersticios de las ventanillas y de la puerta que daba al pasillo del vagón. Un pantagruélico menú, ciertamente, a base de tortilla de patatas, chorizo serrano, longanizas, jamón, queso, un termo de café... y buen vino, y no menos excelente coñac, aunque eso sí: español. Lo de beber coñac francés entonces, como hacen en el Asturiano, es una entelequia. Pero no vayas a creer que todo era material, también, para amenizar el viaje, llevaba dos magníficos libros de Azorín: "Doña Inés" y ¿cómo no? "Castilla". Así que los exquisitos manjares, más suculentos, si cabe, por la sazón que les daba mi juventud vigorosa, y la apasionante lectura del gran alicantino enamorado de Castilla, pudo contra todo. Eso sin olvidar el paisaje castellano, tan nuevo, tan insólito para mí, un valenciano habituado a contemplar la ubérrima huerta levantina, En fin, que llegué a Burgos a las once de la noche (había salido de Valencia a las ocho de la mañana) y me recogió un taxi colectivo que me llevó a la pensión en donde debía pernoctar solo, aunque con mi novia cerca (unas calles más allá) y esperar con impaciencia la llegada del nuevo día para ver a mi novia.
#5
27/04/2010 16:41
Píndaro te mando un mp
#6
28/04/2010 13:52
Bueno, hace un rato que he entrado a buscar el personaje que nos había propuesto Marianang pero Sónnica se me ha adelantado. Sin embargo, el personaje que Sónnica ha dicho y que yo también pienso que es, era, precisamente, un enamorado de los trenes desde los que aprendió a amar a la naturaleza. Y eso me ha traído a este hilo. La verdad es que una de las cosas peores y al mismo tiempo mejores de nuestra época son esos trenes de alta velocidad o la aviación o los viajes en coche por las autopistas. ¡Qué deliciosos eran los trenes de antaño, pese a sus incomodidades, a su lentitud! Desde ellos se podía contemplar el campo en su estado más primigenio, más puro, sin contaminación, sin cosas ajenas al mismo, salvo los inevitables postes de alumbrado. Por eso todos los escritores, creo, han glorificado este medio de locomoción que ahora, repito, ya no es como entonces, ni mucho menos. Ya no es posible subirse en marcha a un tren como hacía un personaje de mi queridísimo Vicente Blasco Ibáñez en un relato corto titulado "El parásito del tren". Te recomiendo que lo leas, Kris, para ese trabajo que dices estar haciendo. Te lo puedes bajar de la Red.
#7
28/04/2010 14:40
Me lo leeré porque me encanta leer y el tema. Pero para el trabajo son experiencias personales de viajes de aquella época. Gracias.
#8
29/04/2010 01:20
Querida KRIS, animado por la historia que te ha comentado PINDARO sobre su viaje a Burgos, te voy a comentar el que tuve yo en tren, allá por los años 1963-1964, (yo tenía por aquel entonces 14 o 15 años). Aunque no parezca muy verídico, lo que te cuento es la pura verdad, no es de coña. El trayecto era Madrid-Alicante, y lo hacía yo solo. En Alicante tenía (y tengo) un hermano y lógicamente yo iba a pasar unos días en su casa. El motivo era pasar las fiestas de San Juan en dicha ciudad. Recuerdo que salí de Madrid en el express de las 11 de la noche del día 23 de junio de los años que te he comentado antes y que pensabamos llegar a Alicante sobre las 10 de la mañana del día siguiente. Yo iba en tercera, con asientos de madera. tipo banco de los jardines, a listones de madera y debido a las fechas el tren iba bastante lleno. Si mal no recuerdo, el billete me costó así como 124 pesetas (mas-menos). Los departamentos iban llenos y no tenía sitio para sentarme; así que me coloqué en una de las plataformas que había a cada lado del vagón y en donde estaba el aseo, un cuartucho pequeñito con un lavabo y un retrete. La plataforma en cuestión no tenía más de un metro de larga por la anchura del vagón, no más de 2 metros y medio. Y allí me quedé yo, de pié y pensando en la noche toledana que me quedaba por pasar.He de decir que al igual que yo, había tres personas más en esa misma plataforma. Los tres iban sentados en el suelo. Mientras eres joven no hay problemas, pues de pié aguantas lo que haga falta y después de tres o cuatro horas de marcha, el cuerpo ya te pide un descanso más prolongado y entonces es cuando te sientas en el suelo. Recuerdo el frio que pasé en esa plataforma a las 3 o las 4 de la madrugada al paso por Alcazar de San Juan o Quintanar de la Orden, y no llevaba ni un trozo de pan ni nada de comer ni de beber. No había dinero ni para eso. Pero lo bueno empieza ahora, cuando ya son las 7 o las 8 d e la mañana y llegamos a Villena, población que está a unos 60 Kms de Alicante. Evidentemente, a esas horas ya no hace tanto frio y te puedes ir asomando a la ventanilla de vez en cuando. Y es a partir de esta estación -Villena- cuando observo que se suben al tren unas 100 personas (date cuenta que ya es el día de San Juan y la gente quiere ir a Alicante a ver las hogueras); la aglomeración ya es un poco preocupante. pues ya estaban ocupados todos los departamente, las dos plataformas y el pasillo. Pero es que después de Villena llegan Elda, Monforte, Novelda, Aspe, Monovar que son poblaciones de muchos habitantes y las estaciones estaban a tope. Como yo estaba - casualmente - en la ventanilla que había en la plataforma, observo que la gente, para no perder el tren, se subia por las ventanillas que daban al pasillo. La plataforma estaba tan atestada de gente, que las puertas, que se abrian hacia adentro, no se podían abrir y sé que hubo gente que se quería bajar en estas poblaciones que he dicho pero no podían porque no podían abrir la puerta. ¡Espantoso!. Si teniamos pensado llegar sobre las 10 , llegamos cerca de las 12 pues el jefe de estación tardaba una hora en dar la salida del tren, ya que hasta que no subian todos, aquello no arrancaba....En fín este es mi relato sobre el particular y espero que te haya gustado. Y de verdad que fué así, no me lo he sacado de la manga.
#9
29/04/2010 15:04
Muchas gracias Niño. Interesante experiencia.
#10
29/04/2010 15:56
Pues si, toda una Odisea, cuando acaba se cuenta como una experiencia inolvidable, pero mientras se vive, parece "La historia interminable"